domingo, 29 de agosto de 2021

LO SOCIAL COMO CUESTION

 

Por: Alfredo Carballeda
"Los inicios de la cuestión social en nuestro continente se vinculan con los efectos de la conquista en el marco de una modernidad naciente. Los problemas sociales que surgen como consecuencia de ésta están estrechamente relacionados con la fragmentación de las sociedades conformadas por las culturas originarias. Allí la diversidad, lo diferente trocó en desigualdad. Esa desigualdad es producto de factores económicos, políticos, culturales y sociales. No implica ni capital ni trabajo (tal como se expresaron en Europa), sencillamente: depredación, saqueo y desencuentro entre unos y otros. De allí que la cuestión social se manifieste en América a partir de una hecatombe demográfica, de la que el continente tardará más de tres siglos en recuperarse, con el consecuente empobrecimiento, y disgregación producto de diferentes formas de explotación y violencia.
Se moría y aún se muere, de hambre en nuestro continente. Enfermedades, masacre de poblaciones, hambre, miseria, estigmatización, son algunos efectos de la cuestión social en América, donde las primeras victorias de los colonizadores, no solo se expresan en lo militar, sino en la ruptura del lazo social de los dominados. Mientras que el producto económico del saqueo y la expoliación de América, sirvieron para financiar la revolución industrial y porque no, a la misma clase intelectual que se oponía a esta, pero muy poco miraba nuestro continente.
Desde esta perspectiva, la cuestión social americana es una expresión del colonialismo europeo que comienza a constituirse cuestión nacional, a partir de naciones, culturas y civilizaciones agredidas, desvinculadas de sus tradiciones, de sus formas de producción, de su sabiduría y de su historia.

sábado, 28 de agosto de 2021

Algunas consideraciones sobre la noción de Exclusión Social y el concepto de Re- Inscripción.


