Escenarios Sociales,
Intervención y Acontecimiento.
Alfredo Juan Manuel Carballeda
2014
Introducción
La Intervención en lo
social hoy
1
Los cambios
ocurridos en los últimos años muestran importantes transformaciones dentro de
los escenarios de intervención en lo social. Estas, van desde los múltiples
signos que dan cuenta una nueva crisis del capitalismo, especialmente del modelo neoliberal, junto con la
persistencia de ese relato a través de sus diferentes formas de inscripción en
la vida cotidiana.
De esta forma, las
transformaciones contextuales vividas son singulares y fuertemente
heterogéneas. Es posible pensar que dentro de
cada espacio micro social conviven diferentes lógicas, a veces con preeminencia inestable de una sobre otra.
A su vez, pareciera
que cada lugar de intervención se convierte en una contienda entre nuevos y
viejos paradigmas. Ahora, la fragmentación social puede ser también vista a
partir de escenarios donde prevalece la lógica neoliberal o la construcción de
una mirada nueva que la resiste e intenta y logra construir nuevas formas de
respuesta. Estas nuevas formas de fragmentación que ahora estarían abarcando lo
social y lo cultural son posiblemente más accesibles a su visibilidad si son observadas desde el
impacto intersubjetivo que construyen.
Esta forma de
fragmentación, se observa en la intervención a partir de una gran
heterogeneidad de representaciones sociales, comprensión y explicación de los
problemas sobre los que se interviene, diferentes lógicas resolutivas y
superposición de nociones también fraccionadas desde sus formas de
conocimiento. Las instituciones Estatales, para estatales y no gubernamentales,
muestran una multiplicidad de abordajes a partir de una gran heterogeneidad de
marcos teóricos, muchas veces en pugna, que reflejan de alguna manera una nueva
forma de politización de la sociedad. La crisis del neoliberalismo, pone en
escena lentamente nuevamente a la política, a la necesidad de apelar al
sentido, a la ideología, por fuera del fracaso y del pragmatismo de las
prácticas, los protocolos y los análisis situacionales que se centraban en el
presente, sin interpelar a la construcción histórica del padecimiento y las
desigualdades.
De este modo la
intervención en lo social presenta en la actualidad una nueva serie de interrogantes, estos, se
encuentran ligados a la aparición de otros escenarios donde la transición entre
la caída del relato neoliberal y la construcción de uno nuevo, que aún no está
del todo escrito, muestran una intensa singularidad.
Es decir la
intervención en lo social hoy implica la
convivencia en un mismo contexto de diferentes lógicas con sus consecuentes
formas de entender y revelar que se encuentran en tensión permanente,
generándose de esta manera una serie de
pujas que tienen un carácter novedoso para la época y remiten a la
persistencia de lo “viejo” y su lucha con lo que está llegando, todavía no del
todo conformado.
En los resabios de
la lógica neoliberal es posible visualizar aún
la permanencia tenaz de la
desigualdad y sus justificativos de índole individual que insisten en
naturalizarla, proponerla como ordenadora de la sociedad y fundamentalmente
presentarla como una situación irrevocable.
La fragmentación
social como efecto del neoliberalismo,
hoy también se expresa en las dificultades para volver a engarzar la tríada
igualdad, libertad y fraternidad que dio sentido a los Estados Sociales
surgidos en la post II Guerra Mundial. Sus
postulados neoliberales anunciados desde el terrorismo de mercado, implicaron
un conflicto ineludible; la opción entre igualdad y libertad dado que su
coexistencia sería imposible, de ahí que la desigualdad era planteada como
irrevocable, oponiéndola a la libre acción individual que prometía el aumento
del bienestar social a partir de la teoría del “derrame” y la “mano invisible
del mercado”. De este modo la promesa neoliberal surgida a mediados de los
setenta y ratificada con la “caída del muro de Berlín” proponía dejar de premiar a los ineficientes y castigar a los
diligentes[1].
El obstáculo principal para esta fórmula era el poder distributivo y protector
del Estado, a través de sus dispositivos de intervención, desde allí se
construyó parte de la lógica que proponía su desmantelamiento, transfiriendo a
la “sociedad civil” las responsabilidades sociales de éste.
La
inscripción social del abandono de los sistemas de protección social, nutrió y
construyó formas de subjetividad que sostuvieron y sostienen en parte el giro
cultural generado durante décadas por sociedades violentas donde se hacía y aún
se hace una ostentación obscena de la
desigualdad, impactando en las formas de gestación de la socialización, la pertenencia y construcción
de sentido. Este registro también se
inscribe en los cuerpos; así el cuerpo se transforma en una consecuencia de las
producciones de sentido que se construyeron en las últimas décadas, cuando la
falta de proyectos colectivos donde involucrarlo también ratificó una nueva
forma de individualidad, como proyecto. De este modo el neoliberalismo también
construyó una corporalidad indolora, donde el dolor no puede ser posible, cae
en un sin sentido que le impide todo tipo de simbolización. Las
transformaciones de los últimos años, con la consecuente vuelta de la política
y lo social implican también un desafío hacia la intervención en lo social que
también incluye la recuperación de la simbolización, de lo corporal. De ser
así, se requerirán posiblemente de más y nuevas formas de conocimiento que
construyan ese camino como una búsqueda desde la actualidad. Pero que también
tengan la capacidad de encontrar en lo ya dicho antes de la catástrofe
neoliberal los aportes útiles para recorrer ese trayecto. Los cuerpos se ubican en los escenarios
atravesados por diferentes contradicciones.
Allí donde también formas nuevas y masivas de
participación social y política conviven
con discursos desde donde intenta
sostenerse lo efímero, la
deslegitimación de lo colectivo y la idea de felicidad como algo intimista, individual
y material.
Aún las democracias
en nuestro continente siguen siendo condicionadas por discursos hegemónicos de
diversa índole que intentan inclinarlas hacia ya viejos pragmatismos y éticas
reducidas que formaron, tal vez la parte
más relevante del núcleo del pensamiento neoliberal.
El crecimiento
económico, aún, no va necesariamente acompañado de mejores distribuciones de la
riqueza, naturalizándose de esta manera la desigualdad, donde el temor
sembrado hacia sociedades equitativas, suele ser el
argumento de sostenimiento de la paz social como nuevo y desesperado sinónimo
de la tranquilidad de los mercados.
Pero, el fin de las
democracias de mercado va marcando la construcción de un nuevo relato que tiene
características singulares, el Estado adquiere una nueva centralidad,
obteniendo caracteres poli clasistas, conjuga formas democráticas
clásicas de participación con movimientos sociales incluso con marcos de gestión
que pueden entenderse como plesbicitarias. En consonancia con estas
transformaciones, lo político vuelve, ahora para presentarse claramente como disputa entre
proyectos opuestos que abarcan las decisiones de los gobiernos y se entromete en la vida
cotidiana. La crisis del neoliberalismo, generó la paradoja de una nueva y múltiple preocupación por lo político,
su propia dificultad, hizo renacer aquello que intentó demoler imponiendo un
discurso único apoyado en el temor.
Esta serie de
cuestiones, se expresan de diferente manera
en lo micro social, lo singular y lo intersubjetivo como efecto de las
transformaciones que generó el neoliberalismo
desde la vida cotidiana hasta los imaginarios socioculturales.
El neoliberalismo
logró construir profundas transformaciones en nuestras sociedades llegando a
poner en riesgo a las formas de relación social y convivencia dentro de la
democracia. La persistencia de las formas de subjetividad que surgieron como
efecto de la violencia del mercado atraviesan de diferentes maneras e
intensidades los escenarios de intervención en lo social, más allá de los
cambios macroeconómicos o políticos. La inscripción del social del
neoliberalismo todavía, sostiene y construye formas de subjetividad que nutren
en parte los cambios culturales generados durante décadas por sociedades donde
se hacía y aún se hace ostentación obscena de la desigualdad.
Es en este
encuentro entre los nuevos rasgos del contexto y su expresión en la vida
cotidiana transita hoy la intervención en lo social, de allí la complejidad de
las problemáticas sociales actuales. No solo cambió la sociedad, los sujetos de
intervención también son otros, en los
cuales que prevalece es una singularidad enmarañada, inestable, donde también
convive lo histórico social en tres aspectos; el pasado ligado a sociedades
estables, las décadas de crisis ligadas al neoliberalismo y un presente donde
nuevas formas de relación social, lazo, vínculo y tramas sociales está en
permanente elaboración.
La Intervención el poder y
el Trabajo Social
De este modo, las relaciones que se construyeron
entre poder e intervención social en las
últimas décadas se dieron en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados
por la economía de mercado, en instituciones que no encuentran su sentido y
perdieron su solidaridad entre sí.
Esa trama, se erigió en nuevos escenarios donde lo
que sobresale son nuevas formas de expresión del padecimiento. Desde la pérdida
de espacios de socialización, hasta el malestar producto de no sentirse parte
de un todo social.
Se interviene en lugares donde se fueron mutilando
sistemáticamente infinidad de capacidades y habilidades, sencillamente por efecto de la desigualdad social, la
injusticia y el hambre.
En definitiva en nuevos escenarios de intervención,
dentro de sociedades atravesada por
relaciones violentas, por el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión
con los otros, con la historia, con la memoria colectiva, pero también muchas
veces encaminadas en procesos de reparación
de lo perdido, implican en si mismas nuevas demandas y horizontes dirigidos a las prácticas que intervienen en lo social.
En otras palabras demandas ahora, quizás, más
claramente construidas desde la
necesidad de una reparación del daño generado por décadas de injusticia y
desigualdad que comienzan a incorporarse inevitablemente como proceso en la
escucha, el acompañamiento y la transformación.
Teniendo en cuenta que el Trabajo Social como disciplina clave en los procesos de intervención en
lo social, se ha constituido en un dominio de saber que por su
dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales
democráticos, de libertad, de Justicia Social y por la defensa de los Derechos
Humanos. Se reafirman y construyen desde allí nuevos compromisos dentro de ese
campo que irremediablemente repercuten en los otros dentro de los equipos
interdisciplinarios.
Surgen de este modo una serie de
interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su aporte a la soberanía popular?,
¿cómo se articula con lo económico, donde la producción se oriente hacia una
justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo sociocultural, desde la
recuperación de la identidad, la pertenencia social, la inscripción, la reinscripción y la socialización?, ¿desde
donde recupera capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y
científicas?, o ¿ cómo se relaciona con los recursos naturales y el medio
ambiente?
Estas cuestiones implican una necesidad de la
recuperación y reconstrucción de una
visión estratégica de la
intervención en lo social. Es decir la definición clara de su sentido, dentro
de las posibilidades y limitaciones que muestran sus contradicciones actuales y
fundacionales.
Pero
en definitiva la intervención está atravesada por todas esas cuestiones,
de allí que su ejercicio y estudio se presenten hoy como
elementos sumamente interesantes.
En otras palabras, la intervención en lo social permite
ver las contradicciones de una civilización que desde sus propios límites,
logró una victoria a lo Pirro, adueñándose del planeta, sus recursos naturales
y desde esa dominación generar probablemente las condiciones para su propia destrucción.
Una
posibilidad de pensar “lo social” del Trabajo Social desde la intervención
Lo social en términos de intervención del Trabajo Social puede ser
pensado en tres planos que se superponen y actúan entre sí en forma singular en
cada situación.
Por un lado en un primer plano u orden relacionado
con sus aspectos fundacionales, la acción y la práctica cotidiana de esta disciplina se desenvuelve, dialoga y entrelaza con
diferentes dispositivos de Protección Social. En otras palabras, la
intervención del Trabajo Social incluye en mayor o menor medida una forma de
encuentro, diálogo y transformación a través de una articulación compleja
de los diferentes mecanismos que componen el sistema de protección social que
posee una sociedad. Es decir, implica una acción que se transforma en una
articulación heterogénea y singular de;
instituciones, políticas, planes y programas que, en las circunstancias propias
de cada situación tendrán
diferentes tipos de expresión e impacto objetivo
y subjetivo.
Por otra parte, un segundo plano de relacionado con los
aspectos intrínsecos del Trabajo Social, se vincula con la intervención en las
tramas y tejidos sociales que rodean, construyen y se generan desde la
construcción singular del sujeto de
intervención. Estas pueden ser
entendidas desde una mirada sociológica, ligadas a la noción de lazo social
como elemento de articulación e integración del sujeto al todo societario. El
lazo social, de este modo, construye subjetividad por medio de diferentes modalidades de relaciones,
intercambios y formas de reciprocidad entre los individuos.
Así, la intervención en lo social, transita
construyendo desde lo micro social el encuentro entre sujeto sociedad y cultura
en cada circunstancia singular.
A su vez, un tercer plano que puede servir para
intentar delimitar “lo social” del campo
del Trabajo Social, se vincula con la relación constituida y articulada entre las nociones de; necesidad social y problema social. El
Trabajo Social, en su devenir histórico como disciplina se funda dentro de un
paradigma vinculado con la resolución, a través de diferentes dispositivos de
protección, de las necesidades sociales de poblaciones clasificadas y
predeterminadas. El propio desarrollo de la disciplina, sus aportes teóricos
además de su participación en cuestiones que van más allá de las necesidades,
hizo que, desde la intervención se actúe también sobre los problemas
sociales.
Desde hace varias décadas, el Trabajo Social se
relaciona desde diferentes aspectos de su intervención con una gran diversidad
de problemas sociales que pueden contener dentro de ellos mismos necesidades o
no y con necesidades que pueden contener problemas sociales. Tal vez en la
actualidad se hace mas visible al “problema social” como lugar de demanda hacia
la intervención, mas que hacia la resolución de necesidades.
En síntesis, desde el análisis de la práctica
cotidiana del Trabajo Social como disciplina especialmente desde una perspectiva
que entiende a la intervención como un proceso con características históricas y
sociales, éstos tres planos están presentes con diferentes maneras de
presentación e importancia de acuerdo a la singularidad del transcurso de la
intervención en lo social.
Esta mirada
centrada fundamentalmente en el hacer cotidiano, puede implicar también una reflexión que se sale de los discursos
ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes” sociales. Revisar
lo que se hace da cuenta que la intervención en lo social es posible
aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La
intervención en definitiva, es lo que
las personas que concurren a los Servicios Sociales demanda. La realidad de las desigualdades sociales y
los nuevos padecimientos interpela día a día en las prácticas cotidianas y,
desde allí se crea, construye y se intentan
abordar, compartiendo y aprendiendo con los “otros”, en un espacio de diálogo y encuentro
las diferentes expresiones de la cuestión social.
El trabajo social desde la intervención, “imputa”
desde su práctica, porque hace visible el padecimiento como expresión de la
desigualdad social en los espacios de lo micro social, construyendo a veces, desde allí nuevas formas de agenda
pública.
En definitiva la intervención en lo social sigue
siendo una forma de <hacer ver>, al otro, a la institución,
a la sociedad, la desigualdad y sus efectos.
El trabajo social desde la intervención está allí,
en innumerables lugares, donde el desconcierto, las nuevas formas de
subjetividad y el padecimiento se comparten con ese otro sufriente, en
instituciones y espacios de intervención atravesados muchas veces por el sin
sentido.
De allí que la sola presencia de un trabajador
social en un hospital, una escuela, un tribunal está diciendo que hay algo más
que un cuerpo enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada.
Es en estos escenarios de intervención complejos y turbulentos donde se construyen las preguntas acerca del sentido de lo que
hacen los trabajadores sociales donde
éstas resuenan con mayor fuerza y estruendo. Así la Intervención se torna
también en un lugar de construcción de
nuevas preguntas, donde aquello que es construido desde la injusticia, la desigualdad y los problemas
sociales en definitiva puede ser desarmado, re hecho y básicamente transformado.
La intervención en lo social desde esa perspectiva implica una generación de acontecimiento, de instalación
de un nuevo espacio que interpela en forma intensa a la desigualdad, a la sin
razón de ésta a sus justificativos,
tanto desde los determinantes”naturales del medio” como desde la lógica del
mercado.
La intervención en lo social desde esta perspectiva
reconoce su propia contradicción fundacional y se propone en la práctica
cotidiana como posible lugar de puesta en escena de ella, para superarla junto
con ese “otro” que construye su propia realidad y sostiene las identidades de
los campos disciplinares.
La intervención se sale de los mandatos
fundacionales esperados desde la
institución en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra en la medida que pueda <<decir>>
con otra gramática, con otro orden <alterando el establecido>
transformado lo dicho abriendo, construyendo la apertura de nuevos espacios para
el hacer.
Intervenir es intentar reinscribir los textos y
guiones que se presentan como inamovibles, expresando una
escena, marcada por el determinismo heredado del naturalismo, donde los caminos de lo
necesario se muestran como lo imposible.
La intervención reinscribe en la medida que sepa que
decir que recuperar, en definitiva: que
escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio,
lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.
La intervención en lo social y la política
La intervención dialoga intensamente con la política
cuando su orientación se relaciona con la identidad, teniendo en cuenta
que la pregunta por la identidad surge
en momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad,
tal vez es en nuestra América el campo
de conflicto más importante, dado que nuestras identidades fueron masacradas,
fragmentadas, diluidas desde la expresión de diferentes formas de la
dominación.
La intervención, dada su relación con lo micro
social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo macro social atraviesa lo subjetivo y de construye el
padecimiento y la desigualdad, tal vez permita
reconocer que estamos actuando en una América donde se es “lo otro”, lo
innombrable para los dispositivos de dominación.
En la medida que volvamos a hablar para nosotros
mismos como americanos y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte
de la intervención desde nuestra historia de resistencias culturales, luchas y
dominaciones podrá ser una guía posible
hacia un camino a recorrer.
Tal vez la intervención en lo social, sirva para
promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de
individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos. Renovando de
esta manera algunos mandatos fundacionales.
En América, la intervención en lo social, quizás, se
trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro
propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la
memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo propio,
de lo que el otro tiene.
Una intervención que no agregue ni quite nada,
solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la memoria.
Intentando en definitiva salir de las premisas que le impusieron ese mandato
moderno marcado por la tradición fundacional entre coerción y emancipación, en
la oportunidad que genera el derrumbe actual de esos postulados y la certeza de
que es posible un pensamiento Americano, donde lo “otro” tiene un esfera
diferente, tanto como lugar de reparación, como de verdad.
Algunas perspectivas para pensar lo metodológico.
La intervención en lo social dentro de los escenarios
actuales, muestra una gran complejidad
en la demanda. Esa maraña puede transformarse en posibilidad si se logra
reconocer que en la demanda está la respuesta. De este modo, la intervención en
lo social se puede escribir de forma inversa, iniciando el proceso desde el
final. Para esto, es necesario, tal vez, buscar caminos de conocimiento que
permitan acceder a esa respuesta, quizás escondida y en su resolución que está allí esperando
ser reconocida desde el primer momento de la intervención. Pensar un camino
inverso para la intervención en lo social implica una serie de cambios en el
hacer, en las diferentes modalidades de
conocer, comprender y explicar.
