Pandemia y Cuestión Social
Por Alfredo J. M. Carballeda
"Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si
éstas son accesibles al pueblo".
Ramón Carrillo
Tal vez estemos viviendo una serie de acontecimientos que
transformarán la historia y nuestra percepción de mundo. Pareciera que la
Pandemia que hoy arrasa economías, discursos y verdades está terminando con un
demonio que nos viene acosando desde hace décadas: el Neoliberalismo. Los
sucesos actuales pueden ser interpretados de diferentes maneras pero, no cabe
duda en la imposibilidad y peligrosidad que significa enfrentarla desde la
lógica de la llamada “economía de mercado”. Asistimos al espectáculo que muestra como en días, horas, se difuminan “verdades”
y poderes. Los efectos de la desigualdad
se hacen visibles y se enfrentan a la obscenidad de la riqueza acumulada en los
últimos años, mostrando en forma descarnada la miseria de una civilización que
enfermó mucho antes del coronavirus.
El mito del llamado “Primer Mundo” se desvanece cuando un
virus lo penetra y se lo enfrenta cuidando
en primer lugar al mercado y sus supuestos equilibrios. Encima, pareciera que a este virus no le alcanza con
la vida de los viejos, quiere más. El mercado no dudó en entregarlos en una
especie de ceremonia sacrificial que prometía tranquilidad y se nuestra azorado
y desengañado.
La pandemia avanza, mientras que los países que demonizaron
al Estado y exaltaron la meritocracia son los más castigados. Evidentemente no
se cura la infección por COVID 19 con cadenas
de rezos, fe, racismo y meritocracia. Se necesita de un Estado y una
Sociedad unidos en un mismo proyecto.
La salud Pública Latinoamericana nos enseñó que las
enfermedades se enfrentan en forma colectiva, sean pandemias, epidemias o lo
que fuera y que cuando alguien enferma,
se enferma la comunidad. La Salud y la enfermedad de
esta manera son procesos históricos y sociales y requiere de garantías donde la
Salud es un Derecho que deber ser garantizado, no obtenido según la posición
que cada uno tenga en el mercado.
Por otro lado, el Estado recuperando el papel de protector de la Sociedad reemplaza a una forma de la economía de Mercado
que venía haciendo diferentes promesas de equidad y libertad desde hace más de cuarenta años y va demostrando cómo es posible llegar a la
resolución de estos problemas desde Políticas Sociales que se integran a las
Políticas de Salud.
Igualmente los profetas del libre cambio y muchas veces del
odio presionan para que no haya o se quiten las medidas de protección. Utilizan
su aparato mediático y económico, intentando
generar una especie de subjetividad que se subleve, de nuevo en nombre
de la libertad. En esa desesperación, el Mercado se desenmascara como des articulador social, como generador de padecimiento y fundamentalmente soledad.
El Estado- Nación, vuelve a ser un lugar de pertenencia,
refugio y de legitimidad capaz de generar sentido, especialmente de libertad y
comunidad. Es decir el Estado – Nación
retornando al centro de la escena, ordenando la Salud, la Educación, la
Economía, aparece como una única salida. Pareciera que aquello que se desarrolló en muchos de
nuestros países y no fue muy bien comprendido por algunas luces eurocéntricas
que llevó a denominarlo despectivamente “Populismo”, sería un camino posible para
resolver muchas más crisis que esta.
Tal vez la cuestión sea mucho más profunda y lo que se está
poniendo en cuestión es la racionalidad que Occidente impuso a través de
guerras, conquistas y sometimientos. Quizás ese pensamiento cartesiano que separa
violentamente humanidad de naturaleza es
lo que se ponga en cuestión interpelando y reclamando de esa manera por la
pérdida de dignidad de ésta.