miércoles, 31 de agosto de 2022

La Intervención en lo Social como diálogo. Una mirada Hermenéutica y Genealógica. Por Alfredo Juan Manuel Carballeda

 


1 Modernidad y Disciplinamiento

Con el objetivo de profundizar la noción de Intervención en lo Social, es posible partir de la premisa de que uno de los cimientos fundacionales de la modernidad es el disciplinamiento. Éste, se expresa básicamente en la búsqueda de la organización racional de la vida cotidiana. Esa organización, es planteada como una necesidad, para progresar, mejorar la calidad de vida en definitiva, abrir las puertas de la emancipación.De este modo, desde una perspectiva genealógica, se hace relevante la búsqueda de puentes y contactos entre el disciplinamiento y la noción de necesidad. Dado que la incorporación de la racionalidad en la vida cotidiana es propuesta como “necesidad” en muchos casos emancipatoria. La noción de necesidad direcciona a diferentes expresiones de las  prácticas de lo social.  De esta forma, las nociones de  necesidad, fundacionalmente impuestas por el orden de la modernidad, pueden tener diferentes caras y expresiones en su propio devenir histórico. Así, el disciplinamiento se manifiesta en forma explícita desde el discurso colonial, como también en forma subrepticia en el discurso emancipatorio. Según Jorge Huergo  el proceso de  disciplinamiento tiene diferentes etapas, en tanto, como complejo histórico  moderno : ”1)la fundacional, que coincide con la constitución de la modernidad eurocéntrica y que despliega una constelación de valores presentes aún en nosotros, de manera "natural"; 2)la de fundación teórica, que coincide con la revolución que, en el plano de las ideas y luego de la realidad, produjo la Ilustración o Iluminismo; 3)la de organización política y económica donde el Estado moderno se hace disciplinador. En muchos casos, como en Argentina, esta etapa coincide con el proyecto positivista, que encuentra en la ciencia el fundamento ideológico del disciplinamiento; 4)la del re-disciplinamiento, coincidente en muchos casos con el desarrollismo; es un intento de volver a controlar y ordenar a los marginados, pero operando con técnicas más tolerables”.  De este modo, las diferentes modalidades de  intervención  en lo social emergen en el contexto de la modernidad atravesadas por una contradicción que las tensiona hasta nuestros días. La promesa de la emancipación, ligada a prácticas y fundamentos que derivan en  la sujeción y la coersión  marcan  sus orígenes y ha generado hasta la actualidad una serie de discusiones y rupturas a veces explícitas y en otras oportunidades no dichas. El hacer, en tanto praxis transformadora, desde la perspectiva moderna dentro de un espacio recientemente constituído – lo social- implicó el surgimiento de una serie de dispositivos de control y disciplinamiento que fueron cambiando de forma en diferente contextos y climas de época. Los inicios de la intervención pueden ligarse a tres elementos claramente definidos; la noción de sociedad; el concepto de cuestión social; la construcción de prácticas y campos de conocimiento. Estos tres ejes, que pueden considerarse, constitutivos de la Intervención fueron construyendo diferentes espacios de diálogo y encuentro. Especialmente a través de la propia práctica y de los interrogantes que surgen de ésta. Ese carácter contradictorio atraviesa una serie de cuestiones, estas básicamente se relacionan con diferentes “series” históricas, donde la promesa de la libertad, por ejemplo como enunciado de “transformación”, significó formas de control sutiles o claramente explícitas. En las prácticas que se construyen en la modernidad, puede observarse un común denominador, la necesidad de transformar lo que se considera “irracional”. Así, la emancipación como condición moderna surge desde la necesidad de sojuzgar a los hombres desde una mirada y análisis científico. Esto, no implica solamente un programa epistemológico, sino un programa político donde es posible observar una de las primeras contradicciones del pensamiento moderno; en nombre de la humanización, la transformación y la emancipación, se sometieron a la dominación a diferentes culturas y pueblos.  En definitiva, dentro del disciplinamiento coexisten dos elementos contradictorios: emancipación y dominación, la primera en los discursos , la segunda en los hechos. Para el disciplinamiento, especialmente desde el Estado Moderno se utilizaron diferentes prácticas sociales, en tanto acción social o intervención que se orientaron básicamente a mutar el ethos popular -considerado iracional- por la noción moderna de cotidianeidad que implica lo racional.

