domingo, 10 de marzo de 2024

La Comunidad Organizada



"Lo que caracteriza a las comunidades sanas y vigorosas es el grado de sus individualidades y el sentido con que se disponen a engendrar en lo colectivo. A este sentido de comunidad se llega desde abajo, no desde arriba; se alcanza por el equilibrio, no por la imposición. Su diferencia es que así como una comunidad saludable, formada por el ascenso de las individualidades conscientes, posee hondas razones de supervivencia, las otras llevan en sí el
estigma de la provisionalidad, no son formas naturales de la evolución, sino paréntesis cuyo valor histórico es, justamente, su cancelación.
En la consideración de los supremos valores que dan forma a nuestra contemplación del ideal, advertimos dos grandes posibilidades de adulteración: una es el individualismo amoral, predispuesto a la subversión, al egoísmo, al retorno a estados inferiores de la evolución de la especie; otra reside en esa interpretación de la vida que intenta despersonalizar al hombre en un colectivismo atomizador.
En realidad operan las dos un escamoteo. Los factores negativos de la primera, han sido derivados, en la segunda, a una organización superior. El desdén aparatoso ante la razón ajena, la intolerancia, ha pasado solamente de unas manos a otras. Bajo una libertad no universal en sus medios ni en sus fines, sin ética ni moral, le es imposible al individuo realizar sus valores últimos, por la presión de los egoísmos potenciados de unas minorías. Del mismo modo, bajo el colectivismo materialista llevado a sus últimas consecuencias, le es arrebatada esa probabilidad –la gran probabilidad del existir–, por una imposición mecánica en continua expansión y siempre hipócritamente razonada.
El idealismo hegeliano y el materialismo marxista, operando sobre necesidades y calamidades universales que han influido profundamente en el ánimo general, constituyen direcciones cuya resultante será prudente establecer. De la Historia, y aun de sus excesos, extraeremos preciosas enseñanzas ante las que en modo alguno podemos ni debemos permanecer insensibles. Mientras el pensamiento creía poder sostenerse en lo fundamental, en espacios puramente teóricos, el mundo obraba por su cuenta; pero, si lo fundamental declinó, la fijación práctica de lo abstracto puede ejercer una influencia perniciosa en la existencia común.
Resulta entonces necesario detenernos de nuevo a examinar nuestros absolutos y a limpiar de excrecencias y añadiduras superfluas un ideal apto para servir de polo al sentido lógico de la vida".
Tte Gral Juan Domingo Perón.
La Comunidad Organizada, 1949.

Las cosas por su nombre. Por : Alfredo Juan Manuel Carballeda

 

Se llama colonización cultural. Querés hablar el idioma del amo, como el lo habla, parecerte en sus costumbres, en su aspecto.
Así vas dejando tu propia cultura, festejás Hallowen, el día de los enamorados y en Navidad le rendís tributo a un señor obeso disfrazado de rojo que te vendió una empresa de gaseosas.
Te queman la cabeza con una estética de super héroes patéticos que seguís y les hacer ver a tus hijos, creés la narrativa de las plataformas donde siempre el policía bueno no puede por la burocracia de la política.
También cambiás tus costumbres, la familia ya no es tan importante como la carrera o los amigos.
La Patria es una palabra cada vez más vacía.
Creés religiosamente en las doctrinas económicas que el imperio te impone. La conquista de nuestra subjetividad, se llama colonización cultural.
May be an image of text
See insights
Boost a post
All reactions:
Angelica Taritolay, Carlos Alberto Carballeda and 28 others

sábado, 9 de marzo de 2024

Una historia para el 8 de Marzo Las Mujeres de Villa Manuelita en 1955 Extraído de un documento de la Fundación Villa Manuelita

 

En el día de la mujer nuestro recuerdo a las bravas compañeras del Barrio Villa Manuelita, Verdaderas protagonistas de esa gesta popular. Mujeres que organizaban "falsos cumpleaños" para juntarse evitando las prohibiciones de la dictadura.
Cuando se avecinaba el Golpe de Estado que derrocó a Juan D. Perón en 1955 al sur de Rosario, entre las barriadas más pobres, está Villa Manuelita, con una sola calle principal, llamada Abanderado Grandoli, de barro mejorada con empedrado grueso como lecho para las vías del tranvía número once. Ahí estaba el frigorífico Swift.
Ellas sabían de las novedades del alzamiento de Córdoba y que con ojos angustiados se miraban entre sí preguntándose, sin palabras, qué pasaría con el frigorífico. (…) Con el ajetreo, a una de ellas se le desabrochó la blusa y asomaron sus pechos apenas atrancados por el último botón de la cintura. Parecía la imagen de la República Francesa enarbolando como bandera el delantal blanco. En eso, una de ellas giró su cabeza hacía la entrada de la villa y, dirigiéndose hacía un enemigo aún invisible, empezó a agitar al aire la ropa y a decir con fuerza, pero gravemente: ¡Vengan! ¡Tiren! ¡No le tenemos miedo! ¡Viva el general Perón! ¡Viva la compañera Evita! La vorágine se había desatado. Ligadas por un acuerdo mudo, ancestral, comenzaron a bloquear las vías del tranvía con enormes piedras, levantándolas con una fuerza descomunal. ‘¡Villa Manuelita no se rinde! ¡Viva Perón! ¡Mueran los traidores! ¡Viva Evita! ¡No van a pasar! Los gritos se entrecruzaban en diferentes lenguas, dialectos y acentos, pero, juntos decían una sola frase ¡Viva Villa Manuelita!
Llegaron los militares, se inició la represión. Por la calle Abanderado Grandoli avanzaba una formación de soldados que había llegado con la orden de tomar el tanque de agua.
La mujer del pecho desnudo comenzó a golpearse y dejaba surcos en cada gesto convertido en imán para el resto de las mujeres que empezaron a desabrocharse las blusas y a sacar sus pezones, únicas armas para defender la supervivencia. ¡Villa Manuelita no se rinde! ¡No hay libertad con hambre! ¡Evita vive! (…) de una casilla llevaron una pila de delantales blancos. Las mujeres empezaron a unirlos con alfileres, uno al lado del otro, hasta reunir varios metros de tela blanca. Sobre la bandera improvisada escribieron, con brea, bien clarito ‘Todos los países reconocen a Lonardi. Villa Manuelita no lo reconoce’ (…) de la columna de jinetes, tres soldados se apearon y lentamente se acercaron al tanque. Venían con la orden de quitar la bandera que desafiaba al general rebelde. Las mujeres arrastraban a sus hijos pequeños que lloraban y los alzaban consagrándolos hacia Dios que, a lo mejor, estaba en el cielo: ¡Adelante...! ¡Mátenlos!¡Asesinos!¡mátenlos!¡tiren cobardes!’ Los tres soldados se dieron media vuelta y volvieron corriendo. Dicen que uno iba llorando. Y Villa Manuelita, firme, ¡no se rendía!
May be an image of text
See insights
Boost a post
Like
Comment
Share