La intervención se transforma de esa manera en un
relato que debe ser reescrito, dilucidado y reconstruido. En definitiva, un
proceso metodológico que permita construir un relato circular que admita,
llegar al punto de partida con otra gramática que porte la posibilidad de
respuesta. Como relato implica un camino, que se inicia en una demanda
construida desde la idea de que la situación que se quiere transformar muchas
veces es prácticamente inalterable, pero todo proceso de intervención implica
una convocatoria a hacer que en si misma erosiona esa sensación de
inalterabilidad.
Es en ese momento donde se construye la decisión de
transitar ese camino que puede implicar una serie de acontecimientos,
complejidades, cambios de dirección, descubrimientos, y que acaso llevarán nuevamente al inicio con
una situación transformada, no solamente desde la resolución, sino también
desde el camino transitado.
En
definitiva, pensar lo social en términos de intervención implica la elaboración
de un punto de encuentro entre sujeto y cultura donde los aspectos
contextuales dialogan, se entrecruzan y
elaboran diferentes tipos de demanda ligadas a la cuestión social con
una vuelta actualizada de los problemas sociales como procesos histórico
sociales.
Bibliografía
Botana, Natalio. El siglo del miedo y la libertad.
Editorial Sudamericana. Buenos Aires 2001.
Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social.
Editorial Paidós. Buenos Aires 2002.
Carballeda, Alfredo. Escuchar las prácticas.
Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007.
Carballeda, Alfredo. Los Cuerpos Fragmentados.
Editorial Paidós. Buenos Aires 2008.
Foucault, Michel. La vida de los hombres infames.
Editorial la Piqueta.
Madrid 1990.
Capítulo
1 La Intervención Social en los escenarios actuales. Una mirada al Contexto y
el Lazo Social
La
zona de angustia (así la denominaba Erdosain)…era la consecuencia del
sufrimiento de los hombres, como una nube de gas venenoso se trasladaba de un
punto a otro…sin perder su forma; plana y horizontal… Angustia en dos
dimensiones que guillotinando las gargantas dejaba en éstas un registro de
sollozo… Roberto Arlt
.Los siete locos.1930.-.
1- Lo
social y la angustia
Pensar los escenarios actuales de intervención social, implica una inevitable mirada y
reflexión a la singularidad del encuentro entre lo macro social y lo micro
social. También ubicarla dentro de un
contexto caracterizado por el agotamiento y la última etapa del discurso
neoliberal que se expresa en diferentes formas de malestar.
Por otro lado, hay otro discurso que va surgiendo en
nuestro continente, una forma de enunciado que aún no está del todo escrito y
que puja en diferentes terrenos con el neoliberalismo, produciendo una serie de
choques y enfrentamientos que son generadores de una multiplicidad de
contradicciones franqueadas por certezas
y dudas.
Esa pugna, en tanto constructora de acontecimiento, posee dos órdenes de
mediación; uno de ellos es el
territorio, tanto desde lo material como lo simbólico, siendo atravesado por lo
macro social, el otro, se expresa en la singularidad de cada actor social. El
contexto de la intervención en lo social, de esta manera, se encuentra marcado
por una serie de inscripciones que generan nuevas y más preguntas. Tal vez, los ejes más relevantes de éstas pasen por los
efectos del neoliberalismo en la
trama social, tanto desde lo objetivo a
partir de los relevantes efectos de las desigualdades, como en la construcción de nuevas y más
formas de subjetividad.
La idea de pérdida de anclaje material y simbólico,
la caída de las referencias, de la
previsión, la precariedad de la vida cotidiana y la movilidad descendente en
una cultura donde pareciera que solo ofrece objetos como formas de satisfacción,
construyeron y siguen erigiendo desde hace décadas un modo de padecer que
integra lo social con lo subjetivo.
En esas cuestiones las sociedades arrasadas y
paralizadas por el terrorismo de mercado sufrieron y aún sufren formas de
cimentación de subjetividades que se expresan de diferentes maneras, pero,
fundamentalmente, dando cuenta de la
fragmentación de la solidaridad, los lazos sociales y las relaciones de
intercambio y reciprocidad. En definitiva de la sociabilidad. Una nueva forma
de malestar se presenta en un contexto que algunos autores definen como de
hipermodernidad. Pareciera que lo que sobresale como expresión del malestar es
una especie de afirmación que se hace desde los profetas del mercado que
culmina en una salida que podría sintetizarse en la idea de habitar dentro de
una civilización donde pasa todo y nada a la vez. El movimiento acelerado de
imágenes, discursos, bienes, propuestas y múltiples posibilidades, transforman
la velocidad en inmovilidad a partir de tornase imposible obtener cualquiera de
esas propuestas, sin que ésta se
transformen en antigua y sin valor, al instante de ser alcanzadas.
El Neoliberalismo deja una extraña sensación de
orden en medio del caos, generando una idea de mundo conocido y ordenado a
través del temor al otro y la máxima exacerbación del individualismo como su
expresión más relevante. De este modo organizaba nuestras sociedades en una
conjunción que iba y venía entre miedo y promesas de placer efímero.
La ruptura y estallido en múltiples formas de la
amalgama entre igualdad, libertad y fraternidad que dio forma a los
pensamientos utópicos y transformadores durante todo el siglo XIX y gran parte
del XX sirvió para naturalizar y hacer invisibles las desigualdades sociales, la ruptura de la
sociabilidad y el aislamiento.
La noción de desigualdad como derecho, utilizada por
la cruzada neo conservadora iniciada a mediados de la década de los setenta del
siglo pasado, sintetiza de alguna manera esas ideas. De este modo la igualdad
en algunos sectores de nuestras sociedades sigue siendo percibida y presentada
como un peligro, riesgo o abuso, que puede coartar o terminar en forma
definitiva con la libertad. Así, se suele hablar de exceso de derechos o de la
utilización de las Políticas Sociales como forma de abandono, ociosidad o proto
delito.
Las desigualdades sociales construyeron otras formas
de relación social en las cuales, la inclusión genera temor, especialmente
desde la imposición de un discurso donde
la sociedad es un pequeño espacio para pocos, mientras que los
territorios de la exclusión social la rodean, acechan y a veces la invaden.
Estos, son presentados, especialmente desde los medios de comunicación y los
imaginarios sociales como áreas de guerra, puja y violencia de los cuales solo
se puede huir desde diferentes formas de encierro espacial y subjetivo.
A su vez, la exclusión social opera como un
ordenador de la sociedad, donde cada “incluido” acepta cualquier condición o
propuesta para seguir perteneciendo a una espacialidad metafórica que se asocia
a la posesión de objetos, bienes y cierta idea de estabilidad laboral. En esta
tensión entre inclusión y exclusión, presentados como territorios en puja,
tensión y guerra, la incertidumbre generada desde diferentes formas discursivas
impide en diferentes sectores de nuestras sociedades proyectar ideas de futuro
y transformación, tornándose estas en formas subjetivas de padecimiento y
temor. Aun así, en la aceptación del aislamiento de los otros, las sociedades
construidas desde el temor con la única promesa del hiperconsumo como
resolución hedonista del deseo, están franqueadas por la decepción. La angustia, como “zona” no
sabe de inclusión o exclusión social.
La caída del discurso neoliberal genera una serie de
nuevas tensiones entre dos modalidades discursivas; la neoliberal asociada a un
devenir signado por la fatalidad y la impotencia, donde las ideas son
presentadas como sinónimo de conflicto y fracaso, siendo la verdad única el mercado, enfrentándose con un cada vez mas
fuerte resurgimiento del discurso de la voluntad como camino de transformación
política, económica y social planteada desde una vuelta de lo colectivo, de la
pertenencia a proyectos como sinónimo de certezas y seguridades.
2- El
Lazo Social como lenguaje.
El Lazo Social, aun así, se fue construyendo en
forma dificultosa, precaria, compleja, en el temor a la exclusión social. El
lazo social se fue conformando como un
lenguaje que habla en forma balbuceante de tramas sociales, pautas y códigos,
donde es posible y muchas veces necesario
reconocer retazos de relatos e historias negadas por años de dictaduras
militares y económicas. El neoliberalismo, contaminó la sociabilidad imponiendo
la lógica costo beneficio, el temor al otro, incluso su objetivación,
ratificando mas y nuevas dificultades en las relaciones sociales, impactando de
forma diferente en el Lazo Social.
De este modo el Lazo
Social se presenta como un lenguaje a develar en cada circunstancia
interventiva. El Lazo Social, es un lenguaje en si mismo, que
<<habla>> en cada escenario de intervención. Esta expresión del
habla desde la sociabilidad se presenta como un observable tanto desde la
pérdida y el deterioro de ésta como de la posible resignificación de
diferentes espacios de socialización que nuestras culturas fueron
construyendo en contextos de lucha y resistencia, política social y
cultural. Esos espacios de socialización
perdidos o desmantelados, también nos muestran otra cara de este proceso de
sumisión: la crisis de los sistemas de código y sanción, la separación entre
cultura y regulación social. El lazo Social de esta manera se transforma en una
forma de relación social mediada por la cultura, el lenguaje y la historia.
El Lazo Social es un lenguaje, posee un orden,
pautas, formas y multiplicidad de posibilidades. El Lazo Social está allí, nos
precede, desde la historia y los mandatos sociales. Desde papeles, guiones, pre
escritos y significados, desde una estrecha relación entre cada actor social el
escenario de intervención y sus componentes. Es también un observable de la
interacción, las relaciones sociales informales y la vida cotidiana. El Lazo
Social es, de esta manera, un mecanismo
atravesado por lo simbólico, que da cuenta de la relación entre sujeto y
mundo social, es singular y está compuesto por elementos materiales y múltiples
significaciones que se hace necesario en la construcción de subjetividad, dado
que actúa como mediador en la construcción de diferentes sistemas de
significados y valores que nos hacen sujetos.
En la actualidad, la mirada al lazo social, se torna
más compleja, ya que, la intervención social nos muestra nuevos relatos
alrededor de éste. Los mismos hablan de su condición efímera, su relación con
la sobrevivencia, el atravesamiento de la búsqueda de beneficios en su constitución, en definitiva de sus
diferentes formas de resquebrajamiento.
3- La
Protección Social.
El retiro del Estado como instrumento de Protección
Social, que produjo el Neoliberalismo como doctrina política y económica, no
implicó su ausencia, sino una nueva presencia
desde el poder punitivo, generando mas y nuevas rupturas, la sanción y
el código ahora desde otra esfera, comenzaron a ser impuestos desde lógicas
ajenas a nuestras culturas, pautas y
formas de comprender y explicar los problemas sociales, en general a partir de una perspectiva tecnocrática y
normativa que convocaba y convoca a la intervención solo desde su aspecto
coercitivo.
Con el retiro, tecnocratización y achicamiento de la protección social, también se fueron
deteriorando los sistemas de regulación
provenientes del aparato estatal y que habían sido re significados a partir de
múltiples luchas, pujas y tensiones. La
erosión institucional de lo público generó un desgaste que va desde la vida
cotidiana hasta las propias lógicas de las instituciones que se encuentran
“estalladas” y con pocas posibilidades de comprender los escenarios complejos
donde se asientan.
Asimismo, también surgen nuevas formas de malestar que se relacionan con una sensación
de ausencia del todo social como lugar de cobijo, pertenencia y construcción de
identidad. Como telón de fondo, la incertidumbre y la idea de no futuro generan
nuevas formas de lenguaje, que se inscriben en el lazo social, estas van desde
lo verbal, hasta lo corporal, donde lo que sobresale es la pérdida de la palabra, su ausencia o recorte,
el cuerpo se presenta como un nuevo lugar del habla.
Se es el cuerpo en las sociedades neoliberales y
post neoliberales, los cuerpos muestran la identidad, desde diferentes marcas e
inscripciones, que van desde los cortes
a veces auto infringidos, para hacer objetivo el padecimiento subjetivo,
hasta las marcas de las múltiples formas
de la violencia que atraviesa a nuestras sociedades.
De este modo, el neoliberalismo logró alterar un
orden discursivo e imponer otro que puede leerse en la textualidad del lazo
social. En otras palabras por la fuerza hizo “estallar” una forma de gramática
que se presentaba como producto de luchas y tensiones. La recuperación de la
gramática perdida por efecto de las dictaduras y la represión, se muestra como
campo de intervención desde diferentes
disciplinas que intervienen en lo social, como un mandato político que
simplemente implica el rescate de la historia y lo colectivo en nuestras
sociedades. Sin esa recuperación, el malestar simplemente se actúa, se queda
sin palabras, se transforma en nuevas formas de la violencia que atraviesan la
cotidianeidad. La no circulación de la palabra llevaba y aun lleva al acto
violento, al padecimiento expresados como efectos de represiones que desde el
contexto se entrometen en la subjetividad. El retorno del Estado como garantía
de Protección Social, comienza a construir nuevas certezas, algunas todavía no visualizadas, otras enmarcadas en
las dificultades de los dispositivos clásicos de intervención social dentro de
instituciones arrasadas por la lógica neoliberal.
4- El
Lazo Social como territorio de puja y conflicto.
El lazo social, se presenta como una forma de campo
de tensión y disputa entres el discurso neoliberal y el colectivo, también es
posible leerlo, conocerlo en la sociabilidad, en su orden, en su forma de
codificación.
Así, la intervención
social enlaza una necesaria
recuperación del habla, del lenguaje de las formas de decir a través de
diferentes dispositivos que intenten re vincular al sujeto con la cultura, con
los otros, con su historia. Esto implica también una mirada hacia las
diferentes profesiones en la perspectiva de recuperar el sentido de modalidades de intervención que dialoguen
con la historia, lo lúdico, lo expresivo, la pertenencia y la identidad.
Pero, además, en la complejidad actual puede
involucrar nuevas miradas hacia lo grupal, lo territorial y la recuperación de
la mirada hacia lo singular como formas
de intervención abierta, que permitan o faciliten un encuentro con el otro de
manera profunda e intensa.
Posiblemente, para poder intentar recuperar y
reconstruir junto con los otros, como sujetos de intervención nuevas formas del
discurso, se hace necesario que las distintas
disciplinas que intervienen en lo social
generen la recuperación de su propia palabra.
El neoliberalismo, recortó también la gramática y el
orden discursivo de las prácticas, impuso manuales de procedimientos, formas de
decir y de registrar que rápidamente se transformaron en modalidades de
intervención. La recuperación de la palabra por parte de la intervención
social, se vincula, no solo con nuevos glosarios y conceptos, sino, también con
modalidades de escritura, de decir, donde la recuperación de la metáfora tenga
la posibilidad de generar un abandono progresivo de tecnicismos copiados de
otros campos y que solo pueden ser útiles para hacer “fotografías”, como
descripciones a veces pormenorizadas del
presente de una situación, pero la imposibilidad de comprenderla desde su construcción
histórico social, como proceso mutilan, la capacidad de intervención.
El orden del discurso neoliberal impactó de manera
relevante en las ciencias sociales, paradojalmente las dejó sin escenario, sin
contexto, haciéndola ingresar el en
terreno de lo abstracto, de ideales de sujeto, familias, barrios muchas
veces construidos desde perspectivas dramáticamente alejadas de nuestras
realidades.
Recuperar la palaba también sugiere una nueva
relación con lo territorial, para esto, tal vez haga falta aprender de nuevo a
escuchar las voces del territorio, de sus actores, significaciones y sentidos,
para desde allí reconstruir y recrear
nuevos lenguajes y subjetividades.
La discusión
acerca de las palabras en la intervención social lleva por otra parte a revisar
conceptos, categorías, variables, indicadores para poder, desde ese proceso, re
nombrar y poder transmitir de otras formas, tanto desde nuestro lenguaje
escrito como verbal. En este aspecto, sobresale la necesidad de interpretar, de
conocer en profundidad las diferentes
situaciones de intervención y su impacto subjetivo.
De esta manera la intervención social se refuerza
como espacio intersubjetivo, atravesado por las representaciones sociales que
rodean al problema o necesidad que generó
la demanda de intervención. Así,
tal vez sea posible pensar en la intervención con mas y nuevos
horizontes que van desde la desnaturalización de la desigualdad hasta la
recuperación de ciudadanías.
En este punto se inscribe el compromiso ético de las
profesiones actuales, desde diferentes esferas, reconociendo en principio que
la intervención es una “deliberación”, es decir una práctica que necesita
nitidez en el sentido definiendo con
claridad desde donde y para que se interviene.
Delimitando de esta forma su lugar en la tensión entre el discurso del devenir
sin sentido o la recuperación de la épica de la transformación.
Bibliografía:
Arlt, Roberto. Los 7 Locos. Editorial Sudamericana.
Buenos Aiores.1998.
Carballeda, Alfredo Los cuerpos fragmentados.
Editorial Paidós. Buenos Aires. 2008.
Carballeda, Alfredo. Escuchar las Prácticas.
Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007
Comas, Corina. Tesis de Maestría (FLACSO) Lo Social
y el padecimiento Subjetivo.(Mimeo) Buenos Aires 2005
Lipovetsky, Gilles. La Sociedad de la decepción.
Anagrama. Buenos Aires. 2008.
Capítulo
2 Política Social y Cambios Sociales, la necesidad de una mirada Estratégica
desde la Intervención
1
Los fuertes cambios sufridos por la sociedad
Argentina en los últimos años se expresan en diferentes esferas. La
fragmentación social, la caída de las instituciones, la crisis de legitimidad
de éstas la expresión de la crisis de representación, muestran algunas facetas
que marcan con dramatismo los nuevos escenarios donde se desarrollan las
Políticas Sociales, la Intervención del Trabajo Social y la Investigación.
A su vez una mirada a la historia reciente de
nuestro país marca una serie de momentos que dejan una fuerte impresión en las
subjetividades colectivas. Los efectos de la Dictadura Militar en tanto la aplicación
sistemática del terrorismo de Estado, la crisis de hiperinflación de 1989, el
desmantelamiento del empleo, la caída del Estado, todo dentro de un contexto de
aplicación de políticas neoliberales que implica nuevas formas de padecimiento
que se expresan de diferente manera. Pero tienen una clara articulación a
partir del Golpe de Estado de 1976. Esta serie de hechos, tiene su punto mas
alto durante los últimos dos años, donde se multiplican los niveles de pobreza
e indigencia y nuevos sectores sociales ingresan masivamente a la exclusión
social en forma abrupta y en muchos casos inesperada.
2
Una sociedad atravesada por la lógica del mercado,
se transforma en competitiva y "justifica" de alguna manera su falta
de integración. Así ese otro se convierte en un enemigo potencial en tanto
competidor en una lucha por la subsistencia donde unos y otros son plebeyos del
mercado.
Este se presentó como una especie de Leviatán, al
que cada día la propia lógica de la desigualdad y especialmente la inequidad le
entregan la vida mas de 50 niños argentinos que mueren por causas asociadas a
la mala alimentación.
Ese monstruo, pareciera que exige esas muertes y
esos padecimientos para ofrecer la inseguridad de las mayorías y la
tranquilidad de quienes viven cada vez mas encerrados y custodiados. Así las
miserias que traen las desigualdades sociales, se expresan en ciudadanías
recortadas, en falta de derechos, que en definitiva alimentan la crisis de
legitimidad y representación. Tanto en nuestro país como en todo el mundo, los
niveles de inequidad alcanzaron indicadores nunca antes vistos de concentración
de la riqueza en cada vez menos manos. Tal vez, en la historia conocida de
Occidente nunca se estuvo con estos niveles de concentración del capital e
injusticia social.
