lunes, 27 de julio de 2015

Intervención, Escenarios Sociales y Acontecimiento







Escenarios Sociales, Intervención y Acontecimiento.




Alfredo Juan Manuel Carballeda
2014






Introducción








La Intervención en lo social  hoy            










1


Los cambios ocurridos en los últimos años muestran importantes transformaciones dentro de los escenarios de intervención en lo social. Estas, van desde los múltiples signos que dan cuenta una nueva crisis del capitalismo, especialmente  del modelo neoliberal, junto con la persistencia de ese relato a través de sus diferentes formas de inscripción en la vida cotidiana.
De esta forma, las transformaciones contextuales vividas son singulares y fuertemente heterogéneas. Es posible pensar que dentro de  cada espacio micro social conviven diferentes lógicas, a veces con  preeminencia inestable  de una sobre otra.
A su vez, pareciera que cada lugar de intervención se convierte en una contienda entre nuevos y viejos paradigmas. Ahora, la fragmentación social puede ser también vista a partir de escenarios donde prevalece la lógica neoliberal o la construcción de una mirada nueva que la resiste e intenta y logra construir nuevas formas de respuesta. Estas nuevas formas de fragmentación que ahora estarían abarcando lo social y lo cultural son posiblemente más accesibles a su  visibilidad si son observadas desde el impacto intersubjetivo que construyen.
Esta forma de fragmentación, se observa en la intervención a partir de una gran heterogeneidad de representaciones sociales, comprensión y explicación de los problemas sobre los que se interviene, diferentes lógicas resolutivas y superposición de nociones también fraccionadas desde sus formas de conocimiento. Las instituciones Estatales, para estatales y no gubernamentales, muestran una multiplicidad de abordajes a partir de una gran heterogeneidad de marcos teóricos, muchas veces en pugna, que reflejan de alguna manera una nueva forma de politización de la sociedad. La crisis del neoliberalismo, pone en escena lentamente nuevamente a la política, a la necesidad de apelar al sentido, a la ideología, por fuera del fracaso y del pragmatismo de las prácticas, los protocolos y los análisis situacionales que se centraban en el presente, sin interpelar a la construcción histórica del padecimiento y las desigualdades.
De este modo la intervención en lo social presenta en la actualidad  una nueva serie de interrogantes, estos, se encuentran ligados a la aparición de otros escenarios donde la transición entre la caída del relato neoliberal y la construcción de uno nuevo, que aún no está del todo escrito, muestran una intensa singularidad.
Es decir la intervención en lo social hoy implica  la convivencia en un mismo contexto de diferentes lógicas con sus consecuentes formas de entender y revelar que se encuentran en tensión permanente, generándose de esta manera una serie de  pujas que tienen un carácter novedoso para la época y remiten a la persistencia de lo “viejo” y su lucha con lo que está llegando, todavía no del todo conformado.
En los resabios de la lógica neoliberal es posible visualizar aún  la permanencia tenaz de  la desigualdad y sus justificativos de índole individual que insisten en naturalizarla, proponerla como ordenadora de la sociedad y fundamentalmente presentarla como una situación irrevocable.
La fragmentación social  como efecto del neoliberalismo, hoy también se expresa en las dificultades para volver a engarzar la tríada igualdad, libertad y fraternidad que dio sentido a los Estados Sociales surgidos en la post II Guerra Mundial. Sus  postulados neoliberales anunciados desde el terrorismo de mercado,  implicaron  un conflicto ineludible; la opción entre igualdad y libertad dado que su coexistencia sería imposible, de ahí que la desigualdad era planteada como irrevocable, oponiéndola a la libre acción individual que prometía el aumento del bienestar social a partir de la teoría del “derrame” y la “mano invisible del mercado”. De este modo la promesa neoliberal surgida a mediados de los setenta y ratificada con la “caída del muro de Berlín” proponía dejar de  premiar a los ineficientes y castigar a los diligentes[1]. El obstáculo principal para esta fórmula era el poder distributivo y protector del Estado, a través de sus dispositivos de intervención, desde allí se construyó parte de la lógica que proponía su desmantelamiento, transfiriendo a la “sociedad civil” las responsabilidades sociales de éste.
 La inscripción social del abandono de los sistemas de protección social, nutrió y construyó formas de subjetividad que sostuvieron y sostienen en parte el giro cultural generado durante décadas por sociedades violentas donde se hacía y aún se hace una  ostentación obscena de la desigualdad, impactando en las formas de gestación de la  socialización, la pertenencia y construcción de sentido.  Este registro también se inscribe en los cuerpos; así el cuerpo se transforma en una consecuencia de las producciones de sentido que se construyeron en las últimas décadas, cuando la falta de proyectos colectivos donde involucrarlo también ratificó una nueva forma de individualidad, como proyecto. De este modo el neoliberalismo también construyó una corporalidad indolora, donde el dolor no puede ser posible, cae en un sin sentido que le impide todo tipo de simbolización. Las transformaciones de los últimos años, con la consecuente vuelta de la política y lo social implican también un desafío hacia la intervención en lo social que también incluye la recuperación de la simbolización, de lo corporal. De ser así, se requerirán posiblemente de más y nuevas formas de conocimiento que construyan ese camino como una búsqueda desde la actualidad. Pero que también tengan la capacidad de encontrar en lo ya dicho antes de la catástrofe neoliberal los aportes útiles para  recorrer ese trayecto.  Los cuerpos se ubican en los escenarios atravesados por diferentes contradicciones. 
Allí donde también formas nuevas y masivas de participación social  y política conviven con  discursos desde donde intenta sostenerse lo efímero, la  deslegitimación de lo colectivo y la idea  de felicidad como algo intimista, individual y material.
Aún las democracias en nuestro continente siguen siendo condicionadas por discursos hegemónicos de diversa índole que intentan inclinarlas hacia ya viejos pragmatismos y éticas reducidas que formaron, tal vez la  parte más relevante del núcleo del pensamiento neoliberal.
El crecimiento económico, aún, no va necesariamente acompañado de mejores distribuciones de la riqueza, naturalizándose de esta manera la desigualdad, donde el temor sembrado  hacia  sociedades equitativas, suele ser el argumento de sostenimiento de la paz social como nuevo y desesperado sinónimo de la tranquilidad de los mercados.
Pero, el fin de las democracias de mercado va marcando la construcción de un nuevo relato que tiene características  singulares, el  Estado adquiere una nueva centralidad, obteniendo  caracteres  poli clasistas, conjuga formas democráticas clásicas de participación con movimientos sociales incluso con marcos de gestión que pueden entenderse como plesbicitarias. En consonancia con estas transformaciones, lo político vuelve, ahora para  presentarse claramente como disputa entre proyectos opuestos que abarcan las decisiones de  los gobiernos y se entromete en la vida cotidiana. La crisis del neoliberalismo, generó la paradoja de  una nueva y múltiple preocupación por lo político, su propia dificultad, hizo renacer aquello que intentó demoler imponiendo un discurso único apoyado en el temor.
Esta serie de cuestiones, se expresan de diferente manera  en lo micro social, lo singular y lo intersubjetivo como efecto de las transformaciones que generó el neoliberalismo  desde la vida cotidiana hasta los imaginarios socioculturales.
El neoliberalismo logró construir profundas transformaciones en nuestras sociedades llegando a poner en riesgo a las formas de relación social y convivencia dentro de la democracia. La persistencia de las formas de subjetividad que surgieron como efecto de la violencia del mercado atraviesan de diferentes maneras e intensidades los escenarios de intervención en lo social, más allá de los cambios macroeconómicos o políticos. La inscripción del social del neoliberalismo todavía, sostiene y construye formas de subjetividad que nutren en parte los cambios culturales generados durante décadas por sociedades donde se hacía y aún se hace ostentación obscena de la desigualdad.
Es en este encuentro entre los nuevos rasgos del contexto y su expresión en la vida cotidiana transita hoy la intervención en lo social, de allí la complejidad de las problemáticas sociales actuales. No solo cambió la sociedad, los sujetos de intervención  también son otros, en los cuales que prevalece es una singularidad enmarañada, inestable, donde también convive lo histórico social en tres aspectos; el pasado ligado a sociedades estables, las décadas de crisis ligadas al neoliberalismo y un presente donde nuevas formas de relación social, lazo, vínculo y tramas sociales está en permanente elaboración.

La Intervención  el poder y el Trabajo Social
De este modo, las relaciones que se construyeron entre poder e intervención  social en las últimas décadas se dieron en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados por la economía de mercado, en instituciones que no encuentran su sentido y perdieron su solidaridad entre sí.
Esa trama, se erigió en nuevos escenarios donde lo que sobresale son nuevas formas de expresión del padecimiento. Desde la pérdida de espacios de socialización, hasta el malestar producto de no sentirse parte de un todo social.
Se interviene en lugares donde se fueron mutilando sistemáticamente infinidad de capacidades y habilidades, sencillamente  por efecto de la desigualdad social, la injusticia  y el  hambre.
En definitiva en nuevos escenarios de intervención, dentro de  sociedades atravesada por relaciones violentas, por el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión con los otros, con la historia, con la memoria colectiva, pero también muchas veces encaminadas en  procesos de reparación de lo perdido, implican en si mismas nuevas demandas y horizontes dirigidos a  las prácticas que intervienen en lo social.
En otras palabras demandas ahora, quizás, más claramente construidas  desde la necesidad de una reparación del daño generado por décadas de injusticia y desigualdad que comienzan a incorporarse inevitablemente como proceso en la escucha, el acompañamiento  y la  transformación.
Teniendo en cuenta que el Trabajo Social como disciplina clave en los procesos de intervención en lo social, se ha constituido en un dominio de saber que  por su  dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales democráticos, de libertad, de Justicia Social y por la defensa de los Derechos Humanos. Se reafirman y construyen desde allí nuevos compromisos dentro de ese campo que irremediablemente repercuten en los otros dentro de los equipos interdisciplinarios.
  Surgen de este modo una serie de interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su aporte a la soberanía popular?, ¿cómo se articula con lo económico, donde la producción se oriente hacia una justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo sociocultural, desde la recuperación de la identidad, la pertenencia social, la inscripción, la  reinscripción y la socialización?, ¿desde donde recupera capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y científicas?, o ¿ cómo se relaciona con los recursos naturales y el medio ambiente?
Estas cuestiones implican una necesidad de la recuperación y reconstrucción de una  visión estratégica de  la intervención en lo social. Es decir la definición clara de su sentido, dentro de las posibilidades y limitaciones que muestran sus contradicciones actuales y fundacionales.
        Pero en definitiva la intervención está atravesada por todas esas cuestiones, de  allí que  su ejercicio y estudio se presenten hoy como elementos sumamente interesantes.
En otras palabras, la intervención en lo social permite ver las contradicciones de una civilización que desde sus propios límites, logró una victoria a lo Pirro, adueñándose del planeta, sus recursos naturales y desde esa dominación generar probablemente las condiciones para  su propia destrucción.

 Una posibilidad de pensar “lo social” del Trabajo Social desde la intervención
 Lo social en términos de intervención del Trabajo Social puede ser pensado en tres planos que se superponen y actúan entre sí en forma singular en cada situación.
Por un lado en un primer plano u orden relacionado con sus aspectos fundacionales, la acción y la  práctica cotidiana de esta disciplina  se desenvuelve, dialoga y entrelaza con diferentes dispositivos de Protección Social. En otras palabras, la intervención del Trabajo Social incluye en mayor o menor medida una forma de encuentro, diálogo y transformación a través  de una articulación compleja de los diferentes mecanismos que componen el sistema de protección social que posee una sociedad. Es decir, implica una acción que se transforma en una articulación heterogénea y singular  de; instituciones, políticas, planes y programas que, en las circunstancias propias de  cada situación tendrán diferentes  tipos de expresión e impacto objetivo y subjetivo.
Por otra parte, un segundo plano de relacionado con los aspectos intrínsecos del Trabajo Social, se vincula con la intervención en las tramas y tejidos sociales que rodean, construyen y se generan desde la construcción  singular del sujeto de intervención. Estas pueden  ser entendidas desde una mirada sociológica, ligadas a la noción de lazo social como elemento de articulación e integración del sujeto al todo societario. El lazo social, de este modo, construye subjetividad por medio de  diferentes modalidades de relaciones, intercambios y formas de reciprocidad entre los individuos.
Así, la intervención en lo social, transita construyendo desde lo micro social el encuentro entre sujeto sociedad y cultura en cada circunstancia singular.
A su vez, un tercer plano que puede servir para intentar delimitar  “lo social” del campo del Trabajo Social, se vincula con la relación constituida y articulada  entre las nociones  de; necesidad social y problema social. El Trabajo Social, en su devenir histórico como disciplina se funda dentro de un paradigma vinculado con la resolución, a través de diferentes dispositivos de protección, de las necesidades sociales de poblaciones clasificadas y predeterminadas. El propio desarrollo de la disciplina, sus aportes teóricos además de su participación en cuestiones que van más allá de las necesidades, hizo que, desde la intervención se actúe  también sobre los problemas sociales.
Desde hace varias décadas, el Trabajo Social se relaciona desde diferentes aspectos de su intervención con una gran diversidad de problemas sociales que pueden contener dentro de ellos mismos necesidades o no y con necesidades que pueden contener problemas sociales. Tal vez en la actualidad se hace mas visible al  “problema social” como lugar de demanda hacia la intervención, mas que  hacia  la resolución de necesidades.
En síntesis, desde el análisis de la práctica cotidiana del Trabajo Social como disciplina especialmente desde una perspectiva que entiende a la intervención como un proceso con características históricas y sociales, éstos tres planos están presentes con diferentes maneras de presentación e importancia de acuerdo a la singularidad del transcurso de la intervención en lo social.
Esta  mirada centrada fundamentalmente en el hacer cotidiano, puede implicar también  una  reflexión que se sale de los discursos ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes” sociales. Revisar lo que se hace da cuenta  que la intervención en lo social  es posible  aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La intervención   en definitiva, es lo que las personas  que concurren a los  Servicios Sociales demanda.  La realidad de las desigualdades sociales y los nuevos padecimientos interpela día a día en las prácticas cotidianas y, desde allí se crea, construye   y se intentan  abordar, compartiendo y aprendiendo con los  “otros”, en un espacio de diálogo y encuentro las diferentes expresiones de la cuestión social.
El trabajo social desde la intervención, “imputa” desde su práctica, porque hace visible el padecimiento como expresión de la desigualdad social en los espacios de lo micro social, construyendo  a veces, desde allí nuevas formas de agenda pública.
En definitiva la intervención en lo social sigue siendo una forma de   <hacer ver>, al otro, a la institución, a la sociedad, la desigualdad y sus efectos.
El trabajo social desde la intervención está allí, en innumerables lugares, donde el desconcierto, las nuevas formas de subjetividad y el padecimiento se comparten con ese otro sufriente, en instituciones y espacios de intervención atravesados muchas veces por el sin sentido.
De allí que la sola presencia de un trabajador social en un hospital, una escuela, un tribunal está diciendo que hay algo más que un cuerpo enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada.
Es en estos escenarios de intervención  complejos y turbulentos donde se construyen  las preguntas acerca del sentido de lo que hacen los trabajadores sociales donde  éstas resuenan con mayor fuerza y estruendo. Así la Intervención se torna también  en un lugar de construcción de nuevas preguntas, donde aquello que es construido desde la  injusticia, la desigualdad y los problemas sociales en definitiva puede ser desarmado, re hecho  y básicamente transformado.
La intervención en lo social  desde esa perspectiva implica una  generación de acontecimiento, de instalación de un nuevo espacio que interpela en forma intensa a la desigualdad, a la sin razón de ésta a sus  justificativos, tanto desde los determinantes”naturales del medio” como desde la lógica del mercado.
La intervención en lo social desde esta perspectiva reconoce su propia contradicción fundacional y se propone en la práctica cotidiana como posible lugar de puesta en escena de ella, para superarla junto con ese “otro” que construye su propia realidad y sostiene las identidades de los campos disciplinares.
La intervención se sale de los mandatos fundacionales  esperados desde la institución en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra  en la medida que pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden <alterando el establecido> transformado lo dicho abriendo, construyendo la apertura de nuevos espacios para el hacer.
Intervenir es intentar reinscribir los textos y guiones  que se  presentan como inamovibles, expresando una escena, marcada por el determinismo heredado del  naturalismo, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible.
La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir que recuperar, en definitiva: que  escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.
La intervención en lo social y la  política
La intervención dialoga intensamente con la política cuando su orientación se relaciona con la identidad, teniendo en cuenta que  la pregunta por la identidad surge en momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad, tal vez  es en nuestra América el campo de conflicto más importante, dado que nuestras identidades fueron masacradas, fragmentadas, diluidas desde la expresión de diferentes formas de la dominación.
La intervención, dada su relación con lo micro social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo macro social  atraviesa lo subjetivo y de construye el padecimiento y la desigualdad, tal vez permita  reconocer que estamos actuando en una América donde se es “lo otro”, lo innombrable para los dispositivos de dominación.
En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos como americanos y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención desde nuestra historia de resistencias culturales, luchas y dominaciones  podrá ser una guía posible hacia un camino  a recorrer.
Tal vez la intervención en lo social, sirva para promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos. Renovando de esta manera algunos mandatos fundacionales.
En América, la intervención en lo social, quizás, se trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo propio, de lo que el otro tiene.
Una intervención que no agregue ni quite nada, solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la memoria.
Intentando en definitiva salir de  las premisas que le impusieron ese mandato moderno marcado por la tradición fundacional entre coerción y emancipación, en la oportunidad que genera el derrumbe actual de esos postulados y la certeza de que es posible un pensamiento Americano, donde lo “otro” tiene un esfera diferente, tanto como lugar de reparación, como de verdad.
Algunas perspectivas para pensar lo metodológico.
La intervención en lo social dentro de los escenarios actuales, muestra una  gran complejidad en la demanda. Esa maraña puede transformarse en posibilidad si se logra reconocer que en la demanda está la respuesta. De este modo, la intervención en lo social se puede escribir de forma inversa, iniciando el proceso desde el final. Para esto, es necesario, tal vez, buscar caminos de conocimiento que permitan acceder a esa respuesta, quizás escondida  y en su resolución que está allí esperando ser reconocida desde el primer momento de la intervención. Pensar un camino inverso para la intervención en lo social implica una serie de cambios en el hacer, en las diferentes modalidades  de conocer, comprender y explicar.
La intervención se transforma de esa manera en un relato que debe ser reescrito, dilucidado y reconstruido. En definitiva, un proceso metodológico que permita construir un relato circular que admita, llegar al punto de partida con otra gramática que porte la posibilidad de respuesta. Como relato implica un camino, que se inicia en una demanda construida desde la idea de que la situación que se quiere transformar muchas veces es prácticamente inalterable, pero todo proceso de intervención implica una convocatoria a hacer que en si misma erosiona esa sensación de inalterabilidad.
Es en ese momento donde se construye la decisión de transitar ese camino que puede implicar una serie de acontecimientos, complejidades, cambios de dirección, descubrimientos,  y que acaso llevarán nuevamente al inicio con una situación transformada, no solamente desde la resolución, sino también desde el camino transitado.
En definitiva, pensar lo social en términos de intervención implica la elaboración  de un punto de encuentro entre sujeto y cultura donde los aspectos contextuales dialogan, se entrecruzan y  elaboran diferentes tipos de demanda ligadas a la cuestión social con una vuelta actualizada de los problemas sociales como procesos histórico sociales.

