miércoles, 31 de agosto de 2022

La Intervención en lo Social como diálogo. Una mirada Hermenéutica y Genealógica. Por Alfredo Juan Manuel Carballeda

 


1 Modernidad y Disciplinamiento

Con el objetivo de profundizar la noción de Intervención en lo Social, es posible partir de la premisa de que uno de los cimientos fundacionales de la modernidad es el disciplinamiento. Éste, se expresa básicamente en la búsqueda de la organización racional de la vida cotidiana. Esa organización, es planteada como una necesidad, para progresar, mejorar la calidad de vida en definitiva, abrir las puertas de la emancipación.De este modo, desde una perspectiva genealógica, se hace relevante la búsqueda de puentes y contactos entre el disciplinamiento y la noción de necesidad. Dado que la incorporación de la racionalidad en la vida cotidiana es propuesta como “necesidad” en muchos casos emancipatoria. La noción de necesidad direcciona a diferentes expresiones de las  prácticas de lo social.  De esta forma, las nociones de  necesidad, fundacionalmente impuestas por el orden de la modernidad, pueden tener diferentes caras y expresiones en su propio devenir histórico. Así, el disciplinamiento se manifiesta en forma explícita desde el discurso colonial, como también en forma subrepticia en el discurso emancipatorio. Según Jorge Huergo  el proceso de  disciplinamiento tiene diferentes etapas, en tanto, como complejo histórico  moderno : ”1)la fundacional, que coincide con la constitución de la modernidad eurocéntrica y que despliega una constelación de valores presentes aún en nosotros, de manera "natural"; 2)la de fundación teórica, que coincide con la revolución que, en el plano de las ideas y luego de la realidad, produjo la Ilustración o Iluminismo; 3)la de organización política y económica donde el Estado moderno se hace disciplinador. En muchos casos, como en Argentina, esta etapa coincide con el proyecto positivista, que encuentra en la ciencia el fundamento ideológico del disciplinamiento; 4)la del re-disciplinamiento, coincidente en muchos casos con el desarrollismo; es un intento de volver a controlar y ordenar a los marginados, pero operando con técnicas más tolerables”.  De este modo, las diferentes modalidades de  intervención  en lo social emergen en el contexto de la modernidad atravesadas por una contradicción que las tensiona hasta nuestros días. La promesa de la emancipación, ligada a prácticas y fundamentos que derivan en  la sujeción y la coersión  marcan  sus orígenes y ha generado hasta la actualidad una serie de discusiones y rupturas a veces explícitas y en otras oportunidades no dichas. El hacer, en tanto praxis transformadora, desde la perspectiva moderna dentro de un espacio recientemente constituído – lo social- implicó el surgimiento de una serie de dispositivos de control y disciplinamiento que fueron cambiando de forma en diferente contextos y climas de época. Los inicios de la intervención pueden ligarse a tres elementos claramente definidos; la noción de sociedad; el concepto de cuestión social; la construcción de prácticas y campos de conocimiento. Estos tres ejes, que pueden considerarse, constitutivos de la Intervención fueron construyendo diferentes espacios de diálogo y encuentro. Especialmente a través de la propia práctica y de los interrogantes que surgen de ésta. Ese carácter contradictorio atraviesa una serie de cuestiones, estas básicamente se relacionan con diferentes “series” históricas, donde la promesa de la libertad, por ejemplo como enunciado de “transformación”, significó formas de control sutiles o claramente explícitas. En las prácticas que se construyen en la modernidad, puede observarse un común denominador, la necesidad de transformar lo que se considera “irracional”. Así, la emancipación como condición moderna surge desde la necesidad de sojuzgar a los hombres desde una mirada y análisis científico. Esto, no implica solamente un programa epistemológico, sino un programa político donde es posible observar una de las primeras contradicciones del pensamiento moderno; en nombre de la humanización, la transformación y la emancipación, se sometieron a la dominación a diferentes culturas y pueblos.  En definitiva, dentro del disciplinamiento coexisten dos elementos contradictorios: emancipación y dominación, la primera en los discursos , la segunda en los hechos. Para el disciplinamiento, especialmente desde el Estado Moderno se utilizaron diferentes prácticas sociales, en tanto acción social o intervención que se orientaron básicamente a mutar el ethos popular -considerado iracional- por la noción moderna de cotidianeidad que implica lo racional.

2- Intervención y Cuestión Social              

En los inicios de las Ciencias Sociales durante  el siglo XIX, la intervención en lo social se orienta hacia el  problema de la solidaridad y la aparición de nuevas formas de la cuestión social. En ese momento lo social como lugar de la intervención , se ubica en el medio de la contradicción entre  la mano invisible del mercado donde el liberalismo se presenta como el gran ordenador de la  sociedad y los postulados anarquistas y comunistas. 

               En otras palabras, ubica su lugar en un campo concreto de la práctica (lo social), de la misma manera que otras  formas de conocimiento se habían emplazado,  en el cuerpo y la mente, como la clínica médica y la psiquiatría. 

              Lo social, a partir de ese momento fundacional del Trabajo Social y las Ciencias Sociales, nace también en el inicio de  una profunda necesidad de reflexión acerca del lazo social y el contrato a veces contradictorios otras complementarios, estableciéndose como formas constitutivas de la sociedad. 

Lo social toma la forma en ese contexto como un producto de la contradicción entre fragmentación e integración de sociedades que, desde el siglo XVII se hacían cada vez más complejas.

             Ese escenario de construcción moderna y reciente  de la  intervención esta signado por una  marcada  tensión entre derechos civiles y garantías políticas en un momento donde el contrato social se quiebra en la emergencia y visibilidad innegable de las desigualdades, cuando la noción de solidaridad nace en el medio de una alta conflictividad social, cultural y política.  

             En ese campo de contradicciones, la intervención en lo social se proponía salir de los estrechos marcos de la filantropía como última herencia de la Ilustración, para ingresar en los territorios de la igualdad y los derechos que serán llamados sociales en poco tiempo.

           De este modo y desde diferentes visiones, la intervención en lo social, puede ser entendida como una práctica orientada a la  reparación y reproducción  de la fuerza de trabajo, o como la preparación de un espacio en los márgenes de la sociedad, donde el señalamiento de la anormalidad, determina con claridad el terreno de lo normal y lo patológico en una sociedad.  

           Pero, pocas décadas después a partir de Jane Addams,  surgen otros horizontes, que trataban de superar desde el estudio de casos, la preocupación por la anomia o el orden social y ponen su acento en la reparación del padecimiento y el conocimiento en profundidad, tratando de comprender lo social también desde la singularidad .   

