jueves, 4 de agosto de 2022

Algunas coordenadas sobre las problemáticas educativas y el Trabajo Social en la actualidad. Por: Alfredo J. M. Carballeda

 

1- Trabajo Social, intervención, formación y construcción de conocimiento. Algunos apuntes para pensar la formación en la actualidad.
El Trabajo Social suele habitar la periferia, los márgenes de las Ciencias Sociales, allí, muchas veces surgen respuestas y verdades que no suelen ser comprendidas hasta mucho tiempo después. Es decir, el Trabajo Social posee una serie de formas singularizadas de construcción de conocimiento donde llega simplemente haciendo, construyendo y recreando acontecimiento, interactuando desde lo micro social con lo macro, cimentando de esta manera diferentes formas de diálogo a partir de las interpelaciones que surgen desde el hacer cotidiano. Desde allí devela, aporta más y nuevas miradas a diferentes sucesos que se vinculan estrechamente con la Cuestión Social.
Una vía de entrada posible a esta construcción singular de saberes, podría pasar por el análisis de los procesos de formación en este campo y especialmente sus perspectivas actuales, tomándolos desde su configuración histórica y social. Desde ese punto de vista, estos temas, se relacionan con realidades contextuales y regionales que muchas veces atraviesan y marcan diferentes formas de construcción histórica de la profesión. De todos modos, es posible pensar algunos puntos de referencia como una serie de elementos que se reconocen a pesar de las diferentes particularidades. Desde esa mirada, es factible aproximarse a una forma singularizada de construcción de saberes que se relaciona con el Trabajo Social y se expresa desde la formación dentro de esta profesión.
En muchos aspectos, el Trabajo Social se aprende y se actúa haciendo dialogar aquello que el pensamiento occidental y cartesiano dividió en “teoría y práctica”, en otras palabras la intervención en lo social surge desde la búsqueda de respuestas a partir de las interpelaciones que la realidad, expresada a través de permanentes construcciones y de construcciones, le propone a lo ya sabido y conocido. En ese choque, en esa interpenetración se produce una forma singular de construcción de conocimiento. Así, también, se elabora una forma de conocer que se vincula en un diálogo entre los problemas sociales, la trama que rodea a quien construye la demanda y el sistema de protección social, siempre desde una necesaria perspectiva situada, contextualizada, en relación con lo que está ocurriendo en ese escenario de intervención, pero también con la construcción histórica del mismo e incluso con sus perspectivas de futuro. Así, tiempo y espacio, también se integran en los procesos de intervención.
El Trabajo Social, como disciplina, se interroga a sí misma, a su propia producción, a su propia búsqueda de respuestas mientras es interpelado por la realidad y desde allí se pone en relación con otros campos de conocimiento.
De esta forma, es posible aproximarse a la comprensión de la multiplicidad de saberes que se ponen en juego en un proceso de intervención y su re significación dentro del propio campo de éste en cada situación de Intervención en lo Social.
Tal vez, en este aspecto se haga necesario repensar las diferentes formas de diálogo que este campo disciplinar viene construyendo con el resto de las ciencias sociales y las maneras de apropiación por parte del Trabajo Social, de éstos.
También de la necesaria sistematización, visibilidad y recuperación de los aportes del Trabajo Social a otros campos de las ciencias sociales.
A su vez, la construcción histórica de la profesión muestra también una gran variedad de trayectorias, junto con una serie de puntos en común que pueden ser útiles para repensar proyecciones, posibilidades y necesidades de ésta. Tanto desde lo conceptual, como a partir de los aspectos instrumentales, la reflexión sobre las propias experiencias y la lectura de procesos sociales desde ésta.
Así, la investigación en Trabajo Social va de lo micro a lo macro y viceversa, atravesando lo territorial y generando distintos aportes que van desde lo metodológico a lo teórico.