Bibliografía
Botana, Natalio. El siglo del miedo y la libertad. Editorial Sudamericana. Buenos Aires 2001.
Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social. Editorial Paidós. Buenos Aires 2002.
Carballeda, Alfredo. Escuchar las prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007.
Carballeda, Alfredo. Los Cuerpos Fragmentados. Editorial Paidós. Buenos Aires 2008.
Foucault, Michel. La vida de los hombres infames. Editorial la Piqueta. Madrid 1990.













Capítulo 1 La Intervención Social en los escenarios actuales. Una mirada al Contexto y el  Lazo Social

        
La zona de angustia (así la denominaba Erdosain)…era la consecuencia del sufrimiento de los hombres, como una nube de gas venenoso se trasladaba de un punto a otro…sin perder su forma; plana y horizontal… Angustia en dos dimensiones que guillotinando las gargantas dejaba en éstas un registro de sollozo… Roberto Arlt .Los siete locos.1930.-.

1-          Lo social y la angustia
Pensar los escenarios actuales de intervención  social, implica una inevitable mirada y reflexión a la singularidad del encuentro entre lo macro social y lo micro social. También ubicarla dentro de  un contexto caracterizado por el agotamiento y la última etapa del discurso neoliberal que se expresa en diferentes formas de malestar.
Por otro lado, hay otro discurso que va surgiendo en nuestro continente, una forma de enunciado que aún no está del todo escrito y que puja en diferentes terrenos con el neoliberalismo, produciendo una serie de choques y enfrentamientos  que son  generadores de una multiplicidad de contradicciones franqueadas por  certezas y  dudas.  Esa pugna, en tanto constructora de acontecimiento, posee dos órdenes de mediación;  uno de ellos es el territorio, tanto desde lo material como lo simbólico, siendo atravesado por lo macro social, el otro, se expresa en la singularidad de cada actor social. El contexto de la intervención en lo social, de esta manera, se encuentra marcado por una serie de inscripciones que generan nuevas y más preguntas. Tal vez, los  ejes más relevantes de éstas pasen por los efectos del neoliberalismo en  la trama  social, tanto desde lo objetivo a partir de los relevantes efectos de las desigualdades,  como en la construcción de nuevas y más formas de subjetividad.
La idea de pérdida de anclaje material y simbólico, la caída de las referencias, de  la previsión, la precariedad de la vida cotidiana y la movilidad descendente en una cultura donde pareciera  que solo  ofrece objetos como formas de satisfacción, construyeron y siguen erigiendo desde hace décadas un modo de padecer que integra lo social con lo subjetivo.
En esas cuestiones las sociedades arrasadas y paralizadas por el terrorismo de mercado sufrieron y aún sufren formas de cimentación de subjetividades que se expresan de diferentes maneras, pero, fundamentalmente, dando cuenta de la  fragmentación de la solidaridad, los lazos sociales y las relaciones de intercambio y reciprocidad. En definitiva de la sociabilidad. Una nueva forma de malestar se presenta en un contexto que algunos autores definen como de hipermodernidad. Pareciera que lo que sobresale como expresión del malestar es una especie de afirmación que se hace desde los profetas del mercado que culmina en una salida que podría sintetizarse en la idea de habitar dentro de una civilización donde pasa todo y nada a la vez. El movimiento acelerado de imágenes, discursos, bienes, propuestas y múltiples posibilidades, transforman la velocidad en inmovilidad a partir de tornase imposible obtener cualquiera de esas  propuestas, sin que ésta se transformen en antigua y sin valor, al instante de ser alcanzadas.
El Neoliberalismo deja una extraña sensación de orden en medio del caos, generando una idea de mundo conocido y ordenado a través del temor al otro y la máxima exacerbación del individualismo como su expresión más relevante. De este modo organizaba nuestras sociedades en una conjunción que iba y venía entre miedo y promesas de placer efímero.
La ruptura y estallido en múltiples formas de la amalgama entre igualdad, libertad y fraternidad que dio forma a los pensamientos utópicos y transformadores durante todo el siglo XIX y gran parte del XX sirvió para naturalizar y hacer invisibles  las desigualdades sociales, la ruptura de la sociabilidad y el aislamiento.
La noción de desigualdad como derecho, utilizada por la cruzada neo conservadora iniciada a mediados de la década de los setenta del siglo pasado, sintetiza de alguna manera esas ideas. De este modo la igualdad en algunos sectores de nuestras sociedades sigue siendo percibida y presentada como un peligro, riesgo o abuso, que puede coartar o terminar en forma definitiva con la libertad. Así, se suele hablar de exceso de derechos o de la utilización de las Políticas Sociales como forma de abandono, ociosidad o proto delito.
Las desigualdades sociales construyeron otras formas de relación social en las cuales, la inclusión genera temor, especialmente desde la imposición de un discurso donde  la sociedad es un pequeño espacio para pocos, mientras que los territorios de la exclusión social la rodean, acechan y a veces la invaden. Estos, son presentados, especialmente desde los medios de comunicación y los imaginarios sociales como áreas de guerra, puja y violencia de los cuales solo se puede huir desde diferentes formas de encierro espacial y subjetivo. 
A su vez, la exclusión social opera como un ordenador de la sociedad, donde cada “incluido” acepta cualquier condición o propuesta para seguir perteneciendo a una espacialidad metafórica que se asocia a la posesión de objetos, bienes y cierta idea de estabilidad laboral. En esta tensión entre inclusión y exclusión, presentados como territorios en puja, tensión y guerra, la incertidumbre generada desde diferentes formas discursivas impide en diferentes sectores de nuestras sociedades proyectar ideas de futuro y transformación, tornándose estas en formas subjetivas de padecimiento y temor. Aun así, en la aceptación del aislamiento de los otros, las sociedades construidas desde el temor con la única promesa del hiperconsumo como resolución hedonista del deseo, están franqueadas  por la decepción. La angustia, como “zona” no sabe de inclusión o exclusión social.
La caída del discurso neoliberal genera una serie de nuevas tensiones entre dos modalidades discursivas; la neoliberal asociada a un devenir signado por la fatalidad y la impotencia, donde las ideas son presentadas como sinónimo de conflicto y fracaso, siendo  la verdad única  el mercado, enfrentándose con un cada vez mas fuerte resurgimiento del discurso de la voluntad como camino de transformación política, económica y social planteada desde una vuelta de lo colectivo, de la pertenencia a proyectos como sinónimo de certezas y seguridades.
2-          El Lazo Social como lenguaje.
El Lazo Social, aun así, se fue construyendo en forma dificultosa, precaria, compleja, en el temor a la exclusión social. El lazo social se fue conformando  como un lenguaje que habla en forma balbuceante de tramas sociales, pautas y códigos, donde es posible y muchas veces necesario  reconocer retazos de relatos e historias negadas por años de dictaduras militares y económicas. El neoliberalismo, contaminó la sociabilidad imponiendo la lógica costo beneficio, el temor al otro, incluso su objetivación, ratificando mas y nuevas dificultades en las relaciones sociales, impactando de forma diferente en el Lazo Social.
De este modo el Lazo  Social se presenta como un lenguaje a develar en cada circunstancia interventiva. El Lazo Social, es un lenguaje en si mismo, que <<habla>> en cada escenario de intervención. Esta expresión del habla desde la sociabilidad se presenta como un observable tanto desde la pérdida y el deterioro de ésta como de la posible resignificación  de  diferentes espacios de socialización que nuestras culturas fueron construyendo en contextos de lucha y resistencia, política social y cultural.  Esos espacios de socialización perdidos o desmantelados, también nos muestran otra cara de este proceso de sumisión: la crisis de los sistemas de código y sanción, la separación entre cultura y regulación social. El lazo Social de esta manera se transforma en una forma de relación social mediada por la cultura, el lenguaje y la historia.
El Lazo Social es un lenguaje, posee un orden, pautas, formas y multiplicidad de posibilidades. El Lazo Social está allí, nos precede, desde la historia y los mandatos sociales. Desde papeles, guiones, pre escritos y significados, desde una estrecha relación entre cada actor social el escenario de intervención y sus componentes. Es también un observable de la interacción, las relaciones sociales informales y la vida cotidiana. El Lazo Social es, de esta manera, un mecanismo  atravesado por lo simbólico, que da cuenta de la relación entre sujeto y mundo social, es singular y está compuesto por elementos materiales y múltiples significaciones que se hace necesario en la construcción de subjetividad, dado que actúa como mediador en la construcción de diferentes sistemas de significados y valores que nos hacen sujetos.
En la actualidad, la mirada al lazo social, se torna más compleja, ya que, la intervención social nos muestra nuevos relatos alrededor de éste. Los mismos hablan de su condición efímera, su relación con la sobrevivencia, el atravesamiento de la búsqueda de beneficios  en su constitución, en definitiva de sus diferentes formas de resquebrajamiento.
3-          La Protección Social.
El retiro del Estado como instrumento de Protección Social, que produjo el Neoliberalismo como doctrina política y económica, no implicó su ausencia, sino una nueva presencia  desde el poder punitivo, generando mas y nuevas rupturas, la sanción y el código ahora desde otra esfera, comenzaron a ser impuestos desde lógicas ajenas a nuestras culturas, pautas  y formas de comprender y explicar los problemas sociales, en general  a partir de una perspectiva tecnocrática y normativa que convocaba y convoca a la intervención solo desde su aspecto coercitivo.
Con el retiro, tecnocratización  y achicamiento de la  protección social, también se fueron deteriorando los  sistemas de regulación provenientes del aparato estatal y que habían sido re significados a partir de múltiples  luchas, pujas y tensiones. La erosión institucional de lo público generó un desgaste que va desde la vida cotidiana hasta las propias lógicas de las instituciones que se encuentran “estalladas” y con pocas posibilidades de comprender los escenarios complejos donde se asientan.
Asimismo, también surgen nuevas formas de  malestar que se relacionan con una sensación de ausencia del todo social como lugar de cobijo, pertenencia y construcción de identidad. Como telón de fondo, la incertidumbre y la idea de no futuro generan nuevas formas de lenguaje, que se inscriben en el lazo social, estas van desde lo verbal, hasta lo corporal, donde lo que sobresale  es la pérdida de la palabra, su ausencia o recorte, el cuerpo se presenta como un nuevo lugar del habla.
Se es el cuerpo en las sociedades neoliberales y post neoliberales, los cuerpos muestran la identidad, desde diferentes marcas e inscripciones, que van desde los cortes  a veces auto infringidos, para hacer objetivo el padecimiento subjetivo, hasta las marcas de  las múltiples formas de la violencia que atraviesa a nuestras sociedades.
De este modo, el neoliberalismo logró alterar un orden discursivo e imponer otro que puede leerse en la textualidad del lazo social. En otras palabras por la fuerza hizo “estallar” una forma de gramática que se presentaba como producto de luchas y tensiones. La recuperación de la gramática perdida por efecto de las dictaduras y la represión, se muestra como campo de intervención  desde diferentes disciplinas que intervienen en lo social, como un mandato político que simplemente implica el rescate de la historia y lo colectivo en nuestras sociedades. Sin esa recuperación, el malestar simplemente se actúa, se queda sin palabras, se transforma en nuevas formas de la violencia que atraviesan la cotidianeidad. La no circulación de la palabra llevaba y aun lleva al acto violento, al padecimiento expresados como efectos de represiones que desde el contexto se entrometen en la subjetividad. El retorno del Estado como garantía de Protección Social, comienza a construir nuevas certezas, algunas  todavía no visualizadas, otras enmarcadas en las dificultades de los dispositivos clásicos de intervención social dentro de instituciones arrasadas por la lógica neoliberal.
4-          El Lazo Social como territorio de puja y conflicto.
El lazo social, se presenta como una forma de campo de tensión y disputa entres el discurso neoliberal y el colectivo, también es posible leerlo, conocerlo en la sociabilidad, en su orden, en su forma de codificación.
Así, la intervención  social enlaza una necesaria  recuperación del habla, del lenguaje de las formas de decir a través de diferentes dispositivos que intenten re vincular al sujeto con la cultura, con los otros, con su historia. Esto implica también una mirada hacia las diferentes profesiones en la perspectiva de recuperar el sentido  de modalidades de intervención que dialoguen con la historia, lo lúdico, lo expresivo, la pertenencia y la identidad.
Pero, además, en la complejidad actual puede involucrar nuevas miradas hacia lo grupal, lo territorial y la recuperación de la mirada hacia lo singular  como formas de intervención abierta, que permitan o faciliten un encuentro con el otro de manera profunda e intensa.
Posiblemente, para poder intentar recuperar y reconstruir junto con los otros, como sujetos de intervención nuevas formas del discurso, se hace necesario que las distintas  disciplinas que intervienen en lo social  generen la recuperación de su propia palabra.
El neoliberalismo, recortó también la gramática y el orden discursivo de las prácticas, impuso manuales de procedimientos, formas de decir y de registrar que rápidamente se transformaron en modalidades de intervención. La recuperación de la palabra por parte de la intervención social, se vincula, no solo con nuevos glosarios y conceptos, sino, también con modalidades de escritura, de decir, donde la recuperación de la metáfora tenga la posibilidad de generar un abandono progresivo de tecnicismos copiados de otros campos y que solo pueden ser útiles para hacer “fotografías”, como descripciones  a veces pormenorizadas del presente de una situación, pero la imposibilidad de comprenderla desde su construcción histórico social, como proceso mutilan, la capacidad de intervención.
El orden del discurso neoliberal impactó de manera relevante en las ciencias sociales, paradojalmente las dejó sin escenario, sin contexto, haciéndola ingresar el en  terreno de lo abstracto, de ideales de sujeto, familias, barrios muchas veces construidos desde perspectivas dramáticamente alejadas de nuestras realidades.
Recuperar la palaba también sugiere una nueva relación con lo territorial, para esto, tal vez haga falta aprender de nuevo a escuchar las voces del territorio, de sus actores, significaciones y sentidos, para desde allí reconstruir y recrear  nuevos lenguajes y subjetividades.
 La discusión acerca de las palabras en la intervención social lleva por otra parte a revisar conceptos, categorías, variables, indicadores para poder, desde ese proceso, re nombrar y poder transmitir de otras formas, tanto desde nuestro lenguaje escrito como verbal. En este aspecto, sobresale la necesidad de interpretar, de conocer en profundidad las diferentes  situaciones de intervención y su impacto subjetivo.
De esta manera la intervención social se refuerza como espacio intersubjetivo, atravesado por las representaciones sociales que rodean al problema o necesidad que generó  la demanda de intervención. Así,  tal vez sea posible pensar en la intervención con mas y nuevos horizontes que van desde la desnaturalización de la desigualdad hasta la recuperación de ciudadanías.
En este punto se inscribe el compromiso ético de las profesiones actuales, desde diferentes esferas, reconociendo en principio que la intervención es una “deliberación”, es decir una práctica que necesita nitidez  en el sentido definiendo con claridad desde donde y para que  se interviene. Delimitando de esta forma su lugar en la tensión entre el discurso del devenir sin sentido o la recuperación de la épica de la transformación.      
Bibliografía:
Arlt, Roberto. Los 7 Locos. Editorial Sudamericana. Buenos Aiores.1998.
Carballeda, Alfredo Los cuerpos fragmentados. Editorial Paidós. Buenos Aires. 2008.
Carballeda, Alfredo. Escuchar las Prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007
Comas, Corina. Tesis de Maestría (FLACSO) Lo Social y el padecimiento Subjetivo.(Mimeo) Buenos Aires 2005
Lipovetsky, Gilles. La Sociedad de la decepción. Anagrama. Buenos Aires.  2008.








Capítulo 2 Política Social y Cambios Sociales, la necesidad de una mirada Estratégica desde la Intervención


















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Los fuertes cambios sufridos por la sociedad Argentina en los últimos años se expresan en diferentes esferas. La fragmentación social, la caída de las instituciones, la crisis de legitimidad de éstas la expresión de la crisis de representación, muestran algunas facetas que marcan con dramatismo los nuevos escenarios donde se desarrollan las Políticas Sociales, la Intervención del Trabajo Social y la Investigación.

A su vez una mirada a la historia reciente de nuestro país marca una serie de momentos que dejan una fuerte impresión en las subjetividades colectivas. Los efectos de la Dictadura Militar en tanto la aplicación sistemática del terrorismo de Estado, la crisis de hiperinflación de 1989, el desmantelamiento del empleo, la caída del Estado, todo dentro de un contexto de aplicación de políticas neoliberales que implica nuevas formas de padecimiento que se expresan de diferente manera. Pero tienen una clara articulación a partir del Golpe de Estado de 1976. Esta serie de hechos, tiene su punto mas alto durante los últimos dos años, donde se multiplican los niveles de pobreza e indigencia y nuevos sectores sociales ingresan masivamente a la exclusión social en forma abrupta y en muchos casos inesperada.

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Una sociedad atravesada por la lógica del mercado, se transforma en competitiva y "justifica" de alguna manera su falta de integración. Así ese otro se convierte en un enemigo potencial en tanto competidor en una lucha por la subsistencia donde unos y otros son plebeyos del mercado.
Este se presentó como una especie de Leviatán, al que cada día la propia lógica de la desigualdad y especialmente la inequidad le entregan la vida mas de 50 niños argentinos que mueren por causas asociadas a la mala alimentación.
Ese monstruo, pareciera que exige esas muertes y esos padecimientos para ofrecer la inseguridad de las mayorías y la tranquilidad de quienes viven cada vez mas encerrados y custodiados. Así las miserias que traen las desigualdades sociales, se expresan en ciudadanías recortadas, en falta de derechos, que en definitiva alimentan la crisis de legitimidad y representación. Tanto en nuestro país como en todo el mundo, los niveles de inequidad alcanzaron indicadores nunca antes vistos de concentración de la riqueza en cada vez menos manos. Tal vez, en la historia conocida de Occidente nunca se estuvo con estos niveles de concentración del capital e injusticia social.