         Estas tradiciones de pensamiento  serán retomadas en diferentes momentos históricos con la idea de entender la sociedad e intervenir sobre ella.  Así, desde lugares disímiles, dialogando con la Escuela Crítica, los trabajos de E. Goffman, Foucault, a veces en diferentes encuentros con el psicoanálisis, muchos intentan nuevamente superar las tensiones fundacionales entre emancipación y coerción. Tratando de salir de la contradicción entre interpretación y transformación. Utilizando  el estudio de casos, tratando de establecer tipologías, biografías, trabajando con  narraciones, que en algunos casos derivaron en la observación participante y la investigación – acción.

      La llegada de la Crisis del 30 muestra el inicio de una orientación hacia los derechos y más tarde una preocupación concreta desde la noción de ciudadanía y desgrana, de alguna manera las tensiones que marcaban su vinculación con la reparación de la anomia o la denuncia de la alienación. La emergencia de los Estados de Bienestar, va a traer nuevos campos de conflicto y legitimidad. 

Allí  el Estado será el gran protagonista de la cohesión de la sociedad, hasta la implantación del neoliberalismo y las nociones de Estado Mínimo y políticas focalizadas que en un contexto de profundización de la desigualdad y a través de diferentes dictaduras militares se impusieron en América Latina y de fuertes cambios económicos y sociales a nivel mundial.

 En Argentina, esa presencia del Estado como reparador de la solidaridad, como agente de derechos sociales, se expresa con claridad  a partir de 1945. Donde una necesidad es un derecho social no cumplido. Poniéndose en macha a través de una re significación de las instituciones desde la contradicción entre necesidades y derechos dentro del Estado Social,  para desembocar en intervenciones activas en ambas cuestiones. En la búsqueda y consolidación de la utopía igualitaria que marcaba las promesas de su origen. 

La derrota de los totalitarismos luego de la II Guerra Mundial, la economía motorizada por el modelo Keynesiano, apoyaba la multiplicación de mecanismos de igualdad social y civil. Tratando de superar el totalitarismo y el liberalismo, como una tercera opción.  

 

1- Intervención Poder Legitimidad

                 En esos diferentes escenarios de aparición  la legitimidad de la intervención se presenta como terreno de conflicto. La discusión acerca de la  legitimidad es, tal vez, uno de los aspectos más sobresalientes de la conflictividad política desde el siglo XVIII hasta nuestros días. Estas cuestiones, también  impregnan a la intervención desde la importancia de limitar su poder, o de entender a ese poder que mana desde una práctica como la esencia de una promesa de redención. 

                En ese juego contradictorio, la intervención en lo social, al igual que la intervención de otros campos como la medicina, la psiquiatría o la pedagogía, implica una idea de límite que, en los inicios de la Ilustración se planteaba  en la necesidad de separar los territorios  de la pasión, la razón y las ambiciones humanas. 

               Esa idea de poner límites, como  garantía de un individuo libre, fue marcando el diseño de las instituciones desde donde se interviene en lo social y se condice con la lógica institucional de la división de poderes en el terreno de la política. La estratificación como una forma de limitar al poder. El pensamiento de la Física Moderna aportó la noción de la dinámica de los fluidos como metáfora política y también como  elemento preparatorio del ingreso de las ciencias naturales para explicar lo  político y lo  social. De esa manera desde el conocimiento se justifican las restricciones a determinadas formas de poder que se transformaron en dispositivos institucionales, que explicarían  como otra vía de entrada la necesidad de las especializaciones ligadas al principio de separación entre cuerpo, mente y contexto. Pero, esas limitaciones, tuvieron una dirección delimitada y estrechamente ligada a quienes detentaban el poder político en ese contexto. Así las especializaciones, como diques de contención tienen una dirección  definida, una metáfora política clara, de la mano de la moralización, de una racionalidad política que transformaba el poder pastoral, en razón de estado, haciendo que la individualización y la totalización son dos de sus efectos inevitables 

                Esa forma de construcción de  legitimidad del hacer, centrada en el recorte de las voluntades arbitrarias sobre quienes se interviene, se presentaba como una forma de aprender la vida en sociedad. La intervención se liga al poder cuando se alía con la estrategia de las limitaciones, dando una dirección definida desde la promesa emancipadora de ingreso a la modernidad.  

               También en esos primeros escenarios que marcan la prehistoria de la intervención en lo social en el siglo XVIII, ésta nace ligada a la virtud de quien la ejerce Esa virtud tenía diferentes forma de expresar su legitimidad, era su esencia, especialmente desde el poder que delimitaba su lugar, pero se expresaba en una necesaria estructura legal e institucional. 

De este modo y a partir de  sus orígenes la intervención desde diferentes lugares de poder intentaba oponer el fanatismo (pasión) a la virtud (razón), Moro, Voltaire, Spinoza, Locke, Montesquieu, de diferentes maneras plantean la necesidad de enseñar la tolerancia, se podría agregar; a cualquier precio, ya que la promesa futura es la emancipación y desde allí todo vale. 

                Los pueblos originarios y mestizos de nuestra América vivieron  en carne propia esa contradicción Ilustrada, se trataba de ser libres abandonando las tradiciones, la cultura, las enseñanzas de los mayores, la lengua. Perdiendo territorios, pasando por diferentes formas de sumisión y desigualdad. 

La libertad se encarnaba en la razón y como elemento opuesto la pasión fue asociada con nuestra cultura. Se trataba de “emancipar” a cualquier precio. Así la intervención Ilustrada, re enlazaba poder y legitimidad.

 

2- Intervención Razón, Virtud y Redención

En ese contexto socio histórico, surge el concepto de virtud asociado a la figura del gobernante, del maestro, del médico, en definitiva  de quien tiene atributos de intervenir de diferentes maneras en la sociedad. La combinación entre virtud y poder generó entre otras cosas, mas mecanismos de coerción que fueron desde el cambio en las prácticas manicomiales, el surgimiento de la cárcel,  la salud pública como dispositivo de disciplinamiento. 

La virtud como atributo político que la intervención se concedía a sí misma, permitió justificar ahora desde una perspectiva más ligada a la aplicación de tecnologías del poder cuyo fin era la emancipación, la cura o la salida de la alienación mental. 

Entre el siglo XVIII y el siglo XX, se presentan diferentes formas de legitimar la coerción. Nuevamente el conflicto que se exterioriza es el de su propia legitimidad. Allí desde  una noción de poder limitado, poder como redentor de la naturaleza, poder como producto de la evolución, poder como un elemento racional o desde un poder que pone límites. La relación poder intervención va tomado una forma más definida siempre dentro de la misma conflictiva. 

 Nuevamente la contradicción coerción, emancipación se hace presente y cobra forma institucional a partir de la necesidad fundacional de aplicación del  poder en la intervención.