Diferentes trabajos de investigación han demostrado que el carácter investigativo de la profesión se ubica en los orígenes de la misma, como una necesidad natural de comprensión y explicación del contexto, su impacto y expresión singular, aportando incluso a otras disciplinas como la Antropología, la Sociología y las Ciencias Políticas.
De todas maneras, durante prácticamente todo el siglo XX, salvo en sus dos últimas décadas, se produjo, tal vez por una serie de relaciones complejas de poder y disputas académicas una significativa desvalorización, negación y silenciamiento de los saberes y el aporte de las experiencias profesionales de esta disciplina como aporte para el conocimiento desde esta profesión a otros campos de saber.
Otra posible vía de entrada a estos temas puede pasar por identificar las tensiones presentes en los modos de enseñar y aprender, reconociendo experiencias vinculadas a los procesos de prácticas de formación de los trabajadores sociales. Los mismos se encuentran muchas veces atravesados por los condicionamientos históricos mencionados, la complejidad de los contextos académicos e institucionales, sumado a los cambios y transformaciones permanentes en los escenarios de intervención.
2- La enseñanza desde un Trabajo Social Situado. Las posibilidades de ruptura con el pensamiento binario.
La forma que adopta el pensamiento occidental, coincidentemente con la Conquista de América es binaria, o sea que se construye por pares antagónicos, por polos opuestos en definitiva, por dos categorías exclusivas y excluyentes. Desde allí se construyen explicaciones muchas veces académicas, donde se justifica el saqueo, el aniquilamiento, con la consecuente negación de aquello que se define, arbitrariamente, como extraño o peligroso. Así se dividen las ideas y las cosas, el cuerpo y el alma, la humanidad y la naturaleza, lo normal y lo patológico, la civilización y la barbarie.
En definitiva, desde lo binario, se genera la construcción de las identidades en Occidente, sean éstas identidades de género, de clase, de etnia o políticas. Esta cimentación, repercute en América de manera singular, actuando como justificativo de una múltiple dominación que atraviesa el género, la “raza”, los estamentos, los grupos sociales, hasta las cartografías que delimitan territorios signándole atributos a quienes los habitan.
De este modo en el caso de la Argentina, la inmensidad de la llanura, la pampa, el desierto operan como una forma de encierro, o destierro donde habita la barbarie, mientras que en las ciudades se refugia una civilización asechada que, desde esa condición se atribuye capacidad para discriminar, excluir y sojuzgar.
Desde la formación profesional surge la necesidad de aproximación a una forma de pensamiento que tenga la capacidad de analizar la matriz del poder colonial y colonizador, sus efectos objetivos y subjetivos. Esta operación es posible desde el análisis de sus expresiones, en el pasado y en la actualidad, a partir de la persistencia, dentro de las formas contemporáneas del capitalismo, las formas de conocimiento totalitarias que sostienen el binomio dominador-dominado que se gesta junto con la Conquista de América.
Desde estos aspectos, surge que se hace relevante que en los procesos de enseñanza y aprendizaje dentro del campo de nuestra disciplina se trabaje desde un conocimiento situado, que se relacione con los espacios políticos históricamente dominados, desde su lógica y manera de habitar, desarticulando la visión única que propone el eurocentrismo racial, sexista y patriarcal. Teniendo en cuenta que desde las formas de escolarización, el aprendizaje y su estructura se entrelazan con la conquista.
De este modo, el surgimiento de la educación formal, se relaciona con la Modernidad, incluso la mayor parte de las técnicas de escolarización provienen de los años 1500 y 1600. En especial, la idea de educación en libros de texto, además del avance a través de grados y pasos que dan cuenta de los títulos obtenidos o que puedan obtenerse.