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Desde esta serie de acontecimientos surgen diferentes miradas en tanto intento de reflexionar y actuar frente a la crisis. La Política vuelve a transformarse en un elemento clave en la medida que de tomar el "control" de la situación se estaría liberando de las ataduras del mercado y del terrorismo de los economistas neoliberales.
Quizás el reclamo mas claro de las sociedades de Occidente hacia la Política pasa por que vuelva a tener protagonismo, que se imponga sobre lógicas que lentamente la fueron atando y amordazando. Lógicas que en el caso de nuestros países de América Latina se iniciaron a sangre y fuego en contextos de aplicación del Terrorismo de Estado. Un estado tomado por asalto, como última etapa de un proceso de desmantelamiento que se origina desde mediados de la década de los 50, a partir de un Golpe de Estado que aún la historia continúa llamando "Revolución Libertadora", es allí donde se inicia el horror que los argentinos estamos padeciendo. Basta con leer "Operación Masacre" de Rodolfo Walsh para ubicar prácticas que serán masivas en años posteriores.

Pareciera que hoy la historia se mueve con movimientos mas perceptibles y claros, ya no motorizados por el progreso indefinido, sino por la búsqueda de reencuentro con el destino en nuestros pueblos del tercer mundo, y desde allí comienza muy lentamente a articularse aquello que estos casi 50 años de dominación fragmentaron. El principio de este siglo se presenta como incierto, pero cada vez mas cercano a la construcción desde nosotros mismos, desde nuestra historia, nuestra palabra, nuestra memoria.

Así, pareciera que se ingresa a una época de "visibilidad" donde lo sistemáticamente ocultado, vuelve a mostrarse ahora desde el rostro de la interpelación apoyada en la memoria. La vuelta del acontecimiento, es decir el retorno de aquello que articula hechos que son presentados como aislados pero que integrados se transforman en acontecimiento y verdad.
Así, el propio desarrollo de la crisis muestra, hace visible lo oculto; la exclusión, el saqueo de nuestra economía, la deuda externa y la humillación a que se nos somete. La política posmoderna se caracterizó por la falta de acontecimientos, todo transcurría en un mundo apático y fragmentado donde los actores sociales solo eran vistos desde la estética.
En la Política Posmoderna, no pasaba nada y pasaba todo. El neoliberalismo tuvo la habilidad de ocultar su rostro político detrás de diagramas de barras, indicadores supuestamente científicos y movimientos de mercado que se apoyaban mas en el ocultismo que en el análisis racional. Todo ese cotillón con el que nos bombardearon durante décadas pareciera que se está desgastando y muestra su verdadera esencia escenográfica digna de un estudio de Cine en Hollywoood.

Así, la posible vuelta de la Política implica una serie de nuevos desafíos, tanto para la reflexión teórica sobre el tema como para la acción concreta en el campo de la Política Social y la Intervención en Lo Social.

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La Política Social como estrategia y la Intervención del Trabajo Social, se presentan hoy como una nueva oportunidad. Así la Política Social debe ser entendida como medio y no como fin.
La política Social en tanto medio, es simplemente un instrumento que debe contribuir a recuperar la integración perdida, a una mejor distribución del ingreso, es decir que debe ser redistributivas y básicamente instrumento de gestación de una nueva soberanía popular en tanto fortalecimiento de las formas organizativas.
A su vez la Política Social debe orientarse hacia la reparación de la sociedad Argentina, es decir servir como elemento que intervenga en la recomposición de lazos sociales, en la recuperación de identidades, en la comprensión y explicación de las nuevas formas de la pobreza, para desde allí recuperar lo perdido, debe ocuparse de la alimentación y la salud en tanto que la estrategia reparadora se inscribe en el corto plazo.

En definitiva la Política Social debe recuperar direccionalidad, volver a la cobertura universal y tiene que ser fuertemente anticipatoria. De allí la necesidad de nuevas formas de Planificación Integradas y articulados con el todo social. La Política Social se debe desprender de la lógica economicista, del juego del costo - beneficio. Inclusive, la Política Social debe ser entendida desde una perspectiva estratégica de Nación insertándose a su vez en la Región, en tanto Cono Sur, no solo en el MERCOSUR, para la Argentina es muy significativa una perspectiva que también tenga en cuenta a Chile y Bolivia.
Si la Política Social se construye como una estrategia de integración Nacional y Regional, debe preocuparse por la construcción de un consenso social, relacionado básicamente con el concepto de derechos sociales, es decir una lógica que plantea que donde hay una necesidad existe un derecho social no cumplido.

Desde esta perspectiva la Intervención del Trabajo Social, implica una nueva serie de cuestiones que van desde el sentido de la misma, y su articulación desde una perspectiva estratégica.

Así la intervención en Lo Social se transforma en un diálogo que genera la posibilidad de nuevas preguntas. La intervención se transforma en un espacio de intercambio entre Estado y Sociedad, pero básicamente como lugar de formulación de nuevos interrogantes, de creación de nuevas formas de la agenda pública, en definitiva un dispositivo que "haga ver", porque aquello que es visualizado, interpela, genera en definitiva acontecimiento, desplazando sentidos, desarticulando órdenes constituidos previamente. En definitiva un lugar de encuentro con los otros, con la historia, en la medida que la Política Social y la Intervención retomen su impronta Histórico Social.

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La historia de América es de alguna manera una puja permanente que genera diferentes formas de interpelación , que en definitiva muestra la búsqueda de una totalidad perdida, de la propia identidad, de aquello que la expoliación separó.

Para la mitología griega Sísifo estaba condenado a cargar una pesada piedra por la ladera de una montaña día tras día. Así llegaba a la cima y la piedra volvía a caerse y nuevamente había que subirla. Podemos imaginar a Sísifo satisfecho, porque no se dejaba abatir, no se dejaba derrotar, no huía. Sísifo resistía y esperaba. Así la resistencia lo hace digno de alcanzar aquello que se perdió y de construir desde allí el futuro.