         También el concepto de “cambiar al hombre”, entendiéndolo como sujeto universal cargado de sentido, atraviesa diferentes etapas de la historia de Occidente y se inscribe en este juego de contradicciones. 

         Crear a ese sujeto desde el poder, construir a ese sujeto desde la intervención aun hoy es presentado como posibilidad de cambio social. 

           Esta idea de redención suele reaparecer, cuando se vincula linealmente a la intervención en lo social con la construcción de autonomía. Entendiendo a la falta de esta condición como una carencia impuesta, propia, o ligada a pautas culturales que ratifican esa condición o falta.

          De este modo, las dificultades de la construcción de la autonomía en un contexto de desprotección social, donde los sujetos excluidos deben tornarse autónomos por mandato de programas sociales o estrategias de intervención, configuran nuevas formas de coerción ligadas a las políticas sociales focalizadas. Esta paradoja de autonomías impuestas, entra en contradicción con las características contextuales de nuestras sociedades actuales, donde la pérdida de derechos sociales, conlleva a una reducción de la autonomía y una pérdida de ciudadanía.  Así la construcción de sujetos autónomos desde el poder de las Políticas Sociales o desde la perspectiva redentora de la intervención se hace compleja en un escenario atravesado por diferentes paradojas.

 

3- Intervención en lo social y ciudadanía  

De este modo, las relaciones que se construyeron entre poder e intervención   en las últimas décadas se dieron en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados por la economía de mercado, en instituciones con que no encuentran su sentido y perdieron su solidaridad entre sí.

Esa trama, se erigió en nuevos escenarios donde lo que sobresale son nuevas formas de expresión del padecimiento. Desde la pérdida de espacios de socialización, hasta el malestar producto de no sentirse parte de un todo social. 

Se interviene en lugares donde se fueron mutilando sistemáticamente infinidad de capacidades y habilidades, sencillamente  por efecto de la desigualdad social, la injusticia  y el  hambre. En definitiva en nuevos escenarios de intervención, dentro de una sociedad atravesada por relaciones violentas, por el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión con los otros, con la historia, con la memoria colectiva.

En otras palabras,  desde la necesidad de una reparación del daño generado por décadas de injusticia y desigualdad.

Teniendo en cuenta que el Trabajo Social como disciplina clave en los procesos de intervención en lo social, se ha constituido en un dominio de saber que  por su  dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales democráticos, de libertad, de justicia social y por la defensa de los Derechos Humanos, se reafirman y construyen desde allí nuevos compromisos.

  Surgen de este modo una serie de interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su aporte a la soberanía popular?, ¿cómo se articula con lo económico, donde la producción se oriente hacia una justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo sociocultural, desde la recuperación de la identidad, la pertenencia, la inscripción - reinscripción y la socialización?, ¿desde donde recupera capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y científicas?, o ¿ desde donde se relaciona con los recursos naturales y el medio ambiente? 

Estas cuestiones implican una necesidad de la recuperación y reconstrucción de una  visión estratégica de  la intervención en lo social. Es decir la definición clara de su sentido, dentro de las posibilidades y limitaciones que muestran sus contradicciones actuales y fundacionales.

        Pero en definitiva la intervención está atravesada por todas esas cuestiones, de  allí que  su ejercicio y estudio se presenten hoy como elementos sumamente interesantes. 

En otras palabras, la intervención nos permite ver las contradicciones de una civilización que desde sus propios límites, logró una victoria a lo Pirro, adueñándose del planeta, sus recursos naturales y desde esa dominación generar probablemente su propia destrucción. 

 

4- Trabajo Social e Intervención. Algunos caminos posibles.

Mirar al Trabajo Social desde lo que hace, implica una necesaria reflexión que se sale de los discursos ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes” sociales. Revisar lo que se hace da cuenta  que la intervención es posible  aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La intervención   en definitiva, es lo que la gente que concurre a nuestros lugares de trabajo nos demanda.  La realidad de las desigualdades sociales y los nuevos padecimientos nos interpela día a día en nuestra práctica cotidiana, y desde allí creamos, construimos, resolvemos, compartimos y aprendemos con el “otro”, en un espacio de diálogo y encuentro entre el hacer donde tratamos de acompañar este proceso desde la reflexión. 

El trabajo social desde la intervención, “denuncia” desde su práctica, porque hace visible el padecimiento como expresión de la desigualdad social en los espacios de lo micro. Construyendo desde allí nuevas formas de agenda pública. 

En definitiva  hacer ver, al otro, a la institución, a la sociedad la desigualdad y sus efectos.

El trabajo social desde la intervención está allí, en innumerables lugares, donde el desconcierto, las nuevas formas de subjetividad y el padecimiento se comparten con ese otro sufriente, en instituciones y espacios de intervención atravesados muchas veces por el sin sentido.

De allí que la sola presencia de un trabajador social en un hospital, una escuela, un tribunal está diciendo y vaya si lo dice políticamente que hay algo más que un cuerpo enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada. 

Es en estos escenarios de intervención  complejos y turbulentos, las preguntas acerca del sentido de lo que hacemos  los trabajadores sociales resuenan con mayor fuerza y estruendo. Así la Intervención se torna en un lugar de construcción de nuevas preguntas, donde aquello que es construido desde la  injusticia y la desigualdad puede ser desarmado, re hecho  y básicamente transformado.

La intervención en lo social  desde esa perspectiva implica una  generación de acontecimiento, de instalación de un espacio (político) que interpela en forma intensa a la desigualdad, a la sin razón de ésta a sus  justificativos, tanto desde los determinantes como desde la lógica del mercado. La intervención en lo social desde esta perspectiva reconoce su propia contradicción fundacional y se propone a la práctica cotidiana como posible lugar de puesta en escena de ella, para superarla junto con ese “otro” que construye su propia realidad y sostiene nuestra identidad como campo disciplinar.

La intervención se sale de los mandatos fundacionales  esperados desde la institución en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra  en la medida que pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden <alterando el establecido> transformado lo dicho abriendo, construyendo la apertura de nuevos espacios para el hacer.

Intervenir es intentar reinscribir los textos y guiones  que se  presentan como inamovibles, expresando una escena, marcada por el determinismo naturalista, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible.

La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva: que  escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.

La intervención dialoga intensamente con la política cuando su orientación se relaciona con la identidad, teniendo en cuenta que  la pregunta por la identidad surge en momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad, tal vez  es en nuestra América el campo de conflicto más importante, dado que nuestras identidades fueron masacradas, fragmentadas, diluidas desde la expresión de diferentes formas de la dominación.

La intervención, dada su relación con lo micro social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo macro social  atraviesa lo subjetivo y construye el padecimiento y la desigualdad, reconociendo que estamos actuando en una América donde reconocemos que somos lo otro, lo innombrable para los dispositivos de dominación. 