Por; Alfredo J. M. Carballeda
“En el barrio carecían de código, pero todo hacía pensar que tenían uno. No lo había, pero funcionaba igual. Era un código instintivo, que estaba más allá de lo evidente (la calidad de ropa, el color de la piel y el pelo, la dicción, la manera de andar)q que por supuesto incluía personal doméstico. En líneas generales lo que se hacía era “marcar” a los cuerpos extraños, principalmente con la vista, transmitiéndoles la sensación de estar vigilados: una insolencia muy efectiva, avalada y practicada por todo el barrio, incluido un buen número de mascotas”… Rabia. Sergio Bizzio.
1 La Inscripción y la Dimisión.
La etimología de la palabra Inscripción evoca una acción relacionada con preservar la memoria a partir de formar parte de un relato vinculado con lo colectivo. En otras palabras, también la Inscripción puede ser entendida como un requisito para formar parte de algo. Quien se inscribe o reinscribe socialmente, adquiere una forma, lugar, percepción, diferente a la que poseía. Es posible pensar a la Inscripción como producto de la cultura, la historia y procesos sociales.
Socialmente diferentes sectores se inscriben, en tanto ingresan a una esfera de reconocimiento, promoción social, derechos y dignidad. Los procesos de vulnerabilidad social que son producto de la exclusión implican una forma de expulsión del “todo social” que deja afuera a un Otro por diferentes circunstancias; políticas, económicas, históricas, socioculturales y raciales.
Así la exclusión social puede ser leída como una expulsión, que estigmatiza, segrega y causa diferentes formas de padecimiento tanto objetivo como subjetivo. En ese aspecto la exclusión, dialoga con la vulnerabilidad, es decir, la construye a partir de desgastar las diferentes formas de la inscripción social.
La exclusión social, puede ser entendida como un proceso en el cual, a partir de una serie de condiciones subjetivas y objetivas que fueron siendo degradadas, borradas, atribuidas, construyen la condición de no pertenencia a un todo social que generan una forma de expulsión que se transforma en exclusión. Donde, esta remite a la falta de reciprocidad en la vida cultural, económica y social por falta de derechos, recursos y acceso a los derechos sociales. Estas cuestiones suelen ser producto del abandono de Políticas, Instituciones y Sistemas de Protección Social que implican diferentes recortes en la condición de ciudadanía, derechos sociales y autonomía. En tanto proceso, la exclusión se edifica en la biografía, va generando diferentes marcas y construye trayectorias.
La exclusión social, de esta manera, es producto de una construcción, de una visión expulsiva y es asociada a prácticas estigmatizantes y selectivas hacia diferentes grupos y sectores sociales, a través de relaciones intersubjetivas, institucionales y políticas.
A su vez, la exclusión construye una forma de subjetividad desde la idea de estar “fuera” de la sociedad de no pertenecer que atraviesa los lazos sociales, en tanto tramas de apoyo social. De esta forma existe un deslizamiento que va de la Inscripción a la Dimisión, es decir el producto de la exclusión social. Así, la Dimisión, implicaría algo tal vez, más intenso y complejo que la mera Exclusión.
2-La Reinscripción
La complejidad de los procesos de Exclusión Social a través de la tensión entre la Inscripción y la Dimisión, implica, quizás, la necesidad de estrategias de Intervención Social y desarrollo de Planes y Políticas Sociales más complejas. Si la exclusión social generase solo un proceso de desafiliación, alcanzaría con el desarrollo de acciones formales de Promoción Social, Políticas Públicas y facilitación de la Accesibilidad a diferentes tipos de Instituciones de Acción Social para que esta situación sea resuelta.
La Reinscripción implica una forma de transitar un proceso de retorno a una sociedad, a un todo social que abandonó, expulsó o, empujó a los complejos lugares de la exclusión generando una serie de problemas.
La estigmatización que acompaña a la exclusión, al presentarse como un atributo profundamente desvalorizante que suele degradar, produce un efecto negativo, una etiqueta o marca que forma parte del proceso y es posible de ser trabajada desde una perspectiva desestigmatizadora que deconstruya el estigma. De esta forma la Reinscripción, como estrategia de Intervención, se propone como una manera de deconstrucción que tiene como horizonte la recuperación de atributos inherentes a la condición humana de ese otro. Su dignidad, es decir la posibilidad de ejercicio de su autonomía.
La idea de deconstrución parte de la idea que plantea a los discursos sociales, en este caso a los que rodean a los procesos de exclusión social, como generadores de “verdad”, de este modo, la deconstruccción desde la perspectiva de la intervención en lo social implica la alteración de la gramática de los discursos que actúan como constructores, justificativos y generadores de atributos a la Exclusión Social. De esta manera, la Intervención en lo social, tiene la posibilidad de convertirse en un dispositivo de deconstrucción. En definitiva como una forma de disrupción que des organiza y permite organizar de nuevo alterando el orden de lo dado actuando como constructora de acontecimiento.
Bibliografía:
Carballeda, Alfredo. Lo Histórico, lo teórico y lo metodológico. Ediciones Margen. 2019
Goffman, Erving. Estigma. Editorial Amorrortu . Buenos Aires. 1985
Arteaga Botello, Nelson. (2008). Vulnerabilidad y desafiliación social en la obra de Robert Castel. Sociológica (México), 23(68), 151-175. Recuperado en 27 de agosto de 2020, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext...

domingo, 22 de agosto de 2021

Lo Social el Neoliberalismo y la Pandemia:

 