3
Desde esta serie de acontecimientos surgen
diferentes miradas en tanto intento de reflexionar y actuar frente a la crisis.
La Política vuelve a transformarse en un elemento clave en la medida que de
tomar el "control" de la situación se estaría liberando de las
ataduras del mercado y del terrorismo de los economistas neoliberales.
Quizás el reclamo mas claro de las sociedades de
Occidente hacia la Política pasa por que vuelva a tener protagonismo, que se
imponga sobre lógicas que lentamente la fueron atando y amordazando. Lógicas
que en el caso de nuestros países de América Latina se iniciaron a sangre y
fuego en contextos de aplicación del Terrorismo de Estado. Un estado tomado por
asalto, como última etapa de un proceso de desmantelamiento que se origina
desde mediados de la década de los 50, a partir de un Golpe de Estado que aún
la historia continúa llamando "Revolución Libertadora", es allí donde
se inicia el horror que los argentinos estamos padeciendo. Basta con leer
"Operación Masacre" de Rodolfo Walsh para ubicar prácticas que serán
masivas en años posteriores.
Pareciera que hoy la historia se mueve con
movimientos mas perceptibles y claros, ya no motorizados por el progreso
indefinido, sino por la búsqueda de reencuentro con el destino en nuestros
pueblos del tercer mundo, y desde allí comienza muy lentamente a articularse
aquello que estos casi 50 años de dominación fragmentaron. El principio de este
siglo se presenta como incierto, pero cada vez mas cercano a la construcción
desde nosotros mismos, desde nuestra historia, nuestra palabra, nuestra
memoria.
Así, pareciera que se ingresa a una época de
"visibilidad" donde lo sistemáticamente ocultado, vuelve a mostrarse
ahora desde el rostro de la interpelación apoyada en la memoria. La vuelta del
acontecimiento, es decir el retorno de aquello que articula hechos que son
presentados como aislados pero que integrados se transforman en acontecimiento
y verdad.
Así, el propio desarrollo de la crisis muestra, hace
visible lo oculto; la exclusión, el saqueo de nuestra economía, la deuda
externa y la humillación a que se nos somete. La política posmoderna se
caracterizó por la falta de acontecimientos, todo transcurría en un mundo
apático y fragmentado donde los actores sociales solo eran vistos desde la
estética.
En la Política Posmoderna, no pasaba nada y pasaba
todo. El neoliberalismo tuvo la habilidad de ocultar su rostro político detrás
de diagramas de barras, indicadores supuestamente científicos y movimientos de
mercado que se apoyaban mas en el ocultismo que en el análisis racional. Todo
ese cotillón con el que nos bombardearon durante décadas pareciera que se está
desgastando y muestra su verdadera esencia escenográfica digna de un estudio de
Cine en Hollywoood.
Así, la posible vuelta de la Política implica una
serie de nuevos desafíos, tanto para la reflexión teórica sobre el tema como
para la acción concreta en el campo de la Política Social y la Intervención en
Lo Social.
4
La Política Social como estrategia y la Intervención
del Trabajo Social, se presentan hoy como una nueva oportunidad. Así la
Política Social debe ser entendida como medio y no como fin.
La política Social en tanto medio, es simplemente un
instrumento que debe contribuir a recuperar la integración perdida, a una mejor
distribución del ingreso, es decir que debe ser redistributivas y básicamente
instrumento de gestación de una nueva soberanía popular en tanto
fortalecimiento de las formas organizativas.
A su vez la Política Social debe orientarse hacia la
reparación de la sociedad Argentina, es decir servir como elemento que
intervenga en la recomposición de lazos sociales, en la recuperación de
identidades, en la comprensión y explicación de las nuevas formas de la
pobreza, para desde allí recuperar lo perdido, debe ocuparse de la alimentación
y la salud en tanto que la estrategia reparadora se inscribe en el corto plazo.
En definitiva la Política Social debe recuperar
direccionalidad, volver a la cobertura universal y tiene que ser fuertemente
anticipatoria. De allí la necesidad de nuevas formas de Planificación
Integradas y articulados con el todo social. La Política Social se debe
desprender de la lógica economicista, del juego del costo - beneficio.
Inclusive, la Política Social debe ser entendida desde una perspectiva estratégica
de Nación insertándose a su vez en la Región, en tanto Cono Sur, no solo en el
MERCOSUR, para la Argentina es muy significativa una perspectiva que también
tenga en cuenta a Chile y Bolivia.
Si la Política Social se construye como una
estrategia de integración Nacional y Regional, debe preocuparse por la
construcción de un consenso social, relacionado básicamente con el concepto de
derechos sociales, es decir una lógica que plantea que donde hay una necesidad
existe un derecho social no cumplido.
Desde esta perspectiva la Intervención del Trabajo
Social, implica una nueva serie de cuestiones que van desde el sentido de la
misma, y su articulación desde una perspectiva estratégica.
Así la intervención en Lo Social se transforma en un
diálogo que genera la posibilidad de nuevas preguntas. La intervención se
transforma en un espacio de intercambio entre Estado y Sociedad, pero
básicamente como lugar de formulación de nuevos interrogantes, de creación de
nuevas formas de la agenda pública, en definitiva un dispositivo que "haga
ver", porque aquello que es visualizado, interpela, genera en definitiva
acontecimiento, desplazando sentidos, desarticulando órdenes constituidos
previamente. En definitiva un lugar de encuentro con los otros, con la historia,
en la medida que la Política Social y la Intervención retomen su impronta
Histórico Social.
5
La historia de América es de alguna manera una puja
permanente que genera diferentes formas de interpelación , que en definitiva
muestra la búsqueda de una totalidad perdida, de la propia identidad, de
aquello que la expoliación separó.
Para la mitología griega Sísifo estaba condenado a
cargar una pesada piedra por la ladera de una montaña día tras día. Así llegaba
a la cima y la piedra volvía a caerse y nuevamente había que subirla. Podemos
imaginar a Sísifo satisfecho, porque no se dejaba abatir, no se dejaba
derrotar, no huía. Sísifo resistía y esperaba. Así la resistencia lo hace digno
de alcanzar aquello que se perdió y de construir desde allí el futuro.
Capítulo
3 La Accesibilidad y las Políticas de
Salud
1- Contexto y accesibilidad
La sociedad Argentina ha sido atravesada desde hace
casi 40 años por una larga serie de circunstancias complejas. En ese ciclo,
diferentes acontecimientos se inscribieron en la memoria colectiva generando
incertidumbre, desazón y desencanto pero, especialmente nuevas formas de
padecer y sufrir que van desde, los efectos de
la aplicación sistemática del terrorismo de estado hasta el temor que
implica la posibilidad de caída en los oscuros espacios de la exclusión social.
Por otra parte, la
progresiva recuperación de la centralidad del Estado en las Políticas
Sociales desde el año 2003, comienza a construir algunas certezas que habían
sido dadas por perdidas en forma indefectible desde los discursos de los agoreros que anunciaban el fin de la
historia y al mercado como el nuevo regulador y ordenador de la sociedad. Esa
recuperación del Estado, es acompañada por una serie de cambios de paradigmas
que en el sector salud impactan en forma sugestiva, como por ejemplo la Nueva
ley de Salud Mental y Adicciones y la Asignación Universal por Hijo.
La salud, y las políticas sanitarias, si son
entendidas como procesos de construcción colectiva, no son ajenas a esta serie
de acontecimientos y circunstancias. Las ausencias reales y simbólicas que
dejaron los terrorismos de estado y de mercado, también hicieron mella en el
sector salud, tanto desde la pérdida de sentido en los mandatos fundacionales
de las instituciones como en la justificación de su desmantelamiento. Repensar las políticas
de salud en los escenarios actuales, tal vez, implique una búsqueda de
conceptos que sirvan para su análisis y
estudio, desde una perspectiva integral,
especialmente a partir de la
persistencia del relato neo liberal
pujando por seguir hegemonizando
las prácticas.
La indagación de explicaciones y categorías que acompañen estos procesos se podría
orientar hacia aquellas que se presenten
como instancias de integración y
articulación y que trasciendan los
enunciados clásicos de las políticas del sector salud permitiendo generar
nuevas formas comprensión y explicación, como así también de abordaje y
respuesta.
A partir estos aspectos, la noción de accesibilidad
se presenta como una vía de
entrada para re pensar las Políticas Sociales y las de Salud poniendo a la perspectiva del sujeto social en relación
a su situación y visión del proceso salud enfermedad especialmente desde su
condición sociocultural y las relaciones
entre las Políticas Sociales y las posibilidades de reconstrucción de la sociedad en un lugar central.
En principio la accesibilidad, se cimenta como una vinculación, es decir como un lazo
social entre el sistema de salud o de acción social y los usuarios de éste. De este modo, puede ser
entendida como una relación cargada de
significados que relaciona a las
políticas, las instituciones y a la sociedad.
2- El estudio de
la Accesibilidad en el Sistema de
Salud como vía de entrada al análisis y diseño de políticas.
Los cambios que se fueron produciendo en la esfera
de la economía desde mediados de los años setenta hasta la crisis del año 2001
se apoyaron en la aplicación de un modelo de corte neoliberal que en lo social, llevó paulatinamente a una distribución de la
riqueza cada vez mas injusta, ampliándose de manera sustantiva la brecha entre
ricos y pobres, también, en ese período
nuevos sectores sociales empobrecieron,
generándose, además un clima de época donde lentamente comenzaban a
emerger la incertidumbre y la desprotección social mientras que paralelamente
el Estado desmantelaba sus dispositivos de protección y ampliaba su poder
punitivo. La accesibilidad al sistema de salud aparece como uno de los
elementos más significativos para el análisis de los efectos materiales y
simbólicos de las políticas neoliberales en el campo de salud, tanto desde una
perspectiva histórica como para el estudio de las mismas en el presente.
El crecimiento de los índices de empobrecimiento y
desempleo se multiplicó y acumularon desigualdades que hicieron eclosión en la
crisis de Diciembre de 2001. Como consecuencia quedaron nuevas y más
diferencias sociales y situaciones de
injusticia que hacía décadas que no se presentaban y se expresaban en un mundo señalado por el
culto al mercado.
Se trataba, a partir de infinidad de formas de
“ajuste”, restricciones y recortes la metáfora de mantener su quietud y no provocarle
"alteraciones de carácter", en definitiva, cuidar su estabilidad. El
mercado se había transformado a partir
de la dictadura, en forma pausada en un nuevo disciplinador social. Una especie
de Leviatán al cual se le entregaban vidas e ilusiones de toda una sociedad,
día a día, para lograr su indulgencia, perdón y la promesa de una estabilidad económico social que solo se reflejaba en las voces de los
comunicadores de la economía y la política que hegemonizaban las frías
pantallas de los canales de televisión en la los demás medios de comunicación.
Como consecuencia de estas cuestiones, en los años
del neoliberalismo, dentro del sector salud, emergieron nuevas formas del
padecimiento, relacionadas con
expresiones de la injusticia acordes a la época y que fueron
presentándose desde más y nuevos actores que
comenzaban a recorrer las salas
de los servicios estatales de salud. Eran rostros novedosos, algunos, los que
penosamente lograban llegar procedían de la pobreza estructural, otros, veían
con asombro que se encontraban allí luego de una situación de caída que los
encontraba sin trabajo, ni cobertura social, con los lazos sociales y el
capital simbólico deteriorados. Las nuevas víctimas del disciplinamiento del
mercado, comenzaban a ver en las inscripciones de sus cuerpos, en sus
enfermedades y estigmatizaciones, el recorte de sus ciudadanías. Pero también,
pugnaban por acceder a servicios de salud públicos deteriorados por los
ajustes, recortes y las políticas que se orientaban a seleccionar, y expulsar
del sector a los nuevos indeseables del modelo neoliberal.
La vida cotidiana se transformaba en algo precario e
incierto, donde la pérdida de derechos sociales, como marca de una caída hacia
fuera de la sociedad de mercado, llevaba
rápidamente a un nuevo
deslizamiento que culminaba con
la privación de los derechos civiles y golpeaba en forma sistemática las
posibilidades de autonomía. En este contexto de nuevas y viejas demandas
ubicadas en escenarios desconocidos, comienzan a escucharse en los diferentes
servicios del sector público de salud y especialmente en los Servicios
Sociales, historias de personas que intentaban poner en palabras la singularidad de lo que les
ocurría y se encontraba inscripto en cada uno de ellos, en su subjetividad y en
sus relaciones familiares y sociales.
Historias de padecimientos que se entrecruzan en los pasillos de los hospitales
y en las salas de espera de los centros de salud, con una superposición de
lógicas, formas de comprender y explicar lo que estaba ocurriendo, a veces con
una marcada tendencia a naturalizar el sufrimiento, otras, en la elaboración de
estrategias de resistencia donde la accesibilidad se había transformado en un
territorio de luchas y tensiones. Esta, que había sido construida desde una
visión universalista a partir de Ramón Carrillo y la construcción de un sistema
nacional de salud, se fue yendo
lentamente de la esfera de los derechos
sociales para retroceder a la lógica de la asistencia y la racionalidad
economicista impuesta por las políticas
de focalización.
Los diferentes
procesos de precarización de la cotidianeidad, en diálogo con la noción
de accesibilidad, son otra expresión de estos temas. La precariedad condujo al
sostenimiento de la vida cotidiana a través de
estrategias de sobrevivencia individuales, donde lo que sobresalía
era el
presente. Estas, implican también
nuevas visiones de lo corporal, del dolor, del padecimiento que paulatinamente
queda relegado, cambiando inclusive las formas de percepción de la enfermedad y
los niveles de alarma acerca de ésta.
De este modo, la
construcción desde la economía y la política de escenarios donde la
accesibilidad a la protección social era recortada y mutilada, muestra la
aparición de nuevos problemas sociales y
subjetividades que se expresaban en diferentes formas de comprender y explicar
el proceso salud enfermedad en un
contexto de desigualdad social.
La alteración de las conformaciones clásicas de los
lazos familiares y comunitarios,
llevaron también al deterioro de las posibilidades de contención y amparo por parte del tejido social o de la
familia generándose también una pérdida de espacios de construcción colectiva
de la accesibilidad, quedando ésta reducida a la inserción del sujeto en el
mercado o en el desarrollo de
estrategias individuales de acceso al sistema de salud signadas por la
necesidad y la urgencia.
Los profetas del terrorismo de mercado, planteaban,
de diferentes maneras que cada caída en la exclusión era en gran parte una
responsabilidad individual por no saber adaptarse a un "nuevo orden
mundial" que fortalecía su discurso único de diferentes modos.
La accesibilidad al sistema de salud se transformó
en una especie de presa codiciada por los tecnócratas neoliberales, se trataba
de ahorrar en el llamado “gasto público”, poniéndole obstáculos a esta desde
una lógica centrada en una idea de gestión donde primaba el menor uso de los servicios
de salud. La accesibilidad, en tanto la
llegada y trayectoria de un sujeto dentro del sistema de salud, fue cercenada,
“racionalizada” desde las imposiciones del mercado. De este modo, la lógica del “giro cama”, que implica el
tiempo en que permanece una persona internada dentro de un hospital, y que
sintetiza la perspectiva de la aplicación del binomio costo beneficio en las
políticas de salud, intentó ser impuesta a cualquier precio, generando nuevas
formas de exclusión exilio y expulsión del sistema, traducidas en desprotección
y desamparo enunciada desde una forma de eficiencia teñida de desigualdad
social.
Estudiar la accesibilidad en salud hoy, implica
repensar las Políticas en este ámbito, tanto desde el diseño de estas como las
implicancias relacionales, organizativas y subjetivas que la constituyen.
Teniendo en cuenta sus implicancias histórico sociales. La accesibilidad es, en definitiva, una
construcción colectiva y eminentemente política que da cuenta de la salud de
una población y muestra de manera concreta la llegada real de las políticas de
sanitarias a la población.
3- La Accesibilidad hoy y las marcas del terrorismo
de mercado
Las expresiones actuales de la cuestión social emergieron como
formas novedosas de padecimiento que abarcaron cambios en la esfera de
la cultura, tanto como en la comprensión y explicación del contexto macro
social y la vida cotidiana Pero también de las significaciones acerca de la
salud y la enfermedad, su construcción simbólica y la noción de la asistencia
como derecho. Estas, muestran la
posibilidad de formular nuevos interrogantes con respecto a los
dispositivos clásicos de la intervención
en Salud.
En este aspecto la noción de accesibilidad, puede
presentarse como una manera de comprensión de los nuevos problemas que
atraviesan el sector, pero también desde ella se pueden obtener aportes desde
la perspectiva de la construcción de políticas de salud. A su vez, las
expresiones actuales de la cuestión
social emergen como formas novedosas y
complejas del padecimiento singular y colectivo que, al abarcar cambios en la
esfera de la cultura proponen nuevos encuentros entre el campo de la salud y
las ciencias sociales. Una vía de entrada
a esta nueva agenda puede pasar por el análisis de la construcción, comprensión
y explicación de la vida cotidiana y de la percepción del proceso salud
enfermedad desde diferentes formas de territorialidad, donde la enfermedad es
un acontecimiento ligado a diferentes cuestiones que la condicionan, producen y
construyen desde una subjetividad situada. En definitiva, a partir de nuevas preguntas acerca de cómo surgen las formas de demanda relacionadas con
la salud y que atraviesan diferentes sectores de las Políticas Sociales. De
este modo, el resultado de la mirada hacia la accesibilidad puede condensar a
las nuevas formas de construcción de demanda hacia los servicios de salud,
desde su complejidad.
La accesibilidad entendida como una forma de
relación con el Estado, las Políticas Sociales y de Salud se convierte en un instrumento
que puede develar el juego, que en forma persistente aún marca la puja entre la dinámica de la sociedad y la
lógica del mercado. Así, la accesibilidad dialoga con la pertenencia a las
redes de sociabilidad y las diferentes
construcciones de la identidad.
4-Accesibilidad, Cuerpo y Neoliberalismo
Los efectos del neoliberalismo atraviesan las Políticas Sociales, las
instituciones y los actores sociales que circulan dentro de éstas. Así, se
construyeron nuevas formas de subjetividad que implican la necesidad de revisar
las maneras en que se accede al sistema
de salud, se permanece y transita dentro de él.
Los cambios ocurridos en las últimas décadas, se expresan en la
construcción de nuevas implicancias sociales y culturales del padecimiento,
donde, la percepción de la salud y la enfermedad giraron hacia formas de
naturalización del dolor y la noción de corporalidad. El terrorismo de mercado también creó
condiciones laborales que sugieren otras formas de percepción de lo mórbido,
donde el malestar es silenciado, naturalizado, sencillamente por necesidad de
seguir estando dentro del trabajo, donde el temor al desempleo construyó nuevas
formas de sentir y sufrir. Pero también, desde la fantasía de permanecer dentro
de una sociedad que estigmatiza, separa o aísla a quienes exhiben, demuestran o
ponen en palabras sus padecimientos. De este modo es frecuente que se
acuda a trabajar con signos y síntomas de enfermedad y según las
capacidades adquisitivas se podrá o no acceder a diferentes medicamentos que
ocultan las señales del cuerpo, prometiendo seguir estando, perteneciendo a los
grupos de personas saludables que muestran una imagen juvenil, sana, y
distendida, a través de la producción de imágenes elaboradas desde las
diferentes estrategias de venta de
medicamentos. De esta manera, los signos y los síntomas se naturalizan
ocultados en nuevas formas de la corporalidad que también dialogan con formas
subjetivas de construcción de barreras a la accesibilidad y los derechos
Sociales sencillamente silenciándolos.