En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos, recuperando la palabra y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención donde desde nuestra historia de luchas y de dominaciones  podrá ser una guía posible hacia un camino  a recorrer. 

Tal vez la intervención del Trabajo Social sirva para promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos.

En nuestro caso se trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo propio, de lo que el otro tiene, una intervención que no agregue ni quite nada, solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la memoria. 

Intentando en definitiva salir de la con de gran parte de las premisas que le impusieron ese mandato moderno marcado por la tradición fundacional entre coerción y emancipación, en la oportunidad que genera el derrumbe actual de esos postulados y la certeza de que es posible un pensamiento Americano, donde lo “otro” tiene un esfera diferente, tanto como lugar de reparación, como de verdad.

 

Bibliografía

Botana, Natalio. El siglo del miedo y la libertad. Editorial Sudamericana. Buenos Aires 2001.

Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social. Editorial Paidós. Buenos Aires 2002.

Carballeda, Alfredo. Escuchar las prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007.

Foucault, Michel. La vida de los hombres infames. Editorial la Piqueta. Madrid 1990.

lunes, 29 de agosto de 2022

Naturalismo, Realismo Literario y la explicación de los fenómenos sociales. Por; Alfredo Juan Manuel Carballeda

 

 

“Esto es lo que constituye la novela experimental: poseer el mecanismo de los fenómenos en el hombre, demostrar los resortes de las manifestaciones intelectuales y sensuales como nos los explicará la fisiología, bajo las influencias de la herencia y de las circunstancias ambientales, después de mostrar al hombre vivo en el medio social que él mismo ha producido, que modifica cada día y en el seno del cual manifiesta, a su vez, una transformación continua. Así pues, nos apoyamos en la fisiología, tomamos al hombre aislado de las manos del fisiólogo para continuar la solución del problema y resolver científicamente la cuestión de saber cómo se comportan los hombres desde que viven en sociedad”.  Emile Zolá, “La novela experimental” en El Naturalismo, Península, Barcelona, 1976, p. 38.

 

 

 

1-La relación entre  realismo, naturalismo y ciencias sociales.

Desde mediados del siglo XIX, dos corrientes literarias intentarán  construir una extraña amalgama entre; protesta social, fatalismo y la elaboración tácita de una propuesta de reforma social que abarcará individuos, conductas y poblaciones. El naturalismo y el realismo, como formas de expresión cercanas al positivismo lograron construir lentamente una visión de los problemas sociales que aún hoy  se mantiene vigente.

Esta visión, al apoyarse especialmente en la denuncia de la pobreza se tiñó desde sus inicios de una pátina reformista que se reproduce en la mayoría de las explicaciones y metáforas referidas a los problemas sociales y especialmente a la pobreza. En la Argentina,  desde diferentes posiciones estas corrientes estético literarias presentan un propósito de crítica social y política, curiosamente tanto desde los sectores conservadores como de los progresistas. El discurso acerca de lo social y político que surge en ese contexto tiene una serie de rasgos que lo relacionan en forma penetrante con la literatura de esa época y construye una narrativa que continúa como expresión dominante en el imaginario social.

Estas cuestiones se plasman en relatos, especialmente novelas, que van desde la existencia de protagonistas individuales o colectivos relacionados conflictivamente con su entorno, hasta héroes y villanos determinados indefectiblemente por el medio social o la herencia biológica.

De esta manera, el sentido de las obras literarias realizadas desde estas corrientes construyen una nueva relación entre sociedad y naturaleza. Esta, se da en diferentes aspectos, por un lado desde lo estético donde sobresale la descripción, pero por otro, la estética abre una especie de nuevo camino explicativo hacia los problemas sociales. El método naturalista literario proviene de las ciencias naturales, allí es donde sobresale la metáfora de las relaciones causa efecto tomadas desde el paradigma anátomopatológico o la revolución bacteriana.

Pero, también desde esa lógica se construyeron las bases de la posible resolución de esos problemas sociales, tanto desde medidas de orden general  como a partir de propuestas de carácter interventivo. En el naturalismo y el realismo, los hombres no son libres, están determinados por el entorno y su herencia genética. Una nueva forma de atadura los contiene, esta como un manto invisible, deberá ser visualizada por una mirada experta y fundamentalmente externa que propondrá las formas de resolución del problema. Esa falta de libertad es justificada a través de las ideas de evolución social, en este aspecto, tal vez haya un punto de encuentro entre conservadorismo y el progresismo de la Argentina naciente en el  fin del siglo XIX. 

La noción de medio social, aparece aquí como un elemento central. Se transforma en un punto de arranque necesario y definitivo para la construcción de marcos explicativos y comprensivos teñidos inevitablemente de fatalismo. Esa visión de lo social, pintará de gris, tristeza y melancolía a los escenarios de la desigualdad, transformándola en un hecho donde se entrelazan estética y ética.

Así, quienes los habitan, tendrán dificultades insoslayables que solo podrán ser resueltas a partir de grandes transformaciones individuales. Estas se logran desde diferentes caminos;  por medio  del milagro de la bondad de los otros, o sea desde una conversión filantrópica; el enamoramiento y la aceptación por alguien de otro estrato de la sociedad, o una transformación social constituida por actores individuales y externos a ese medio, quienes aparecen como los únicos capacitados para resolver la situación de imposibilidad de los desposeídos.

El naturalismo y el realismo como movimientos culturales se construyen en la sociedad burguesa  europea del siglo XIX. Desde los valores de esa ascendente categoría social, se describirán los conflictos sociales, la desigualdad y la vida cotidiana de los sectores mas expoliados de la sociedad. Su mirada intentará objetivar el escenario, entenderlo científicamente, desde fuera, construyendo  también una nueva forma de involucrarse en la vida política, apoyada en  el cuidado de sus intereses de estamento social.

Esta nueva construcción discursiva tiene la particularidad de presentarse contradictoriamente como transformadora y cuidadosa del orden. De este modo, la desigualdad es un problema de una parte de la sociedad que es víctima de sus propias circunstancias y determinaciones.

La crítica social naturalista será ideal para la academia universitaria, especialmente en el campo de la medicina, desde donde surgirán más y nuevas denuncias, apoyadas ahora en la ciencia, y desconocidos discursos  políticos, hasta ese momento desconocidos, que en el caso Argentino se enrolan en un socialismo científico que coincide en los temas de fondo con los sectores mas conservadores.