2- Intervención y Cuestión Social              

En los inicios de las Ciencias Sociales durante  el siglo XIX, la intervención en lo social se orienta hacia el  problema de la solidaridad y la aparición de nuevas formas de la cuestión social. En ese momento lo social como lugar de la intervención , se ubica en el medio de la contradicción entre  la mano invisible del mercado donde el liberalismo se presenta como el gran ordenador de la  sociedad y los postulados anarquistas y comunistas. 

               En otras palabras, ubica su lugar en un campo concreto de la práctica (lo social), de la misma manera que otras  formas de conocimiento se habían emplazado,  en el cuerpo y la mente, como la clínica médica y la psiquiatría. 

              Lo social, a partir de ese momento fundacional del Trabajo Social y las Ciencias Sociales, nace también en el inicio de  una profunda necesidad de reflexión acerca del lazo social y el contrato a veces contradictorios otras complementarios, estableciéndose como formas constitutivas de la sociedad. 

Lo social toma la forma en ese contexto como un producto de la contradicción entre fragmentación e integración de sociedades que, desde el siglo XVII se hacían cada vez más complejas.

             Ese escenario de construcción moderna y reciente  de la  intervención esta signado por una  marcada  tensión entre derechos civiles y garantías políticas en un momento donde el contrato social se quiebra en la emergencia y visibilidad innegable de las desigualdades, cuando la noción de solidaridad nace en el medio de una alta conflictividad social, cultural y política.  

             En ese campo de contradicciones, la intervención en lo social se proponía salir de los estrechos marcos de la filantropía como última herencia de la Ilustración, para ingresar en los territorios de la igualdad y los derechos que serán llamados sociales en poco tiempo.

           De este modo y desde diferentes visiones, la intervención en lo social, puede ser entendida como una práctica orientada a la  reparación y reproducción  de la fuerza de trabajo, o como la preparación de un espacio en los márgenes de la sociedad, donde el señalamiento de la anormalidad, determina con claridad el terreno de lo normal y lo patológico en una sociedad.  

           Pero, pocas décadas después a partir de Jane Addams,  surgen otros horizontes, que trataban de superar desde el estudio de casos, la preocupación por la anomia o el orden social y ponen su acento en la reparación del padecimiento y el conocimiento en profundidad, tratando de comprender lo social también desde la singularidad .   

         Estas tradiciones de pensamiento  serán retomadas en diferentes momentos históricos con la idea de entender la sociedad e intervenir sobre ella.  Así, desde lugares disímiles, dialogando con la Escuela Crítica, los trabajos de E. Goffman, Foucault, a veces en diferentes encuentros con el psicoanálisis, muchos intentan nuevamente superar las tensiones fundacionales entre emancipación y coerción. Tratando de salir de la contradicción entre interpretación y transformación. Utilizando  el estudio de casos, tratando de establecer tipologías, biografías, trabajando con  narraciones, que en algunos casos derivaron en la observación participante y la investigación – acción.

      La llegada de la Crisis del 30 muestra el inicio de una orientación hacia los derechos y más tarde una preocupación concreta desde la noción de ciudadanía y desgrana, de alguna manera las tensiones que marcaban su vinculación con la reparación de la anomia o la denuncia de la alienación. La emergencia de los Estados de Bienestar, va a traer nuevos campos de conflicto y legitimidad. 

Allí  el Estado será el gran protagonista de la cohesión de la sociedad, hasta la implantación del neoliberalismo y las nociones de Estado Mínimo y políticas focalizadas que en un contexto de profundización de la desigualdad y a través de diferentes dictaduras militares se impusieron en América Latina y de fuertes cambios económicos y sociales a nivel mundial.

 En Argentina, esa presencia del Estado como reparador de la solidaridad, como agente de derechos sociales, se expresa con claridad  a partir de 1945. Donde una necesidad es un derecho social no cumplido. Poniéndose en macha a través de una re significación de las instituciones desde la contradicción entre necesidades y derechos dentro del Estado Social,  para desembocar en intervenciones activas en ambas cuestiones. En la búsqueda y consolidación de la utopía igualitaria que marcaba las promesas de su origen. 