En definitiva, sacar el síntoma, negarlo para seguir perteneciendo a una
metáfora de sociedad idealizada a través de múltiples estrategias de mercado y
escenografías montadas para negar el acontecimiento que rodea y construye el
proceso salud enfermedad. Incluso, la
persistencia mediática de las estrategias publicitarias logró naturalizar que
la primera reacción frente a un síntoma o sensación de enfermedad se transforme
en una compra de medicamentos.
Ese silencio de los cuerpos y
de sus señales construido desde una lógica economicista, repercute en la
accesibilidad de diferentes maneras, se intenta acceder cuando el efecto de lo
mórbido ya no permite trabajar o generar estrategias de sobrevivencia lo que
muestra un cambio en los niveles de alarma sobre lo que ocurre en los cuerpos
de unos y otros.
Precisamente, se consulta cuando ya no se puede seguir, cuando la
expresión del síntoma construye una sensación o realidad invalidante que indica
la necesidad de la atención dentro el Sistema de Salud. Allí se construye desde otras realidades y
lógicas un punto de interpelación a la noción de accesibilidad al sistema de
salud. Sencillamente, desde posibilidad de generación de políticas y
estrategias de intervención que desnaturalicen esas cuestiones y propongan
nuevas formas de acceso a éste.
5- La accesibilidad y la incertidumbre en la
atención dentro del campo de la salud.
La accesibilidad también se entrecruza con otra serie de interrogantes
que se fueron construyendo dentro del contexto del neoliberalismo. En este
aspecto, lo institucional se inscribe en un terreno de nuevas formas de la incertidumbre, donde, la accesibilidad
comenzó a ser atravesada por interrogantes ligados a la posibilidad de
asistencia de las instituciones, públicas, privadas y de la seguridad social.
No se trata solo de llegar al hospital, sino, de lograr que la
intervención en las diferentes consultas
sea trabajada, resuelta y posea capacidad de construir certeza. Es decir, las
condiciones actuales del sistema de salud muestran que la accesibilidad no
finaliza con el ingreso a éste, sino que implica una recorrida
singularizada que requiere la resolución
integral de la demanda. Estas cuestiones están atravesadas por una serie de
circunstancias que las condicionan. La circulación de la palabra en las
instituciones de salud desde hace décadas está siendo remplazada por los
medicamentos, los estudios complementarios que se han transformado en una nueva
forma de lenguaje que se inscribe mas cerca de la lógica del protocolo, que de
la escucha, así el sistema de salud no logra resolver mas que a corto plazo
circunstancias complejas que van mas allá de los aspectos biológicos y
sintomáticos que construyen la demanda
de asistencia.
La accesibilidad, así ingresa en otro sendero de incertidumbre,
donde la institución de salud y sus profesionales suponen que la
consulta se resuelve en la medida que el procedimiento se acerque a lo que se
considera más correcto por mandato institucional o por la imposición de un neo
positivismo muchas veces funcional a los
intereses de las multinacionales de los medicamentos o colonizados por la tecnología,
signando la relación de los sujetos sociales con el sistema de salud solo a
través de relaciones causa efecto. Así, la vinculación, el lazo que se
construye dentro del sistema de salud se enfría, queda despersonalizado, el
otro se transforma entonces en un objeto sin historia, desposeído de su
singularidad. Estas cuestiones se hacen mas complejas cuando se suman a la
desconfianza que se genera por el temor a las denuncias por mala praxis,
incorporando de esta forma una nueva barrera a la accesibilidad. La dificultad
que muestra la falta de certezas,
también se imbrica con las inseguridades que atraviesan los equipos
interdisciplinarios, fundadas en la complejidad de los escenarios actuales de
intervención social, las nuevas lógicas institucionales y especialmente en la
crisis de una sociedad que padeció por décadas el desmantelamiento del Estado,
perdiéndose uno de los ejes fundamentales
de la garantía de la integración
social e institucional. La fragmentación
de la sociedad, se expresa en los
cuerpos y dentro del sistema de salud en la mirada sobre éstos, así las
especializaciones construyen sus propios fines sin importar lo que ocurre con
el todo, generando otra serie de inconvenientes a la accesibilidad, ahora desde
otras formas de complejidad.
En definitiva, las Políticas de Salud y la accesibilidad no implican
solamente el ingreso al sistema, dado que ese hecho no garantiza que esta tenga
una aplicación y adaptación real, sino que la misma debe ser acompañada dentro
de las diferentes instancias institucionales.
6- Accesibilidad y Territorio
La
Accesibilidad también se expresa dentro
de espacios territoriales, desde éstos se construyen sentidos pujas,
posibilidades y disrupciones que se imbrican con el Sistema de Salud. Por
ejemplo, cuando la institución es reflejo de un territorio ajeno u hostil,
comienza a marcar y construir dificultades de orden material y simbólico que
rigen trayectorias diferenciadas aún cuando se logre ingresar a ésta. La construcción discursiva de la ajenidad de
los ciudadanos del Gran Buenos Aires en los hospitales de la Ciudad de Buenos
Aires, puede ser una muestra de ello y las representaciones sociales que
atraviesan esos encuentros, suelen expresar una forma de acceso peculiar,
marcada por la idea de beneficio, ilegitimidad y dádiva. En muchas
circunstancias cada prestación se tiñe, en forma poco visible de una lucha por el derecho a la salud,
convirtiendo la relación entre el sujeto de
derecho la Política Sanitaria en un terreno de complejidades, dudas y
dificultades que atraviesan la intervención y
le suman mas problemas a la propia disrupción del proceso salud y
enfermedad. En los Centros de Salud, suele ocurrir algo semejante entre los
pobladores tradicionales de los barrios mas empobrecidos y los que recién
llegan a habitar la periferia de esas formas de la pobreza. De este modo, la accesibilidad se presenta
como un punto de interrogación, análisis y acción en las Políticas Sanitarias,
desde lo territorial. Floreal Ferrara, explicaba lo territorial desde la
“Accesibilidad Geográfica” esta; implica la necesidad de tener en cuenta la
cantidad de usuarios del Sistema de Salud
que puede utilizar sus servicios, teniendo en cuenta también el tiempo
de desplazamiento hacia éstos de diferentes maneras, es decir que la accesibilidad también tiene que ver
con la distribución y la localización de los servicios. Es justamente desde lo
territorial donde es observable la necesidad de repensar convenciones
sistemáticamente repetidas y fallidas como los sistemas de referencia y contra
referencia en tanto ordenadores de las circulaciones dentro del sector. Tanto
desde el punto de vista material como
simbólico.
Pensar las Políticas Sanitarias como Políticas Sociales
implica una indefectible presencia de lo territorial, desde una accesibilidad
integrada, con clara inserción en éste como único camino para
transformarse en un dispositivo de integración social.
7- La Accesibilidad y los Equipos de Salud
La
Accesibilidad, también se encuentra estrechamente ligada a las prácticas en
salud especialmente desde sus aspectos organizacionales vinculados con la organización de turnos,
horarios y recorridos dentro del sistema de acceso a las Políticas, Planes y
Programas de Salud y también a su faceta cultural o simbólica, en la que se
ponen en juego hábitos y prácticas de
los usuarios respecto al cuidado y autocuidado, uso, sentido de los recursos de
asistencia y las limitaciones que éstos imponen. Las prácticas dentro del sector
salud y las políticas sanitarias muestran la necesidad de intervenir sobre
todos los recursos humanos involucrados en el sector desde la perspectiva de
consensuar y discutir lógicas, sentidos desde los fines últimos de las
Políticas y las Instituciones de Salud. Es posible que los propios equipos de
trabajo se transformen en un obstáculo o dificultad en la accesibilidad,
especialmente desde una perspectiva de no comprensión de la noción de salud que
atraviesa tanto a los usuarios, como a los profesionales y trabajadores
administrativos de las instituciones del sector. Las problemáticas actuales que
se presentan en este campo son sumamente complejas y lo trascienden.
De esta manera, el
sector salud, presenta una serie de
características, que llevadas a los espacios institucionales que pueden ser
entendidos como “escenarios de intervención” , en ellos se expresan diferentes
tensiones que interpelan a la
Intervención en el campo de la salud desde disímiles aspectos, como los papeles
de los actores, los componentes escénicos, la historicidad de la trama donde se desenvuelven los
problemas sociales y su enlazamiento con lo económico, social y político.
Comprender a la salud y la
enfermedad como proceso, implica aceptar que este se constituye como fruto de una serie de tramas complejas que
dialogan con diferentes formas de devenir en los órdenes; político, económico, demográfico, sociocultural
y medioambiental. La enfermedad, de esta
manera, no es un mero producto de diferentes desajustes o alteraciones poli o uni causales, sino, que se vincula con
una serie de circunstancias que exceden el abordaje de una sola mirada, o la
sumatoria de estudios de fenómenos
comprensivo explicativos.
Los escenarios
actuales de la Intervención Social, se constituyen dentro de contextos signados por la
turbulencia, sumados a la aparición de nuevos problemas y la emergencia de
situaciones conocidas que se encuentran y manifiestan de forma diferenciada por
los cambios de época, con una nueva presencia del Estado como algo novedoso que
irrumpe con posibilidades de generar sentido.
La enfermedad, se
entrecruza de manera compleja con la vulneración de derechos, la incertidumbre,
el padecimiento subjetivo, las nuevas formas de comprender y explicar los
fenómenos asociados a lo mórbido, las diferentes maneras de construcción de las
solidaridades en tramas heterogéneas, y muchas veces dentro del estallido de
los dispositivos de asistencia que por diferentes razones muestran dificultades
para abordar las nuevas demandas dentro del sector.
Así, el sujeto que llega a los
servicios asistenciales de salud, se constituye como alguien “inesperado”, un
sujeto que las instituciones, a veces no pueden comprender a partir de su
constitución desde nuevas lógicas y climas de época. La respuesta institucional
en muchos caos pasa del azoramiento al rechazo, producto posiblemente de la
extrañeza y el temor que causa lo diferente o lo ajeno. De este modo, la accesibilidad
se presenta también en estas circunstancias interpelando a las prácticas y
políticas del sector en este caso desde la formación y capacitación de los
equipos de salud.
Es tal vez, en ese
punto donde también la política social y la accesibilidad tienen posibilidades
de encuentro y diálogo, ahora con un Estado presente y con posibilidades de
ordenar esas cuestiones.
8- La Accesibilidad como categoría en las Políticas
de Salud.
Entender la salud y
la enfermedad como un proceso donde ya estas, no son objetos exclusivos de la
preocupación médica, implica que los problemas de salud y enfermedad pueden volver
a ser definidos como histórico sociales. Así, la recuperación de la
inscripción de un sentido dinámico del proceso salud enfermedad implica
entenderlo como una búsqueda y construcción propia de nuestras
sociedades, pero, también como
una forma de apelación a la solución de
los conflictos que plantea la existencia. Es en definitiva, la posibilidad de
reconocer nuestras capacidades de la
sociedad que formamos parte como sujetos histórico sociales, para detectar,
identificar y resolver en forma solidaria los distintos factores que limitan
nuestra potencialidad vital.
Estos conceptos, dan
cuenta de que la salud es expresión de
procesos sociales, en otras palabras, es entender a los fenómenos de
salud-enfermedad en el contexto del acontecer ideológico, económico y político
de la sociedad y no sólo como fenómenos biológicos que atañen solamente a las
personas aisladas desde una perspectiva a histórica y uni causal de la
enfermedad. En definitiva, esas diferentes maneras de explicar el proceso salud
– enfermedad también atraviesa la accesibilidad.
De este modo, ambas concepciones de salud (histórico social y
biologista) coexisten en la actualidad y
sostienen distintos modelos de asistencia generando diferentes formas de la
accesibilidad. Los modelos uni causales herederos de las primeras formas de la
higiene y el positivismo siguen construyendo prácticas cuyo objeto son solo los
cuerpos; cuerpos que durante mucho tiempo se han construido y han sido
moldeados por discursos hegemónicos cuyo fin era la normalización, y donde
predominaba una noción de la ausencia de enfermedad como sinónimo de adaptación
a sociedades injustas.
Pensar la Accesibilidad
como categoría relevante en la elaboración de Políticas Sanitarias, involucra
una serie de contingencias que
implicarían la posibilidad de aplicar la visión de la salud como proceso
histórico social, pero, especialmente desde la perspectiva de los sujetos de
derecho social que hacen uso del Sistema de Salud. De este modo, la
incorporación de una visión subjetiva y objetiva de éste podría aportar nuevas
formas de construcción de acciones, signadas en este caso en la relación entre
los actores sociales, el territorio, su propia perspectiva del proceso salud
enfermedad desde un pensar situado, tal vez mas cercano a las realidades de
nuestra América y alejado de las oficinas burocráticas de los funcionarios
que diseñan estrategias de salud para el
Tercer Mundo desde perspectivas que muchas veces recuerdan diferentes formas de colonialismo. Tal vez,
la batalla cultural contra la colonización pedagógica también pase por estos
temas.
Bibliografía
Carballeda, Alfredo (2007). Escuchar las Prácticas.
Editorial Espacio. Buenos Aires.
Ferrara, Floreal (1987). Teoría Social y Salud.
Ed.Catálogos. Buenos Aires.
Gillone, Alicia, La Salud como Derecho en:
http://www.apdh-argentina.org.ar/salud/trabajos/la.salud.como.derecho.pdf
Provincia del
Neuquén. Argentina. Ministerio de Salud.
http://www.neuquen.gov.ar/salud/
Stolkiner, Alicia Pobreza y subjetividad. Relación
entre las estrategias de las familias pobres y los discursos y prácticas
asistenciales en salud.
http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/sitios_catedras/obligatorias/066_salud2/material/unidad2/subjetividad_pobreza_stolkiner.pdf
Capítulo 4 Cartografías
e Intervención en lo social
“Degollada y
borrada ha quedado esa hacienda, pero nos queda una precisa mención de una
<<mula tordilla>> que anda en la chácara de Palermo, término
de esta ciudad>>. La veo absurdamente
clara y chiquita; en el fondo del tiempo…Bástenos verla sola: el entreverado
estilo incesante de la realidad; con su puntuación de ironías, de sorpresas, de previsiones extrañas como las
sorpresas, solo es recuperable por la novela. Afortunadamente, el copioso
estilo de la realidad no es el único: hay el recuerdo también, cuya esencia no
es la perduración de rasgos aislados.”
Jorge Luis Borges. Evaristo Carriego
“Constituir un territorio para mí constituye
prácticamente el nacimiento del arte”
G. Deleuze. Diálogos.
1- El
territorio como espacio de intervención social.
Desde la complejidad de los escenarios actuales de
intervención en lo social, lo
territorial se presenta como un espacio
de mirada y análisis que requiere de lecturas que trasciendan las
descripciones formales o meramente descriptivas o cuantitativas.
El territorio construye subjetividad y es construido
desde ella. Lo territorial es memoria, recuerdos y “previsiones extrañas”
poseyendo también diversas posibilidades de acceso a la multiplicidad de
imágenes, representaciones, imaginarios
y sentidos que trasciende a la realidad objetiva desde fisonomías que cambian a
partir de innumerables expresiones.
La
intervención social actúa sobre
el cuerpo y la subjetividad pero también, en interacción y diálogo con el
territorio. Desde ese encuentro se construyen diferentes formas de producción
de saber y significaciones sobre
el mundo de la vida y su cotidianeidad.
Ese saber, también interactúa con
el territorio, retorna: se transmite e inscribe las alteraciones que surgen en
sus trazados, fluye sobre él, lo transforma, lo intensifica, lo desbloquea
y expone. El territorio,
de esta manera puede ser entendido como
una construcción social que se desarrolla a partir de las significaciones y usos que los
sujetos construyen cotidianamente, a
partir de historias comunes, usos y sentidos. Así como sujetos somos seres con
historia, el territorio también la tiene y esa historicidad es construida en forma colectiva.
Allí, desde la historicidad, el territorio se
transforma en un “lugar” delimitado desde lo real, lo imaginario y lo
simbólico. Esa delimitación, marca los bordes que lo encierran en sí mismo, pero, como tales, esas orillas
están en constante movimiento y con una turbulencia que trasciende los bordes y
se entromete en su integridad.
En el territorio es el lugar donde la identidad y la
pertenencia son constituidas como fundamentos de la cohesión social, ya
que éste es habitado por la memoria y la
experiencia. Es posible entender a la identidad social como una serie de
atributos reconocibles en un sujeto y que son acompañados por otros miembros de
su grupo de pertenencia, esa construcción social de la identidad se entrelaza
con lo cultural donde se conjugan una serie de pautas y valores también
compartidos. Es posible también definir lo territorial desde estos aspectos
ampliando de esta manera las alternativas de mirada.
El territorio es también el espacio que acoge, cobija y en cuyo seno
se desarrolla la vida social, la actividad económica, la organización política,
o sea, el presente y el futuro de una
comunidad social.
En él se
inscriben las huellas de cada sociedad. El territorio es en definitiva un
espacio construido desde lo social, concentrando en el una larga serie de interacciones y prácticas sociales. Pero
también puede ser entendido desde una perspectiva de movimiento donde se entra
y se sale de él, es decir que esa implicancia con el movimiento significa
entrar y salir del territorio.
A esa
movilidad G. Deleuze la denomina “des territorialización”… “Por ejemplo, luego
caí en la cuenta de que en Melville se repetía todo el tiempo la palabra
«outlandish», y outlandish –en fin, lo pronuncio mal– significa exactamente el
desterritorializado, palabra por palabra…no hay territorio sin un vector de
salida del territorio, y no hay salida del territorio, desterritorialización,
sin que al mismo tiempo se dé un esfuerzo para reterritorializarse en otro
lugar, en otra cosa”…. Las Cartografías
Sociales nos aproximan a ese juego de entrada y salida, es preciso irse, para
volver a entrar, “re territorializarse”
y reconocer más y nuevas singularidades en cada espacio. De esta manera
las Cartografías Sociales facilitan, esa entrada y esa salida que permite verlo
desde diferentes perspectivas y actores.
2- Cartografías,
Territorio e Intervención en lo Social
El acceso a lo territorial, se presenta como una
necesidad para conocer e intervenir en diferentes procesos sociales. Si el
territorio es también historia, tiene inscripto en si mismo dificultades y
posibilidades de resolución. Las cartografías sociales se presentan como un
instrumento, o metodología que construye el acceso a ese conocimiento, tanto
como a sus posibilidades de transformación.
Las cartografías como dispositivos de
intervención abren nuevos escenarios aportando una mirada diversa y
compleja de lo territorial. Pero, por otra parte, las cartografías también facilitan la construcción de conocimiento colectivo y desde allí,
posibilitan generan acciones que tienen la capacidad de transformar escenarios, lugares y diversos
espacios, incluso institucionales. Como forma de poner en imágenes la
realidad facilita el encuentro de diferentes
lenguajes, saberes, representaciones y deseos colectivos. De este modo como
modalidad de intervención grupal, también se logra dar un carácter mancomunado
a la acción.