La burguesía como nuevo actor social europeo, se alejaba en esa etapa del idealismo romántico, mientras que lentamente se aferraba a una pretendida objetividad científica. De este modo, a los pobres se los asociada a la pasión, a la irracionalidad, a estadios anteriores de la evolución humana. Estas asociaciones son  presentadas en narrativas tanto literarias como científicas como un fenómeno mancomunado con el determinismo, descripto a nivel individual como producto de deformaciones del sistema nervioso por las influencias del medio o la inferioridad racial.

El naturalismo  y el realismo, también se apoyaron en la observación  fáctica y precisa de la realidad, desde un punto intermedio entre cercanía y objetividad de los hechos sociales, pero siempre, por fuera del subjetivismo. El narrador, en estas corrientes,  es omnisciente, es decir maneja absolutamente todos los componentes del relato,  posee capacidad predictiva y se dirige al lector desde una perspectiva didáctica, proponiéndole una lección social o moral.

De allí que gran parte de las propuestas de intervención herederas de esas corrientes se relacionen con la idea de educar al otro entendiéndolo como incapaz de resolver sus propias dificultades. La educación como forma de transformación de la sociedad tendrá diferentes acepciones en las distintas décadas de gran parte del siglo XIX, llegando a la actualidad casi con el mismo vigor.

En ese período, bajo la escuela de Emilio Zola, el naturalismo francés trató de convertir a la literatura en ciencia, cuyo objeto de estudio era el medio social, utilizando el método de la observación y experimentación. Como científico, el narrador naturalista, debía ser impersonal y objetivo. La opción por la narración en tercera persona recuerda a las descripciones de los informes sociales de los inicios del Trabajo Social, la Sociología, la Antropología o la Medicina. La predilección del naturalismo y el realismo por los escenarios de la desigualdad, la pobreza y la miseria, de alguna manera, explica la necesaria organización de las metáforas sociales y las relaciones entre biología y medio social.  De este modo, el naturalismo y el realismo como corrientes de pensamiento, producen un extraño encuentro entre reforma, transformación y filantropía que aún atraviesa gran parte de los imaginarios sociales de las políticas públicas, las intervenciones, el discurso político y las instituciones.

La  relación entre un campo de conocimiento descubierto casi a la par del nacimiento del  naturalismo, la fisiología, dará elementos para comenzar a describir a la sociedad como “cuerpo” con sus respectivas células, tejidos y conjunto de órganos. Así la familia será la célula básica de la sociedad y la organización de la sociedad será constituida desde la metáfora del tejido social.

En este encuentro inesperado entre medicina experimental y literatura el determinismo pasa rápidamente de lo biológico a lo social. Lo atraviesa y le confiere una dirección insoslayable. Pero, ese “cuerpo social” no está aislado, se encuentra en un medio, que también va  ser construido desde la lógica de las ciencias naturales. Así, medio social será sinónimo de “medio experimental”, pero especialmente como espacio de análisis y estudio de los ahora llamados determinantes de la conducta de quienes los habitan, como una especie  de fisiología aplicada a las características sociales y culturales de los individuos que habitan esos territorios cercados por la pobreza y la desazón.

La novela experimental como base del discurso naturalista, intenta desde la explicación de sencillas relaciones entre causa y efecto, construir una cadena de connotaciones que van construirse a partir una arbitraria descripción de la desigualdad, hasta la explicación de esas causas, en tanto determinantes irresolubles. De este modo la explicación de las conductas de quienes habitan esos lugares predefinidos, donde cohabitan la maldad, la desigualdad, las salidas individuales casi  siempre aparecen en el relato ligadas a posibles resoluciones de los problemas.

Las posibilidades de transformación de ese “medio social” y de la sociedad toda, será una imposibilidad atravesada por las dolorosas características de los pobres que deambulan desorientados por los grises y opacos senderos de  barrios oscuros, fétidos y lejanos del progreso por ser víctimas de éste.

El naturalismo, en tanto que se vincula desde sus orígenes con el realismo, al surgir como una tendencia opuesta al romanticismo, lleva a  la literatura a la consumación del sueño occidental y burgués de la construcción de un mundo desde bases científicas. Ahora organizado a través de una nueva religión que conjuga ciencia y naturaleza, reviviendo en clave del pensamiento positivista a los ideales de la Ilustración.

Además, el naturalismo, incorpora temas y componentes que se relacionan con el clima de época en el que desarrolla su obra. Así, el materialismo, concierne con esta forma de literatura, dejando de lado la visión espiritual, los ideales y los sentimientos. La comunión entre materialismo y ciencia se sostiene fuertemente en el relato naturalista. De esta manera los ideales y sentimientos son entendidos como productos de la fisiología del organismo humano, de allí que se los reduce a un hecho “natural" y con posibilidades de ser conocidos y transformados desde  lo científico.

De la misma forma, incorpora el determinismo, desde la perspectiva que indica lo inexorable marca que deja la herencia biológica y las influencias del medio social.

Otro rasgo que caracteriza al naturalismo es su relación con el método experimental hipotético deductivo, donde las situaciones de cualquier  tipo solo pueden ser explicadas desde ese lugar. El novelista, de la misma manera que el científico, ubica a sus personajes en diferentes lugares, siempre demostrando que su comportamiento depende de la herencia y del medio, todo está de algún modo predestinado, salvo que una intervención externa, desde una lógica diferente logre cambiar taxativamente la situación.

La oposición entre naturalismo y romanticismo, y el triunfo del primero sobre el segundo en la explicación de los problemas sociales, tendrá como consecuencia inmediata la pérdida de la centralidad de “lo otro”, de las culturas diferentes, de otras lógicas, en tanto posibles lugares de verdad y valoración de sus propios aspectos sociales. La única salvación posible, pasará entonces por la imposición de un orden racional y científico de la cotidianeidad, que para algunos será útil para mantener la disciplina sobre los márgenes de la exclusión y para otros una especie de garantía “evolucionista”, para llegar a la transformación y los cambios sociales. De ahí que la mirada de muchos reformistas del Siglo XIX hacia América, planteaban que nuestro continente debía transitar, antes que llevar adelante una revolución, por diferentes etapas para llegar a la cúspide pre revolucionaria que como fantasma atravesaba a Europa. De esta manera, la historia repite a la evolución de las especies, América, en esa narrativa se encuentra en un estadio inferior que deberá transitar de manera inexorable. En otras palabras, las etapas desde esa perspectiva  indefectiblemente pasan primero por  la revolución burguesa y luego la liberación y la independencia.