Capítulo 3 La Accesibilidad  y las Políticas de Salud
1- Contexto y accesibilidad
La sociedad Argentina ha sido atravesada desde hace casi 40 años por una larga serie de circunstancias complejas. En ese ciclo, diferentes acontecimientos se inscribieron en la memoria colectiva generando incertidumbre, desazón y desencanto pero, especialmente nuevas formas de padecer y sufrir que van desde, los efectos de  la aplicación sistemática del terrorismo de estado hasta el temor que implica la posibilidad de caída en los oscuros espacios de la exclusión social.
Por otra parte, la  progresiva recuperación de la centralidad del Estado en las Políticas Sociales desde el año 2003, comienza a construir algunas certezas que habían sido dadas por perdidas en forma indefectible desde los discursos  de los agoreros que anunciaban el fin de la historia y al mercado como el nuevo regulador y ordenador de la sociedad. Esa recuperación del Estado, es acompañada por una serie de cambios de paradigmas que en el sector salud impactan en forma sugestiva, como por ejemplo la Nueva ley de Salud Mental y Adicciones y la Asignación Universal por Hijo.
La salud, y las políticas sanitarias, si son entendidas como procesos de construcción colectiva, no son ajenas a esta serie de acontecimientos y circunstancias. Las ausencias reales y simbólicas que dejaron los terrorismos de estado y de mercado, también hicieron mella en el sector salud, tanto desde la pérdida de sentido en los mandatos fundacionales de las instituciones como en la justificación de  su desmantelamiento. Repensar las políticas de salud en los escenarios actuales, tal vez, implique una búsqueda de conceptos que sirvan  para su análisis y estudio,  desde una perspectiva integral, especialmente a partir de  la persistencia del relato neo liberal  pujando  por seguir hegemonizando las prácticas.
La indagación de explicaciones y categorías  que acompañen estos procesos se podría orientar hacia  aquellas que se presenten como  instancias de integración y articulación y  que trasciendan los enunciados clásicos de las políticas del sector salud permitiendo generar nuevas formas comprensión y explicación, como así también de abordaje y respuesta. 
A partir estos aspectos, la noción de  accesibilidad  se presenta como  una vía de entrada para re pensar las Políticas Sociales y las de Salud poniendo a  la perspectiva del sujeto social en relación a su situación y visión del proceso salud enfermedad especialmente desde su condición sociocultural y las relaciones  entre las Políticas Sociales y las posibilidades de  reconstrucción de la sociedad  en un lugar central. 
En principio la accesibilidad, se cimenta  como una vinculación, es decir como un lazo social entre el sistema de salud o de acción social y  los usuarios de éste. De este modo, puede ser entendida como una relación cargada de  significados  que relaciona a las políticas, las instituciones y a la sociedad.
2- El estudio de  la Accesibilidad  en el Sistema de Salud como vía de entrada al análisis y diseño de políticas.
Los cambios que se fueron produciendo en la esfera de la economía desde mediados de los años setenta hasta la crisis del año 2001 se apoyaron en  la  aplicación de un modelo de corte  neoliberal que en lo social,  llevó paulatinamente a una distribución de la riqueza cada vez mas injusta, ampliándose de manera sustantiva la brecha entre ricos y pobres, también, en ese período  nuevos sectores sociales empobrecieron,  generándose, además un clima de época donde lentamente comenzaban a emerger la incertidumbre y la desprotección social mientras que paralelamente el Estado desmantelaba sus dispositivos de protección y ampliaba su poder punitivo. La accesibilidad al sistema de salud aparece como uno de los elementos más significativos para el análisis de los efectos materiales y simbólicos de las políticas neoliberales en el campo de salud, tanto desde una perspectiva histórica como para el estudio de las mismas en el presente.
El crecimiento de los índices de empobrecimiento y desempleo se multiplicó y acumularon desigualdades que hicieron eclosión en la crisis de Diciembre de 2001. Como consecuencia quedaron nuevas y más diferencias sociales y situaciones de  injusticia que hacía décadas que no se presentaban  y se expresaban en un mundo señalado por el culto al mercado.
Se trataba, a partir de infinidad de formas de “ajuste”, restricciones y recortes la metáfora de  mantener su quietud y no provocarle "alteraciones de carácter", en definitiva, cuidar su estabilidad. El mercado se había  transformado a partir de la dictadura, en forma pausada en un nuevo disciplinador social. Una especie de Leviatán al cual se le entregaban vidas e ilusiones de toda una sociedad, día a día, para lograr su indulgencia, perdón y la promesa de una  estabilidad económico social  que solo se reflejaba en las voces de los comunicadores de la economía y la política que hegemonizaban las frías pantallas de los canales de televisión en la los demás medios de comunicación.
Como consecuencia de estas cuestiones, en los años del neoliberalismo, dentro del sector salud, emergieron nuevas formas del padecimiento, relacionadas con  expresiones de la injusticia acordes a la época y que fueron presentándose desde más y nuevos actores que  comenzaban a recorrer  las salas de los servicios estatales de salud. Eran rostros novedosos, algunos, los que penosamente lograban llegar procedían de la pobreza estructural, otros, veían con asombro que se encontraban allí luego de una situación de caída que los encontraba sin trabajo, ni cobertura social, con los lazos sociales y el capital simbólico deteriorados. Las nuevas víctimas del disciplinamiento del mercado, comenzaban a ver en las inscripciones de sus cuerpos, en sus enfermedades y estigmatizaciones, el recorte de sus ciudadanías. Pero también, pugnaban por acceder a servicios de salud públicos deteriorados por los ajustes, recortes y las políticas que se orientaban a seleccionar, y expulsar del sector a los nuevos indeseables del modelo neoliberal. 
La vida cotidiana se transformaba en algo precario e incierto, donde la pérdida de derechos sociales, como marca de una caída hacia fuera de la sociedad de mercado, llevaba  rápidamente a un nuevo  deslizamiento que culminaba con  la privación de los derechos civiles y golpeaba en forma sistemática las posibilidades de autonomía. En este contexto de nuevas y viejas demandas ubicadas en escenarios desconocidos, comienzan a escucharse en los diferentes servicios del sector público de salud y especialmente en los Servicios Sociales, historias de personas que intentaban poner  en palabras la singularidad de lo que les ocurría y se encontraba inscripto en cada uno de ellos, en su subjetividad y en sus  relaciones familiares y sociales. Historias de padecimientos que se entrecruzan en los pasillos de los hospitales y en las salas de espera de los centros de salud, con una superposición de lógicas, formas de comprender y explicar lo que estaba ocurriendo, a veces con una marcada tendencia a naturalizar el sufrimiento, otras, en la elaboración de estrategias de resistencia donde la accesibilidad se había transformado en un territorio de luchas y tensiones. Esta, que había sido construida desde una visión universalista a partir de Ramón Carrillo y la construcción de un sistema nacional de salud,  se fue yendo lentamente  de la esfera de los derechos sociales para retroceder a la lógica de la asistencia y la racionalidad economicista impuesta por  las políticas de focalización.
Los diferentes  procesos de precarización de la cotidianeidad, en diálogo con la noción de accesibilidad, son otra expresión de estos temas. La precariedad condujo al sostenimiento de la vida cotidiana a través de  estrategias de sobrevivencia individuales, donde lo que sobresalía era  el  presente.  Estas, implican también nuevas visiones de lo corporal, del dolor, del padecimiento que paulatinamente queda relegado, cambiando inclusive las formas de percepción de la enfermedad y los niveles de alarma acerca de ésta.
De este modo, la  construcción desde la economía y la política de escenarios donde la accesibilidad a la protección social era recortada y mutilada, muestra la aparición  de nuevos problemas sociales y subjetividades que se expresaban en diferentes formas de comprender y explicar el proceso salud enfermedad en  un contexto de desigualdad social.
La alteración de las conformaciones clásicas de los lazos  familiares y comunitarios, llevaron también  al deterioro de  las posibilidades de contención  y amparo por parte del tejido social o de la familia generándose también una pérdida de espacios de construcción colectiva de la accesibilidad, quedando ésta reducida a la inserción del sujeto en el mercado o en el desarrollo  de estrategias individuales de acceso al sistema de salud signadas por la necesidad y la urgencia.
Los profetas del terrorismo de mercado, planteaban, de diferentes maneras que cada caída en la exclusión era en gran parte una responsabilidad individual por no saber adaptarse a un "nuevo orden mundial" que fortalecía su discurso único de diferentes modos.
La accesibilidad al sistema de salud se transformó en una especie de presa codiciada por los tecnócratas neoliberales, se trataba de ahorrar en el llamado “gasto público”, poniéndole obstáculos a esta desde una lógica centrada en una idea de gestión donde primaba el menor uso de los servicios de salud.  La accesibilidad, en tanto la llegada y trayectoria de un sujeto dentro del sistema de salud, fue cercenada, “racionalizada” desde las imposiciones del mercado. De este modo,  la lógica del “giro cama”, que implica el tiempo en que permanece una persona internada dentro de un hospital, y que sintetiza la perspectiva de la aplicación del binomio costo beneficio en las políticas de salud, intentó ser impuesta a cualquier precio, generando nuevas formas de exclusión exilio y expulsión del sistema, traducidas en desprotección y desamparo enunciada desde una forma de eficiencia teñida de desigualdad social.
Estudiar la accesibilidad en salud hoy, implica repensar las Políticas en este ámbito, tanto desde el diseño de estas como las implicancias relacionales, organizativas y subjetivas que la constituyen. Teniendo en cuenta sus implicancias histórico sociales.  La accesibilidad es, en definitiva, una construcción colectiva y eminentemente política que da cuenta de la salud de una población y muestra de manera concreta la llegada real de las políticas de sanitarias a la población.
3- La Accesibilidad hoy y las marcas del terrorismo de mercado
Las expresiones actuales de la  cuestión social emergieron  como  formas novedosas de padecimiento que abarcaron cambios en la esfera de la cultura, tanto como en la comprensión y explicación del contexto macro social y la vida cotidiana Pero también de las significaciones acerca de la salud y la enfermedad, su construcción simbólica y la noción de la asistencia como derecho.  Estas, muestran la posibilidad de formular nuevos interrogantes con respecto a los dispositivos  clásicos de la intervención en Salud.
En este aspecto la noción de accesibilidad, puede presentarse como una manera de comprensión de los nuevos problemas que atraviesan el sector, pero también desde ella se pueden obtener aportes desde la perspectiva de la construcción de políticas de salud. A su vez, las expresiones actuales de la  cuestión social emergen como  formas novedosas y complejas del padecimiento singular y colectivo que, al abarcar cambios en la esfera de la cultura proponen nuevos encuentros entre el campo de la salud y las ciencias sociales. Una vía de entrada  a esta nueva agenda puede pasar por el análisis de la construcción, comprensión y explicación de la vida cotidiana y de la percepción del proceso salud enfermedad desde diferentes formas de territorialidad, donde la enfermedad es un acontecimiento ligado a diferentes cuestiones que la condicionan, producen y construyen desde una subjetividad situada. En definitiva, a partir de  nuevas preguntas acerca de cómo  surgen las formas de demanda relacionadas con la salud y que atraviesan diferentes sectores de las Políticas Sociales. De este modo, el resultado de la mirada hacia la accesibilidad puede condensar a las nuevas formas de construcción de demanda hacia los servicios de salud, desde su complejidad. 
La accesibilidad entendida como una forma de relación con el Estado, las Políticas Sociales y de Salud se convierte en un instrumento que puede develar  el juego, que en   forma persistente aún marca  la puja entre la dinámica de la sociedad y la lógica del mercado. Así, la accesibilidad dialoga con la pertenencia a las redes de sociabilidad y las diferentes  construcciones de la identidad.
4-Accesibilidad, Cuerpo y Neoliberalismo
                   Los efectos del neoliberalismo atraviesan las Políticas Sociales, las instituciones y los actores sociales que circulan dentro de éstas. Así, se construyeron nuevas formas de subjetividad que implican la necesidad de revisar las maneras en que se accede al sistema  de salud, se permanece y transita dentro de él. 
                 Los cambios ocurridos en las últimas décadas, se expresan en la construcción de nuevas implicancias sociales y culturales del padecimiento, donde, la percepción de la salud y la enfermedad giraron hacia formas de naturalización del dolor y la noción de corporalidad.  El terrorismo de mercado también creó condiciones laborales que sugieren otras formas de percepción de lo mórbido, donde el malestar es silenciado, naturalizado, sencillamente por necesidad de seguir estando dentro del trabajo, donde el temor al desempleo construyó nuevas formas de sentir y sufrir. Pero también, desde la fantasía de permanecer dentro de una sociedad que estigmatiza, separa o aísla a quienes exhiben, demuestran o ponen en palabras sus padecimientos. De este modo es frecuente que  se  acuda a trabajar con signos y síntomas de enfermedad y según las capacidades adquisitivas se podrá o no acceder a diferentes medicamentos que ocultan las señales del cuerpo, prometiendo seguir estando, perteneciendo a los grupos de  personas saludables  que muestran una imagen juvenil, sana, y distendida, a través de la producción de imágenes elaboradas desde las diferentes  estrategias de venta de medicamentos. De esta manera, los signos y los síntomas se naturalizan ocultados en nuevas formas de la corporalidad que también dialogan con formas subjetivas de construcción de barreras a la accesibilidad y los derechos Sociales sencillamente silenciándolos.  En definitiva, sacar el síntoma, negarlo para seguir perteneciendo a una metáfora de sociedad idealizada a través de múltiples estrategias de mercado y escenografías montadas para negar el acontecimiento que rodea y construye el proceso salud  enfermedad. Incluso, la persistencia mediática de las estrategias publicitarias logró naturalizar que la primera reacción frente a un síntoma o sensación de enfermedad se transforme en una compra de medicamentos.
                    Ese silencio de los cuerpos y de sus señales construido desde una lógica economicista, repercute en la accesibilidad de diferentes maneras, se intenta acceder cuando el efecto de lo mórbido ya no permite trabajar o generar estrategias de sobrevivencia lo que muestra un cambio en los niveles de alarma sobre lo que ocurre en los cuerpos de unos y otros.
                     Precisamente, se consulta cuando ya no se puede seguir, cuando la expresión del síntoma construye una sensación o realidad invalidante que indica la necesidad de la atención dentro el Sistema de Salud.  Allí se construye desde otras realidades y lógicas un punto de interpelación a la noción de accesibilidad al sistema de salud. Sencillamente, desde posibilidad de generación de políticas y estrategias de intervención que desnaturalicen esas cuestiones y propongan nuevas formas de acceso a éste. 
5- La accesibilidad y la incertidumbre en la atención dentro del campo de la salud.
               La accesibilidad también se entrecruza con otra serie de interrogantes que se fueron construyendo dentro del contexto del neoliberalismo. En este aspecto, lo institucional se inscribe en un terreno de nuevas formas de  la incertidumbre, donde, la accesibilidad comenzó a ser atravesada por interrogantes ligados a la posibilidad de asistencia de las instituciones, públicas, privadas y de la seguridad social. No se trata solo de llegar al hospital, sino, de lograr que la intervención  en las diferentes consultas sea trabajada, resuelta y posea capacidad de construir certeza. Es decir, las condiciones actuales del sistema de salud muestran que la accesibilidad no finaliza con el ingreso a éste, sino que implica una recorrida singularizada  que requiere la resolución integral de la demanda. Estas cuestiones están atravesadas por una serie de circunstancias que las condicionan. La circulación de la palabra en las instituciones de salud desde hace décadas está siendo remplazada por los medicamentos, los estudios complementarios que se han transformado en una nueva forma de lenguaje que se inscribe mas cerca de la lógica del protocolo, que de la escucha, así el sistema de salud no logra resolver mas que a corto plazo circunstancias complejas que van mas allá de los aspectos biológicos y sintomáticos que construyen la demanda  de  asistencia.
                   La accesibilidad, así ingresa en otro sendero de incertidumbre, donde  la institución  de salud y sus profesionales suponen que la consulta se resuelve en la medida que el procedimiento se acerque a lo que se considera más correcto por mandato institucional o por la imposición de un neo positivismo muchas veces  funcional a los intereses de las multinacionales de los medicamentos o colonizados por la tecnología, signando la relación de los sujetos sociales con el sistema de salud solo a través de relaciones causa efecto. Así, la vinculación, el lazo que se construye dentro del sistema de salud se enfría, queda despersonalizado, el otro se transforma entonces en un objeto sin historia, desposeído de su singularidad. Estas cuestiones se hacen mas complejas cuando se suman a la desconfianza que se genera por el temor a las denuncias por mala praxis, incorporando de esta forma una nueva barrera a la accesibilidad. La dificultad que muestra la falta de  certezas, también se imbrica con las inseguridades que atraviesan los equipos interdisciplinarios, fundadas en la complejidad de los escenarios actuales de intervención social, las nuevas lógicas institucionales y especialmente en la crisis de una sociedad que padeció por décadas el desmantelamiento del Estado, perdiéndose uno de los ejes fundamentales  de la garantía  de la integración social e institucional.  La fragmentación de la sociedad, se expresa en los  cuerpos y dentro del sistema de salud en la mirada sobre éstos, así las especializaciones construyen sus propios fines sin importar lo que ocurre con el todo, generando otra serie de inconvenientes a la accesibilidad, ahora desde otras formas de complejidad.
               En definitiva, las Políticas de Salud y la accesibilidad no implican solamente el ingreso al sistema, dado que ese hecho no garantiza que esta tenga una aplicación y adaptación real, sino que la misma debe ser acompañada dentro de las diferentes instancias institucionales.
6- Accesibilidad y Territorio
            La Accesibilidad también  se expresa dentro de espacios territoriales, desde éstos se construyen sentidos pujas, posibilidades y disrupciones que se imbrican con el Sistema de Salud. Por ejemplo, cuando la institución es reflejo de un territorio ajeno u hostil, comienza a marcar y construir dificultades de orden material y simbólico que rigen trayectorias diferenciadas aún cuando se logre ingresar a ésta.  La construcción discursiva de la ajenidad de los ciudadanos del Gran Buenos Aires en los hospitales de la Ciudad de Buenos Aires, puede ser una muestra de ello y las representaciones sociales que atraviesan esos encuentros, suelen expresar una forma de acceso peculiar, marcada por la idea de beneficio, ilegitimidad y dádiva. En muchas circunstancias cada prestación se tiñe, en forma poco visible  de una lucha por el derecho a la salud, convirtiendo la relación entre el sujeto de  derecho la Política Sanitaria en un terreno de complejidades, dudas y dificultades que atraviesan la intervención y  le suman mas problemas a la propia disrupción del proceso salud y enfermedad. En los Centros de Salud, suele ocurrir algo semejante entre los pobladores tradicionales de los barrios mas empobrecidos y los que recién llegan a habitar la periferia de esas formas de la pobreza.  De este modo, la accesibilidad se presenta como un punto de interrogación, análisis y acción en las Políticas Sanitarias, desde lo territorial. Floreal Ferrara, explicaba lo territorial desde la “Accesibilidad Geográfica” esta; implica la necesidad de tener en cuenta la cantidad de usuarios del Sistema de Salud  que puede utilizar sus servicios, teniendo en cuenta también el  tiempo  de desplazamiento hacia éstos de diferentes maneras, es decir  que la accesibilidad también tiene que ver con la distribución y la localización de los servicios. Es justamente desde lo territorial donde es observable la necesidad de repensar convenciones sistemáticamente repetidas y fallidas como los sistemas de referencia y contra referencia en tanto ordenadores de las circulaciones dentro del sector. Tanto desde el punto de vista  material como simbólico.
                        Pensar las  Políticas Sanitarias como Políticas Sociales implica una indefectible presencia de lo territorial, desde una accesibilidad integrada, con clara inserción en éste como único camino  para   transformarse en un dispositivo de integración social.
7- La Accesibilidad y los Equipos de Salud
        La Accesibilidad, también se encuentra estrechamente ligada a las prácticas en salud especialmente desde sus aspectos organizacionales  vinculados con la organización de turnos, horarios y recorridos dentro del sistema de acceso a las Políticas, Planes y Programas de Salud y también a su faceta cultural o simbólica, en la que se ponen en juego  hábitos y prácticas de los usuarios respecto al cuidado y autocuidado, uso, sentido de los recursos de asistencia y las limitaciones que éstos imponen. Las prácticas dentro del sector salud y las políticas sanitarias muestran la necesidad de intervenir sobre todos los recursos humanos involucrados en el sector desde la perspectiva de consensuar y discutir lógicas, sentidos desde los fines últimos de las Políticas y las Instituciones de Salud. Es posible que los propios equipos de trabajo se transformen en un obstáculo o dificultad en la accesibilidad, especialmente desde una perspectiva de no comprensión de la noción de salud que atraviesa tanto a los usuarios, como a los profesionales y trabajadores administrativos de las instituciones del sector. Las problemáticas actuales que se presentan en este campo son sumamente complejas y lo trascienden.
                        De esta manera, el sector salud,  presenta una serie de características, que llevadas a los espacios institucionales que pueden ser entendidos como “escenarios de intervención” , en ellos se expresan diferentes tensiones que  interpelan a la Intervención en el campo de la salud desde disímiles aspectos, como los papeles de los actores, los componentes escénicos, la historicidad  de la trama donde se desenvuelven los problemas sociales y su enlazamiento con lo económico, social y político.
                      Comprender  a la salud y la enfermedad como proceso, implica aceptar que este  se constituye como  fruto de una serie de tramas complejas que dialogan con  diferentes  formas de devenir en los órdenes;  político, económico, demográfico, sociocultural y medioambiental.  La enfermedad, de esta manera, no es un mero producto de diferentes desajustes o alteraciones  poli o uni causales, sino, que se vincula con una serie de circunstancias que exceden el abordaje de una sola mirada, o la sumatoria de estudios de  fenómenos comprensivo explicativos.  
                           Los escenarios actuales de la Intervención Social, se constituyen  dentro de contextos signados por la turbulencia, sumados a la aparición de nuevos problemas y la emergencia de situaciones conocidas que se encuentran y manifiestan de forma diferenciada por los cambios de época, con una nueva presencia del Estado como algo novedoso que irrumpe con posibilidades de generar sentido.
                             La enfermedad, se entrecruza de manera compleja con la vulneración de derechos, la incertidumbre, el padecimiento subjetivo, las nuevas formas de comprender y explicar los fenómenos asociados a lo mórbido, las diferentes maneras de construcción de las solidaridades en tramas heterogéneas, y muchas veces dentro del estallido de los dispositivos de asistencia que por diferentes razones muestran dificultades para abordar las nuevas demandas dentro del sector.
                   Así,  el sujeto que llega a los servicios asistenciales de salud, se constituye como alguien “inesperado”, un sujeto que las instituciones, a veces no pueden comprender a partir de su constitución desde nuevas lógicas y climas de época. La respuesta institucional en muchos caos pasa del azoramiento al rechazo, producto posiblemente de la extrañeza y el temor que causa lo diferente o lo ajeno. De este modo, la accesibilidad se presenta también en estas circunstancias interpelando a las prácticas y políticas del sector en este caso desde la formación y capacitación de los equipos de salud.
                        Es tal vez, en ese punto donde también la política social y la accesibilidad tienen posibilidades de encuentro y diálogo, ahora con un Estado presente y con posibilidades de ordenar esas cuestiones. 
8- La Accesibilidad como categoría en las Políticas de Salud.
                          Entender la salud y la enfermedad como un proceso donde ya estas, no son objetos exclusivos de la preocupación médica, implica que los problemas de salud y enfermedad  pueden volver  a ser definidos como histórico sociales. Así, la recuperación de la inscripción de un sentido dinámico del proceso salud enfermedad implica entenderlo como una búsqueda y construcción propia  de nuestras  sociedades, pero,  también como una forma de apelación  a la solución de los conflictos que plantea la existencia. Es en definitiva, la posibilidad de reconocer nuestras capacidades  de la sociedad que formamos parte como sujetos histórico sociales, para detectar, identificar y resolver en forma solidaria los distintos factores que limitan nuestra potencialidad vital. 
                          Estos conceptos, dan cuenta de que la salud es expresión de  procesos sociales, en otras palabras, es entender a los fenómenos de salud-enfermedad en el contexto del acontecer ideológico, económico y político de la sociedad y no sólo como fenómenos biológicos que atañen solamente a las personas aisladas desde una perspectiva a histórica y uni causal de la enfermedad. En definitiva, esas diferentes maneras de explicar el proceso salud – enfermedad también atraviesa la accesibilidad.
                      De este modo, ambas concepciones de salud (histórico social y biologista)  coexisten en la actualidad y sostienen distintos modelos de asistencia generando diferentes formas de la accesibilidad. Los modelos uni causales herederos de las primeras formas de la higiene y el positivismo siguen construyendo prácticas cuyo objeto son solo los cuerpos; cuerpos que durante mucho tiempo se han construido y han sido moldeados por discursos hegemónicos cuyo fin era la normalización, y donde predominaba una noción de la ausencia de enfermedad como sinónimo de adaptación a sociedades injustas.
                        Pensar la Accesibilidad como categoría relevante en la elaboración de Políticas Sanitarias, involucra una serie de contingencias  que implicarían la posibilidad de aplicar la visión de la salud como proceso histórico social, pero, especialmente desde la perspectiva de los sujetos de derecho social que hacen uso del Sistema de Salud. De este modo, la incorporación de una visión subjetiva y objetiva de éste podría aportar nuevas formas de construcción de acciones, signadas en este caso en la relación entre los actores sociales, el territorio, su propia perspectiva del proceso salud enfermedad desde un pensar situado, tal vez mas cercano a las realidades de nuestra América y alejado de las oficinas burocráticas de los funcionarios que  diseñan estrategias de salud para el Tercer Mundo desde perspectivas que muchas veces recuerdan  diferentes formas de colonialismo. Tal vez, la batalla cultural contra la colonización pedagógica también pase por estos temas. 


Bibliografía
Carballeda, Alfredo (2007). Escuchar las Prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires.
Ferrara, Floreal (1987). Teoría Social y Salud. Ed.Catálogos. Buenos Aires.
Gillone, Alicia, La Salud como Derecho en: http://www.apdh-argentina.org.ar/salud/trabajos/la.salud.como.derecho.pdf
Provincia del  Neuquén. Argentina. Ministerio de Salud. http://www.neuquen.gov.ar/salud/
Stolkiner, Alicia Pobreza y subjetividad. Relación entre las estrategias de las familias pobres y los discursos y prácticas asistenciales en salud. http://www.psi.uba.ar/academica/carrerasdegrado/psicologia/sitios_catedras/obligatorias/066_salud2/material/unidad2/subjetividad_pobreza_stolkiner.pdf   





















Capítulo  4  Cartografías e Intervención en lo social

               
















  “Degollada y borrada ha quedado esa hacienda, pero nos queda una precisa mención de una <<mula tordilla>> que anda en la chácara de Palermo, término de  esta ciudad>>. La veo absurdamente clara y chiquita; en el fondo del tiempo…Bástenos verla sola: el entreverado estilo incesante de la realidad; con su puntuación de ironías, de  sorpresas, de previsiones extrañas como las sorpresas, solo es recuperable por la novela. Afortunadamente, el copioso estilo de la realidad no es el único: hay el recuerdo también, cuya esencia no es la perduración de rasgos aislados.” 
Jorge Luis Borges. Evaristo Carriego

“Constituir un territorio para mí constituye prácticamente el nacimiento del arte”
G. Deleuze. Diálogos.

1-          El territorio como espacio de intervención social.

Desde la complejidad de los escenarios actuales de intervención  en lo social, lo territorial se presenta como un  espacio de mirada  y análisis que  requiere de lecturas que trasciendan las descripciones formales o meramente descriptivas o cuantitativas.
El territorio construye subjetividad y es construido desde ella. Lo territorial es memoria, recuerdos y “previsiones extrañas” poseyendo también diversas posibilidades de acceso a la multiplicidad de imágenes,  representaciones, imaginarios y sentidos que trasciende a la realidad objetiva desde fisonomías que cambian a partir de innumerables expresiones.
La  intervención social  actúa sobre el cuerpo y la subjetividad pero también, en interacción y diálogo con el territorio. Desde ese encuentro se construyen diferentes formas de   producción  de  saber y significaciones sobre el mundo de la vida y su cotidianeidad.  Ese saber, también  interactúa con el territorio, retorna: se transmite e inscribe las alteraciones que surgen en sus trazados, fluye sobre él, lo transforma, lo intensifica, lo desbloquea y  expone.  El  territorio, de esta manera puede ser entendido como  una construcción social que se desarrolla a  partir de las significaciones y usos que los sujetos  construyen cotidianamente, a partir de historias comunes, usos y sentidos. Así como sujetos somos seres con historia, el territorio también la tiene y esa historicidad es  construida en forma colectiva.
Allí, desde la historicidad, el territorio se transforma en un “lugar” delimitado desde lo real, lo imaginario y lo simbólico. Esa delimitación, marca los bordes que lo encierran  en sí mismo, pero, como tales, esas orillas están en constante movimiento y con una turbulencia que trasciende los bordes y se entromete en su integridad.
En el territorio es el lugar donde la identidad y la pertenencia son constituidas como fundamentos de la cohesión social, ya que  éste es habitado por la memoria y la experiencia.  Es posible entender a  la identidad social como una serie de atributos reconocibles en un sujeto y que son acompañados por otros miembros de su grupo de pertenencia, esa construcción social de la identidad se entrelaza con lo cultural donde se conjugan una serie de pautas y valores también compartidos. Es posible también definir lo territorial desde estos aspectos ampliando de esta manera las alternativas de mirada.
El territorio es también  el espacio que acoge, cobija y en cuyo seno se desarrolla la vida social, la actividad económica, la organización política, o sea,  el presente y el futuro de una comunidad social. 
 En él se inscriben las huellas de cada sociedad. El territorio es en definitiva un espacio construido desde lo social, concentrando en el una larga serie de  interacciones y prácticas sociales. Pero también puede ser entendido desde una perspectiva de movimiento donde se entra y se sale de él, es decir que esa implicancia con el movimiento significa entrar y salir del territorio.
 A esa movilidad G. Deleuze la denomina “des territorialización”… “Por ejemplo, luego caí en la cuenta de que en Melville se repetía todo el tiempo la palabra «outlandish», y outlandish –en fin, lo pronuncio mal– significa exactamente el desterritorializado, palabra por palabra…no hay territorio sin un vector de salida del territorio, y no hay salida del territorio, desterritorialización, sin que al mismo tiempo se dé un esfuerzo para reterritorializarse en otro lugar, en otra cosa”….   Las Cartografías Sociales nos aproximan a ese juego de entrada y salida, es preciso irse, para volver a entrar, “re territorializarse”  y reconocer más y nuevas singularidades en cada espacio. De esta manera las Cartografías Sociales facilitan, esa entrada y esa salida que permite verlo desde diferentes perspectivas y actores.
2-          Cartografías, Territorio e Intervención en lo Social
El acceso a lo territorial, se presenta como una necesidad para conocer e intervenir en diferentes procesos sociales. Si el territorio es también historia, tiene inscripto en si mismo dificultades y posibilidades de resolución. Las cartografías sociales se presentan como un instrumento, o metodología que construye el acceso a ese conocimiento, tanto como a sus posibilidades de transformación.
Las cartografías como dispositivos de intervención  abren nuevos   escenarios aportando una mirada diversa y compleja de lo territorial. Pero, por otra parte, las cartografías  también facilitan la construcción de  conocimiento colectivo y desde allí, posibilitan generan acciones que tienen la capacidad de  transformar escenarios, lugares y diversos espacios, incluso institucionales. Como forma de poner en imágenes la realidad  facilita el encuentro de diferentes lenguajes, saberes, representaciones y deseos colectivos. De este modo como modalidad de intervención grupal, también se logra dar un carácter mancomunado a la acción.
La aplicación de las cartografías sociales conjuga, la palabra, la observación, y la construcción en conjunto a través de las representaciones de  mapas, produciendo diferentes formas de intercambio y retroalimentación. Dentro de este dispositivo de intervención es posible construir diferentes y múltiples transcripciones,  interpretaciones y miradas que proponen y expresan diferentes maneras de comprender y explicar a con la posibilidad de generar acuerdos y  consensos.
Desde lo metodológico, las cartografías proponen diferentes lenguajes, lo escrito, la palabra, los gráficos y la posibilidad de expresar el territorio desde diferentes formas de aproximación, convocan a una polisemia que facilita los procesos de intervención en la medida que pueda ser expresada.  A partir del lenguaje gráfico, se muestran otras posibilidades de encuentro, que permiten diferentes formas de mirada a lo territorial, tanto desde la aproximación como desde la toma de distancia. En ese cambio de perspectivas acompañado por el relato, la interpretación y diferentes formas de circulación de la palabra se construye una nueva forma de conocimiento esencialmente dinámica, constituyéndose  de alguna manera una nueva modalidad discursiva donde se plasma lo escrito y los gráficos puestos dentro de una escena determinada. Así es posible pensar a las Cartografías Sociales como una forma de lenguaje. La intervención es lenguaje en la medida que transforma,  se inscribe y circula, de allí que las cartografías se presenten como un  nuevo instrumento de intervención social que escenifica situaciones, describe telones de fondo y tiene la capacidad de aproximarse a la construcción de mundo de los actores sociales.
La realidad “posee un  entreverado  estilo” que quizás pueda ser dilucidado en su complejidad a través de formas de conocimiento que no busquen la exactitud objetiva, sino formas de aproximación subjetiva que puedan dar cuenta de parte  de las imágenes y los sueños que nos rodean, la novela, tal vez, lo resuelve, pero también es posible pensar formas organizadas de conocimiento de la realidad que construyan relatos surgidos de la subjetividad de los actores sociales. La confusión que signa  los espacios actuales de intervención requiere de nuevas historias que dialoguen con las viejas, pero que puedan emerger a través de otras formas de expresión. 
Las Cartografías Sociales desde una perspectiva metodológica se presentan como  un proceso que se lleva adelante a través de diferentes actividades, donde el tiempo que transcurre está signado por ellas y sus propósitos. Como forma de mirada singular a la realidad desde diferentes formas de apertura a ésta, las cartografías tienen la posibilidad de expresar confrontaciones, contradicciones, consensos y soluciones. Las Cartografías Sociales permiten diferentes formas de conocimiento de lo territorial. En este aspecto sobresale la posibilidad de acceder al territorio incorporando elementos fácticos, pero también subjetivos. Desde esta perspectiva, lo subjetivo implica la acción y la representación de los actores sociales atravesados por circunstancias históricas, culturales, económicas y culturales. En definitiva, las cartografías sociales se involucran con la posibilidad de conferir visibilidad desde la identidad del territorio, facilitando el acceso a éste desde un compromiso con su pasado, presente y futuro de los diferentes devenires que acontecen  en una localidad o región.