La aplicación de las cartografías sociales conjuga,
la palabra, la observación, y la construcción en conjunto a través de las
representaciones de mapas, produciendo
diferentes formas de intercambio y retroalimentación. Dentro de este
dispositivo de intervención es posible construir diferentes y múltiples
transcripciones, interpretaciones y
miradas que proponen y expresan diferentes maneras de comprender y explicar a
con la posibilidad de generar acuerdos y
consensos.
Desde lo metodológico, las cartografías proponen
diferentes lenguajes, lo escrito, la palabra, los gráficos y la posibilidad de
expresar el territorio desde diferentes formas de aproximación, convocan a una
polisemia que facilita los procesos de intervención en la medida que pueda ser
expresada. A partir del lenguaje
gráfico, se muestran otras posibilidades de encuentro, que permiten diferentes
formas de mirada a lo territorial, tanto desde la aproximación como desde la
toma de distancia. En ese cambio de perspectivas acompañado por el relato, la
interpretación y diferentes formas de circulación de la palabra se construye
una nueva forma de conocimiento esencialmente dinámica, constituyéndose de alguna manera una nueva modalidad
discursiva donde se plasma lo escrito y los gráficos puestos dentro de una
escena determinada. Así es posible pensar a las Cartografías Sociales como una
forma de lenguaje. La intervención es lenguaje en la medida que transforma, se inscribe y circula, de allí que las
cartografías se presenten como un nuevo
instrumento de intervención social que escenifica situaciones, describe telones
de fondo y tiene la capacidad de aproximarse a la construcción de mundo de los
actores sociales.
La realidad “posee un entreverado
estilo” que quizás pueda ser dilucidado en su complejidad a través de
formas de conocimiento que no busquen la exactitud objetiva, sino formas de
aproximación subjetiva que puedan dar cuenta de parte de las imágenes y los sueños que nos rodean,
la novela, tal vez, lo resuelve, pero también es posible pensar formas
organizadas de conocimiento de la realidad que construyan relatos surgidos de
la subjetividad de los actores sociales. La confusión que signa los espacios actuales de intervención
requiere de nuevas historias que dialoguen con las viejas, pero que puedan
emerger a través de otras formas de expresión.
Las Cartografías Sociales desde una perspectiva
metodológica se presentan como un
proceso que se lleva adelante a través de diferentes actividades, donde el
tiempo que transcurre está signado por ellas y sus propósitos. Como forma de
mirada singular a la realidad desde diferentes formas de apertura a ésta, las
cartografías tienen la posibilidad de expresar confrontaciones,
contradicciones, consensos y soluciones. Las Cartografías Sociales permiten
diferentes formas de conocimiento de lo territorial. En este aspecto sobresale
la posibilidad de acceder al territorio incorporando elementos fácticos, pero también
subjetivos. Desde esta perspectiva, lo subjetivo implica la acción y la
representación de los actores sociales atravesados por circunstancias
históricas, culturales, económicas y culturales. En definitiva, las
cartografías sociales se involucran con la posibilidad de conferir visibilidad
desde la identidad del territorio, facilitando el acceso a éste desde un
compromiso con su pasado, presente y futuro de los diferentes devenires que
acontecen en una localidad o región.
3-Algunas Cuestiones Metodológicas
Las Cartografías Sociales como instrumento de
intervención se trabajan partiendo de la identificación de categorías,
variables e indicadores con la finalidad de organizar una primera etapa de
la información. Para tal fin, es
relevante definir el sentido de la acción, la intencionalidad de la misma y la
escala de ésta, a nivel barrial, local y
regional. Esta modalidad de intervención es esencialmente grupal. Un grupo, dentro del proceso de
intervención social a través de cartografías puede ser entendido como un
determinado número de personas que tienen como perspectiva alcanzar un objetivo común vinculado con el
conocimiento y la interpretación del territorio, formando parte, durante un período de
tiempo dentro de un proceso de
comunicación e interacción. De este modo
se presenta como necesaria la
construcción de un sistema de pautas comunes junto con una distribución de
tareas. Pero, por otra parte la interacción grupal que se produce a partir de
la aplicación de cartografías sociales es singular genera nuevas modalidades y
visiones, tanto desde lo grupal como
desde lo territorial.
A su vez esa nueva forma de grupalidad comienza
a interactuar con lo territorial. La
posibilidad de entender lo grupal como un proceso que se abre a una serie de perspectivas
imaginarias y reales, teniendo como horizonte la cohesión en el desarrollo de
la tarea y la posibilidad de rever o visualizar lo territorial desde múltiples
miradas que se sintetizan en propuestas de intervención. En otras palabras, la
utilización de dispositivos grupales desde las cartografías sociales tiene dos
formas de registro, por un lado la propia integración del grupo y por otro la
elaboración de estrategias que permitan re significar lo territorial.
Las cartografías pueden ser asociadas a diferentes
formas de reconocimiento, especialmente desde lo visual, pero también desde el
relato. Contar la historia de un barrio y ubicar sus puntos sobresalientes
desde lo territorial permite articular las diferentes formas del relato con lo
percibido, donde las imágenes tienen la posibilidad de cobrar formas mas
relacionadas con las significaciones que les otorgan los propios actores
sociales.
Las narrativas vinculadas con el territorio se sustentan a partir de diferentes elementos
como la naturaleza, el paisaje, los aspectos medioambientales, lo cultural, las
formas de explicación de las circunstancias que lo rodean, los sueños y deseos
y las fronteras que se demarcan desde una articulación singular entre lo
material y lo simbólico. Desde el lenguaje se construye la identidad
territorial, donde es posible reconocer la integración de las continuidades
históricas, el medio físico y los aspectos socioculturales.
Los relatos que surgen de estas formas de contar
historias dentro del contexto de un proceso de intervención con cartografías,
pero esta manera de describir tiene diferentes aspectos donde se conjugan la
palabra y la imagen, en forma de memoria visual.
De este modo,
la memoria visual también articula lo significativo y lo simbólico con el
orden de lo real. También este proceso se relaciona con las posibilidades de
interpretación que surgen de recoger la
memoria visual, lo que permite o, a veces, requiere la complementación con
otros instrumentos y métodos. Así, las cartografías pueden ser complementadas
con representaciones teatrales, murales, fotografías y filmaciones que van
ampliando la disponibilidad de recursos para acceder a lo territorial desde
diferentes lenguajes.
4- Algunas consideraciones finales
El
territorio, como espacio de contención de los escenarios sociales, puede
presentarse en forma heterogénea, con distintas lógicas, diferentes formas de
comprensión y explicación de los problemas sociales desde los propios actores
que lo habitan.
Estas territorialidades son vividas por distintos
grupos sociales en espacios donde la fragmentación vincular y la pérdida de
lazo social, generan e inscriben en las historias sociales, diferentes formas
de padecimiento y elaboración de resistencias subjetivas e inter subjetivas.
Estas diferentes historias amplían desde la práctica
la noción de cuestión social, así, la aproximación a lo subjetivo permite
conocer con mayor profundidad los problemas sociales sobre los que se
interviene. Incorporando de esta forma más instrumentos de análisis y conocimiento.
De ahí que la intervención desde lo territorial se
acerca a la noción de espacios micro-sociales, y también a la de escenario de
intervención. Desde estas, se hace posible comprender y explicar las diferentes
expresiones de la cuestión social abarcando distintos ángulos, perspectivas y
visiones.
Las Cartografías Sociales, se presentan como un
instrumento capaz de dar cuenta de esos procesos, construcciones y
significaciones, no solo desde una visión descriptiva, sino, generando, desde
su propia aplicación diferentes formas de integración y posibilidad de
recuperación del lazo social perdido aún desde de la persistencia del discurso
neoliberal.
Capítulo
5 La intervención del Trabajo Social en
el campo de la Salud Mental. Algunos
interrogantes y perspectivas.
1-La
singularidad de la Intervención en lo
Social
Pensar lo social en términos de intervención implica
la construcción de un punto de encuentro
entre sujeto y cultura donde los aspectos contextuales dialogan, se entrecruzan
y elaboran diferentes tipos de demanda
ligadas a la cuestión social. El Trabajo Social esta allí donde el padecimiento
se expresa en esos encuentros singulares que van mas allá del dato estadístico
o la descripción de problemas vinculados con poblaciones determinadas o
clasificadas. El trabajo Social desde una perspectiva histórico social, se
construye a fines del siglo XIX como campo de conocimiento e intervención en un
contexto de fragmentación de la sociedad, malestar y desigualdad. Surge,
teniendo como mandato fundacional la transformación de los efectos de ésta a
través de diferentes objetivos y metas.
Las demandas actuales en el campo de la salud mental
están atravesadas por una serie de cuestiones que se expresan a través de una
creciente complejidad ligada a las características del clima de época que
franquean nuestras sociedades. Lo social, mirado desde lo singular, fue
incorporando nuevas categorías de análisis orientadas a acrecentar la intervención. Esta puede ser entendida
como un proceso el análisis del contexto y los diferentes escenarios donde
transcurre la vida cotidiana, su devenir
y el impacto en la esfera de lo subjetivo.
Lo social en términos de intervención puede ser
pensado en tres órdenes. Por un lado, la acción interventiva de los trabajadores
sociales se desenvuelve, dialoga y entrelaza con los diferentes dispositivos de
Protección Social. En otras palabras, la intervención del Trabajo Social
incluye en mayor o menor medida una forma de encuentro, diálogo y
transformación a través del sistema de
protección que posee una sociedad. Esto es, instituciones, políticas, planes y
programas que en la singularidad de cada situación tendrán algún tipo de
expresión.
Por otra parte, un segundo orden de los aspectos
intrínsecos del Trabajo Social, se vincula con la intervención en las tramas
sociales que rodean, construyen y se generan desde esa singularidad del sujeto
de intervención. Las tramas sociales, pueden ser entendidas desde una mirada
sociológica, ligadas a la noción de lazo social como elemento de articulación e
integración del sujeto al todo societario.
El lazo social, desde esta perspectiva, construye
subjetividad a través de diferentes modalidades de relaciones, intercambios y
formas de reciprocidad entre los individuos. De esta manera, la intervención en
lo social, transcurre, generando desde lo micro social el encuentro entre
sujeto sociedad y cultura en cada circunstancia singular.
Las décadas de neoliberalismo implicaron una ruptura
de tramas y lazos sociales que anunciaban la muerte de la sociedad y su
eventual reemplazo por el mercado. Esta noción muy en boga en los años noventa
partía de la premisa que “la sociedad no
existe”, solo están los individuos y el
mercado. En este aspecto, la intervención del Trabajo Social se fue orientando
en relación a estas nuevas expresiones de la cuestión social, en ese caso mas
relacionadas con la problemática de la integración de la sociedad como un todo y los diferentes
problemas que surgen desde esa ausencia de totalidad.
A su vez, un tercer orden que termina de delimitar
“lo social” del campo del Trabajo Social, remite a la relación gestada con
mayor intensidad en estas últimas décadas entre la noción de necesidad social y
problema social. El Trabajo Social, en su construcción histórica como
disciplina se funda dentro de un paradigma vinculado con la resolución, a
través de diferentes dispositivos de protección, de las necesidades sociales de
poblaciones clasificadas y predeterminadas. El propio devenir de la disciplina,
sus aportes teóricos además de su participación en cuestiones que van mas allá
de la necesidad, hizo que desde la intervención se actúe también sobre los problemas sociales.
Históricamente, éstos fueron campo de la sociología desde el análisis de su
génesis como las posibilidades de resolución desde lo macro social.
Desde hace varias décadas, el Trabajo Social se
involucra con problemas sociales que pueden contener dentro de ellos mismos
necesidades o no y con necesidades que pueden contener problemas sociales. En
la actualidad es mas el “problema social” el lugar de demanda hacia la
intervención, que la resolución de necesidades. En el campo de la salud mental
estas cuestiones se hacen mas visibles, pero esta construcción de demanda de
intervención en lo social atraviesa campos como, el conflicto con la ley, el
consumo problemático de sustancias, el ausentismo y deserción escolar, las
pericias judiciales, y el carácter material y simbólico de la aplicación de
políticas sociales de diferentes características, justamente a partir de una
nueva serie de relaciones entre problema social y necesidad.
En síntesis, desde el análisis de la práctica
cotidiana del Trabajo Social como disciplina especialmente desde una
perspectiva procesual, éstos tres órdenes están presentes con diferentes
maneras de presentación e importancia de acuerdo a la singularidad del proceso
de intervención en lo social.
2.Los nuevos escenarios de intervención.
Es posible pensar las características de éstos
nuevos escenarios como espacios de tensión y puja donde la caída del relato
neoliberal, acompañada de la
persistencia de algunos de sus rasgos mas sobresalientes, entra en coalición
con un nuevo relato, aún no construido del todo. En esos espacios transcurren
las prácticas inteventivas, mas allá de los campos que se analicen. El
conflicto, es justamente lo que va paulatinamente construyendo esa nueva forma
de presentación de problemas. En otras palabras, el neoliberalismo no fue solo
una corriente económica, sino que actuó como constructor de sentidos y subjetividad,
se entrometió en la vida cotidiana, generó nuevas formas de relación social y
elaboró una forma de comprensión y explicación que aún hoy muestra signos de
persistencia.
Por otra parte, los cambios ocurridos en la última
década en nuestro país y en la región, muestran signos de diferentes intentos
de construcción de alternativas desde
una nueva presencia del Estado en la vida social, que va desde la intervención
en la economía hasta la generación de nuevas políticas sociales y sanitarias
las últimas, ligadas a paradigmas centrados en la defensa de los Derechos
Humanos y la Inclusión Social. Estas cuestiones, pueden ser útiles para revisar
las nociones de Política Social y Política Sanitaria adecuando así los
horizontes de la intervención en lo social a partir de la recuperación del
protagonismo de éstas por fuera de la lógica del mercado.
La aplicación de la noción de campo para analizar el
contexto de intervención en salud mental puede ser tomada desde Pierre Bordieu
[1] implica entenderlo como un espacio donde confluyen una serie de
interacciones. Éstas pueden ser de diferente orden como ; conflicto,
colaboración o alianza. De esta manera, el sector salud, como campo presenta
también estas características, que llevadas a los espacios institucionales
pueden ser entendidos como “escenarios de intervención” [2], en ellos se
expresan una serie de tensiones que concuerdan con la idea de campo antes
mencionada pero también interpelan a la Intervención en lo social desde
diferentes aspectos como; los disímiles papeles de los actores sociales; los
componentes escénicos (en tanto el carácter simbólico de las instituciones, sus
espacios, distribuciones y actores sociales); la historicidad de la trama donde
se desenvuelven los problemas sociales y su integración con lo económico,
social y político.
3 Salud y enfermedad como proceso histórico social
Desde esta perspectiva, comprender la salud y la
enfermedad como proceso, implica aceptar que este se constituye como expresión
de una serie de tramas complejas que dialogan con diferentes
formas de devenir tanto en
lo político, económico, demográfico,
sociocultural y medioambiental.[3] Básicamente la salud y la enfermedad pueden ser entendidas
como un proceso histórico y social, esencialmente dinámico, donde, en el caso
de nuestro país, las Políticas Sociales comienzan a ocupar nuevos espacios,
ligados y aprendiendo en algunos casos de luchas colectivas, diferentes
expresiones de movimientos sociales y formas de resistencia.
Si se acepta que el lugar de construcción del
proceso salud-enfermedad es la vida cotidiana condicionada por componentes del
contexto, es posible pensar que desde allí se le asignan diferentes sentidos a
éste y es en ese lugar donde se expresan las implicancias, tal vez más
relevantes, de la intervención en lo social a partir de su interpelación entre
lo macro social y la singularidad de lo micro.
La enfermedad, de esta manera, desde hace mucho
tiempo no es considerada como un mero producto de diferentes desajustes o
alteraciones unicausales, sino, que se vincula con una serie de circunstancias
que exceden el abordaje de una sola mirada, o la sumatoria de estudios de
fenómenos comprensivo explicativos constituidos dentro de tramas sociales
estables.
La enfermedad articula lo social y lo singular desde
el padecimiento, su impacto subjetivo y también construye sus inscripciones en
los que rodean a quien la padece.
Los escenarios actuales de la Intervención Social se
constituyen dentro de contextos signados por una serie de temáticas que surgen
de manera turbulenta donde se suma la aparición de nuevos problemas y la
emergencia de situaciones conocidas que se manifiestan de forma diferenciada
por los cambios de época, la influencia del terrorismo de mercado que se
ejerció en el apogeo del neoliberalismo y las nuevas perspectivas de
reaparición del Estado.
Estas cuestiones muestran algunos aspectos diferenciales con los elementos fundacionales
de la intervención dentro de este campo, especialmente las que se ligan con el
surgimiento de los Estados Nación y el Higienismo.
En efecto, el siglo XIX y los primeros años del
siglo XX estuvieron signados por una serie de
enfermedades de características sobresalientes y relevantes que en
determinados momentos históricos fueron entendidas como enfermedades de época,
por ejemplo; la tuberculosis, las venéreas o el cáncer.
En los últimos treinta años las enfermedades
comienzan a superponerse. Depresión, Alzheimer, trastornos de la alimentación,
SIDA, psicosis, déficit de atención, entre otras, dan una serie de señales
confusas a los discursos sociales y médicos acerca de la salud a partir de su
complejidad y singularidad “…el que
prácticamente todas las enfermedades legadas vuelvan a estar presentes al mismo
tiempo se convierte en una paradójica característica de la postmodernidad: la
psicosis religiosa y la gran epidemia, las “pestes de la lujuria” (sífilis,
sida) y los síntomas degenerativos, las fantasías de envenenamiento del agua
con ántrax, la demencia y la hiperactividad, la gula y el hiperascetismo, la peste,
el cólera, la tuberculosis y el corazón partido, el escuchar voces y el
tinnitus…”[4]
4 La emergencia de un sujeto “inesperado” en las
instituciones de salud
De este modo, la enfermedad como problemática social
compleja, dialoga con la vulneración de derechos, la incertidumbre, el
padecimiento subjetivo, elaborándose así
nuevas formas de comprender y explicar los fenómenos asociados o ligados a lo
mórbido, a las diferentes maneras de construcción de la solidaridad en tramas
heterogéneas, y muchas veces dentro de un estallido de los dispositivos de
asistencia que por diferentes razones muestran dificultades para abordar las
nuevas demandas dentro del sector.
Así, el sujeto que se presenta en los servicios
asistenciales de salud, se constituye como “inesperado”. Un sujeto que las
instituciones, a veces no pueden comprender a partir de su constitución desde
complejas circunstancias y climas de época. La respuesta institucional en
muchos casos pasa del azoramiento, al rechazo, producto posiblemente de la
extrañeza y el temor que causa lo diferente.