Por Alfredo J. M. Carballeda

Todo hombre se parece a su dolor.
André Malraux. La condición humana
La Pandemia sorprende a un mundo atravesado por posiblemente la etapa más depredadora del neoliberalismo. Lo hace, en un momento de la historia en el que la desigualdad y la codicia se hacen cada vez más evidentes. Sobrevolando escenarios donde el culto a la desigualdad y la eficacia del auto control sacrificial, organiza la vida cotidiana. Una época, donde una Civilización depredadora se autodestruye tratando de explicar y convencer sobre la necesidad de construir una sociedad que se encuadre dentro de la voracidad de un mercado cada vez más feroz y omnipotente. En el lugar donde el deseo queda engañado por la zancadilla dela auto empresa, del emprendedor, de los modelos de éxito quedando encerrado y desprendido de lo colectivo.
Así, la Cuestión Social dialoga con temas que superan la contradicción entre el Capital y el Trabajo. Se construye en la oscuridad de monstruosos y complejos sistemas de dominación que la contienen y que son mucho más eficaces. De este modo, la Cuestión social, también se entrelaza de manera particular con las nuevas expresiones de la desigualdad, la ruptura de tramas sociales y las posibilidades de resistencia.
La Cuestión Social, se hace más singular cuando la miramos desde América, donde el componente colonial y racial cubre y otorga nuevos sentidos a la noción de clases sociales.
Una forma de Cuestión Social que se cruza de múltiples maneras con procesos de subjetivación, éstos que, en América, son únicos porque tienen la historia de 500 años de colonialismo, cargan con la construcción de una subjetividad inferiorizada, de un deseo orientado a ser como quien domina.
La llegada del Covid19 hace aún mucho más complejos los problemas sociales que atraviesan a nuestra región. Le otorga nuevos sentidos al singularizarse territorialmente, cuando, puede ser más peligroso quedarse en casa que salir si no hay una clara política de Protección Social. Sencillamente: agrega una nueva forma de incertidumbre que se transforma en dolor, hasta ahora, desconocido que lo único que promete es un sufrimiento que se tramita en soledad.
La Pandemia interpela prácticas, instituciones y lógicas. Reclama una reaparición del Estado en lo Sanitario, lo Económico y la Intervención Social. Vuelve a mostrar que toda enfermedad es social y es producto de procesos colectivos, históricos y sociales. Hace recordar prácticas colectivas, las reafirma y muestra su necesidad. No se trata de virus y cuerpos solamente. La Pandemia se entrecruza con biografías, condiciones de trabajo, representaciones sociales, percepción del proceso salud enfermedad, vivienda, alimentación, violencias, tanto domésticas como institucionales y especialmente acceso desigual a derechos civiles y sociales.
El Covid19 distingue, casi meticulosamente, a los diferentes sectores sociales. De ahí que no alcance el discurso médico para comprenderlo. Convive con otros Problemas Sociales. Se suma a otras epidemias y enfermedades que atraviesan los espacios de la desigualdad, se entromete en lo inseguro, cohabita con el riesgo siempre latente que producen; la discriminación, el estigma, la violencia de las fuerzas de “seguridad”, la falta de agua, las diferentes formas de la precariedad.