3-Algunas Cuestiones Metodológicas
Las Cartografías Sociales como instrumento de intervención se trabajan partiendo de la identificación de categorías, variables e indicadores con la finalidad de organizar una primera etapa de la  información. Para tal fin, es relevante definir el sentido de la acción, la intencionalidad de la misma y la escala de ésta, a nivel  barrial, local y regional. Esta modalidad de intervención es esencialmente  grupal. Un grupo, dentro del proceso de intervención social a través de cartografías puede ser entendido como un determinado número de personas que tienen como perspectiva  alcanzar un objetivo común vinculado con el conocimiento y la interpretación del territorio,  formando parte, durante un período de tiempo  dentro de un proceso de comunicación e interacción. De este modo  se presenta como  necesaria la construcción de un sistema de pautas comunes junto con una distribución de tareas. Pero, por otra parte la interacción grupal que se produce a partir de la aplicación de cartografías sociales es singular genera nuevas modalidades y visiones, tanto desde lo  grupal como desde lo territorial.
A su vez esa nueva forma de grupalidad comienza a  interactuar con lo territorial. La posibilidad de entender lo grupal como un proceso que se abre a una serie de perspectivas imaginarias y reales, teniendo como horizonte la cohesión en el desarrollo de la tarea y la posibilidad de rever o visualizar lo territorial desde múltiples miradas que se sintetizan en propuestas de intervención. En otras palabras, la utilización de dispositivos grupales desde las cartografías sociales tiene dos formas de registro, por un lado la propia integración del grupo y por otro la elaboración de estrategias que permitan re significar lo territorial.
Las cartografías pueden ser asociadas a diferentes formas de reconocimiento, especialmente desde lo visual, pero también desde el relato. Contar la historia de un barrio y ubicar sus puntos sobresalientes desde lo territorial permite articular las diferentes formas del relato con lo percibido, donde las imágenes tienen la posibilidad de cobrar formas mas relacionadas con las significaciones que les otorgan los propios actores sociales.
Las narrativas vinculadas con el territorio  se sustentan a partir de diferentes elementos como la naturaleza, el paisaje, los aspectos medioambientales, lo cultural, las formas de explicación de las circunstancias que lo rodean, los sueños y deseos y las fronteras que se demarcan desde una articulación singular entre lo material y lo simbólico. Desde el lenguaje se construye la identidad territorial, donde es posible reconocer la integración de las continuidades históricas, el medio físico y los aspectos socioculturales.
Los relatos que surgen de estas formas de contar historias dentro del contexto de un proceso de intervención con cartografías, pero esta manera de describir tiene diferentes aspectos donde se conjugan la palabra y la imagen, en forma de memoria visual.
De este modo,  la memoria visual también articula lo significativo y lo simbólico  con  el orden de lo real. También este proceso se relaciona con las posibilidades de interpretación que surgen de  recoger la memoria visual, lo que permite o, a veces, requiere la complementación con otros instrumentos y métodos. Así, las cartografías pueden ser complementadas con representaciones teatrales, murales, fotografías y filmaciones que van ampliando la disponibilidad de recursos para acceder a lo territorial desde diferentes lenguajes.
4- Algunas consideraciones finales
 El territorio, como espacio de contención de los escenarios sociales, puede presentarse en forma heterogénea, con distintas lógicas, diferentes formas de comprensión y explicación de los problemas sociales desde los propios actores que lo habitan.
Estas territorialidades son vividas por distintos grupos sociales en espacios donde la fragmentación vincular y la pérdida de lazo social, generan e inscriben en las historias sociales, diferentes formas de padecimiento y elaboración de resistencias subjetivas e inter subjetivas. 
Estas diferentes historias amplían desde la práctica la noción de cuestión social, así, la aproximación a lo subjetivo permite conocer con mayor profundidad los problemas sociales sobre los que se interviene. Incorporando de esta forma más instrumentos de análisis y conocimiento.
De ahí que la intervención desde lo territorial se acerca a la noción de espacios micro-sociales, y también a la de escenario de intervención. Desde estas, se hace posible comprender y explicar las diferentes expresiones de la cuestión social abarcando distintos ángulos, perspectivas y visiones. 
Las Cartografías Sociales, se presentan como un instrumento capaz de dar cuenta de esos procesos, construcciones y significaciones, no solo desde una visión descriptiva, sino, generando, desde su propia aplicación diferentes formas de integración y posibilidad de recuperación del lazo social perdido aún desde de la persistencia del discurso neoliberal.


Capítulo 5  La intervención del Trabajo Social en el campo de la Salud Mental.  Algunos interrogantes y perspectivas.