Desde esta nueva complejidad de la cuestión social
se construyen interrogantes que interpelan a las formas típicas de
intervención. Estas nuevas cuestiones se encuadran dentro de las Problemáticas
Sociales Complejas[5]
La intervención en lo social dentro del campo de la
salud mental en las últimas décadas, se vio signada por una serie de
cuestiones. Las que , en tanto interrogantes, implican en la actualidad la
posibilidad de nuevas perspectivas de análisis como así también de la
comprensión y explicación de la salud mental
como continente de un proceso complejo y cambiante.
Esta serie de temas se presentan como una
posibilidad de generación de nuevas miradas y perspectivas, especialmente a
partir de la ruptura y de los paradigmas anátomo clínico y anátomo patológicos, lo que permitiría
constituir nuevas formas de encuentro entre diferentes disciplinas y saberes.
5 La persistencia del relato neoliberal y las
inscripciones en el cuerpo
La aparición de estas nuevas problemáticas, implica
la existencia de nuevas formas de registro e inscripción, tanto a nivel
objetivo como subjetivo. El cuerpo deja de cumplir con el mandato cartesiano de
la separación entre este y la mente que desde los inicios de la historia de
occidente, fue nominada de diferentes maneras. Esta dualidad se ratifica en la
modernidad donde esa escisión se expresa en el ideal ilustrado, tan bien
representado en los anfiteatros anatómicos del siglo XVII, como una verdadera
muestra de la capacidad de objetivación de lo otro.
De este modo,
se “es” el cuerpo, en escenarios de desencanto y exclusión, con la
complejidad que marcan los posibles cambios en éstos, la incertidumbre y el
temor a seguir en la exclusión o volver a caer en ella que deja como señales el
neo liberalismo también produce otras formas de tensión entre el relato que
finaliza y el que se está construyendo. Las marcas del padecimiento todavía
permanecen en el cuerpo, a través de diferentes grafías, que van desde
determinados tipo de tatuajes hasta la
deformidad inaceptable y vergonzante de la desnutrición.
Estas escenas, muchas veces contradictorias, dado
que pueden contener lo viejo y lo nuevo, se desarrollan en contextos donde la
fragmentación de la sociedad atraviesa instituciones, vínculos, vida cotidiana
y se escribe en la filigrana de los cuerpos. La fragmentación social, el no
pertenecer, la separación incluso de uno mismo es una de las características de
los padecimientos actuales. Es decir, la fragmentación atraviesa a los propios
individuos, produciendo nuevas formas de escisión, mucho más complejas que las
construidas por la modernidad. Pareciera que cada parte fragmentada de los
cuerpos escindidos no se reconoce con la otra, se objetiva a sí misma y se
observa con asombro y temor. La imagen terrorífica de no reconocerse frente al
espejo, de también ver un extraño allí, luego de las cirugías estéticas, las
marcas del dolor o el cuerpo de la anorexia se presentan como nuevos
interrogantes y padecimientos que van mas allá de la clasificación de las
enfermedades mentales. De la misma manera que el otro se convirtió lentamente
en un extraño en sociedades fuertemente competitivas, pareciera que ese “otro”
también es uno mismo, desde conductas y lógicas fragmentadas que atraviesan el
propio cuerpo y la subjetividad. Cuerpos disociados, como en las historias del
Golem[6] donde la separación del yo construye nuevas lógicas o muestra seres
incompletos. El otro, en tanto, se presenta marcado por una sensación de lo
ajeno que lo transforma en un objeto, casi inanimado, como un obstáculo o
facilitador de las certezas de permanecer dentro de la lógica del mercado o el
terror a dejar de pertenecer a sociedades expulsivas. El temor a no caber
dentro de la sociedad, es un fantasma que surcó en forma objetiva y subjetiva a
todos los sectores sociales, donde, era posible encontrar diferentes
inscripciones del mismo problema: la
posibilidad de pertenecer, formar parte de un todo. De allí lo significativo de
la noción de inclusión social, tal vez por encima de la de reinserción, dado
que los años de la desigualdad marcaron formas nuevas de ésta donde conviven lo
material y lo simbólico, pero especialmente la generación de sociedades
expulsivas que en muchos casos se jactaban de esas características, prometiendo
la resolución a través de la lógica economicista del “derrame”. La pérdida de
los mecanismos de sostén y solidaridad que se produjeron por estas cuestiones
se inscribieron de diferentes maneras, tanto en la esfera de lo corporal como
en la memoria, en la biografía personal constituyéndose así nuevas narrativas
del dolor.
6 El trayecto de lo colectivo en territorios de
individuación. Las instituciones y una nueva forma de la biopolítica.
Por otro lado, la caída y el reciente retorno, aún
parcial, de los ideales ligados a intereses colectivos compone otro novedoso
telón de fondo dentro de los escenarios actuales de intervención construyendo
mas formas de la complejidad a partir de la
convivencia dentro de esa contradicción. Pero también la posibilidad
que; las prácticas, la política social, la intervención construyan formas de
recuperación, de retorno a lo societario como un todo que se va redefiniendo.
La pobreza se transformó así en una forma de estigmatización, una especie de
justificación a veces aceptada por el propio sujeto sufriente como una forma
“natural” de no caber de no ser aceptado dentro de grupos sociales que se
construyen a través de ideales de éxito ligados a las reglas del mercado. Esa
estigmatización se transformó en captura o exilio desde las lógicas
institucionales.
En términos
de Foucault se habría producido un nuevo nacimiento de la biopolítica, donde la
vida y lo viviente forman parte de las luchas políticas, repitiendo los
acontecimientos que marcaron los orígenes de la modernidad , cuando desde una
particular forma de apropiación de los
cuerpos se construyeron las estrategias económicas que dieron origen al
capitalismo. La usurpación de los cuerpos constituía lentamente la apropiación
del mundo por parte de la voracidad moderna occidental. Pero, esta forma de la
biopolítica plantea otros criterios de selección de poblaciones, así, hay
apropiación y desecho de cuerpos en nuestras instituciones de salud mental. Se
descarta lo que no es “interesante” o aquello que no puede ser comprendido. Se
expulsan cuerpos que generan temor y rechazo, tal vez mas por la proximidad que
por la imagen de lo ajeno que presentan.
En la modernidad naciente los dispositivos de saber
comenzaban a ver la necesidad de a tener en cuenta la posibilidad de “controlar
los procesos de la vida”. Hoy el control de éstos, se vincula con una
incautación desesperada por parte del capital de los recursos naturales del
planeta, arrasando culturas, singularidades, destruyendo el medio ambiente,
transformando lo diferente en desigual, produciendo una selección “antinatural”
de los cuerpos que aún quedan en ese estrecho espacio signado por la lógica del
neoliberalismo.
Los cuerpos, de este modo se siguen auto -
disciplinando, saliendo de la lógica de las sociedades de control. Construyendo
desde allí nuevas formas de vigilancia, registro e inspección, introspectivas,
ordenadoras de lo cotidiano con mayor eficacia que el capataz o el preceptor.
Pero, por otro lado, lo colectivo vuelve, a veces como respuesta o resistencia
a esos procesos, otras buscando canales de expresión desde la política
introduciéndose a la fuerza en esta, construyendo nuevas formas de relación,
impensadas en la lógica de las democracias de mercado que nacieron luego de la
“caída del muro de Berlín”. Esas nueva formas de la economía; que van desde el
patentamiento de los genes, hasta el desarrollo de “máquinas inteligentes” construyen nuevos trazados por donde se
producirá el deslizamiento de los biopoderes, generándose así una cartografía
que intenta cimentarse en términos de la lógica del costo beneficio y desde
allí se elaborar nuevas estrategias de apropiación de la vida y de algunos
cuerpos pero, también desechando otros. Estas circunstancias fueron
silenciosamente y ahora en forma explícita, construyendo nuevas formas de
subjetivación y también de resistencia, creando nuevos procesos políticos que
disputan desde múltiples terrenos de conflicto esta aplicación del poder.
Desde esta perspectiva, la intervención en lo social
dialoga estrechamente con estas formas de conflicto que se expresan en los
nuevos escenarios de intervención, en las diferentes formas de tensión entre poder y resistencia en los
espacios microsociales.
7-Las narrativas de la enfermedad y la Intervención
en lo Social.
Las enfermedades son narradas, contadas desde
diferentes formas de relato . Las narrativas de la enfermedad, desde la
intervención del Trabajo Social en Salud Mental, construyen la escucha la
mirada y el registro . Desde allí se
vinculan con las diferentes formas de intervención . Estas cuestiones pueden
ser sistematizadas desde la noción de “Modelos de Intervención en Salud”. Como
vía de entrada, la noción de Modelo de Intervención, permite sistematizar y
ordenar las prácticas desde diferentes aspectos. La idea de sujeto de
intervención que se utiliza, el marco teórico que la sostiene, y la
intervención típica que se produce como producto de la relación entre lo
conceptual, la noción de sujeto y el contexto, da cuenta de una serie de
posibilidades de análisis de la Intervención en lo social y también a sus
peripecias de orientación y dirección.
Dentro de esas diferentes modalidades de
intervención, la escucha, forma parte de todo el proceso del quehacer en la
práctica diaria. Las narrativas en el proceso de intervención en salud, pueden
revelar una serie de cuestiones posibles de enumerar. Por un lado, la
existencia de un narrador genera una forma determinada de escucha. Es decir, la
narración puede ser condicionada, atravesada y constituida desde el narrador,
pero también desde el lugar de la escucha desde lo social. Este tipo de
narración va dirigida a un otro, del cual se tiene una construcción simbólica
definida. No son iguales las narraciones de la enfermedad en todas las
disciplinas que intervienen en ese campo (médicos, psicólogos, enfermeros,
trabajadores sociales), pero también, esta narrativa dentro de cada campo está
condicionada por el modelo de intervención que se utilice.
Las narrativas de la enfermedad, dan cuenta del marco comprensivo- explicativo de la vida
íntima, de la cultura, de la explicación de lo mórbido desde quien narra. En definitiva, lo que se escucha desde el
lugar de la intervención en lo social, está ligado a la experiencia singular
del sujeto de intervención mediatizada por sus aspectos histórico-sociales, por
la cultura, las representaciones sociales, la construcción de significados
dentro de una secuencia cronológica ligada a la concepción del la enfermedad de
quien está relatando. Desde el relato de la enfermedad, se ratifica el lugar de
proceso histórico social de la salud. La narración le confiere un papel a la
enfermedad, puede ser este principal o no. Pero, un papel al fin, un nuevo
atributo que puede ser leído y comprendido desde la intervención social. A su
vez, la narrativa le da entidad sociocultural a la enfermedad, la nombra, es
denominada desde un determinado lugar signado por la experiencia personal, la
cultura y el contexto.
En diferentes estudios que se llevaron adelante con
portadores de VIH, por ejemplo, el lugar del relato de la enfermedad se marca
desde una serie de saberes acumulados, perspectivas diferentes y visiones
acerca de uno mismo, que son fuertemente singulares.
En otras palabras, la narrativa de la enfermedad se
constituye como una forma de acceso al mundo de ese otro sobre el que se ejerce
la intervención social en la práctica cotidiana. De allí, la importancia de
ésta como vía de entrada al conocimiento profundo del proceso salud enfermedad.
A su vez, el desarrollo de la narración, de contar
lo que le está ocurriendo, le permite a ese otro desplegar la serie de los recursos culturales que tiene utilizables en
su medio, construyendo de este modo un sentido a la experiencia.
La construcción de la narrativa, también, le da
sentido al sufrimiento, lo introduce en un contexto propio, subjetivo, que se
entrelaza con la cultura. Pero, asimismo, desde esa construcción de sentido, la
narrativa explica el padecimiento, lo integra al mundo de lo cotidiano. La
naturalización del dolor y sus causas, implican una serie de nuevas
interpelaciones a la práctica del Trabajo Social y a las disciplinas que
intervienen en el campo de la salud. El hacer ver esa naturalización del
sufrimiento, se entrelaza de manera sugestiva como camino de la restitución de
derechos sociales.
Otro punto de arranque dentro de este tema lo
constituye el concepto de “ruptura biográfica”, utilizado por diferentes
autores. Es posible reconocer, a veces, la ruptura biográfica desde la
inscripción de la misma en el cuerpo, tatuarse nombres de personas vivas o
muertas, dan cuenta de la inscripción de una serie de signos que relatan la
historia de vida desde otro lado, pero, esa lectura aporta al conocimiento de
esa persona como sujeto histórico social. A veces el tatuaje cumple con la
función de restaurar la ruptura biográfica que produce una enfermedad, una
pérdida, un acontecimiento en la historia social, a la cual se está tratando
acceder. El relato, también se puede
vincular con la noción de “Carrera Moral” de Erving Goffman, donde,
según este autor la mirada a la trayectoria como “carrera” implica un avance
hacia los aspectos subjetivos, íntimos, relacionados con la imagen del “yo” y
el sentimiento de identidad.[7] También, el dolor, como señal desde el cuerpo
se ve condicionado por una serie de implicancias sociales. El cuerpo narra de diferentes maneras, en
principio, a través de la construcción de un sentido común acerca de la
enfermedad que se construye de modo intersubjetivo que es posible vincular con algunas
características generales de determinados grupos sociales. En la medida que la
enfermedad se hace compleja o que los síntomas se agudizan, la posibilidad de
interrumpir la vida cotidiana debido a estas cuestiones, genera una serie de
alteraciones “imprevistas”, tanto en el sujeto como en el grupo social que lo
rodea. En definitiva una ruptura en la vida cotidiana, que puede continuar como
quiebra en la biografía de ese sujeto,
así la enfermedad aparece como un conflicto no del todo inesperado, pero si con
una recorrida de naturalización
progresiva del mismo. El cuerpo se hace visible. De ser dócil, pasa a
una visibilidad que se expresa en el dolor, el cuerpo deja de ser silenciado,
se transforma en una materialidad que se entrelaza con la mente al ser
cuestionada su invisibilidad.[8] En los escenarios actuales, el cuerpo y la
mente se entrelazan en el padecimiento, en la dificultad de reprimir las
señales de este construidas desde la desigualdad. De allí que, se “sea el
cuerpo”.
8-Las Políticas de Salud Mental, la Inclusión Social
y la Intervención del Trabajo Social
Los cambios ocurridos en las últimas décadas, se
inscriben, dando forma a la memoria colectiva de nuestras sociedades. En el
proceso de Intervención en lo social es posible pensar la dirección de ésta y
la lectura de la demanda hacia la posibilidad de captar el significado de la
acción para, desde allí encontrar vías de acceso al otro, en tanto sujeto
histórico social. Articulando de esta manera, los tres órdenes (protección,
lazo social, problema social/necesidad) mencionados más arriba. La complejidad
de las Problemáticas Sociales actuales marcan la necesidad de acceder al mundo
de ese “otro”, como lo interpreta, como lo comprende y lo explica, en fin como
se vincula con la imputación de sentidos haciendo énfasis en sus aspectos
socioculturales. En la intervención en lo social, el conocimiento de las causas
no se presenta como un fin sino un medio
ya que facilita el acceso del conocimiento al sentido de la acción.[9]
La fragmentación social, la incertidumbre, las desigualdades
sociales, no sólo se expresan como factores causales de los problemas de salud
sino que forman parte de éstos, se registran en la historia social de cada
sujeto, en forma singular, construyéndose de esta manera una serie de nuevas
cuestiones que necesariamente dialogan con la intervención en lo social, las
políticas sociales y las tramas socioculturales. Por ejemplo la lenta caída de
las formas típicas de promoción social, junto con el desmantelamiento del
Estado Social, generó nuevos escenarios cargados de padecimiento que se
transformaron en demandas a veces dirigidas hacia el sector salud, pero que dan
cuenta de la transversalidad de los problemas que se abordan en éste. La
intervención en lo social dentro del sector salud es interpelada desde más
espacios de demanda y dialoga con las posibilidades de inclusión social, en la
medida que las acciones que surjan de esta tengan en cuenta lo universal del
problema, pero también lo heterogéneo y singular.
Estas cuestiones se relacionan con el perfil
conceptual de las Políticas Sociales como Políticas de Salud. La Política
Social va más allá de los planteos técnicos se debe orientar hacia un proyecto
de inclusión social, de “reinscripción” social, que haga eje en la singularidad
de cada sujeto, especialmente teniendo en cuenta la heterogeneidad de la
pobreza y de la expresión del proceso salud- enfermedad. En la actualidad, las
Políticas Sociales Argentinas, al incorporar una perspectiva de Derechos
Humanos y tender hacia una lógica de cobertura de tipo universal pueden
favorecer procesos de inclusión social. En el caso de nuestro país, la
Asignación Universal Por Hijo, la Ley de Medios, la Ley de Matrimonio
Igualitario y la Ley de Salud Mental, se inscriben en un nuevo paradigma
relacionado con nuevos derechos y especialmente con los Derechos Humanos. Su
factibilidad se centra en la existencia de un estado presente, que da cuenta de
la construcción de una nueva centralidad desde éste en un proceso de
reconstrucción de la sociedad. Desde esta perspectiva las Políticas de Salud
como políticas de Inclusión Social, implican la necesidad de tener en cuenta
que son muy complejos los abordajes homogéneos y que la heterogeneidad,
requiere de una serie de miradas estratégicas que se interrelacionan con la
intervención en lo social. De esta manera, las Políticas de Inclusión como
Políticas de Salud, pueden proponerse horizontes reparadores, estratégicos y
fundamentalmente integradores. Así, la Política de Salud, se construye desde
una lógica de reconstrucción de certezas, de recuperación de derechos sociales.
En definitiva, lo social de la intervención se aproxima estrechamente a la
problemática de la integración, a la búsqueda y recomposición del lazo social
perdido.
La intervención en lo social en tanto aplicación de
la Política de Salud como Política Social, puede ser entendida como una
oportunidad que entrelaza; la Protección, el Lazo Social y los Problemas
sociales, si es vinculada con una
estrategia de recuperación de la historia, de lo colectivo, en sociedades
fragmentadas, desde miradas singulares, desde donde surgen nuevos derechos a
partir de nuevas necesidades. En este aspecto, la Intervención del Trabajo
Social y de las demás disciplinas del campo de la salud tienen la oportunidad
de alejarse del lugar de lo normativo, para aproximarse al de los derechos. La
Intervención en lo Social como derecho, se vincula con el crecimiento y nuevo
perfil de demanda a esta disciplina. En definitiva una manera de concebirla
donde se ligan el derecho a ser asistido, a recibir algo más que una prestación
o un subsidio, el derecho a ser escuchado, a la valoración de la palabra, en
definitiva; a ser “visible”. En el campo de la salud mental, ante la
complejidad de las problemáticas y los escenarios de intervención es quizás
donde este derecho se expresa con mayor claridad. Allí, donde hay algo más que
un cuerpo enfermo, un número de cama, un caso psiquiátrico, hay un sujeto que
demanda ser escuchado en clave social. De este modo, la lógica de la inclusión
social se relaciona en forma intensa con la Salud Mental.
