24 de
Marzo de 1976. Recuerdos
Por Alfredo
J. M . Carballeda
El Silencio, la oscuridad, lo tenebroso. Buenos Aires desde
esos días se transformó en un Cementerio donde no sabíamos si estábamos
realmente vivos. Un Lugar donde asechaban demonios que podían aparecer en
forma imprevista.
Recuerdo como nos fuimos de casa y se me
representa una imagen en la que todo se iba apagando, mientras mi madre
bajaba con todas sus fuerzas las persianas del departamento de la Calle Roosevelt.
Recuerdo que me
quedé con un solo libro para que me acompañe en una especie de viaje que no sabía
cuánto tiempo iba a durar.
Recuerdo la televisión en blanco y negro de la casa de
mi abuela materna, donde de alguna manera nos sentíamos refugiados,
emitiendo los últimos programas y luego comunicados de un gobierno que se iba
por un golpe de estado inminente.
Recuerdo gente que celebraba en nombre de un orden que
consideraban necesario.
Recuerdo que no eran muchos pero destilaban odio.
Recuerdo los autos con una oblea que identificaba a
los genocidas avisando los oscuros años que se venían.
Recuerdo como el miedo empezó a cohabitar con
nosotros.
Recuerdo el ahogo que me producía un clima siniestro
que se iba inscribiendo en mi cuerpo como una infección.
Recuerdo los rostros de tristeza que veía por la calle
y amordazados sólo decían desde la mirada.
Recuerdo las
desapariciones de mis amigos.
Recuerdo la ansiedad que se producía cada vez que los
genocidas publicaban una lista de las personas que “legalizaban”.
Recuerdo como la televisión, la radio y los diarios se volvieron rápidamente
cómplices.
Recuerdo como dejamos de frecuentar lugares que eran
como nuestra casa.
Recuerdo como los sueños se transformaron en
pesadillas.
Recuerdo el exilio interno de mi padre, viviendo en
diferentes casas que yo no conocía.
Recuerdo los encuentros con él y mi madre en
restaurantes y bares de Buenos Aires a los que concurríamos mediante un sistema
de códigos que habíamos inventado.
Recuerdo la angustia.
Recuerdo el silencio.
Recuerdo la entrega de la economía del país, el
desmantelamiento de fábricas.
Recuerdo las desapariciones de los sindicalistas.
Recuerdo los rostros de los sindicalistas que se
vendieron.
Recuerdo como el barrio se ensombreció de apoco.
Recuerdo como las pintadas en las paredes iban siendo más cortas y desesperadas.
Recuerdo como me requisaban cada vez que entraba a la
Facultad.
Recuerdo el tiempo como estancado.
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