 1-La singularidad de la  Intervención en lo Social
Pensar lo social en términos de intervención implica la construcción  de un punto de encuentro entre sujeto y cultura donde los aspectos contextuales dialogan, se entrecruzan y  elaboran diferentes tipos de demanda ligadas a la cuestión social. El Trabajo Social esta allí donde el padecimiento se expresa en esos encuentros singulares que van mas allá del dato estadístico o la descripción de problemas vinculados con poblaciones determinadas o clasificadas. El trabajo Social desde una perspectiva histórico social, se construye a fines del siglo XIX como campo de conocimiento e intervención en un contexto de fragmentación de la sociedad, malestar y desigualdad. Surge, teniendo como mandato fundacional la transformación de los efectos de ésta a través de diferentes objetivos y metas.
Las demandas actuales en el campo de la salud mental están atravesadas por una serie de cuestiones que se expresan a través de una creciente complejidad ligada a las características del clima de época que franquean nuestras sociedades. Lo social, mirado desde lo singular, fue incorporando nuevas categorías de análisis orientadas a acrecentar  la intervención. Esta puede ser entendida como un proceso el análisis del contexto y los diferentes escenarios donde transcurre la vida cotidiana, su devenir  y el impacto en la esfera de lo subjetivo.
Lo social en términos de intervención puede ser pensado en tres órdenes. Por un lado, la acción interventiva de los trabajadores sociales se desenvuelve, dialoga y entrelaza con los diferentes dispositivos de Protección Social. En otras palabras, la intervención del Trabajo Social incluye en mayor o menor medida una forma de encuentro, diálogo y transformación a través  del sistema de protección que posee una sociedad. Esto es, instituciones, políticas, planes y programas que en la singularidad de cada situación tendrán algún tipo de expresión.
Por otra parte, un segundo orden de los aspectos intrínsecos del Trabajo Social, se vincula con la intervención en las tramas sociales que rodean, construyen y se generan desde esa singularidad del sujeto de intervención. Las tramas sociales, pueden ser entendidas desde una mirada sociológica, ligadas a la noción de lazo social como elemento de articulación e integración del sujeto al todo societario.
El lazo social, desde esta perspectiva, construye subjetividad a través de diferentes modalidades de relaciones, intercambios y formas de reciprocidad entre los individuos. De esta manera, la intervención en lo social, transcurre, generando desde lo micro social el encuentro entre sujeto sociedad y cultura en cada circunstancia singular.
Las décadas de neoliberalismo implicaron una ruptura de tramas y lazos sociales que anunciaban la muerte de la sociedad y su eventual reemplazo por el mercado. Esta noción muy en boga en los años noventa partía de la premisa  que “la sociedad no existe”, solo están  los individuos y el mercado. En este aspecto, la intervención del Trabajo Social se fue orientando en relación a estas nuevas expresiones de la cuestión social, en ese caso mas relacionadas con la problemática de la integración  de la sociedad como un todo y los diferentes problemas que surgen desde esa ausencia de totalidad.
A su vez, un tercer orden que termina de delimitar “lo social” del campo del Trabajo Social, remite a la relación gestada con mayor intensidad en estas últimas décadas entre la noción de necesidad social y problema social. El Trabajo Social, en su construcción histórica como disciplina se funda dentro de un paradigma vinculado con la resolución, a través de diferentes dispositivos de protección, de las necesidades sociales de poblaciones clasificadas y predeterminadas. El propio devenir de la disciplina, sus aportes teóricos además de su participación en cuestiones que van mas allá de la necesidad, hizo que desde la intervención se actúe  también sobre los problemas sociales. Históricamente, éstos fueron campo de la sociología desde el análisis de su génesis como las posibilidades de resolución desde lo macro social.
Desde hace varias décadas, el Trabajo Social se involucra con problemas sociales que pueden contener dentro de ellos mismos necesidades o no y con necesidades que pueden contener problemas sociales. En la actualidad es mas el “problema social” el lugar de demanda hacia la intervención, que la resolución de necesidades. En el campo de la salud mental estas cuestiones se hacen mas visibles, pero esta construcción de demanda de intervención en lo social atraviesa campos como, el conflicto con la ley, el consumo problemático de sustancias, el ausentismo y deserción escolar, las pericias judiciales, y el carácter material y simbólico de la aplicación de políticas sociales de diferentes características, justamente a partir de una nueva serie de   relaciones  entre problema social y necesidad.
En síntesis, desde el análisis de la práctica cotidiana del Trabajo Social como disciplina especialmente desde una perspectiva procesual, éstos tres órdenes están presentes con diferentes maneras de presentación e importancia de acuerdo a la singularidad del proceso de intervención en lo social.
2.Los nuevos escenarios de intervención.
Es posible pensar las características de éstos nuevos escenarios como espacios de tensión y puja donde la caída del relato neoliberal, acompañada de  la persistencia de algunos de sus rasgos mas sobresalientes, entra en coalición con un nuevo relato, aún no construido del todo. En esos espacios transcurren las prácticas inteventivas, mas allá de los campos que se analicen. El conflicto, es justamente lo que va paulatinamente construyendo esa nueva forma de presentación de problemas. En otras palabras, el neoliberalismo no fue solo una corriente económica, sino que actuó como constructor de sentidos y subjetividad, se entrometió en la vida cotidiana, generó nuevas formas de relación social y elaboró una forma de comprensión y explicación que aún hoy muestra signos de persistencia.
Por otra parte, los cambios ocurridos en la última década en nuestro país y en la región, muestran signos de diferentes intentos de construcción de alternativas  desde una nueva presencia del Estado en la vida social, que va desde la intervención en la economía hasta la generación de nuevas políticas sociales y sanitarias las últimas, ligadas a paradigmas centrados en la defensa de los Derechos Humanos y la Inclusión Social. Estas cuestiones, pueden ser útiles para revisar las nociones de Política Social y Política Sanitaria adecuando así los horizontes de la intervención en lo social a partir de la recuperación del protagonismo de éstas por fuera de la lógica del mercado.
La aplicación de la noción de campo para analizar el contexto de intervención en salud mental puede ser tomada desde Pierre Bordieu [1] implica entenderlo como un espacio donde confluyen una serie de interacciones. Éstas pueden ser de diferente orden como ; conflicto, colaboración o alianza. De esta manera, el sector salud, como campo presenta también estas características, que llevadas a los espacios institucionales pueden ser entendidos como “escenarios de intervención” [2], en ellos se expresan una serie de tensiones que concuerdan con la idea de campo antes mencionada pero también interpelan a la Intervención en lo social desde diferentes aspectos como; los disímiles papeles de los actores sociales; los componentes escénicos (en tanto el carácter simbólico de las instituciones, sus espacios, distribuciones y actores sociales); la historicidad de la trama donde se desenvuelven los problemas sociales y su integración con lo económico, social y político.
3 Salud y enfermedad como proceso histórico social
Desde esta perspectiva, comprender la salud y la enfermedad como proceso, implica aceptar que este se constituye como expresión de una serie de tramas complejas que dialogan con  diferentes  formas de devenir  tanto en lo  político, económico, demográfico, sociocultural y medioambiental.[3] Básicamente la  salud y la enfermedad pueden ser entendidas como un proceso histórico y social, esencialmente dinámico, donde, en el caso de nuestro país, las Políticas Sociales comienzan a ocupar nuevos espacios, ligados y aprendiendo en algunos casos de luchas colectivas, diferentes expresiones de movimientos sociales y formas de resistencia.
Si se acepta que el lugar de construcción del proceso salud-enfermedad es la vida cotidiana condicionada por componentes del contexto, es posible pensar que desde allí se le asignan diferentes sentidos a éste y es en ese lugar donde se expresan las implicancias, tal vez más relevantes, de la intervención en lo social a partir de su interpelación entre lo macro social y la singularidad de lo micro.
La enfermedad, de esta manera, desde hace mucho tiempo no es considerada como un mero producto de diferentes desajustes o alteraciones unicausales, sino, que se vincula con una serie de circunstancias que exceden el abordaje de una sola mirada, o la sumatoria de estudios de fenómenos comprensivo explicativos constituidos dentro de tramas sociales estables.
La enfermedad articula lo social y lo singular desde el padecimiento, su impacto subjetivo y también construye sus inscripciones en los que rodean a quien la padece.
Los escenarios actuales de la Intervención Social se constituyen dentro de contextos signados por una serie de temáticas que surgen de manera turbulenta donde se suma la aparición de nuevos problemas y la emergencia de situaciones conocidas que se manifiestan de forma diferenciada por los cambios de época, la influencia del terrorismo de mercado que se ejerció en el apogeo del neoliberalismo y las nuevas perspectivas de reaparición del Estado.
Estas cuestiones muestran algunos aspectos  diferenciales con los elementos fundacionales de la intervención dentro de este campo, especialmente las que se ligan con el surgimiento de los Estados Nación y el Higienismo.
En efecto, el siglo XIX y los primeros años del siglo XX estuvieron signados por una serie de  enfermedades de características sobresalientes y relevantes que en determinados momentos históricos fueron entendidas como enfermedades de época, por ejemplo; la tuberculosis, las venéreas o el cáncer.
En los últimos treinta años las enfermedades comienzan a superponerse. Depresión, Alzheimer, trastornos de la alimentación, SIDA, psicosis, déficit de atención, entre otras, dan una serie de señales confusas a los discursos sociales y médicos acerca de la salud a partir de su complejidad y singularidad  “…el que prácticamente todas las enfermedades legadas vuelvan a estar presentes al mismo tiempo se convierte en una paradójica característica de la postmodernidad: la psicosis religiosa y la gran epidemia, las “pestes de la lujuria” (sífilis, sida) y los síntomas degenerativos, las fantasías de envenenamiento del agua con ántrax, la demencia y la hiperactividad, la gula y el hiperascetismo, la peste, el cólera, la tuberculosis y el corazón partido, el escuchar voces y el tinnitus…”[4] 
4 La emergencia de un sujeto “inesperado” en las instituciones de salud
De este modo, la enfermedad como problemática social compleja, dialoga con la vulneración de derechos, la incertidumbre, el padecimiento subjetivo, elaborándose  así nuevas formas de comprender y explicar los fenómenos asociados o ligados a lo mórbido, a las diferentes maneras de construcción de la solidaridad en tramas heterogéneas, y muchas veces dentro de un estallido de los dispositivos de asistencia que por diferentes razones muestran dificultades para abordar las nuevas demandas dentro del sector.
Así, el sujeto que se presenta en los servicios asistenciales de salud, se constituye como “inesperado”. Un sujeto que las instituciones, a veces no pueden comprender a partir de su constitución desde complejas circunstancias y climas de época. La respuesta institucional en muchos casos pasa del azoramiento, al rechazo, producto posiblemente de la extrañeza y el temor que causa lo diferente.
Desde esta nueva complejidad de la cuestión social se construyen interrogantes que interpelan a las formas típicas de intervención. Estas nuevas cuestiones se encuadran dentro de las Problemáticas Sociales Complejas[5]
La intervención en lo social dentro del campo de la salud mental en las últimas décadas, se vio signada por una serie de cuestiones. Las que , en tanto interrogantes, implican en la actualidad la posibilidad de nuevas perspectivas de análisis como así también de la comprensión y explicación de la salud mental  como continente de un proceso complejo y cambiante.
Esta serie de temas se presentan como una posibilidad de generación de nuevas miradas y perspectivas, especialmente a partir de la ruptura y de los paradigmas anátomo clínico y  anátomo patológicos, lo que permitiría constituir nuevas formas de encuentro entre diferentes disciplinas y  saberes.
5 La persistencia del relato neoliberal y las inscripciones en el cuerpo 
La aparición de estas nuevas problemáticas, implica la existencia de nuevas formas de registro e inscripción, tanto a nivel objetivo como subjetivo. El cuerpo deja de cumplir con el mandato cartesiano de la separación entre este y la mente que desde los inicios de la historia de occidente, fue nominada de diferentes maneras. Esta dualidad se ratifica en la modernidad donde esa escisión se expresa en el ideal ilustrado, tan bien representado en los anfiteatros anatómicos del siglo XVII, como una verdadera muestra de la capacidad de objetivación de lo otro.
De este modo,  se “es” el cuerpo, en escenarios de desencanto y exclusión, con la complejidad que marcan los posibles cambios en éstos, la incertidumbre y el temor a seguir en la exclusión o volver a caer en ella que deja como señales el neo liberalismo también produce otras formas de tensión entre el relato que finaliza y el que se está construyendo. Las marcas del padecimiento todavía permanecen en el cuerpo, a través de diferentes grafías, que van desde determinados tipo de  tatuajes hasta la deformidad inaceptable y vergonzante de la desnutrición.
Estas escenas, muchas veces contradictorias, dado que pueden contener lo viejo y lo nuevo, se desarrollan en contextos donde la fragmentación de la sociedad atraviesa instituciones, vínculos, vida cotidiana y se escribe en la filigrana de los cuerpos. La fragmentación social, el no pertenecer, la separación incluso de uno mismo es una de las características de los padecimientos actuales. Es decir, la fragmentación atraviesa a los propios individuos, produciendo nuevas formas de escisión, mucho más complejas que las construidas por la modernidad. Pareciera que cada parte fragmentada de los cuerpos escindidos no se reconoce con la otra, se objetiva a sí misma y se observa con asombro y temor. La imagen terrorífica de no reconocerse frente al espejo, de también ver un extraño allí, luego de las cirugías estéticas, las marcas del dolor o el cuerpo de la anorexia se presentan como nuevos interrogantes y padecimientos que van mas allá de la clasificación de las enfermedades mentales. De la misma manera que el otro se convirtió lentamente en un extraño en sociedades fuertemente competitivas, pareciera que ese “otro” también es uno mismo, desde conductas y lógicas fragmentadas que atraviesan el propio cuerpo y la subjetividad. Cuerpos disociados, como en las historias del Golem[6] donde la separación del yo construye nuevas lógicas o muestra seres incompletos. El otro, en tanto, se presenta marcado por una sensación de lo ajeno que lo transforma en un objeto, casi inanimado, como un obstáculo o facilitador de las certezas de permanecer dentro de la lógica del mercado o el terror a dejar de pertenecer a sociedades expulsivas. El temor a no caber dentro de la sociedad, es un fantasma que surcó en forma objetiva y subjetiva a todos los sectores sociales, donde, era posible encontrar diferentes inscripciones del mismo problema:  la posibilidad de pertenecer, formar parte de un todo. De allí lo significativo de la noción de inclusión social, tal vez por encima de la de reinserción, dado que los años de la desigualdad marcaron formas nuevas de ésta donde conviven lo material y lo simbólico, pero especialmente la generación de sociedades expulsivas que en muchos casos se jactaban de esas características, prometiendo la resolución a través de la lógica economicista del “derrame”. La pérdida de los mecanismos de sostén y solidaridad que se produjeron por estas cuestiones se inscribieron de diferentes maneras, tanto en la esfera de lo corporal como en la memoria, en la biografía personal constituyéndose así nuevas narrativas del dolor.
6 El trayecto de lo colectivo en territorios de individuación. Las instituciones y una nueva forma de la biopolítica.
Por otro lado, la caída y el reciente retorno, aún parcial, de los ideales ligados a intereses colectivos compone otro novedoso telón de fondo dentro de los escenarios actuales de intervención construyendo mas formas de la complejidad a partir de la  convivencia dentro de esa contradicción. Pero también la posibilidad que; las prácticas, la política social, la intervención construyan formas de recuperación, de retorno a lo societario como un todo que se va redefiniendo. La pobreza se transformó así en una forma de estigmatización, una especie de justificación a veces aceptada por el propio sujeto sufriente como una forma “natural” de no caber de no ser aceptado dentro de grupos sociales que se construyen a través de ideales de éxito ligados a las reglas del mercado. Esa estigmatización se transformó en captura o exilio desde las lógicas institucionales.
 En términos de Foucault se habría producido un nuevo nacimiento de la biopolítica, donde la vida y lo viviente forman parte de las luchas políticas, repitiendo los acontecimientos que marcaron los orígenes de la modernidad , cuando desde una particular forma de  apropiación de los cuerpos se construyeron las estrategias económicas que dieron origen al capitalismo. La usurpación de los cuerpos constituía lentamente la apropiación del mundo por parte de la voracidad moderna occidental. Pero, esta forma de la biopolítica plantea otros criterios de selección de poblaciones, así, hay apropiación y desecho de cuerpos en nuestras instituciones de salud mental. Se descarta lo que no es “interesante” o aquello que no puede ser comprendido. Se expulsan cuerpos que generan temor y rechazo, tal vez mas por la proximidad que por la imagen de lo ajeno que presentan.
En la modernidad naciente los dispositivos de saber comenzaban a ver la necesidad de a tener en cuenta la posibilidad de “controlar los procesos de la vida”. Hoy el control de éstos, se vincula con una incautación desesperada por parte del capital de los recursos naturales del planeta, arrasando culturas, singularidades, destruyendo el medio ambiente, transformando lo diferente en desigual, produciendo una selección “antinatural” de los cuerpos que aún quedan en ese estrecho espacio signado por la lógica del neoliberalismo.
Los cuerpos, de este modo se siguen auto - disciplinando, saliendo de la lógica de las sociedades de control. Construyendo desde allí nuevas formas de vigilancia, registro e inspección, introspectivas, ordenadoras de lo cotidiano con mayor eficacia que el capataz o el preceptor. Pero, por otro lado, lo colectivo vuelve, a veces como respuesta o resistencia a esos procesos, otras buscando canales de expresión desde la política introduciéndose a la fuerza en esta, construyendo nuevas formas de relación, impensadas en la lógica de las democracias de mercado que nacieron luego de la “caída del muro de Berlín”. Esas nueva formas de la economía; que van desde el patentamiento de los genes, hasta el desarrollo de “máquinas inteligentes”  construyen nuevos trazados por donde se producirá el deslizamiento de los biopoderes, generándose así una cartografía que intenta cimentarse en términos de la lógica del costo beneficio y desde allí se elaborar nuevas estrategias de apropiación de la vida y de algunos cuerpos pero, también desechando otros. Estas circunstancias fueron silenciosamente y ahora en forma explícita, construyendo nuevas formas de subjetivación y también de resistencia, creando nuevos procesos políticos que disputan desde múltiples terrenos de conflicto esta aplicación  del poder.
Desde esta perspectiva, la intervención en lo social dialoga estrechamente con estas formas de conflicto que se expresan en los nuevos escenarios de intervención, en las diferentes formas de  tensión entre poder y resistencia en los espacios microsociales.
7-Las narrativas de la enfermedad y la Intervención en lo Social.
Las enfermedades son narradas, contadas desde diferentes formas de relato . Las narrativas de la enfermedad, desde la intervención del Trabajo Social en Salud Mental, construyen la escucha la mirada y el registro . Desde allí  se vinculan con las diferentes formas de intervención . Estas cuestiones pueden ser sistematizadas desde la noción de “Modelos de Intervención en Salud”. Como vía de entrada, la noción de Modelo de Intervención, permite sistematizar y ordenar las prácticas desde diferentes aspectos. La idea de sujeto de intervención que se utiliza, el marco teórico que la sostiene, y la intervención típica que se produce como producto de la relación entre lo conceptual, la noción de sujeto y el contexto, da cuenta de una serie de posibilidades de análisis de la Intervención en lo social y también a sus peripecias de orientación y dirección.
Dentro de esas diferentes modalidades de intervención, la escucha, forma parte de todo el proceso del quehacer en la práctica diaria. Las narrativas en el proceso de intervención en salud, pueden revelar una serie de cuestiones posibles de enumerar. Por un lado, la existencia de un narrador genera una forma determinada de escucha. Es decir, la narración puede ser condicionada, atravesada y constituida desde el narrador, pero también desde el lugar de la escucha desde lo social. Este tipo de narración va dirigida a un otro, del cual se tiene una construcción simbólica definida. No son iguales las narraciones de la enfermedad en todas las disciplinas que intervienen en ese campo (médicos, psicólogos, enfermeros, trabajadores sociales), pero también, esta narrativa dentro de cada campo está condicionada por el modelo de intervención que se utilice.
Las narrativas de la enfermedad, dan cuenta  del marco comprensivo- explicativo de la vida íntima, de la cultura, de la explicación de lo mórbido desde quien narra.  En definitiva, lo que se escucha desde el lugar de la intervención en lo social, está ligado a la experiencia singular del sujeto de intervención mediatizada por sus aspectos histórico-sociales, por la cultura, las representaciones sociales, la construcción de significados dentro de una secuencia cronológica ligada a la concepción del la enfermedad de quien está relatando. Desde el relato de la enfermedad, se ratifica el lugar de proceso histórico social de la salud. La narración le confiere un papel a la enfermedad, puede ser este principal o no. Pero, un papel al fin, un nuevo atributo que puede ser leído y comprendido desde la intervención social. A su vez, la narrativa le da entidad sociocultural a la enfermedad, la nombra, es denominada desde un determinado lugar signado por la experiencia personal, la cultura y el contexto.
En diferentes estudios que se llevaron adelante con portadores de VIH, por ejemplo, el lugar del relato de la enfermedad se marca desde una serie de saberes acumulados, perspectivas diferentes y visiones acerca de uno mismo, que son fuertemente singulares.
En otras palabras, la narrativa de la enfermedad se constituye como una forma de acceso al mundo de ese otro sobre el que se ejerce la intervención social en la práctica cotidiana. De allí, la importancia de ésta como vía de entrada al conocimiento profundo del proceso salud enfermedad.
A su vez, el desarrollo de la narración, de contar lo que le está ocurriendo, le permite a ese otro desplegar  la serie de los  recursos culturales que tiene utilizables en su medio, construyendo de este modo un sentido a la experiencia.
La construcción de la narrativa, también, le da sentido al sufrimiento, lo introduce en un contexto propio, subjetivo, que se entrelaza con la cultura. Pero, asimismo, desde esa construcción de sentido, la narrativa explica el padecimiento, lo integra al mundo de lo cotidiano. La naturalización del dolor y sus causas, implican una serie de nuevas interpelaciones a la práctica del Trabajo Social y a las disciplinas que intervienen en el campo de la salud. El hacer ver esa naturalización del sufrimiento, se entrelaza de manera sugestiva como camino de la restitución de derechos sociales.
Otro punto de arranque dentro de este tema lo constituye el concepto de “ruptura biográfica”, utilizado por diferentes autores. Es posible reconocer, a veces, la ruptura biográfica desde la inscripción de la misma en el cuerpo, tatuarse nombres de personas vivas o muertas, dan cuenta de la inscripción de una serie de signos que relatan la historia de vida desde otro lado, pero, esa lectura aporta al conocimiento de esa persona como sujeto histórico social. A veces el tatuaje cumple con la función de restaurar la ruptura biográfica que produce una enfermedad, una pérdida, un acontecimiento en la historia social, a la cual se está tratando acceder. El relato, también se puede  vincular con la noción de “Carrera Moral” de Erving Goffman, donde, según este autor la mirada a la trayectoria como “carrera” implica un avance hacia los aspectos subjetivos, íntimos, relacionados con la imagen del “yo” y el sentimiento de identidad.[7] También, el dolor, como señal desde el cuerpo se ve condicionado por una serie de implicancias sociales.  El cuerpo narra de diferentes maneras, en principio, a través de la construcción de un sentido común acerca de la enfermedad que se construye de modo intersubjetivo  que es posible vincular con algunas características generales de determinados grupos sociales. En la medida que la enfermedad se hace compleja o que los síntomas se agudizan, la posibilidad de interrumpir la vida cotidiana debido a estas cuestiones, genera una serie de alteraciones “imprevistas”, tanto en el sujeto como en el grupo social que lo rodea. En definitiva una ruptura en la vida cotidiana, que puede continuar como quiebra en la biografía de  ese sujeto, así la enfermedad aparece como un conflicto no del todo inesperado, pero si con una recorrida de naturalización  progresiva del mismo. El cuerpo se hace visible. De ser dócil, pasa a una visibilidad que se expresa en el dolor, el cuerpo deja de ser silenciado, se transforma en una materialidad que se entrelaza con la mente al ser cuestionada su invisibilidad.[8] En los escenarios actuales, el cuerpo y la mente se entrelazan en el padecimiento, en la dificultad de reprimir las señales de este construidas desde la desigualdad. De allí que, se “sea el cuerpo”.