La derrota de los totalitarismos luego de la II Guerra Mundial, la economía motorizada por el modelo Keynesiano, apoyaba la multiplicación de mecanismos de igualdad social y civil. Tratando de superar el totalitarismo y el liberalismo, como una tercera opción.  

 

1- Intervención Poder Legitimidad

                 En esos diferentes escenarios de aparición  la legitimidad de la intervención se presenta como terreno de conflicto. La discusión acerca de la  legitimidad es, tal vez, uno de los aspectos más sobresalientes de la conflictividad política desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Estas cuestiones, también  impregnan a la intervención desde la importancia de limitar su poder, o de entender a ese poder que mana desde una práctica como la esencia de una promesa de redención. 

                En ese juego contradictorio, la intervención en lo social, al igual que la intervención de otros campos como la medicina, la psiquiatría o la pedagogía, implica una idea de límite que, en los inicios de la Ilustración se planteaba  en la necesidad de separar los territorios  de la pasión, la razón y las ambiciones humanas. 

               Esa idea de poner límites, como  garantía de un individuo libre, fue marcando el diseño de las instituciones desde donde se interviene en lo social y se condice con la lógica institucional de la división de poderes en el terreno de la política. La estratificación como una forma de limitar al poder. El pensamiento de la Física Moderna aportó la noción de la dinámica de los fluidos como metáfora política y también como  elemento preparatorio del ingreso de las ciencias naturales para explicar lo  político y lo  social. De esa manera desde el conocimiento se justifican las restricciones a determinadas formas de poder que se transformaron en dispositivos institucionales, que explicarían  como otra vía de entrada la necesidad de las especializaciones ligadas al principio de separación entre cuerpo, mente y contexto. Pero, esas limitaciones, tuvieron una dirección delimitada y estrechamente ligada a quienes detentaban el poder político en ese contexto. Así las especializaciones, como diques de contención tienen una dirección  definida, una metáfora política clara, de la mano de la moralización, de una racionalidad política que transformaba el poder pastoral, en razón de estado, haciendo que la individualización y la totalización son dos de sus efectos inevitables 

                Esa forma de construcción de  legitimidad del hacer, centrada en el recorte de las voluntades arbitrarias sobre quienes se interviene, se presentaba como una forma de aprender la vida en sociedad. La intervención se liga al poder cuando se alía con la estrategia de las limitaciones, dando una dirección definida desde la promesa emancipadora de ingreso a la modernidad.  

               También en esos primeros escenarios que marcan la prehistoria de la intervención en lo social en el siglo XVIII, ésta nace ligada a la virtud de quien la ejerce Esa virtud tenía diferentes forma de expresar su legitimidad, era su esencia, especialmente desde el poder que delimitaba su lugar, pero se expresaba en una necesaria estructura legal e institucional. 

De este modo y a partir de  sus orígenes la intervención desde diferentes lugares de poder intentaba oponer el fanatismo (pasión) a la virtud (razón), Moro, Voltaire, Spinoza, Locke, Montesquieu, de diferentes maneras plantean la necesidad de enseñar la tolerancia, se podría agregar; a cualquier precio, ya que la promesa futura es la emancipación y desde allí todo vale. 

                Los pueblos originarios y mestizos de nuestra América vivieron  en carne propia esa contradicción Ilustrada, se trataba de ser libres abandonando las tradiciones, la cultura, las enseñanzas de los mayores, la lengua. Perdiendo territorios, pasando por diferentes formas de sumisión y desigualdad. 

La libertad se encarnaba en la razón y como elemento opuesto la pasión fue asociada con nuestra cultura. Se trataba de “emancipar” a cualquier precio. Así la intervención Ilustrada, re enlazaba poder y legitimidad.

 

2- Intervención Razón, Virtud y Redención

En ese contexto socio histórico, surge el concepto de virtud asociado a la figura del gobernante, del maestro, del médico, en definitiva  de quien tiene atributos de intervenir de diferentes maneras en la sociedad. La combinación entre virtud y poder generó entre otras cosas, mas mecanismos de coerción que fueron desde el cambio en las prácticas manicomiales, el surgimiento de la cárcel,  la salud pública como dispositivo de disciplinamiento. 

La virtud como atributo político que la intervención se concedía a sí misma, permitió justificar ahora desde una perspectiva más ligada a la aplicación de tecnologías del poder cuyo fin era la emancipación, la cura o la salida de la alienación mental. 