Lo Social del fenómeno de la Pandemia, se hace singular, de ahí que las prácticas son interpeladas ahora, nuevamente a partir de historias que es necesario develar que se encuentran ocultas detrás de los números de las estadísticas. Se singulariza en la vida cotidiana, los lazos sociales, la mirada del Otro, así se resignifica su percepción y es posible comprender que hay situaciones que, como condicionantes se inscriben territorialmente. Allí la Pandemia, dialoga con noticias falsas, presiones políticas, judiciales y mediáticas que siguen, desde la lógica, neoliberal, convocando al sacrificio en nombre del Mercado mientras ocultan intereses de desestabilización política. Se dice “que mueran los que tengan que morir”, sabiendo que la cercanía con la muerte es casi el resultado de una danza macabra ahora selectiva regida por las leyes del mercado, donde desde antemano se sabe quiénes quedarán como en las planillas Excel de los oligarcas que nos gobernaron hasta Diciembre de 2019, tratando, de esta manera, sostener una lógica que hizo que la Ley se someta al mercado.
Así, la Política que cuida la Soberanía Popular, la Justicia Social o se enfrenta a la dictadura del mercado es denominada despectivamente “populista”, pareciera que todo lo que tenga connotación popular los asusta y asquea.
Toda apuesta a lo colectivo viene siendo sancionada de múltiples formas, dado que es posible pensar que el único deber en la subjetividad neoliberal es el bienestar de uno mismo, con vacunas o sin vacunas, con cuidados o sin ellos. No importa. Lo importante es la eficiencia de la empresa. El cuerpo es una empresa que debe ser bien administrada. Tal vez, por eso, se siguen prometiendo sociedades sin dolor, donde las sonrisas son calificadas y muchas veces prometen proximidades a un goce efímero, sociedades en las cuales se sanciona sentirse mal y se sobrevenden analgésicos y psicofármacos. Sociedades en las que las mascotas tienen los mismos o a veces más, derechos que las personas. Sociedades donde la condición humana es vergonzante.
Habitamos una cultura que se desvive por cuidar el cuerpo no para favorecer al todo social, sino para engañar al envejecimiento, engañarlo con la idea de una eterna juventud que intenta ser una falsa adolescencia infinita. El amor al propio cuerpo, exaltando lo externo, y a lo que se ve. Así, la corporalidad neoliberal es fundamentalmente maquillaje, utilería. El simulacro de los cuerpos perfectos es más importante que el virus, será quizá, en parte por eso que los muertos como masas vergonzantes, son abandonados sin rituales.
Una civilización que cambió la noción de verdad por la de evidencia, acrecentando la falta de certezas, olvidando que lo verdadero se construye socialmente, con otros, resolviendo las conflictividades de agobian y angustian. Una verdad sin fundamentalismos nos permitirá salir de éste que subrepticiamente nos introduce en una forma de verdad dogmática que es sostenida cotidianamente por los sacerdotes y monaguillos de la economía de mercado.
La Pandemia, tal vez, hizo visible la ausencia de Sociedad en la cual la escenografía del mercado nos introdujo, haciéndonos espectadores de un set de televisión. Posiblemente luego de la Pandemia podamos acceder a nuevas formas de posibilidad impensadas hace pocos meses. La importancia de un Estado Presente, la recuperación de los Derechos Sociales, el cuidado de la Sociedad, el desarrollo de una escucha activa que no silencie lo Social.
La Pandemia interpela a la Sociedad y con ella a las prácticas y a las instituciones, quizá nos lleve a nuevos nexos entre diferentes campos de saber, a una nueva forma de acceder al acontecimiento. En síntesis a como pensar y abordar las problemáticas sociales desde una perspectiva situada que articule la historia con el presente y tenga la capacidad de construir futuro de manera colectiva. Tal vez desde un nuevo humanismo que deje de lado el eurocentrismo, un humanismo no etnocéntrico, que integre subjetividad y territorio, en una comunidad organizada.