El orden psiquiátrico surge como una forma de
exclusión de la diferencia y de captura de ésta para ser rehabilitada, es posible pensar las
construcciones discursivas en el contexto del Iluminismo tardío en la perspectiva
de una búsqueda de moldeamiento de lo diferente, pero ratificándolo en el lugar
de la exclusión. Los aspectos fundacionales de lo que hoy se denomina Salud
Mental, se ligan con esos procesos, donde, lo salvaje y lo bárbaro, debían ser encauzados dentro de
la modernidad. El papel de América en ese contexto, como el lugar de lo
maravilloso y aterrador de inspiró esa
“necesidad” de captura de lo diferente para ser reencauzado, pero siempre
ratificado en el lugar de la exclusión social y cultural. Dado que esa otredad
generaba espanto y temor a los ojos del pensamiento Ilustrado. Pensar la
relación sociedad, cultura y locura desde una perspectiva americana, puede ser
útil para comprender con mayor amplitud la construcción de los discursos,
mecanismos y procesos de exclusión social. La locura también sirvió para
estigmatizar lo diferente; desde las prácticas religiosas de nuestros pueblos
originarios, la cotidianeidad y resistencia cultural de éstos junto con los
esclavos provenientes del África fue en principio perseguida desde la
Inquisición, pero como complemento de ésta, la medicalización y
psiquiatrización conformaron un nuevo espacio discursivo donde el castigo y la reclusión se orientaron a
otras formas de la diferencia en disparidad con las europeas.
9-Las cartografías del dolor algunos instrumentos para pensar la Salud
Mental Comunitaria y la Institución como
Territorio.
La intervención en lo social tiene un ámbito
espacial que va siendo definido según la singularidad de cada circunstancia,
problema, demanda desde donde esta se construye. Ese espacio, lugar en que la
intervención se desarrolla toma la forma de “escenario”. Los escenarios
institucionales de intervención, pueden ser entendidos como territorio. Los
escenarios de la intervención en lo social se hallan dentro de diferentes
territorios [10] que los contienen y son atravesados por disímiles formas de
inscripción de los problemas sociales. Es en el territorio donde se construye
la identidad y la pertenencia como forma de cohesión social. Pero, también
muestra la carga simbólica de la zona como lugar de ejercicio de poder. Desde
este aspecto surge la noción de territorialidad, como la de un espacio
apropiado por un grupo social específico. El territorio se asocia a la idea de
lugar como una construcción elaborada desde reciprocidades e intercambios, en
definitiva desde lo relacional. Por otra parte, es en el territorio donde se
construye la identidad, desde su constitución como un universo de valores que
un sujeto comparte e intercambia con su comunidad de pertenencia. Las
inscripciones, en tanto marcas objetivas y subjetivas de éstos pueden ser
analizadas desde diferentes expresiones de las “cartografías sociales”. Las
cartografías de la enfermedad posibilitan delinear caminos que faciliten la
comprensión y la explicación de la enfermedad desde la alteridad. Permite
acceded a otras perspectivas del dolor, del cuidado del otro, de la diversidad
cultural.
Desde el proceso de intervención se construyen
diferentes diálogos entre; cartografías, escenario, y territorio. Estos
intercambios derivan en formas diversas de producción de subjetividades. La
subjetividad, desde esta perspectiva, se construye y de-construye en un
movimiento que se expresa en el propio devenir de la cultura, de la cotidianeidad,
de una compleja trama móvil de significaciones, sellada, en muchos casos por la
noción de problema social, que en definitiva convoca a la intervención. Ese
movimiento, como proceso, es un observable en la relación entre territorio y
escenario, tanto desde la vida cotidiana, como en las narraciones que se
generan en los espacios de la intervención, y en las diferentes formas de
expresión que los actores sociales poseen dentro de canales formales e
informales.
Por otra parte, la Intervención en lo social, al ser
ella misma productora de subjetividad aporta construcciones discursivas, formas
de comprender y explicar desde una direccionalidad definida y organizada. Es
decir; designa, nombra, califica y de hecho le da una forma definida a las
cuestiones sobre las cuales actúa. Dentro de un “orden”, una lógica, precisada,
que se va construyendo a través de diferentes formas de relación con: el otro,
el contexto, el escenario, el territorio y las cartografías sociales. Esta
dirección, este orden, serán diferentes, según los marcos teórico conceptuales
que se utilicen, los postulados ideológicos y las influencias de la época de
quien interviene.
La noción de cartografía, también dentro del sector
salud, permite mostrar los diferentes recorridos temáticos o argumentales que
atraviesan los territorios de la intervención. Entendiéndolos como continentes
de los distintos escenarios de la misma. Por ejemplo, es posible trazar una
cartografía del “conflicto con la ley” como demanda de intervención en diversos
aspectos como; el análisis de sus formas iniciáticas, rituales, procesos de
estigmatización, inscripciones en el cuerpo, marcas institucionales,
experiencias, pedidos de ayuda, vulneración de derechos y conformación de
códigos. Otro ejemplo de la aplicación de esta noción es en el campo de la
drogadicción…“El trazado de una cartografía del consumo de sustancias: inicio,
ritos de consumo, desencadenante de pedidos de asistencia, experiencias de
tratamiento, etc.”[11]En definitiva, la cartografía social desde esta perspectiva,
da cuenta de una posibilidad de acceso que va desde la producción de
subjetividad dentro de un territorio definido, permitiendo acceder hasta la
expresión singular de ésta en el escenario de la intervención.
También la cartografía, es la representación de un
mapa de los elementos imaginarios y simbólicos de la ciudad. Un mapa en
definitiva orientado a las áreas temáticas que se construyen desde la demanda
hacia la intervención. Ese mapa se escribe en un territorio. El territorio,
especialmente a partir de la Modernidad, es la ciudad, lo que ella representa,
lo que la constituye desde su construcción imaginaria, sus paisajes,
construcciones, los usos sociales de éstos y el contenido simbólico de sus
instituciones. El territorio es en definitiva el espacio habitado, donde la
historia dialoga con el presente y permite a partir de reminiscencias de ésta
también construir una idea de futuro o incertidumbre. Allí el territorio se
transforma en un “lugar” delimitado desde lo real, lo imaginario y lo simbólico.
Esa delimitación, marca los bordes que encierran al territorio en sí mismo,
pero, como tales, esas orillas están en constante movimiento y se construyen
dentro del territorio mismo. Los límites del territorio, tienen un importante
componente subjetivo ya que, son en definitiva, inscripciones de la cultura, la
historia y se entrelazan estrechamente con la biografía de cada habitante de la
ciudad. Allí, en los límites, es donde comienza a construirse la relación entre
territorio e identidad en la esfera de cada sujeto. En el campo de la
intervención, conviven dos formas de definir y delimitar los territorios, la
primera se expresa en mapas oficiales, catastros, áreas programáticas,
nomenclaturas. La segunda forma de construcción del territorio y sus márgenes
es desde las propias simbolizaciones de sus habitantes. El territorio y el
escenario de intervención son definidos en parte desde la palabra, desde lo
discursivo, desde la nominación que ese “otro” hace del lugar y sus
componentes. En esa definición también se introduce el paisaje y sus
significaciones como elementos extra-discursivos. De este modo, la mirada,
junto con la palabra, ratifican la pertenencia promueven asociaciones y formas
del lenguaje donde el territorio “habla” para convertirse en texto.
En otras palabras, la ciudad, el barrio, la
“cuadra”, las instituciones en tanto territorios, se constituyen como una
compleja trama simbólica en permanente movimiento y construcción de
subjetividad. La ciudad, al igual que el barrio como escenario, son textos a
ser leídos, escrituras, que hablan de las construcciones simbólicas de quienes
los habitan, de cómo se construye el sentido de la vida cotidiana, desde la
cimentación de significados, hasta la resolución de problemas prácticos. La
Intervención en lo social puede dar cuenta de esas cuestiones desde diferentes
ángulos. En el desarrollo de entrevistas domiciliarias, las viviendas se
comportan como textos a ser leídos y develados, “hablan” de las características
de sus habitantes, de cómo construyen y confieren sentido a su cotidianeidad.
El lugar simbólico, que ocupa cada habitante de la vivienda se expresa en ese
discurso que se muestra en un lenguaje propio y singular.
De la misma manera, el barrio, donde se ubica esa
vivienda exhibe su propio carácter discursivo a través de las construcciones,
las características de las casas, la fisonomía de las calles. Una institución
barrial, puede desde su arquitectura hablar acerca de su historia, de las
particulares de ella, hasta incluso de las formas de organización que la
construyen. El Hospital, por ejemplo, está atravesado por una serie de marcas,
inscripciones y señales que hablan del poder, de la hegemonía de los discursos,
de la delimitación de lugares.
La intervención en lo social, en tanto proceso de
análisis implica la acción sobre las marcas objetivas y subjetivas que produce
la institucionalización. Estas diferentes tramas simbólicas no son estáticas,
están en movimiento, a veces este se torna expansivo, otras en procesos de
retracción. Los escenarios, también cambian sus significados a partir de los
acontecimientos que los atraviesan. Lo empírico y las representaciones sociales
al encontrarse en el lugar de intervención en lo social, generan una serie de
intersticios donde a veces el orden empírico influye sobre el imaginario o
viceversa. De este modo se crean espacios, grietas de significación que pueden
ser comprendidos y explicados. Aportando de esa forma más elementos de análisis
al proceso de la intervención en lo social. El territorio, como espacio de
contención de los intensamente cambiantes escenarios sociales, puede
presentarse en forma heterogénea, con distintas lógicas, diferentes formas de
comprensión y explicación de los problemas sociales. Escenarios, al fin,
habitados por disímiles grupos sociales en espacios donde la fragmentación
vincular y la pérdida de lazo social, generan e inscriben en las historias
sociales, diferentes formas de padecimiento.
10 Salud, Política Social e Intervención.
Es posible pensar que en la actualidad, surgen una
serie de nuevas perspectivas de intervención social en el campo de la salud. En
principio, sobresale la importancia de construir nuevos diálogos entre las
diferentes disciplinas y formas de intervenir de cada una de ellas, en relación
a la complejidad del contexto. Estas cuestiones, llevan a la posibilidad de
pensar la intervención en lo social como dispositivo es decir como una trama de
relaciones que se pueden establecer entre diversos componentes, en una misma
línea de articulación y diálogo entre diferentes puntos problemáticos. Por otro
lado al entender a la intervención como un espacio intersubjetivo es posible
acceder a los acontecimientos actuales y revisar diferentes cuestiones de orden
Político e Institucional, estas van desde la conformación de las Políticas y
las Instituciones, hasta la discusión de las nociones de tiempo y espacio que
proponen. A su vez dentro de las modalidades de intervención, pareciera que la
demanda apunta a construir a las prestaciones según las necesidades y las problemáticas
sociales singulares y no desde perspectivas fijas u homogéneas. Estas
cuestiones facilitan el diálogo entre los distintos sectores en el campo de la
salud, cambiando la lógica de la disociación por sectores cambiándolos por los
abordajes de orden transversal.
A su vez, en el caso de la Argentina, la fuerte
presencia de Políticas Sociales ligadas a la Inclusión Social, se presenta como
una nueva perspectiva donde el Estado comienza a reaparecer como garante de
Derechos Sociales y Humanos. Esta nueva centralidad de lo Estatal implica una
serie de interrogantes, esencialmente ligados con las modalidades de
intervención vinculadas a los efectos de casi cuarenta años de tránsito hacia
la fractura social, la perceptiva de inscripción y preinscripción social y el
diseño de dispositivos de orden transversal que den sentido a las políticas
sociales. Estas nuevas cuestiones, seguramente también se presentarán como tema
de agenda en la medida que la recuperación de los mecanismos de integración
social construyan nuevos formatos de sociedad. En el campo de la salud, la
accesibilidad se presenta como obstáculo y posibilidad de retomar tradiciones
que entienden a la salud como proceso histórico social. En este aspecto el
neoliberalismo, recortó el acceso al sistema de salud a partir de imponerle una
lógica de mercado que no solamente marcó la relación de los usuarios con el
sistema, sino que desde una significativa mercantilización se entrometió en las
prácticas del equipo de salud generando nuevas formas de desigualdad ligadas a
la noción de medicamento como mercancía y objeto de consumo. Los criterios de
productividad y rendimiento observaron
con desconfianza a lo social,
especialmente como posible campo de conflicto, desde ese temor construyeron una
lógica donde lo médico se transforma en hegemónico, quedando los médicos
atrapados dentro de la lógica costo beneficio, que redundó en una significativa
deslegitimación de sus prácticas y de todo el sistema de salud.
Todas estas cuestiones llevan a definir a la intervención
en lo social desde la reflexión ética, es decir revisar desde donde y para que
se interviene.
La intervención se presenta de esta manera como un
lugar de construcción de nuevas preguntas, de agenda pública, pero
especialmente como lugar de encuentro entre lo macro y lo micro.
En definitiva pensar a la Intervención como nuevo
lugar para la palabra, dentro de un proceso de análisis que inevitablemente se
desliza hacia la construcción de acontecimiento que actúa como analizador donde
lo social y lo cultural develan su dimensión oculta. Una intervención desde un
pensar situado en América que
facilite el despliegue nuestras las historias comunes.
CITAS:
[1] Bordieu, Pierre.
Questions de sociologie, Paris, Les éditions de minuit, 1984. pp. 113 y ss.
[2] Carballeda, Alfredo. Escuchar las Prácticas.
Editorial Espacio. Buenos Aires.2007.
[3] Provincia
del Neuquén. Argentina. Ministerio de
Salud. http://www.neuquen.gov.ar/salud/
[4] Hörisch, Jochen. Las épocas y sus enfermedades.
El saber patognóstico de la literatura. En. Literatura, Cultura y Enfermedad.
Editorial Paidós. Buenos Aires 2006.
[5] Estas se pueden definir como “Expresiones de la
tensión entre necesidades y derechos sociales y ciudadanos que generan
distintas formas de padecimiento expresándose en forma probabilística en todos
los sectores sociales”.Carballeda, Alfredo. Revista Margen N° 35.Buenos Aires.
2005.
[6] El golem, surge en el las historias medievales
de la mitología judía. Un ser animado
que se construye a partir de
materia inanimada. La palabra golem también aparece en la Biblia y en la
literatura hebrea del Talmud como algo incompleto o embrionario.
[7] Goffman,
E. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Editorial Amorrortu.
Buenos Aires 1970.
[8]Alonso, Juan
Pedro. Mantilla, Gimena. Cuerpo Dolor y Autonomía IV Jornadas de Jóvenes
Investigadores.Instituto de Investigaciones Gino Germani19, 20 y 21 de
septiembre de 2007. Buenos Aires.
[9] La noción de “ sentido de la acción” es tomada
de los trabajos de Max Weber. Ver. Max Weber. Apuntes metodológicos. Editorial
Amorrortu. Buenos Aires. 1995.
[10] Se
define territorio como espacio físico en
donde mejor se muestran diferentes características sociales y culturales
asociadas con un determinado grupo social.
[11] Bataglia, Carina; Raiden Marcela. Los
entrecruzamientos discursivos en la
construcción de la subjetividad adictiva. Drogadicción y Sociedad. Colección.
Cuadernos de Margen. Espacio Editorial. Buenos Aires. 2008.
Capítulo
6 Política Social, Multiculturalismo e Intervención en lo Social.
“Si nos dicen que hay una humanidad, que hay una
ciencia atómica y que hay una medicina, que ya todo está hecho y que ya nada
podríamos aportar nosotros, siempre cabe la duda, por el simple hecho de que
afirmar lo que otros afirman es colonización.”
Rodolfo Kusch
1- La cuestión social americana, la
multiculturalidad y su origen
El origen de la cuestión social en América posee una
serie de características singulares. Sus inicios se pueden ubicar en los años
de la conquista, cuando a partir de ella comenzaron a generarse nuevas formas
de la desigualdad, ruptura de pautas culturales, traslados violentos y forzosos
de poblaciones al continente y dentro de éste.
La cuestión social americana, tiene como inicio la
transformación de lo diferente en desigual. Lo cultural se transfiguró, por un
lado, en un instrumento de dominación, en un intento de homogeneizar
poblaciones para hacer más eficiente y
justificar el saqueo de nuestro continente. Pero, también la cultura de los
expoliados obró como forma de resistencia y de lucha. América se transformó
desde los inicios de la conquista en un campo de lucha cultural, de puja por el
sentido, dando nuevas expresiones a necesidades y cosmovisiones. Ese origen,
muestra una forma peculiar de manifestación cultural múltiple y singularmente
americana, que se distingue de otras formas de expresión y de dominación en
otros lugares del planeta.
América es singular en si misma y desde allí, tal
vez, sea posible abordar la noción de multiculturalidad, donde, ella, está
fuertemente ligada a procesos propios de nuestro continente. Así, la
multiculturalidad Americana, tiene características propias. En este aspecto, multiculturalidad y cuestión
social pueden reconocer un origen cercano, casi inmediato, a través de
encuentros y cruces culturales inesperados y posiblemente nunca pensados desde
la racionalidad de los diferentes conquistadores.
El ser americano puede ser fruto de una decisión o
el producto de la coerción. Esta tensión entre coerción y libertad, también
constituye una pauta singular de la cultura americana. Pero, igualmente, es
posible pensar que ser americano puede
significar una opción que inevitablemente se ubica en el orden cultural.
La identidad americana, no proviene sencillamente de
una relación temporal relacionada con el orden de llegada, es decir aborígenes,
castellanos, vascos, africanos, italianos, judíos, árabes, asiáticos, que
pudieron o no, tomar esa decisión de ser.
Los movimientos poblacionales hacia nuestro
continente, también en forma mayoritaria se ligaron a diferentes expresiones de
la cuestión social. Se migraba para
sobrevivir, encontrar un futuro, evadir persecuciones políticas,
raciales y religiosas. La Identidad americana se construye en una conjunción
compleja, donde se entrelazan esperanza, malestar, tristeza y padecimiento.
En esa intrincada trama se construye una situación,
modo de ser al fin en el continente, evidentemente atravesado por múltiples
expresiones culturales. Dentro de esas confusas tramas culturales y sociales
también se gestaron los movimientos de resistencia y lucha por mejores
condiciones de vida, de ciudadanía, de derechos sociales y
respeto por lo que hoy conocemos como derechos humanos.
Las guerras de la independencia de los países de
nuestra América hablan de esa historia de encuentros culturales, quizá
azarosos, pero claramente ligados en la lucha por derechos civiles y mas tarde
sociales. En otras palabras, en América el multiculturalismo, entendido como
expresión política de la multiculturalidad, también se construye en la
resistencia y en la lucha y desde allí en impensados proyectos colectivos.
En la actualidad, la multiculturalidad puede
entenderse como; la defensa de los derechos culturales de las minorías dentro
de los estados; la posibilidad de convivencia entre comunidades con culturas y
religiones o etnias diferentes; la existencia de distintas culturas en el
contexto de un mismo espacio social o geográfico.
A su vez, la multiculturalidad se presenta como una
nueva forma de resistencia, ahora frente a las nuevas expresiones de la
globalización en clave neoliberal, construyéndose desde allí nuevas síntesis,
donde desde lo singular, la libertad, la tolerancia, el respeto mutuo y la
igualdad pueden dar forma a diferentes manifestaciones culturales a través
de consensos y límites que se construyen en escenarios novedosos e intensamente
atravesados por las tensiones entre necesidades y derechos.
Si la cuestión social emerge a partir de la
solidaridad perdida y de la fragmentación de lo social, la relación entre esta
y la cultura se hace evidente e
inexorable.