Entre el siglo XVIII y el siglo XX, se presentan diferentes formas de legitimar la coerción. Nuevamente el conflicto que se exterioriza es el de su propia legitimidad. Allí desde  una noción de poder limitado, poder como redentor de la naturaleza, poder como producto de la evolución, poder como un elemento racional o desde un poder que pone límites. La relación poder intervención va tomado una forma más definida siempre dentro de la misma conflictiva. 

 Nuevamente la contradicción coerción, emancipación se hace presente y cobra forma institucional a partir de la necesidad fundacional de aplicación del  poder en la intervención.

         También el concepto de “cambiar al hombre”, entendiéndolo como sujeto universal cargado de sentido, atraviesa diferentes etapas de la historia de Occidente y se inscribe en este juego de contradicciones. 

         Crear a ese sujeto desde el poder, construir a ese sujeto desde la intervención aun hoy es presentado como posibilidad de cambio social. 

           Esta idea de redención suele reaparecer, cuando se vincula linealmente a la intervención en lo social con la construcción de autonomía. Entendiendo a la falta de esta condición como una carencia impuesta, propia, o ligada a pautas culturales que ratifican esa condición o falta.

          De este modo, las dificultades de la construcción de la autonomía en un contexto de desprotección social, donde los sujetos excluidos deben tornarse autónomos por mandato de programas sociales o estrategias de intervención, configuran nuevas formas de coerción ligadas a las políticas sociales focalizadas. Esta paradoja de autonomías impuestas, entra en contradicción con las características contextuales de nuestras sociedades actuales, donde la pérdida de derechos sociales, conlleva a una reducción de la autonomía y una pérdida de ciudadanía.  Así la construcción de sujetos autónomos desde el poder de las Políticas Sociales o desde la perspectiva redentora de la intervención se hace compleja en un escenario atravesado por diferentes paradojas.

 

3- Intervención en lo social y ciudadanía  

De este modo, las relaciones que se construyeron entre poder e intervención   en las últimas décadas se dieron en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados por la economía de mercado, en instituciones con que no encuentran su sentido y perdieron su solidaridad entre sí.

Esa trama, se erigió en nuevos escenarios donde lo que sobresale son nuevas formas de expresión del padecimiento. Desde la pérdida de espacios de socialización, hasta el malestar producto de no sentirse parte de un todo social. 

Se interviene en lugares donde se fueron mutilando sistemáticamente infinidad de capacidades y habilidades, sencillamente  por efecto de la desigualdad social, la injusticia  y el  hambre. En definitiva en nuevos escenarios de intervención, dentro de una sociedad atravesada por relaciones violentas, por el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión con los otros, con la historia, con la memoria colectiva.

En otras palabras,  desde la necesidad de una reparación del daño generado por décadas de injusticia y desigualdad.

Teniendo en cuenta que el Trabajo Social como disciplina clave en los procesos de intervención en lo social, se ha constituido en un dominio de saber que  por su  dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales democráticos, de libertad, de justicia social y por la defensa de los Derechos Humanos, se reafirman y construyen desde allí nuevos compromisos.

  Surgen de este modo una serie de interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su aporte a la soberanía popular?, ¿cómo se articula con lo económico, donde la producción se oriente hacia una justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo sociocultural, desde la recuperación de la identidad, la pertenencia, la inscripción - reinscripción y la socialización?, ¿desde donde recupera capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y científicas?, o ¿ desde donde se relaciona con los recursos naturales y el medio ambiente? 

Estas cuestiones implican una necesidad de la recuperación y reconstrucción de una  visión estratégica de  la intervención en lo social. Es decir la definición clara de su sentido, dentro de las posibilidades y limitaciones que muestran sus contradicciones actuales y fundacionales.

        Pero en definitiva la intervención está atravesada por todas esas cuestiones, de  allí que  su ejercicio y estudio se presenten hoy como elementos sumamente interesantes. 

En otras palabras, la intervención nos permite ver las contradicciones de una civilización que desde sus propios límites, logró una victoria a lo Pirro, adueñándose del planeta, sus recursos naturales y desde esa dominación generar probablemente su propia destrucción. 

 

4- Trabajo Social e Intervención. Algunos caminos posibles.