Desde estas ideas, la intervención en lo social comenzará a orientarse a la observación rigurosa de la vida cotidiana de los sectores “determinados” por la pobreza y la desigualdad, aplicando un método experimental que atraviesa desde las ciencias naturales a la literatura, la sociología y la psicología. Esta narrativa requiere ir a terreno como un observador externo, desde allí logrará documentarse, realizando meticulosos trabajos de campo que en forma tautológica  que ratificarán las visiones de la pobreza y la desigualdad sugiriendo salidas y propuestas donde quienes padecen esas circunstancias no tienen la palabra y mucho menos la capacidad de acción. Las costumbres y los ambientes serán el lugar predilecto de observación y de señales que marcan la necesidad de cambios. Desde allí se construirán perfiles psicológicos, formas de pensar, ratificación de la imposibilidad de salir sin la ayuda de alguien que no pertenezca a ese ambiente atravesado por determinaciones. El habla popular, en su expresión literaria, muchas veces será utilizada para hacer decir, lo que sea necesario en la ratificación del fatalismo naturalista, desde ese lugar se construyen los personajes, escenarios y situaciones.  

La literatura y la medicina comparten desde ese clima de época hasta hoy una serie de curiosas coincidencias, la construcción de lo “sano” y de lo “enfermo” como formación discursiva sostiene al saber médico desde una suma de factores históricos y culturales que le otorgan cierta validez “científica”. Las metáforas de “curar la sociedad”, “realizar una operación de cirugía mayor”, entrecruzan política y sociedad sosteniendo las  características  de un modo de hacer. La literatura,  desde el naturalismo se muestra capacitada para componer y describir desde la estética una figura de la sociedad y de los actores sociales que atraviesan esos escenarios. Como así también representarlos, explicar sus conductas, actitudes y formas de comprender y explicar el mundo.

 

2- Un Cuento de Navidad. Naturalismo y Filantropía.

Esta novela, publicada en 1843, Charles Dickens, conjuga algunos elementos que pueden ser  interesantes para analizar. Uno de los protagonistas (Scrooge) es un empresario que mantiene una relación conflictiva con sus empleados, no los escucha ni comprende. Su avaricia, marca el sentido de su vida, donde su principal objetivo es obtener ganancias y disminuir los gastos que pueden ocasionarle cualquier eventualidad propia o ajena. En la noche de navidad tiene un sueño donde toma contacto con un fantasma. Este, le muestra el futuro a través de un sueño. En el, Scrooge se horroriza al ver que en su destino, su casa, por culpa de su avaricia será saqueada por los pobres. Durante el sueño intenta convencer al espíritu que le muestra el futuro, que el  está preparado a cambiar si el destino también  cambia.

Al despertarse, Scrooge se convierte en un hombre amable y generoso, decide celebrar la navidad y le envía un pavo a  uno de los empleados (Cratchit), al que había  despedido, le da un aumento de sueldo y lo ayuda en el tratamiento de la enfermedad de su hijo. Desde la esfera individual, y especialmente  a partir del temor a perder lo que se tiene, el protagonista muestra un mundo de desigualdad, prepotencia y avaricia, que podrá ser cambiado desde su actitud individual. Scrooge, se vuelve filántropo por el temor que surge a través de un  sueño que logra develarle los efectos de la desigualdad.

La vida de sus empleados es miserable, y ellos también lo serán dado que el ambiente los condiciona desde diferentes aspectos. Una pobreza que de alguna manera los transforma en niños inocentes que podrán ser redimidos desde dos lugares posibles, el empleador o un cambio social,  pero nunca con ellos como protagonistas. La filantropía o la ciencia se encargarán de llevar adelante las diferentes formas de la redención.

En “Un cuento de Navidad” no hay leyes sociales, ni Estado, pero fundamentalmente el destino de los empleados de Scrooge sólo puede resolverse a través de  un otro que no pertenece al mundo de ellos. La Justicia Social como concepto, recién está siendo acuñada.

La idealización de la pobreza en tanto su relación con la inocencia la ubica en el lugar de la imposibilidad de la resolución o la elaboración de propuestas desde allí, ya  que se encuentra minimizada, los pobres son como niños en ese relato. Seres inferiores que necesitan de otros, que pueden ser filántropos o revolucionarios. Pareciera que, desde la imposibilidad que certifican los factores del medio, siempre necesitarán de ayuda externa.

“Un cuento de navidad”,  extrañamente, forma parte de la obra mas difundida de Dickens. Durante años en el Reino Unido, era una costumbre que se lo  leyera durante las fiestas de navidad a toda la familia reunida. Tuvo más de quince adaptaciones cinematográficas y tal vez forme parte de la construcción mítica de la sociedad sajona occidental en el siglo XX. Es de alguna manera  la fundación de la filantropía desde la literatura, pero las metáforas de “Un cuento de Navidad”, llegan de diferentes maneras a nuestros días.

3- Domingo Faustino Sarmiento. El naturalismo americano en forma de proyecto de nación.

Es posible considerar al “Facundo” de Domingo F. Sarmiento como uno de los primeros ensayos sociológicos novelados escritos en la Argentina. La novela abarca aspectos, pedagógicos, sociológicos, políticos y filosóficos. La presencia del paisaje, la tierra como determinante  fatalista de conductas y cosmovisiones servirá para la construcción de un proyecto político donde la oposición entre civilización y barbarie, tensiona los relatos. El triunfo de la “civilización” llevará a la oligarquía terrateniente al gobierno y a los llamados bárbaros a la periferia de la sociedad.

Tal vez no sea casual que Sarmiento pretenda ser un educador, pero como tal, sabrá cuáles son sus límites no dudando en proponer el exterminio de aquellos que de tan atravesados por los determinantes del medio deben ser aniquilados, dado que no solo su situación es irresoluble sino que por si mismos, representan un peligro en potencia para el todo social civilizado.

Civilización y Barbarie implican dos formas de vida irreconciliables, sin posibilidades de síntesis. Ambas son presentadas desde una lejanía tal, que las hace totalmente ajenas y antagónicas. El método naturalista, le dará la razón, creándose, luego de las masacres que surgieron de las contiendas entre unitarios y federales una actitud compasiva para los hijos de los derrotados, que se apoya en su imposibilidad de ser otra cosa.

Cuando Sarmiento, en el Facundo afirma…:”en Facundo Quiroga no veo un caudillo simplemente, sino una manifestación de la vida argentina tal como la han hecho la colonización y las peculiaridades del terreno”(Sarmiento,D.F.1991.12)  está ratificando la necesidad de un proyecto político excluyente de un sector definido de la sociedad.