Así la estructura de esta forma de enseñanza también posee en su conformación una lógica binaria, tanto desde lo institucional como desde la centralidad de la construcción y transmisión de conocimientos. El Trabajo Social, desde su conformación y especialmente desde su hacer cotidiano muchas veces pone en cuestión esas lógicas. Desde su sola presencia está diciendo que en un hospital hay algo más que un cuerpo enfermo, un programa educativo en la escuela o la ley en un tribunal. Tal vez en ese “algo más”, esté su potencialidad de ver más allá y de romper con el binarismo que mencionamos.
La formación en Trabajo Social implica un horizonte que se relaciona con capacidades y habilidades para identificar, analizar y resolver problemas sociales a través de procesos de intervención en lo social. En este aspecto el sentido del proceso de intervención, tal vez se presente como una de las coordenadas clave en el momento histórico y social que atravesamos. Es decir, la resolución de problemas sociales implica definiciones desde lo conceptual, lo subjetivo y el clima de época que se imbrican en forma inevitable no solo con lo teórico y conceptual, sino también con lo instrumental. Tanto desde cuestiones ético valorativas como de la búsqueda de resultados.
La formación, es constitutiva desde una serie de articulaciones que dialogan con el propio devenir histórico del campo disciplinar. En este aspecto, la ruptura con el pensamiento binario se presenta como trascendental, donde la formación se sale de la búsqueda de lo “normal”, enfrentado a lo ”patológico”, sino que requiere del reconocimiento de las diferentes lógicas y formas de comprender y explicar que atraviesan los problema sociales.
Poner en cuestión la dualidad cartesiana desde la formación implica, repreguntar a la disciplina desde otro lado y sentido, quizás esta forma de elucidación implique salirse de la pregunta acerca de ¿qué es el Trabajo Social? quizás cambiándola por: ¿qué hace el trabajo social?, ¿qué subjetividades construye?, ¿cómo ésta dialoga con la perspectiva de derechos? , ¿cómo construye su visión del Otro? y, fundamentalmente alrededor de la capacidad que posee de construir acontecimiento.
Repensar, de esta manera, a la formación desde una perspectiva que permita una aproximación a lo que el problema social construye, condiciona, significa, produce en términos de padecimiento y sentido.
La tensión entre lo normal y lo patológico, no deja de ser una construcción social que se inscribe en la época en que estas cuestiones son analizadas y estudiadas. En definitiva la división entre lo normal y lo patológico se construyó y se alimenta como una forma de disciplinamiento que se expresa en la ilusión de la existencia de un sujeto universal que responde a las categorías y prejuicios de las lógicas dominantes desde una perspectiva de normalización de discursos, acciones y sujetos de intervención, solo contenido dentro de una trama simbólica que surge de la construcción social.
3- La formación en Trabajo Social desde la singularidad del campo disciplinar.
La ruptura con el pensamiento binario implica también desde la formación, la apropiación y el trabajo con la complejidad que atraviesa la intervención en lo social. En ese aspecto, la intervención sobre problemas sociales sugiere un ingreso a una forma de complejidad que va más allá del problema en sí mismo.
En otras palabras. La intervención sobre lo que denominamos Problemáticas Sociales Complejas, implica el trabajo, la práctica, el hacer, con una multiplicidad de factores que las rodean además de la interacción que éstas tienen con otros problemas sociales, circunstancia que muestra por un lado la singularidad de expresión de éstos, su permanente construcción y deconstrucción, su impacto subjetivo y la necesaria ubicación de éstos dentro de lo micro social, vinculado con lo territorial y lo contextual.
Estas cuestiones muestran la necesidad de nominar de manera diferente el quehacer profesional. La intervención se sumerge en la complejidad, se direcciona en el hacer ver y desde allí en la construcción de acontecimiento. Según Wittgenstein, “la esencia se expresa en la gramática”, de allí que la relevancia de escribir las prácticas, designarlas, construir categorías de análisis, posiblemente genere un orden propio del discurso, se nos presente hoy como uno de los desafíos más intensos dentro de nuestro campo, donde permanentemente dialogan lo histórico, lo teórico y lo metodológico.

No hay comentarios:

Publicar un comentario