8-Las Políticas de Salud Mental, la Inclusión Social y la Intervención del Trabajo Social
Los cambios ocurridos en las últimas décadas, se inscriben, dando forma a la memoria colectiva de nuestras sociedades. En el proceso de Intervención en lo social es posible pensar la dirección de ésta y la lectura de la demanda hacia la posibilidad de captar el significado de la acción para, desde allí encontrar vías de acceso al otro, en tanto sujeto histórico social. Articulando de esta manera, los tres órdenes (protección, lazo social, problema social/necesidad) mencionados más arriba. La complejidad de las Problemáticas Sociales actuales marcan la necesidad de acceder al mundo de ese “otro”, como lo interpreta, como lo comprende y lo explica, en fin como se vincula con la imputación de sentidos haciendo énfasis en sus aspectos socioculturales. En la intervención en lo social, el conocimiento de las causas no se presenta como un fin  sino un medio ya que facilita el acceso del conocimiento al sentido de la acción.[9]
La fragmentación social, la incertidumbre, las desigualdades sociales, no sólo se expresan como factores causales de los problemas de salud sino que forman parte de éstos, se registran en la historia social de cada sujeto, en forma singular, construyéndose de esta manera una serie de nuevas cuestiones que necesariamente dialogan con la intervención en lo social, las políticas sociales y las tramas socioculturales. Por ejemplo la lenta caída de las formas típicas de promoción social, junto con el desmantelamiento del Estado Social, generó nuevos escenarios cargados de padecimiento que se transformaron en demandas a veces dirigidas hacia el sector salud, pero que dan cuenta de la transversalidad de los problemas que se abordan en éste. La intervención en lo social dentro del sector salud es interpelada desde más espacios de demanda y dialoga con las posibilidades de inclusión social, en la medida que las acciones que surjan de esta tengan en cuenta lo universal del problema, pero también lo heterogéneo y singular.
Estas cuestiones se relacionan con el perfil conceptual de las Políticas Sociales como Políticas de Salud. La Política Social va más allá de los planteos técnicos se debe orientar hacia un proyecto de inclusión social, de “reinscripción” social, que haga eje en la singularidad de cada sujeto, especialmente teniendo en cuenta la heterogeneidad de la pobreza y de la expresión del proceso salud- enfermedad. En la actualidad, las Políticas Sociales Argentinas, al incorporar una perspectiva de Derechos Humanos y tender hacia una lógica de cobertura de tipo universal pueden favorecer procesos de inclusión social. En el caso de nuestro país, la Asignación Universal Por Hijo, la Ley de Medios, la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Salud Mental, se inscriben en un nuevo paradigma relacionado con nuevos derechos y especialmente con los Derechos Humanos. Su factibilidad se centra en la existencia de un estado presente, que da cuenta de la construcción de una nueva centralidad desde éste en un proceso de reconstrucción de la sociedad. Desde esta perspectiva las Políticas de Salud como políticas de Inclusión Social, implican la necesidad de tener en cuenta que son muy complejos los abordajes homogéneos y que la heterogeneidad, requiere de una serie de miradas estratégicas que se interrelacionan con la intervención en lo social. De esta manera, las Políticas de Inclusión como Políticas de Salud, pueden proponerse horizontes reparadores, estratégicos y fundamentalmente integradores. Así, la Política de Salud, se construye desde una lógica de reconstrucción de certezas, de recuperación de derechos sociales. En definitiva, lo social de la intervención se aproxima estrechamente a la problemática de la integración, a la búsqueda y recomposición del lazo social perdido.
La intervención en lo social en tanto aplicación de la Política de Salud como Política Social, puede ser entendida como una oportunidad que entrelaza; la Protección, el Lazo Social y los Problemas sociales, si es  vinculada con una estrategia de recuperación de la historia, de lo colectivo, en sociedades fragmentadas, desde miradas singulares, desde donde surgen nuevos derechos a partir de nuevas necesidades. En este aspecto, la Intervención del Trabajo Social y de las demás disciplinas del campo de la salud tienen la oportunidad de alejarse del lugar de lo normativo, para aproximarse al de los derechos. La Intervención en lo Social como derecho, se vincula con el crecimiento y nuevo perfil de demanda a esta disciplina. En definitiva una manera de concebirla donde se ligan el derecho a ser asistido, a recibir algo más que una prestación o un subsidio, el derecho a ser escuchado, a la valoración de la palabra, en definitiva; a ser “visible”. En el campo de la salud mental, ante la complejidad de las problemáticas y los escenarios de intervención es quizás donde este derecho se expresa con mayor claridad. Allí, donde hay algo más que un cuerpo enfermo, un número de cama, un caso psiquiátrico, hay un sujeto que demanda ser escuchado en clave social. De este modo, la lógica de la inclusión social se relaciona en forma intensa con la Salud Mental.
El orden psiquiátrico surge como una forma de exclusión de la diferencia y de captura de ésta para ser  rehabilitada, es posible pensar las construcciones discursivas en el contexto del Iluminismo tardío en la perspectiva de una búsqueda de moldeamiento de lo diferente, pero ratificándolo en el lugar de la exclusión. Los aspectos fundacionales de lo que hoy se denomina Salud Mental, se ligan con esos procesos, donde, lo salvaje y  lo bárbaro, debían ser encauzados dentro de la modernidad. El papel de América en ese contexto, como el lugar de lo maravilloso  y aterrador de inspiró esa “necesidad” de captura de lo diferente para ser reencauzado, pero siempre ratificado en el lugar de la exclusión social y cultural. Dado que esa otredad generaba espanto y temor a los ojos del pensamiento Ilustrado. Pensar la relación sociedad, cultura y locura desde una perspectiva americana, puede ser útil para comprender con mayor amplitud la construcción de los discursos, mecanismos y procesos de exclusión social. La locura también sirvió para estigmatizar lo diferente; desde las prácticas religiosas de nuestros pueblos originarios, la cotidianeidad y resistencia cultural de éstos junto con los esclavos provenientes del África fue en principio perseguida desde la Inquisición, pero como complemento de ésta, la medicalización y psiquiatrización conformaron un nuevo espacio discursivo donde  el castigo y la reclusión se orientaron a otras formas de la diferencia en disparidad con las europeas.
9-Las cartografías del dolor  algunos instrumentos para pensar la Salud Mental Comunitaria y  la Institución como Territorio.
La intervención en lo social tiene un ámbito espacial que va siendo definido según la singularidad de cada circunstancia, problema, demanda desde donde esta se construye. Ese espacio, lugar en que la intervención se desarrolla toma la forma de “escenario”. Los escenarios institucionales de intervención, pueden ser entendidos como territorio. Los escenarios de la intervención en lo social se hallan dentro de diferentes territorios [10] que los contienen y son atravesados por disímiles formas de inscripción de los problemas sociales. Es en el territorio donde se construye la identidad y la pertenencia como forma de cohesión social. Pero, también muestra la carga simbólica de la zona como lugar de ejercicio de poder. Desde este aspecto surge la noción de territorialidad, como la de un espacio apropiado por un grupo social específico. El territorio se asocia a la idea de lugar como una construcción elaborada desde reciprocidades e intercambios, en definitiva desde lo relacional. Por otra parte, es en el territorio donde se construye la identidad, desde su constitución como un universo de valores que un sujeto comparte e intercambia con su comunidad de pertenencia. Las inscripciones, en tanto marcas objetivas y subjetivas de éstos pueden ser analizadas desde diferentes expresiones de las “cartografías sociales”. Las cartografías de la enfermedad posibilitan delinear caminos que faciliten la comprensión y la explicación de la enfermedad desde la alteridad. Permite acceded a otras perspectivas del dolor, del cuidado del otro, de la diversidad cultural.
Desde el proceso de intervención se construyen diferentes diálogos entre; cartografías, escenario, y territorio. Estos intercambios derivan en formas diversas de producción de subjetividades. La subjetividad, desde esta perspectiva, se construye y de-construye en un movimiento que se expresa en el propio devenir de la cultura, de la cotidianeidad, de una compleja trama móvil de significaciones, sellada, en muchos casos por la noción de problema social, que en definitiva convoca a la intervención. Ese movimiento, como proceso, es un observable en la relación entre territorio y escenario, tanto desde la vida cotidiana, como en las narraciones que se generan en los espacios de la intervención, y en las diferentes formas de expresión que los actores sociales poseen dentro de canales formales e informales.
Por otra parte, la Intervención en lo social, al ser ella misma productora de subjetividad aporta construcciones discursivas, formas de comprender y explicar desde una direccionalidad definida y organizada. Es decir; designa, nombra, califica y de hecho le da una forma definida a las cuestiones sobre las cuales actúa. Dentro de un “orden”, una lógica, precisada, que se va construyendo a través de diferentes formas de relación con: el otro, el contexto, el escenario, el territorio y las cartografías sociales. Esta dirección, este orden, serán diferentes, según los marcos teórico conceptuales que se utilicen, los postulados ideológicos y las influencias de la época de quien interviene.
La noción de cartografía, también dentro del sector salud, permite mostrar los diferentes recorridos temáticos o argumentales que atraviesan los territorios de la intervención. Entendiéndolos como continentes de los distintos escenarios de la misma. Por ejemplo, es posible trazar una cartografía del “conflicto con la ley” como demanda de intervención en diversos aspectos como; el análisis de sus formas iniciáticas, rituales, procesos de estigmatización, inscripciones en el cuerpo, marcas institucionales, experiencias, pedidos de ayuda, vulneración de derechos y conformación de códigos. Otro ejemplo de la aplicación de esta noción es en el campo de la drogadicción…“El trazado de una cartografía del consumo de sustancias: inicio, ritos de consumo, desencadenante de pedidos de asistencia, experiencias de tratamiento, etc.”[11]En definitiva, la cartografía social desde esta perspectiva, da cuenta de una posibilidad de acceso que va desde la producción de subjetividad dentro de un territorio definido, permitiendo acceder hasta la expresión singular de ésta en el escenario de la intervención.
También la cartografía, es la representación de un mapa de los elementos imaginarios y simbólicos de la ciudad. Un mapa en definitiva orientado a las áreas temáticas que se construyen desde la demanda hacia la intervención. Ese mapa se escribe en un territorio. El territorio, especialmente a partir de la Modernidad, es la ciudad, lo que ella representa, lo que la constituye desde su construcción imaginaria, sus paisajes, construcciones, los usos sociales de éstos y el contenido simbólico de sus instituciones. El territorio es en definitiva el espacio habitado, donde la historia dialoga con el presente y permite a partir de reminiscencias de ésta también construir una idea de futuro o incertidumbre. Allí el territorio se transforma en un “lugar” delimitado desde lo real, lo imaginario y lo simbólico. Esa delimitación, marca los bordes que encierran al territorio en sí mismo, pero, como tales, esas orillas están en constante movimiento y se construyen dentro del territorio mismo. Los límites del territorio, tienen un importante componente subjetivo ya que, son en definitiva, inscripciones de la cultura, la historia y se entrelazan estrechamente con la biografía de cada habitante de la ciudad. Allí, en los límites, es donde comienza a construirse la relación entre territorio e identidad en la esfera de cada sujeto. En el campo de la intervención, conviven dos formas de definir y delimitar los territorios, la primera se expresa en mapas oficiales, catastros, áreas programáticas, nomenclaturas. La segunda forma de construcción del territorio y sus márgenes es desde las propias simbolizaciones de sus habitantes. El territorio y el escenario de intervención son definidos en parte desde la palabra, desde lo discursivo, desde la nominación que ese “otro” hace del lugar y sus componentes. En esa definición también se introduce el paisaje y sus significaciones como elementos extra-discursivos. De este modo, la mirada, junto con la palabra, ratifican la pertenencia promueven asociaciones y formas del lenguaje donde el territorio “habla” para convertirse en texto.
En otras palabras, la ciudad, el barrio, la “cuadra”, las instituciones en tanto territorios, se constituyen como una compleja trama simbólica en permanente movimiento y construcción de subjetividad. La ciudad, al igual que el barrio como escenario, son textos a ser leídos, escrituras, que hablan de las construcciones simbólicas de quienes los habitan, de cómo se construye el sentido de la vida cotidiana, desde la cimentación de significados, hasta la resolución de problemas prácticos. La Intervención en lo social puede dar cuenta de esas cuestiones desde diferentes ángulos. En el desarrollo de entrevistas domiciliarias, las viviendas se comportan como textos a ser leídos y develados, “hablan” de las características de sus habitantes, de cómo construyen y confieren sentido a su cotidianeidad. El lugar simbólico, que ocupa cada habitante de la vivienda se expresa en ese discurso que se muestra en un lenguaje propio y singular.
De la misma manera, el barrio, donde se ubica esa vivienda exhibe su propio carácter discursivo a través de las construcciones, las características de las casas, la fisonomía de las calles. Una institución barrial, puede desde su arquitectura hablar acerca de su historia, de las particulares de ella, hasta incluso de las formas de organización que la construyen. El Hospital, por ejemplo, está atravesado por una serie de marcas, inscripciones y señales que hablan del poder, de la hegemonía de los discursos, de la delimitación de lugares.
La intervención en lo social, en tanto proceso de análisis implica la acción sobre las marcas objetivas y subjetivas que produce la institucionalización. Estas diferentes tramas simbólicas no son estáticas, están en movimiento, a veces este se torna expansivo, otras en procesos de retracción. Los escenarios, también cambian sus significados a partir de los acontecimientos que los atraviesan. Lo empírico y las representaciones sociales al encontrarse en el lugar de intervención en lo social, generan una serie de intersticios donde a veces el orden empírico influye sobre el imaginario o viceversa. De este modo se crean espacios, grietas de significación que pueden ser comprendidos y explicados. Aportando de esa forma más elementos de análisis al proceso de la intervención en lo social. El territorio, como espacio de contención de los intensamente cambiantes escenarios sociales, puede presentarse en forma heterogénea, con distintas lógicas, diferentes formas de comprensión y explicación de los problemas sociales. Escenarios, al fin, habitados por disímiles grupos sociales en espacios donde la fragmentación vincular y la pérdida de lazo social, generan e inscriben en las historias sociales, diferentes formas de padecimiento.
10 Salud, Política Social e Intervención.
Es posible pensar que en la actualidad, surgen una serie de nuevas perspectivas de intervención social en el campo de la salud. En principio, sobresale la importancia de construir nuevos diálogos entre las diferentes disciplinas y formas de intervenir de cada una de ellas, en relación a la complejidad del contexto. Estas cuestiones, llevan a la posibilidad de pensar la intervención en lo social como dispositivo es decir como una trama de relaciones que se pueden establecer entre diversos componentes, en una misma línea de articulación y diálogo entre diferentes puntos problemáticos. Por otro lado al entender a la intervención como un espacio intersubjetivo es posible acceder a los acontecimientos actuales y revisar diferentes cuestiones de orden Político e Institucional, estas van desde la conformación de las Políticas y las Instituciones, hasta la discusión de las nociones de tiempo y espacio que proponen. A su vez dentro de las modalidades de intervención, pareciera que la demanda apunta a construir a las prestaciones según las necesidades y las problemáticas sociales singulares y no desde perspectivas fijas u homogéneas. Estas cuestiones facilitan el diálogo entre los distintos sectores en el campo de la salud, cambiando la lógica de la disociación por sectores cambiándolos por los abordajes de orden transversal.
A su vez, en el caso de la Argentina, la fuerte presencia de Políticas Sociales ligadas a la Inclusión Social, se presenta como una nueva perspectiva donde el Estado comienza a reaparecer como garante de Derechos Sociales y Humanos. Esta nueva centralidad de lo Estatal implica una serie de interrogantes, esencialmente ligados con las modalidades de intervención vinculadas a los efectos de casi cuarenta años de tránsito hacia la fractura social, la perceptiva de inscripción y preinscripción social y el diseño de dispositivos de orden transversal que den sentido a las políticas sociales. Estas nuevas cuestiones, seguramente también se presentarán como tema de agenda en la medida que la recuperación de los mecanismos de integración social construyan nuevos formatos de sociedad. En el campo de la salud, la accesibilidad se presenta como obstáculo y posibilidad de retomar tradiciones que entienden a la salud como proceso histórico social. En este aspecto el neoliberalismo, recortó el acceso al sistema de salud a partir de imponerle una lógica de mercado que no solamente marcó la relación de los usuarios con el sistema, sino que desde una significativa mercantilización se entrometió en las prácticas del equipo de salud generando nuevas formas de desigualdad ligadas a la noción de medicamento como mercancía y objeto de consumo. Los criterios de productividad y rendimiento  observaron con desconfianza a  lo social, especialmente como posible campo de conflicto, desde ese temor construyeron una lógica donde lo médico se transforma en hegemónico, quedando los médicos atrapados dentro de la lógica costo beneficio, que redundó en una significativa deslegitimación de sus prácticas y de todo el sistema de salud.
Todas estas cuestiones llevan a definir a la intervención en lo social desde la reflexión ética, es decir revisar desde donde y para que se interviene.
La intervención se presenta de esta manera como un lugar de construcción de nuevas preguntas, de agenda pública, pero especialmente como lugar de encuentro entre lo macro y lo micro.
En definitiva pensar a la Intervención como nuevo lugar para la palabra, dentro de un proceso de análisis que inevitablemente se desliza hacia la construcción de acontecimiento que actúa como analizador donde lo social y lo cultural develan su dimensión oculta. Una intervención desde un pensar situado en América que   facilite  el despliegue  nuestras las historias comunes.

 CITAS:
[1] Bordieu, Pierre.  Questions de sociologie, Paris, Les éditions de minuit, 1984. pp. 113 y ss.
[2] Carballeda, Alfredo. Escuchar las Prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires.2007.
[3]  Provincia del  Neuquén. Argentina. Ministerio de Salud. http://www.neuquen.gov.ar/salud/
[4] Hörisch, Jochen. Las épocas y sus enfermedades. El saber patognóstico de la literatura. En. Literatura, Cultura y Enfermedad. Editorial Paidós. Buenos Aires 2006.
[5] Estas se pueden definir como “Expresiones de la tensión entre necesidades y derechos sociales y ciudadanos que generan distintas formas de padecimiento expresándose en forma probabilística en todos los sectores sociales”.Carballeda, Alfredo. Revista Margen N° 35.Buenos Aires. 2005.
[6] El golem, surge en el las historias medievales de la mitología judía. Un ser animado  que se construye  a partir de materia inanimada. La palabra golem también aparece en la Biblia y en la literatura hebrea del Talmud como algo incompleto o embrionario. 

[7]  Goffman, E. La presentación de la persona en la vida cotidiana. Editorial Amorrortu. Buenos Aires 1970.
 [8]Alonso, Juan Pedro. Mantilla, Gimena. Cuerpo Dolor y Autonomía  IV Jornadas de Jóvenes Investigadores.Instituto de Investigaciones Gino Germani19, 20 y 21 de septiembre de 2007. Buenos Aires.
[9] La noción de “ sentido de la acción” es tomada de los trabajos de Max Weber. Ver. Max Weber. Apuntes metodológicos. Editorial Amorrortu. Buenos Aires. 1995.
[10]  Se define territorio como espacio físico  en donde mejor se muestran diferentes características sociales y culturales asociadas con un determinado grupo social.
[11] Bataglia, Carina; Raiden Marcela. Los entrecruzamientos  discursivos en la construcción de la subjetividad adictiva. Drogadicción y Sociedad. Colección. Cuadernos de Margen. Espacio Editorial. Buenos Aires. 2008. 



Capítulo 6 Política Social, Multiculturalismo e Intervención en lo Social.




“Si nos dicen que hay una humanidad, que hay una ciencia atómica y que hay una medicina, que ya todo está hecho y que ya nada podríamos aportar nosotros, siempre cabe la duda, por el simple hecho de que afirmar lo que otros afirman es colonización.”
Rodolfo Kusch