Lo otro, como amenaza o lugar de la imposibilidad, en el caso de Sarmiento no se ubica territorialmente en el suburbio de la gran ciudad, está en la inmensidad de la pampa. En ese paisaje indescifrable para el autor germina la barbarie, la ciudad en este caso será la posibilidad de salvación o redención. El gaucho, en tanto habitante de la pampa, no podrá nunca ser civilizado conjugando medio social y herencia biológica dentro de un encuadre de fatalidad. El problema está en la sangre, que como herencia genética, se contamina minuto a minuto por efecto del paisaje como determinante del medio. Así… “Las diferencias de volumen del cerebro que existen entre los individuos de una misma raza, son tanto más grandes en cuanto más elevadas están en la escala de la civilización. Bajo el punto de vista intelectual, los salvajes son más o menos estúpidos, mientras que los civilizados se componen de estólidos semejantes a los salvajes, de gentes de espíritu mediocre, de hombres inteligentes y de hombres superiores.” (Sarmiento D.F. 1991; 48)

Para Sarmiento, el gaucho lucha contra la naturaleza sin lograr dominarla, sencillamente, porque es parte de ella, como contraposición el hombre civilizado, que, si bien, también, lucha contra la naturaleza, forma parte de un proceso histórico inexorable.

      4- Guerra  y Literatura en los escritos de  Sarmiento

           Civilizados y Bárbaros ;Unitarios y Bárbaros son narrados como contendientes dentro de una guerra, en tanto participantes de una puja entre dos vertientes diametralmente opuestas.

           La relación entre guerra política y literatura que plantea Sarmiento será similar a la de Clausewitz, en ambos la guerra es un instrumento de la política. Pero Sarmiento, a su vez, profundizará la idea de que una u otra modalidad de hacer la guerra hablará de las características de los contendientes, explicando su cotidianeidad, y visión de mundo.

            En este aspecto, el enfrentamiento no es sólo entre dos fuerzas; unitarios y federales son presentados como dos mundos opuestos. El uso de la artillería y la infantería serán para Sarmiento, sinónimo de civilización, en oposición a la caballería que representará a la barbarie... "En La Tablada de Córdoba, se midieron las fuerzas de la campaña y de la ciudad, bajo sus más altas inspiraciones, Facundo y Paz, dignas personificaciones de las dos tendencias que van a disputarse el dominio de la República. Facundo, ignorante, bárbaro, que ha llevado por largos años una vida errante que sólo alumbra, de vez en cuando, los reflejos del puñal que gira en torno suyo, valiente hasta la temeridad, dotado de fuerzas hercúleas, gaucho de a caballo ...no tiene fe sino en el caballo, todo lo espera del valor, de la lanza, del empuje terrible de sus cargas de caballería"...(Sarmiento , D. F.1991:198).

          El uso de la caballería como modalidad prominente en la guerra será sinónimo de barbarie, de una Argentina atada al pasado, a sus orígenes, tanto españoles como indios, una Argentina que no había sabido interpretar las luces de Rivadavia, que amenazaba y ocupaba Buenos Aires, la futura metrópolis europea enclavada en América del Sur. En el libro “Facundo” de Sarmiento ya se vislumbraba que el proyecto político de los federales no podía ser solamente derrotado en el campo de batalla. No bastaba con el triunfo en la guerra. Se necesitarían nuevos dispositivos, tecnologías, formas, estrategias, aprendizajes que ya se percibían aún en el medio de la contienda de disciplinamiento. Esos gauchos ya en la paz serán "civilizados" y el proyecto educativo de  Domingo F. Sarmiento será una de las formas instrumentales para ese objetivo.

          Tanto en el “Facundo” como en el libro “Educación Popular”, las nociones de civilización y barbarie no son solamente sinónimos de proyectos y voluntades políticas opuestas sino que también estarán claramente territorializados, en lo que este autor denomina la puja entre el campo y la ciudad. Dos territorios, dos mundos que se enfrentan..."¿Pudo prever Dorrego y su partido que las provincias vendrían un día a castigar a Buenos Aires, por haberles negado su influencia civilizadora; y que a fuerza de despreciar su atraso y su barbarie, ese atraso y esa barbarie habían de penetrar en las calles de Buenos Aires, establecerse allí y sentar sus reales en el fuerte?".(Sarmiento, D. F.1991:191).

           De ahí que el triunfo de la civilización no se lograría sólo en el campo de batalla sino en una nueva territorialización y en una imperiosa imposición de una voluntad política de los vencedores.

           La visión de la guerra en Sarmiento empezaba a anunciar que luego de su finalización en el terreno de lo formal, comenzaría a desplegarse hacia la periferia y delineaba su continuidad en la paz.

       Al igual que Clausewitz, Sarmiento verá en la guerra un instrumento de violencia para alcanzar una finalidad política: la guerra será un acto de fuerza para imponer la voluntad al adversario. Es decir, gana quien desmantela al enemigo, quien le quita toda voluntad política.

       Pero este juego con la voluntad, que Clausewitz expresa cuando comienza a definir a la guerra equiparándola con el duelo, retornaría en Sarmiento luego de la victoria en el campo de batalla y se expresaría en el disciplinamiento. Así, éste sería como una nueva arma, un nuevo medio, que se proyecta en la guerra. Un medio, que como conjunto de instrumentos se irá construyendo para el momento que se llegue a la paz.

       Sarmiento equipara a la violencia con Rosas, con los federales, con el desmantelamiento de los cuerpos, con la guerra sin tácticas modernas, con la simbiosis entre el gaucho y el caballo. Rosas es para Sarmiento, una continuación de la violencia aún en la paz, una forma de gobierno que se mantiene a través de la fuerza, sin disciplina.

       En este aspecto, Sarmiento ve en Rosas la encarnación de un poder sin el orden de la modernidad, sin los mecanismos de control de la civilización, la puesta en marcha de un proyecto político que sólo se sostendría por la violencia. Rosas, es la expresión de un medio “científicamente” imposibilitado de resolver sus propios problemas, y producir transformaciones en clave de la modernidad. 

        En la noción de guerra que diferenciaba a unitarios y federales, el conocimiento técnico, el manejo de lo táctico, los movimientos ordenados de la tropa, según Sarmiento caracterizarán a unos, siendo casi lo exactamente opuesto en los otros. Pero esa idea del manejo y funcionamiento de la guerra en el bando de los unitarios, adelanta también el sentido de las formas disciplinares, éstas aparecen como en una especie de laboratorio que muestra su eficacia en la guerra. Pero también en la preparación de ésta..."el ejército será la primera institución en donde se capitalizará la superabundancia vital del gaucho, en donde su violencia antisocial se transformará en un poder de Estado y fuerza productiva"...(Scavino, D.1993:73). El ejército será propuesto como una forma de adoctrinamiento, castigo y exilio. Desde allí se modelarán los cuerpos de los otros para ingresar a la modernidad. Tiempo después, la conquista del desierto bajo el mando de Roca y la creación de un ejército nacional  muestra como esos primeros esbozos de la búsqueda de disciplina en la tropa, será una forma de control que se proyectará a toda la sociedad.