Desde estos aspectos, tal vez, es posible pensar
diferentes puntos de encuentro entre Multiculturalismo, Política Social e
Intervención. Especialmente desde la incorporación de mas derechos y su
aplicación concreta desde las Políticas y la Intervención en lo social.
En otras palabras, la gestión de la
multiculturalidad requiere de definiciones especificas y especialmente de
campos de intervención social que desde la práctica habiliten, faciliten y
promuevan el derecho a la diversidad como así también, el derecho a la
integración.
Estas cuestiones, implican la necesaria relación
entre multiculturalismo, derechos humanos, justicia social e igualdad
distributiva.
2- Multiculturalismo e Intervención Social una
mirada desde los Derechos.
Numerosas de
las manifestaciones vigentes de la
cuestión social dialogan en forma
permanente con diferentes expresiones vinculadas con el multiculturalismo. La
aplicación de aspectos la multiculturales, trasciende los límites de esta y
dialoga con numerosos campos. La multiculturalidad en una sociedad desigual,
puede ser solo una mera declaración de principios o enunciados. Es decir, la
multiculturalidad es posible en la medida
que se incrementen los derechos, con el consecuente acceso a éstos, y esta
ingrese en un terreno de igualdad y justicia social.
De la misma manera, tanto en el terreno de las
Políticas Sociales como en el de la Intervención Social, la multiculturalidad se
encuentra abarcada dentro de los derechos de primera, segunda tercera y cuarta
generación, que comienzan a expresarse en nuestras sociedades, como el derecho
al matrimonio igualitario, a la asignación universal por hijo, a la tecnología,
a no migrar, en definitiva: a pertenecer
desde una serie de pautas propias y libres.
En la actualidad la diversidad cultural como forma
de interpelación al campo de lo social,
vuelve a hacerse visible desde diferentes planos. Interpela desde el
diseño de Políticas Sociales, su aplicación, las modalidades de intervención,
los marcos comprensivo – explicativos de éstas y hasta sus aspectos
instrumentales. Por otra parte, es posible que la intervención social desde la
multiculturalidad pueda abarcar no solamente este campo, sino también
enriquecer y fortalecer otro tipo de intervenciones.
Esta serie de acontecimientos, indefectiblemente,
genera nuevos interrogantes para el diseño y aplicación de Políticas Sociales y
la intervención social, especialmente desde su relación con los Derechos Humanos y Sociales.
Los Derechos Humanos y Sociales como tales,
para poder salir del terreno de lo
únicamente enunciado, requieren de políticas especiales, novedosas, que
esencialmente faciliten y promuevan a la diversidad como un espacio de
recuperación de identidades perdidas o menoscabadas y desde allí generar
nuevas potencialidades , capacidades y
habilidades.
Estas cuestiones interrogan en forma diferenciada a
la intervención en lo social, especialmente desde la relación entre esta y la
producción de subjetividad. Visualizando que el Trabajo Social puede
profundizar su intervención desde una perspectiva centrada en el lugar de lo
otro como productor de verdad, como constructor de subjetividades, tenga un
espacio claro y definido en el hacer cotidiano. Posiblemente, a través de más y
nuevas búsquedas y diálogos con diferentes campos de conocimiento que desde una
perspectiva metodológica alcance a dar más sentidos a las Ciencias Sociales, integrando la
práctica con lo expresivo, lúdico y
creativo.
El multiculturalismo se transforma, desde una
perspectiva centrada en los Derechos Humanos, en una nueva oportunidad para las
ciencias sociales. Especialmente, si se lo entiende como un enunciado que tiene
posibilidades de dar nuevas respuestas a las imposiciones que el fenómeno de
la nueva forma de globalización
conlleva. Si es que esta intenta
constituirse como un nuevo proceso de uniformización de la cultura bajo la hegemonía del proyecto neo liberal.
De este modo, la diversidad se presenta como una
circunstancia que puede facilitar la liberación de los mandatos ideológicos,
conceptuales y metodológicos que producen muchos de los discursos hegemónicos
ligados al poder económico y las viejas pretensiones universalistas que
fundaron la modernidad occidental.
Asimismo, el multiculturalismo se presenta en
América como una nueva oportunidad, en
dos aspectos. Por un lado en la
posibilidad de recuperación de una forma de integración perdida desde la
conquista y por otro como espacio de encuentro e intercambio entre la múltiples
expresiones de lo singular americano. El multiculturalismo se encuentra así con
la posibilidad de orientar las Políticas Sociales y la intervención hacia el horizonte de la resolución de la
problemática de la fragmentación social en su particularidad americana.
Desde esta perspectiva, los Derechos Humanos y
Sociales, se construyen y recuperan en
la práctica cotidiana y en forma dinámica se relacionan estrechamente con los
cambios sociales, ya que, de diferentes maneras , esta orientación permitiría
visualizar nuevos y mas espacios vacíos en la protección de los individuos.
El multiculturalismo se constituye, en este aspecto
en una vía de entrada que dialoga con; el derecho a la identidad, a pertenecer,
a ser escuchado, generando desde allí nuevas relaciones y diálogos con la cuestión social.
3-Algunos Aspectos Contextuales.
La multiculturalidad emerge, dentro de la agenda
pública, en un clima de época signado por el neoliberalismo, caracterizado por
la desigualdad y la decepción. De esta manera, las problemáticas sociales
complejas dialogan en forma estrecha con nuevos temas que se van constituyendo
como campos de intervención y estudio. Estos, como producto de la fragmentación
social, muestran la necesidad de construir nuevas formas de integración que
tengan en cuenta a la diversidad cultural dentro de las complejas tramas que se
constituyeron en paralelo a las desigualdades sociales. Especialmente en las
múltiples rupturas del lazo social, sumadas a la lógica de la insatisfacción
permanente que motoriza a gran parte de
nuestras sociedades, desde las dificultades de ser en un mundo signado por la
posesión de bienes como forma de satisfacción hasta la desigualdad como forma
de estigmatización.
La multiculturalidad surge en un momento donde las
posibilidades de respuesta desde las Políticas Sociales, se ven atravesadas por
fuertes restricciones y condicionamientos, con instituciones azoradas ante las
diferentes expresiones contextuales y prácticas profesionales no del todo
preparadas para comprender esta aparición de lo otro, de lo diferente en el
lugar de la demanda.
De este modo, la multiculturalidad, aún está
atravesada por el riesgo de ser considerado solo una expresión estética que
declame nuevas libertades y derechos que son de muy difícil o compleja
aplicación. La visión de lo otro en
América, puede aportar en este contexto algunos elementos conceptuales
que puedan articular el multiculturalismo, la política social y la intervención.
Desde esta perspectiva es posible pensar que
el otro no es solo un extraño que nos observa, sino que también nos
construye desde una mirada que ratifica lo que se es.
A su vez también la multiculturalidad se expresa en
un momento de crisis de los espacios
de socialización, como la familia, el barrio, la escuela, la universidad o el
trabajo y muestra el surgimiento de interpelaciones dirigidas especialmente a
su sentido, a la posibilidad y necesidad de una reconfiguración de la cual,
muchas veces, se es testigo en forma aturdida y desorientada.
Pero, esa crisis también da cuenta de un conflicto
de los espacios cerrados como el hospital, la escuela, la fábrica, en tanto lugares de construcción de
subjetividad y de trasmisión de pautas,
códigos, identidades y pertenencia.
La recuperación de sentido en los procesos de
socialización también implica un diálogo intenso con las diferentes expresiones
culturales, donde el individuo aprende pautas, conocimientos y códigos
relacionados con su vida en sociedad y con su propia historia sociocultural.
Esta interrelación, posiblemente
permitirá la expresión de potencialidades y habilidades para su integración al
medio social donde se encuentre. De allí que la socialización como proceso
histórico social, por fuera de las imposiciones y mandatos hegemónicos, se
construye en la medida que la diversidad cultural inscripta en su biografía, y la historia de su propio
escenario de vida sean reconocidos y aceptados, dentro de la posibilidad de la
articulación entre socialización y solidaridad. Allí, donde la relación con los
otros pasa del vínculo , a la ayuda y de allí
al acto político.
El vínculo y el lazo
social como elementos constitutivos de solidaridades se fueron diluyendo en las lógicas impuestas
desde el neoliberalismo, trocando a la solidaridad por la competencia en forma
desesperada, muchas veces como necesidad o mandato ligado a la sobrevivencia.
La recuperación de solidaridades desde la intervención, puede mostrar la
oportunidad de rescatar viejas formas de organización de lucha, de construcción
de sentido, ahora a la luz de nuevos interrogantes y problemas.
La crisis de incertidumbre que atraviesan nuestras
sociedades, acompaña esa distribución de nuevos escenarios, donde lo que
sobresale es una gran diversidad de cuestiones que van cimentando un sentido
diferente a las palabras y construcciones discursivas ligadas, por ejemplo, a
las nociones de; educación, familia, trabajo, futuro, sociedad.
Las últimas décadas
muestran al mercado como un ordenador de la sociedad, pero básicamente
como una forma nueva de construcción de subjetividad que lentamente, va siendo atravesada por el
malestar y el desaliento. Tal vez, producto de formas constitutivas de la identidad y pertenencia efímeras, ligadas al
consumo de objetos que trascienden su horizonte de materialidad y adquieren,
dentro del reino del mercado, una intensa dimensión en el orden de lo
simbólico.
Una sociedad enunciada desde el bienestar para quien
pueda pagarlo que no garantiza el malestar subjetivo de unos y otros, producto
de una civilización que a través de la coerción construyó un encuentro trágico
entre deseo y decepción, una cultura que llegó a declamar el “derecho a la
desigualdad” como filosofía. Pero que también deshizo las nociones de espacio,
lugar y territorio primero privatizándolas y luego haciendo que sean
atravesadas por la lógica del gasto y el costo beneficio. De este modo, los
territorios, fueron apropiados por un nuevo Leviatán al cual debía rendírsele
culto a través del consumo y del sufrimiento que produce la desigualdad.
En este
aspecto, la diversidad cultural requiere de un “lugar” para poder ser, para salir del enunciado y la declamación y
ese espacio como tal es el de lo público.
El
neoliberalismo también trajo una fuerte crisis
que derivó en una pérdida de lo
público como espacio, como lugar donde desarrollar procesos de socialización
histórica y cultural. Lo público como espacio hoy, aún en muchos casos, tiene
una función múltiple y heterogénea, va desde pequeños escenarios hasta
“lugares” donde se construye la identidad desde ese espacio. Es decir, como
escenario que permite la expresión de la diversidad y desde allí a veces se
construyen identidades propias. El lugar como escenario y territorio de la
identidad, implica la posibilidad de reconocimiento intersubjetivo donde un
grupo de individuos pueden reconocerse en el y definirse desde esas
características que conjugan espacio y modo de relación y desde allí comprender
y explicar la complejidad de los lazos sociales que los unen desde el espacio y
la historia. En los años del neoliberalismo, esa relación es fuertemente
efímera, compleja especialmente desde su constitución, facilitando la aparición de culturas de la frustración y
el desengaño mas que de le diversidad o la multiplicidad.
La inscripción subjetiva de la identidad se
construye mayoritariamente en el espacio
público, desde su apropiación, allí, si se hace factible la posibilidad
de confrontar y dialogar con otras identidades.
La apropiación de lo público por las empresas, las
restricciones en la circulación, la parcelación de lo estatal, impidieron e
impiden en muchos casos una expresión sin ataduras de lo multicultural,
restringiéndolo al escaparate del espectáculo, la estética desde la lógica
costo beneficio y del marketing. En este aspecto la diversidad cultural en los
años del neoliberalismo ingresa en una contradicción donde, por un lado es
llamada a hacerse visible, pero por otro determina según la lógica del mercado
los lugares y caminos de esa visibilidad.
4- Multiculturalidad y otredad, algunos apuntes
desde una perspectiva Americana.
Desde América también es posible pensar las
diferentes formas peculiares del multiculturalismo. En este aspecto, la visón
de lo otro y la construcción de identidad, también se pueden observar desde una
perspectiva diversa. La otredad, en América, especialmente desde una
perspectiva histórica, puede implicar una serie de imágenes y
representaciones atravesadas por miradas
que transitan caminos que van desde el
temor y el encantamiento llegando a veces
al asombro y la admiración.
De allí que desde la historia de nuestro continente sea posible analizar diferentes etapas de disciplinamiento que
pueden ubicarse en la etapa la
fundacional de éste, que coincide con la construcción euro - céntrica de la
modernidad, la ilustrada, que concuerda con los procesos revolucionarios del
siglo XIX, el de la construcción de los estados modernos, el re discplinamiento relacionada con el
desarrollismo de la década de los sesenta del siglo XX y el neo disciplinamiento
vinculado al modelo neoliberal.
Todas esas estrategias, concuerdan en que tienen como centro el accionar sobre las
culturas americanas, adaptándolas a diferentes procesos de dominación según las
características de cada época.
Lo cultural, ligado con la idea de lo otro es campo
de acción política desde diferentes estrategias de dominación, desde la
negación de las culturas y su diversidad, su sometimiento y hasta su asimilación dentro de la lógica del
mercado, muestran otra característica singular de la relación entre América y
la civilización occidental.
El otro americano es un extraño para el conquistador
Pero en poco tiempo se irán construyendo desde las representaciones sociales,
otras imágenes un poco más cercanas en lo externo, en las apariencias, pero
indescifrables e impredecibles en lo interior.
En América el otro deja de ser un opuesto, se acerca
a lo diferente. El español que llega a
América, en poco tiempo se transforma en diferente para quienes quedaron en
Europa. El otro en América además del aborigen y el africano, también es el
español, el europeo que llega en forma imprevista, cargado de miradas de
desaprobación y desprecio muchas veces por ser expulsado desde ese continente.
Esa forma de construcción de identidad es, en numerosos aspectos una síntesis
entre excluido y renegado.
La identidad, de esta manera se construye desde esa
síntesis de negación de lo no visto, de aquello que no quiere ser visto ni
mostrado por pudor o temor. La construcción de la otredad en América se da en
oscuros laberintos y senderos, estrechos
pasillos, donde se esconde aquello que genera temor.
La construcción de la otredad para el continente
europeo y la civilización occidental, es tenebrosa, surge del miedo, es de
alguna manera producto de éste.
La otredad en América inesperadamente se transforma
en resistencia como expresión instantánea hacia un poder que oprime pero no
logra destruir totalmente el contrato social del oprimido. Este, en tanto
vencido, aún así, construye mundos similares a los viejos apropiándose
lentamente de los nuevos. Las pujas ordenan y dan sentido a esa construcción,
la batalla, la lucha, la contienda, en gran parte son los verdaderos
elaboradores de lo nuevo en América.
Luego del gran viaje, de la travesía de los mares,
de internarse en mundos desconocidos los europeos llegan a “descubrir”,
básicamente una otredad que también necesitan.
Como en una especie de maldición Europa, necesita
reflejarse en lo inesperado y desconocido para poder construir su propia
identidad. Paradojalmente, la barbarie lo incivilizado generará respuestas
impensadas. Para encontrar sentido en la búsqueda exasperada de una explicación
de su pasado, tratando de resolver las inquietudes que presenta la pregunta
acerca del origen de esa civilización. Para poder desde allí ratificar el mito
del progreso indefinido que se gesta lentamente en los años de la conquista y
hace su eclosión desde el pensamiento Ilustrado.
América como
continente secreto, recóndito, se construye desde una multiplicidad de culturas
que se expresan en otras formas de ser. Así, la sangre como linaje no garantiza ningún tipo de pureza. Ese otro
es impuro aunque su propio padre no lo admita, esa impureza constituye la
virtud americana de ser. De su impensada forma. De un rostro nuevo conocido y
desconocido que está allí, que observa y desde esa mirada construye nuevas
formas de la identidad.
El otro y lo propio rompen en América el lugar
atribuido al primero como lo objetivo y al segundo como lo subjetivo. Teniendo
en cuenta que la construcción de identidad se produce dentro de un proceso
complejo de tramas y relaciones inter-subjetivas, sociales y lingüísticas que
mediatizan el mundo del cual está formando parte. De esta manera, la cultura
puede ser entendida desde la construcción de significados de tipo cognitivo,
valorativos y estéticos.
Así subjetividad y cultura muestran otras
formas posibles de diálogo. La
subjetividad se transforma en un campo cultural.
5-La intervención del Trabajo Social,
multiculturalidad y multiculturalismo.
El Trabajo Social tiene una posibilidad de acción
desde su práctica cotidiana que se vincula en principio actuando en función de facilitar, promover y
generar procesos de singularización y además, desde esa reafirmación de lo
singular promoviendo la construcción
desde esa singularidad recuperada
nuevas formas de intercambio y reciprocidad con
el todo social.
Generando también, de esta manera, diferentes formas
de encuentro y diálogo entre lo diverso desde un plano de igualdad. Estas
cuestiones pueden implicar la necesidad de ampliar su mirada desde la
intervención, especialmente a partir de la revisión de sus aspectos
instrumentales epistemológicos y éticos. Cimentando más y nuevos puentes entre
Trabajo Social y diversidad. Construyendo, de esta manera, nuevos caminos desde
la práctica concreta hacia la definición
de categorías y conceptos acordes con nuestra realidad Americana.
La intervención en lo social, implica también lo
singular, desde la cercanía de la mirada, pero también la relación con la
presencia de aquello que se muestra como lejano pero presente desde lo
macrosocial.
La intervención en lo social convoca, de esta
manera, a la confrontación de las experiencias de la existencia, especialmente
a aquellas que faciliten la recuperación y apropiación de saberes. Una forma de intervención que sea capaz de
convertir las fragilidades y situaciones inestables de nuestra época en
certezas que construyan nuevas formas de sentido.
En este escenario complejo y turbulento, las
preguntas acerca del sentido de lo que hacemos resuenan con mayor vigor y
estruendo.
Así la Intervención se torna en un lugar de
construcción de nuevas preguntas, donde lo construido puede ser desarmado, re
hecho y básicamente transformado. La
intervención vista desde esa perspectiva implica una necesaria generación de
acontecimiento, de instalación de un espacio político que interpela en forma
intensa y si se quiere despiadada a la desigualdad, a la sin razón de ésta, a
hipócritas justificativos y especialmente a quienes intentan ubicarla en un marco
explicatorio de una lógica neoliberal, hoy claramente en decadencia.
La intervención en lo social, en la medida que
ubique, descubra y encuentre nuevos espacios para la palabra podrá
reconstituirse como una herramienta de interpelación, desde donde es posible
ver lo “no visto” ocultado sistemáticamente por los fantasmas de la dominación.
La intervención
sale de lo esperado en tanto hace visible lo que la injusticia oculta,
lo logra en la medida que pueda
<<decir>> con otra gramática, con otro orden, alterando el
establecido, transformado lo dicho en la apertura de nuevos espacios para el
hacer. Intervenir es intentar reinscribir el texto que se presenta como inamovible expresando
una escena, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible. La
intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en
definitiva, que escribir en nuevos
textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde
nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.
Bibliografía
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Carballeda, Alfredo. Los Cuerpos Fragmentados.
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Posibilidades de las prácticas sociales en la época del neodisciplinamiento.
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Lipovetsky, Gilles. La sociedad de la decepción.
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