1- La cuestión social americana, la multiculturalidad y su origen
El origen de la cuestión social en América posee una serie de características singulares. Sus inicios se pueden ubicar en los años de la conquista, cuando a partir de ella comenzaron a generarse nuevas formas de la desigualdad, ruptura de pautas culturales, traslados violentos y forzosos de poblaciones al continente y dentro de éste.
La cuestión social americana, tiene como inicio la transformación de lo diferente en desigual. Lo cultural se transfiguró, por un lado, en un instrumento de dominación, en un intento de homogeneizar poblaciones para  hacer más eficiente y justificar el saqueo de nuestro continente. Pero, también la cultura de los expoliados obró como forma de resistencia y de lucha. América se transformó desde los inicios de la conquista en un campo de lucha cultural, de puja por el sentido, dando nuevas expresiones a necesidades y cosmovisiones. Ese origen, muestra una forma peculiar de manifestación cultural múltiple y singularmente americana, que se distingue de otras formas de expresión y de dominación en otros lugares del planeta.
América es singular en si misma y desde allí, tal vez, sea posible abordar la noción de multiculturalidad, donde, ella, está fuertemente ligada a procesos propios de nuestro continente. Así, la multiculturalidad Americana, tiene características propias.  En este aspecto, multiculturalidad y cuestión social pueden reconocer un origen cercano, casi inmediato, a través de encuentros y cruces culturales inesperados y posiblemente nunca pensados desde la racionalidad de los diferentes conquistadores.
El ser americano puede ser fruto de una decisión o el producto de la coerción. Esta tensión entre coerción y libertad, también constituye una pauta singular de la cultura americana. Pero, igualmente, es posible pensar que ser americano  puede significar una opción que inevitablemente se ubica en el orden cultural.
La identidad americana, no proviene sencillamente de una relación temporal relacionada con el orden de llegada, es decir aborígenes, castellanos, vascos, africanos, italianos, judíos, árabes, asiáticos, que pudieron o no, tomar  esa decisión de ser.
Los movimientos poblacionales hacia nuestro continente, también en forma mayoritaria se ligaron a diferentes expresiones de la cuestión social. Se migraba para  sobrevivir, encontrar un futuro, evadir persecuciones políticas, raciales y religiosas. La Identidad americana se construye en una conjunción compleja, donde se entrelazan esperanza, malestar, tristeza y padecimiento.
En esa intrincada trama se construye una situación, modo de ser al fin en el continente, evidentemente atravesado por múltiples expresiones culturales. Dentro de esas confusas tramas culturales y sociales también se gestaron los movimientos de resistencia y lucha por mejores condiciones de vida, de ciudadanía, de derechos sociales  y  respeto por lo que hoy conocemos como derechos humanos.
Las guerras de la independencia de los países de nuestra América hablan de esa historia de encuentros culturales, quizá azarosos, pero claramente ligados en la lucha por derechos civiles y mas tarde sociales. En otras palabras, en América el multiculturalismo, entendido como expresión política de la multiculturalidad, también se construye en la resistencia y en la lucha y desde allí en impensados proyectos colectivos.
En la actualidad, la multiculturalidad puede entenderse como; la defensa de los derechos culturales de las minorías dentro de los estados; la posibilidad de convivencia entre comunidades con culturas y religiones o etnias diferentes; la existencia de distintas culturas en el contexto de un mismo espacio social o geográfico.
A su vez, la multiculturalidad se presenta como una nueva forma de resistencia, ahora frente a las nuevas expresiones de la globalización en clave neoliberal, construyéndose desde allí nuevas síntesis, donde desde lo singular, la libertad, la tolerancia, el respeto mutuo y la igualdad  pueden dar forma a  diferentes manifestaciones culturales a través de consensos y límites que se construyen en escenarios novedosos e intensamente atravesados por las tensiones entre necesidades y derechos.
Si la cuestión social emerge a partir de la solidaridad perdida y de la fragmentación de lo social, la relación entre esta y  la cultura se hace evidente e inexorable.
Desde estos aspectos, tal vez, es posible pensar diferentes puntos de encuentro entre Multiculturalismo, Política Social e Intervención. Especialmente desde la incorporación de mas derechos y su aplicación concreta desde las Políticas y la Intervención en lo social.
En otras palabras, la gestión de la multiculturalidad requiere de definiciones especificas y especialmente de campos de intervención social que desde la práctica habiliten, faciliten y promuevan el derecho a la diversidad como así también, el derecho a la integración.
Estas cuestiones, implican la necesaria relación entre multiculturalismo, derechos humanos, justicia social e igualdad distributiva.
2- Multiculturalismo e Intervención Social una mirada desde los Derechos.
Numerosas  de las  manifestaciones vigentes de la cuestión social  dialogan en forma permanente con diferentes expresiones vinculadas con el multiculturalismo. La aplicación de aspectos la multiculturales, trasciende los límites de esta y dialoga con numerosos campos. La multiculturalidad en una sociedad desigual, puede ser solo una mera declaración de principios o enunciados. Es decir, la multiculturalidad  es posible en la medida que se incrementen los derechos, con el consecuente acceso a éstos, y esta ingrese en un terreno de igualdad y justicia social.
De la misma manera, tanto en el terreno de las Políticas Sociales como en el de la Intervención Social, la multiculturalidad se encuentra abarcada dentro de los derechos de primera, segunda tercera y cuarta generación, que comienzan a expresarse en nuestras sociedades, como el derecho al matrimonio igualitario, a la asignación universal por hijo, a la tecnología, a no migrar,  en definitiva: a pertenecer desde una serie de pautas propias y libres.
En la actualidad la diversidad cultural como forma de interpelación al campo de lo social,  vuelve a hacerse visible desde diferentes planos. Interpela desde el diseño de Políticas Sociales, su aplicación, las modalidades de intervención, los marcos comprensivo – explicativos de éstas y hasta sus aspectos instrumentales. Por otra parte, es posible que la intervención social desde la multiculturalidad pueda abarcar no solamente este campo, sino también enriquecer y fortalecer otro tipo de intervenciones.
Esta serie de acontecimientos, indefectiblemente, genera nuevos interrogantes para el diseño y aplicación de Políticas Sociales y la intervención social, especialmente desde su relación con los Derechos  Humanos y Sociales.
Los Derechos Humanos y Sociales como tales, para  poder salir del terreno de lo únicamente enunciado, requieren de políticas especiales, novedosas, que esencialmente faciliten y promuevan a la diversidad como un espacio de recuperación de identidades perdidas o menoscabadas y desde allí generar nuevas  potencialidades , capacidades y habilidades.
Estas cuestiones interrogan en forma diferenciada a la intervención en lo social, especialmente desde la relación entre esta y la producción de subjetividad. Visualizando que el Trabajo Social puede profundizar su intervención desde una perspectiva centrada en el lugar de lo otro como productor de verdad, como constructor de subjetividades, tenga un espacio claro y definido en el hacer cotidiano. Posiblemente, a través de más y nuevas búsquedas y diálogos con diferentes campos de conocimiento que desde una perspectiva metodológica alcance a dar más sentidos a   las Ciencias Sociales, integrando la práctica con  lo expresivo, lúdico y creativo.
El multiculturalismo se transforma, desde una perspectiva centrada en los Derechos Humanos, en una nueva oportunidad para las ciencias sociales. Especialmente, si se lo entiende como un enunciado que tiene posibilidades de dar nuevas respuestas a las imposiciones que el fenómeno de la  nueva forma de globalización conlleva. Si es que esta  intenta constituirse como un nuevo proceso de uniformización de la cultura bajo la  hegemonía del proyecto neo liberal.
De este modo, la diversidad se presenta como una circunstancia que puede facilitar la liberación de los mandatos ideológicos, conceptuales y metodológicos que producen muchos de los discursos hegemónicos ligados al poder económico y las viejas pretensiones universalistas que fundaron la modernidad occidental.
Asimismo, el multiculturalismo se presenta en América como  una nueva oportunidad, en dos aspectos. Por un lado  en la posibilidad de recuperación de una forma de integración perdida desde la conquista y por otro como espacio de encuentro e intercambio entre la múltiples expresiones de lo singular americano. El multiculturalismo se encuentra así con la posibilidad de orientar las Políticas Sociales y  la intervención  hacia el horizonte de la resolución de la problemática de la fragmentación social en su particularidad americana.
Desde esta perspectiva, los Derechos Humanos y Sociales, se construyen y recuperan  en la práctica cotidiana y en forma dinámica se relacionan estrechamente con los cambios sociales, ya que, de diferentes maneras , esta orientación permitiría visualizar nuevos y mas espacios vacíos en la protección de los individuos.
El multiculturalismo se constituye, en este aspecto en una vía de entrada que dialoga con; el derecho a la identidad, a pertenecer, a ser escuchado, generando desde allí nuevas relaciones  y diálogos con la cuestión social.

3-Algunos Aspectos Contextuales.
La multiculturalidad emerge, dentro de la agenda pública, en un clima de época signado por el neoliberalismo, caracterizado por la desigualdad y la decepción. De esta manera, las problemáticas sociales complejas dialogan en forma estrecha con nuevos temas que se van constituyendo como campos de intervención y estudio. Estos, como producto de la fragmentación social, muestran la necesidad de construir nuevas formas de integración que tengan en cuenta a la diversidad cultural dentro de las complejas tramas que se constituyeron en paralelo a las desigualdades sociales. Especialmente en las múltiples rupturas del lazo social, sumadas a la lógica de la insatisfacción permanente que motoriza a  gran parte de nuestras sociedades, desde las dificultades de ser en un mundo signado por la posesión de bienes como forma de satisfacción hasta la desigualdad como forma de estigmatización.
La multiculturalidad surge en un momento donde las posibilidades de respuesta desde las Políticas Sociales, se ven atravesadas por fuertes restricciones y condicionamientos, con instituciones azoradas ante las diferentes expresiones contextuales y prácticas profesionales no del todo preparadas para comprender esta aparición de lo otro, de lo diferente en el lugar de la demanda. 
De este modo, la multiculturalidad, aún está atravesada por el riesgo de ser considerado solo una expresión estética que declame nuevas libertades y derechos que son de muy difícil o compleja aplicación. La visión de lo otro en  América, puede aportar en este contexto algunos elementos conceptuales que puedan articular el multiculturalismo, la política social y la intervención. Desde esta perspectiva es posible pensar que  el otro no es solo un extraño que nos observa, sino que también nos construye desde una mirada que ratifica lo que se es. 
A su vez también la multiculturalidad se expresa en un momento de    crisis de los espacios de socialización, como la familia, el barrio, la escuela, la universidad o el trabajo y muestra el surgimiento de interpelaciones dirigidas especialmente a su sentido, a la posibilidad y necesidad de una reconfiguración de la cual, muchas veces, se es testigo en forma aturdida y desorientada.
Pero, esa crisis también da cuenta de un conflicto de los espacios cerrados como el hospital, la escuela, la fábrica,  en tanto lugares de construcción de subjetividad y  de trasmisión de pautas, códigos, identidades y pertenencia.
La recuperación de sentido en los procesos de socialización también implica un diálogo intenso con las diferentes expresiones culturales, donde el individuo aprende pautas, conocimientos y códigos relacionados con su vida en sociedad y con su propia historia sociocultural. Esta  interrelación, posiblemente permitirá la expresión de potencialidades y habilidades para su integración al medio social donde se encuentre. De allí que la socialización como proceso histórico social, por fuera de las imposiciones y mandatos hegemónicos, se construye en la medida que la diversidad cultural inscripta  en su biografía, y la historia de su propio escenario de vida sean reconocidos y aceptados, dentro de la posibilidad de la articulación entre socialización y solidaridad. Allí, donde la relación con los otros pasa del vínculo , a la ayuda y de allí  al acto político.
El vínculo y el lazo  social como elementos constitutivos de solidaridades  se fueron diluyendo en las lógicas impuestas desde el neoliberalismo, trocando a la solidaridad por la competencia en forma desesperada, muchas veces como necesidad o mandato ligado a la sobrevivencia. La recuperación de solidaridades desde la intervención, puede mostrar la oportunidad de rescatar viejas formas de organización de lucha, de construcción de sentido, ahora a la luz de nuevos interrogantes y problemas.
La crisis de incertidumbre que atraviesan nuestras sociedades, acompaña esa distribución de nuevos escenarios, donde lo que sobresale es una gran diversidad de cuestiones que van cimentando un sentido diferente a las palabras y construcciones discursivas ligadas, por ejemplo, a las nociones de; educación, familia, trabajo, futuro, sociedad.
Las últimas décadas  muestran al mercado como un ordenador de la sociedad, pero básicamente como una forma nueva de construcción de subjetividad  que lentamente, va siendo atravesada por el malestar y el desaliento. Tal vez, producto de formas constitutivas de la  identidad y pertenencia efímeras, ligadas al consumo de objetos que trascienden su horizonte de materialidad y adquieren, dentro del reino del mercado, una intensa dimensión en el orden de lo simbólico. 
Una sociedad enunciada desde el bienestar para quien pueda pagarlo que no garantiza el malestar subjetivo de unos y otros, producto de una civilización que a través de la coerción construyó un encuentro trágico entre deseo y decepción, una cultura que llegó a declamar el “derecho a la desigualdad” como filosofía. Pero que también deshizo las nociones de espacio, lugar y territorio primero privatizándolas y luego haciendo que sean atravesadas por la lógica del gasto y el costo beneficio. De este modo, los territorios, fueron apropiados por un nuevo Leviatán al cual debía rendírsele culto a través del consumo y del sufrimiento que produce la desigualdad.
 En este aspecto, la diversidad cultural requiere de un “lugar” para poder ser,  para salir del enunciado y la declamación y ese espacio como tal es el de lo público.
 El neoliberalismo también trajo una fuerte crisis  que derivó en una  pérdida de lo público como espacio, como lugar donde desarrollar procesos de socialización histórica y cultural. Lo público como espacio hoy, aún en muchos casos, tiene una función múltiple y heterogénea, va desde pequeños escenarios hasta “lugares” donde se construye la identidad desde ese espacio. Es decir, como escenario que permite la expresión de la diversidad y desde allí a veces se construyen identidades propias. El lugar como escenario y territorio de la identidad, implica la posibilidad de reconocimiento intersubjetivo donde un grupo de individuos pueden reconocerse en el y definirse desde esas características que conjugan espacio y modo de relación y desde allí comprender y explicar la complejidad de los lazos sociales que los unen desde el espacio y la historia. En los años del neoliberalismo, esa relación es fuertemente efímera, compleja especialmente desde su constitución, facilitando  la aparición de culturas de la frustración y el desengaño mas que de le diversidad o la multiplicidad.
La inscripción subjetiva de la identidad se construye mayoritariamente  en el espacio público, desde su apropiación, allí, si se hace factible  la  posibilidad de confrontar y dialogar con otras identidades.
La apropiación de lo público por las empresas, las restricciones en la circulación, la parcelación de lo estatal, impidieron e impiden en muchos casos una expresión sin ataduras de lo multicultural, restringiéndolo al escaparate del espectáculo, la estética desde la lógica costo beneficio y del marketing. En este aspecto la diversidad cultural en los años del neoliberalismo ingresa en una contradicción donde, por un lado es llamada a hacerse visible, pero por otro determina según la lógica del mercado los lugares y caminos de esa visibilidad.


4- Multiculturalidad y otredad, algunos apuntes desde una perspectiva Americana.
Desde América también es posible pensar las diferentes formas peculiares del multiculturalismo. En este aspecto, la visón de lo otro y la construcción de identidad, también se pueden observar desde una perspectiva diversa. La otredad, en América, especialmente desde una perspectiva histórica, puede implicar una serie de imágenes y representaciones  atravesadas por miradas que transitan  caminos que van desde el temor y el encantamiento llegando a veces  al  asombro y la admiración.
De allí que desde la historia de  nuestro continente sea posible analizar  diferentes etapas de disciplinamiento que pueden ubicarse en la etapa  la fundacional de éste, que coincide con la construcción euro - céntrica de la modernidad, la ilustrada, que concuerda con los procesos revolucionarios del siglo XIX, el de la construcción de los estados modernos,  el re discplinamiento relacionada con el desarrollismo de la década de los sesenta del siglo XX y el neo disciplinamiento vinculado al modelo neoliberal.
Todas esas estrategias, concuerdan en que  tienen como centro el accionar sobre las culturas americanas, adaptándolas a diferentes procesos de dominación según las características de cada época.
Lo cultural, ligado con la idea de lo otro es campo de acción política desde diferentes estrategias de dominación, desde la negación de las culturas y su diversidad, su sometimiento y  hasta su asimilación dentro de la lógica del mercado, muestran otra característica singular de la relación entre América y la civilización occidental.
El otro americano es un extraño para el conquistador Pero en poco tiempo se irán construyendo desde las representaciones sociales, otras imágenes un poco más cercanas en lo externo, en las apariencias, pero indescifrables e impredecibles en lo interior. 
En América el otro deja de ser un opuesto, se acerca a lo  diferente. El español que llega a América, en poco tiempo se transforma en diferente para quienes quedaron en Europa. El otro en América además del aborigen y el africano, también es el español, el europeo que llega en forma imprevista, cargado de miradas de desaprobación y desprecio muchas veces por ser expulsado desde ese continente. Esa forma de construcción de identidad es, en numerosos aspectos una síntesis entre excluido y renegado.
La identidad, de esta manera se construye desde esa síntesis de negación de lo no visto, de aquello que no quiere ser visto ni mostrado por pudor o temor. La construcción de la otredad en América se da en oscuros laberintos y senderos, estrechos  pasillos, donde se esconde aquello que genera temor.
La construcción de la otredad para el continente europeo y la civilización occidental, es tenebrosa, surge del miedo, es de alguna manera producto de éste.
La otredad en América inesperadamente se transforma en resistencia como expresión instantánea hacia un poder que oprime pero no logra destruir totalmente el contrato social del oprimido. Este, en tanto vencido, aún así, construye mundos similares a los viejos apropiándose lentamente de los nuevos. Las pujas ordenan y dan sentido a esa construcción, la batalla, la lucha, la contienda, en gran parte son los verdaderos elaboradores de lo nuevo en América.
Luego del gran viaje, de la travesía de los mares, de internarse en mundos desconocidos los europeos llegan a “descubrir”, básicamente una otredad que también necesitan.
Como en una especie de maldición Europa, necesita reflejarse en lo inesperado y desconocido para poder construir su propia identidad. Paradojalmente, la barbarie lo incivilizado generará respuestas impensadas. Para encontrar sentido en la búsqueda exasperada de una explicación de su pasado, tratando de resolver las inquietudes que presenta la pregunta acerca del origen de esa civilización. Para poder desde allí ratificar el mito del progreso indefinido que se gesta lentamente en los años de la conquista y hace su eclosión desde el pensamiento Ilustrado.
 América como continente secreto, recóndito, se construye desde una multiplicidad de culturas que se expresan en otras formas de ser. Así, la sangre como linaje  no garantiza ningún tipo de pureza. Ese otro es impuro aunque su propio padre no lo admita, esa impureza constituye la virtud americana de ser. De su impensada forma. De un rostro nuevo conocido y desconocido que está allí, que observa y desde esa mirada construye nuevas formas de la identidad.
El otro y lo propio rompen en América el lugar atribuido al primero como lo objetivo y al segundo como lo subjetivo. Teniendo en cuenta que la construcción de identidad se produce dentro de un proceso complejo de tramas y relaciones inter-subjetivas, sociales y lingüísticas que mediatizan el mundo del cual está formando parte. De esta manera, la cultura puede ser entendida desde la construcción de significados de tipo cognitivo, valorativos y estéticos.
Así subjetividad y cultura muestran otras formas  posibles de diálogo. La subjetividad se transforma en un campo cultural.
  
5-La intervención del Trabajo Social, multiculturalidad y multiculturalismo.
El Trabajo Social tiene una posibilidad de acción desde su práctica cotidiana que se vincula en principio  actuando en función de facilitar, promover y generar procesos de singularización y además, desde esa reafirmación de lo singular promoviendo la construcción  desde  esa singularidad recuperada nuevas formas de intercambio y reciprocidad con  el todo social.
Generando también, de esta manera, diferentes formas de encuentro y diálogo entre lo diverso desde un plano de igualdad. Estas cuestiones pueden implicar la necesidad de ampliar su mirada desde la intervención, especialmente a partir de la revisión de sus aspectos instrumentales epistemológicos y éticos. Cimentando más y nuevos puentes entre Trabajo Social y diversidad. Construyendo, de esta manera, nuevos caminos desde la práctica concreta hacia  la definición de categorías y conceptos acordes con nuestra realidad Americana.
La intervención en lo social, implica también lo singular, desde la cercanía de la mirada, pero también la relación con la presencia de aquello que se muestra como lejano pero presente desde lo macrosocial.
La intervención en lo social convoca, de esta manera, a la confrontación de las experiencias de la existencia, especialmente a aquellas que faciliten la recuperación y apropiación de saberes.  Una forma de intervención que sea capaz de convertir las fragilidades y situaciones inestables de nuestra época en certezas que construyan nuevas formas de sentido.
En este escenario complejo y turbulento, las preguntas acerca del sentido de lo que hacemos resuenan con mayor vigor y estruendo.
Así la Intervención se torna en un lugar de construcción de nuevas preguntas, donde lo construido puede ser desarmado, re hecho  y básicamente transformado. La intervención vista desde esa perspectiva implica una necesaria generación de acontecimiento, de instalación de un espacio político que interpela en forma intensa y si se quiere despiadada a la desigualdad, a la sin razón de ésta, a hipócritas  justificativos y  especialmente a  quienes intentan ubicarla en un marco explicatorio de una lógica neoliberal, hoy claramente  en decadencia.
La intervención en lo social, en la medida que ubique, descubra y encuentre nuevos espacios para la palabra podrá reconstituirse como una herramienta de interpelación, desde donde es posible ver lo “no visto” ocultado sistemáticamente por los fantasmas de la dominación.
La intervención  sale de lo esperado en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra  en la medida que pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden, alterando el establecido, transformado lo dicho en la apertura de nuevos espacios para el hacer. Intervenir es intentar reinscribir el texto  que se presenta como inamovible expresando una escena, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible. La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva, que  escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.

Bibliografía
Amejeiras, Aldo; Jure Elisa. Diversidad Cultural e interculturalidad. Editorial Prometeo Libros. Buenos Aires.2006
Carballeda, Alfredo. Los Cuerpos Fragmentados. Editorial Paidós. Buenos Aires. 2002
Huergo, Jorge. Notas para un anticollage. Posibilidades de las prácticas sociales en la época del neodisciplinamiento. Revista Margen N° 3. Buenos Aires. 1993.
Lipovetsky, Gilles. La sociedad de la decepción. Editorial Anagrama. Barcelona 2008.




[1] Cf.FRIEDMAN, M., Capitalismo y libertad. Ediciones