            Para Sarmiento uno de los obstáculos para el progreso está en la propia gente que habita el desierto, la pampa; las enuncia como incapacidad para el trabajo, lo sistemático, en definitiva para el orden necesario de los tiempos que venían, para ello hace falta de un complejo de prácticas, explicaciones, instituciones y actores que disciplinen a los otros, siempre desde el “afuera”, ingresando a los oscuros territorios de la barbarie ahora bien pertrechados, con conocimientos profundos, desarrollados desde doctrinas educativas europeas y de los EEUU. Sarmiento, traerá para la formación de la Escuela Normal a maestras estadounidenses.  

            Las formas disciplinares mostraban así que también podrían servir en la paz..."La fuerza cambia aquí de naturaleza: la violencia era una fuerza que procuraba descomponer los cuerpos, fragmentarlos y limitar o neutralizar, con ello, la fuerza del enemigo; la disciplina será la fuerza que busque combinar o componer los cuerpos de manera que aumente su poder de obrar" (Scavino, D.1993:21).

Terminada la contienda ese cuerpo de tropa vencedor será casi una metáfora y un anuncio de cómo deberán ser disciplinados los cuerpos de los vencidos y de toda la sociedad. De ahí que la ley dará un marco: las conocidas leyes para "vagos y mal entretenidos" que comenzaron a aplicarse a partir de 1854 y la instrucción se mostrarán como instrumento para alcanzar la ahora nueva finalidad política.  "Cuando decimos pueblo entendemos a los notables, activos, inteligentes, clase gobernante de 1810 a 1831 y de 1851 hasta ahora"…(Sarmiento, D.1953:334) Sólo a "una minoría ilustrada poseedora de la propiedad" le correspondía gobernar. (Sarmiento, D.1953:27).

La idea de desigualdad "necesaria" en la visión de Sarmiento es justificada en relación con los resabios de barbarie que quedan aún después de la victoria política y militar de la civilización y se enuncian en el texto “Educación Popular”.

Según Sarmiento, para civilizar no alcanzaba la igualdad ante la ley, ésta llegaría después, cuando los efectos de la maquinaria de la civilización, mostrasen que la barbarie había sido derrotada realmente, es decir también en el terreno de la paz... "Una Constitución pública no es una regla de conducta para todos los hombres. La constitución de las masas populares son las leyes ordinarias, los jueces que las aplican y la policía de seguridad. Son las clases educadas las que necesitan una Constitución que asegure las libertades de acción y de pensamiento; la prensa, la tribuna, la propiedad"...(Tamagno, R.1963:146).

La guerra en Sarmiento separa el objetivo político del militar. El objetivo político es la civilización, la revitalización de las ciudades tomadas y destruidas por la barbarie. Es decir, la búsqueda de re-imposición de un orden en el territorio tomado por el enemigo. Un orden cuyo origen o semilla, Sarmiento ubica en el gobierno de Rivadavia y sus reformas.

La guerra también, será un instrumento de la violencia para alcanzar una finalidad política. Pero, esta no se agotará en la contienda, la victoria final de la civilización vendrá después, cuando se imponga al enemigo la voluntad política. Y, finalmente, cuando éste sea nuevamente derrotado podrá hablarse de igualdad ante la ley. Cuando el enemigo reconozca el sinsentido de su lucha y acepte a la civilización, la incorpore, la internalice, en definitiva, la aprenda.

Según Sarmiento, las Fuerzas en la guerra son los medios para lograr un objetivo político: la civilización, la derrota del desierto, la vuelta del orden de las luces a las ciudades y la proyección hacia el futuro en una nueva sociedad donde el origen indiano y español fuese sólo un antecedente, una etapa, un estadio superado. De este modo la narrativa naturalista se construye en los inicios del estado moderno argentino como una forma de explicación de la realidad, pero también del sentido político de la intervención sobre esta. En ambas cuestiones hay un común denominador: la incapacidad de los “otros” para resolver por si mismos sus problemas, siendo esta incapacidad un determinante que convertiría en potenciales factores disolventes del todo social que se estaba creando.

Las “manifestaciones de la herencia” y las “circunstancias ambientales”, serán los factores causales de los problemas sociales. Los desheredados, los pobres, los marginados por este nuevo modelo de sociedad, serán una imitación nefasta de la naturaleza, que deberá ser transformada. La intencionalidad política de la conjunción de realismo y naturalismo logra una extraña síntesis entre progresismo y conservadorismo, conjugándose en el relato la descripción de la realidad para mostrar  su degradación reclamando una resolución ligada al racismo y al problema de la población, donde ésta realidad será el obstáculo hacia un  nuevo mundo. Ratificando un fatalismo que atravesará el ensayo positivista argentino; la idea de que el hombre está determinado por las leyes de la naturaleza. Esta explicación, será un justificativo que habilitará todo tipo de acciones sobre quienes portan esa determinación desde sus pautas o aspecto físico. La conjunción entre naturaleza y sociedad embrutece al individuo y la descripción de quienes son los que poseen esa forma de deterioro moral queda circunscripta a un solo sector social; el dominante.

 En el escenario de fondo del naturalismo argentino, no hay una burguesía naciente, ni siquiera una revolución industrial. Este, será entonces el instrumento de otra clase política; la Oligarquía Terrateniente. Esta nueva clase conserva algunos ritos y costumbres del pasado, adopta otros provenientes de los sectores más  económicamente poderosos  de Europa, especialmente de Inglaterra, articulándolos con los valores del dinero, la competencia y el pragmatismo.

De esta manera, el relato naturalista también encierra una especie de lección moral que facilitará la justificación y aplicación de más y nuevos instrumentos de intervención social desde una perspectiva aleccionadora conjugando, extrañamente, control y transformación. Construyendo desde allí, algunas formas discursivas que se pierden a través del tiempo y a veces se esconden en la filigrana del discurso de la transformación social.

 

 

BIBLIOGRAFÍA

 - Carballeda, A. Sarmiento. Guerra, Disciplina y Escuela. Mimeo.1997

 - Foucault, Michel. Microfísica del Poder. Edit. La Piqueta. Madrid 1980

 - Foucault, Michel. Genealogía del Racismo. Editorial Altamira. Bs. As. 1994

 - Scavino,  D. Barcos sobre la Pampa. Las formas de la guerra en Sarmiento. Bs. As. Ed. El cielo por asalto.1993.

 - Sarmiento, D. Educación Popular. Librería de la Facultad. Bs.As. 1915

 - Sarmiento, D. Facundo. Buenos. Aires. Editorial. Losada.1963.

 - Tamagno, R. Sarmiento. Los liberales y el imperialismo. Edit. Peña Lillo. Bs. As. 1963.

 - Zolá, E. “La novela experimental” en El Naturalismo, Península, Barcelona, 1976