Mirar al Trabajo Social desde lo que hace, implica una necesaria reflexión que se sale de los discursos ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes” sociales. Revisar lo que se hace da cuenta  que la intervención es posible  aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La intervención   en definitiva, es lo que la gente que concurre a nuestros lugares de trabajo nos demanda.  La realidad de las desigualdades sociales y los nuevos padecimientos nos interpela día a día en nuestra práctica cotidiana, y desde allí creamos, construimos, resolvemos, compartimos y aprendemos con el “otro”, en un espacio de diálogo y encuentro entre el hacer donde tratamos de acompañar este proceso desde la reflexión. 

El trabajo social desde la intervención, “denuncia” desde su práctica, porque hace visible el padecimiento como expresión de la desigualdad social en los espacios de lo micro. Construyendo desde allí nuevas formas de agenda pública. 

En definitiva  hacer ver, al otro, a la institución, a la sociedad la desigualdad y sus efectos.

El trabajo social desde la intervención está allí, en innumerables lugares, donde el desconcierto, las nuevas formas de subjetividad y el padecimiento se comparten con ese otro sufriente, en instituciones y espacios de intervención atravesados muchas veces por el sin sentido.

De allí que la sola presencia de un trabajador social en un hospital, una escuela, un tribunal está diciendo y vaya si lo dice políticamente que hay algo más que un cuerpo enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada. 

Es en estos escenarios de intervención  complejos y turbulentos, las preguntas acerca del sentido de lo que hacemos  los trabajadores sociales resuenan con mayor fuerza y estruendo. Así la Intervención se torna en un lugar de construcción de nuevas preguntas, donde aquello que es construido desde la  injusticia y la desigualdad puede ser desarmado, re hecho  y básicamente transformado.

La intervención en lo social  desde esa perspectiva implica una  generación de acontecimiento, de instalación de un espacio (político) que interpela en forma intensa a la desigualdad, a la sin razón de ésta a sus  justificativos, tanto desde los determinantes como desde la lógica del mercado. La intervención en lo social desde esta perspectiva reconoce su propia contradicción fundacional y se propone a la práctica cotidiana como posible lugar de puesta en escena de ella, para superarla junto con ese “otro” que construye su propia realidad y sostiene nuestra identidad como campo disciplinar.

La intervención se sale de los mandatos fundacionales  esperados desde la institución en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra  en la medida que pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden <alterando el establecido> transformado lo dicho abriendo, construyendo la apertura de nuevos espacios para el hacer.

Intervenir es intentar reinscribir los textos y guiones  que se  presentan como inamovibles, expresando una escena, marcada por el determinismo naturalista, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible.

La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva: que  escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.

La intervención dialoga intensamente con la política cuando su orientación se relaciona con la identidad, teniendo en cuenta que  la pregunta por la identidad surge en momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad, tal vez  es en nuestra América el campo de conflicto más importante, dado que nuestras identidades fueron masacradas, fragmentadas, diluidas desde la expresión de diferentes formas de la dominación.

La intervención, dada su relación con lo micro social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo macro social  atraviesa lo subjetivo y construye el padecimiento y la desigualdad, reconociendo que estamos actuando en una América donde reconocemos que somos lo otro, lo innombrable para los dispositivos de dominación. 

En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos, recuperando la palabra y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención donde desde nuestra historia de luchas y de dominaciones  podrá ser una guía posible hacia un camino  a recorrer. 

Tal vez la intervención del Trabajo Social sirva para promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos.

En nuestro caso se trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo propio, de lo que el otro tiene, una intervención que no agregue ni quite nada, solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la memoria. 

Intentando en definitiva salir de la con de gran parte de las premisas que le impusieron ese mandato moderno marcado por la tradición fundacional entre coerción y emancipación, en la oportunidad que genera el derrumbe actual de esos postulados y la certeza de que es posible un pensamiento Americano, donde lo “otro” tiene un esfera diferente, tanto como lugar de reparación, como de verdad.

 

Bibliografía

Botana, Natalio. El siglo del miedo y la libertad. Editorial Sudamericana. Buenos Aires 2001.

Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social. Editorial Paidós. Buenos Aires 2002.

Carballeda, Alfredo. Escuchar las prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007.

Foucault, Michel. La vida de los hombres infames. Editorial la Piqueta. Madrid 1990.

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