viernes, 13 de agosto de 2021

Intervención Territorial y Salud Mental. Trabajo Social, Redes Sociales y medios de comunicación para el cambio Social Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda

 

Un lugar es un conjunto de procesos simultáneos que, a medida que se suceden, le otorgan una textura significativa.
Diego Litvinoff.
(Santa Marta. Fragmentos de un lugar)
1- Neoliberalismo y padecimiento subjetivo.
Durante las últimas décadas, en América Latina nuestras sociedades sufrieron y sobrellevan procesos de devastación, acoso y violencia que generaron marcas subjetivas relevantes, de esta manera se construyeron más y nuevas formas de padecimiento con la consecuente aparición de nuevas demandas en diferentes espacios institucionales. La Salud Mental como campo se presenta como un lugar, donde éstas han cobrado cierta particularidad.
Los terrorismos de Estado y de Mercado, produjeron distintos procesos y formas de fragmentación social, la sociabilidad fue atravesada por ésta, haciendo que la incertidumbre atraviese las nociones de proyecto colectivo y futuro, formando, muchas veces, formas de ajenidad y aislamiento que se transformaron en dolor.
La quiebra, o el enfriamiento del lazo social, forjaron y aún expresan dificultades de pertenencia y construcción de identidades asentadas en lo colectivo, en lo histórico y en la memoria. Las trayectorias, los proyectos, las perspectivas, se transformaron en individuales. De este modo las sociedades se ordenaron y disciplinaron desde la lógica del mercado y desde allí construyeron nuevas formas de control que pasan por lo individual. La ética, al ser absorbida por el marketing, cambió las preguntas acerca de lo necesario hacia la sociedad por lo conveniente hacia el individuo ratificando, desde oro lugar, su soledad y aislamiento.
Así, el mercado, durante décadas intentó operar como constructor de sentidos y alternativa a la sociedad. La ausencia del todo social como un espacio de arraigo y contención se trocó por pautas de consumo que intentaron construir nuevas formas de identidad, a históricas y a sociales, centradas en una idea de puro presente que se ratificaba en la ausencia de futuro.
La crisis de los espacios de socialización como; la familia, el barrio, la escuela, la universidad, el trabajo, construyó otras expresiones de la incertidumbre, ratificando a la competencia como único sentido o promesa de seguir perteneciendo para no caer en la oscuridad de la desigualdad o la exclusión social.
El neoliberalismo impuso como discurso único que la realización personal se consigue a través de la satisfacción de los pequeños propósitos personales de cada individuo. La propuesta se completa desde la idea de que no debe pensarse en beneficios para los demás, sino solamente el propio y de este modo es posible acercarse a un fin último: la propia sobrevivencia y la propia felicidad.
Todas estas cuestiones construyeron nuevas padecimientos y demandas y hacia el campo de la Salud Mental, éstos, no se incluyeron claramente en los tratados de clasificación de enfermedades mentales, ingresaron en ellos de manera sutil, para ser lentamente cooptados por la industria farmacológica y el encierro en el manicomio, introduciéndose en sigilosamente en protocolos de prácticas que generan más dolor y aislamiento.
La violación de derechos, los itinerarios personales signados por la angustia del aislamiento, las inscripciones del abandono, y la desigualdad, paulatinamente fueron despojadas de su condición histórica y social y un neo positivismo intentó e intenta explicaciones de orden genético, farmacológico, pero también moral. Estos procesos tienen un claro lugar designado de intervención: las instituciones cerradas.
De esa forma, en los escenarios actuales, la Salud Mental Comunitaria no es sólo una modalidad más de acción, sino una posibilidad de resignificar desde el territorio alternativas de construcción de nuevas formas de comprensión y explicación del padecimiento subjetivo, para desde allí elaborar estrategias de intervención social.
.
2- El territorio como lugar de intervención social.
Es posible entender al territorio como un lugar cargado de significaciones. De esta forma el territorio se convierte en un espacio de construcción de sentidos, a través de imágenes, metáforas y mitos. El territorio como lugar, también implica algo que puede entenderse a partir de dimensiones que se construyen desde la percepción. También, un lugar puede construirse a través de la memoria. Así, el territorio, se transforma en una construcción donde la coexistencia y el entorno construyen diferentes formas de significación.
El territorio, le confiere sentido al lugar. De la misma manera, también, desde el relato se construye una forma de demarcación cartográfica de éste generando más y nuevos sentidos que van desde los bordes y los márgenes a lo que transcurre dentro de él. También es determinado por distintos grupos sociales, que, como consecuencia de procesos históricos, construyen simbiosis, encuentros y desencuentros.
El territorio, desde una perspectiva conceptual hace referencia a diferentes elementos presentes en el, tanto de carácter material como simbólico. Posee, de esta manera una propia narrativa que implica su constitución singular. Los territorios no podrían existir sin relatos; serían solo una serie de frías descripciones de catastros municipales, ausentes de sentido, zonas grises, sin historia, identidad o pertenencia. Así, el territorio no se restringe a su connotación geográfica o espacial sino que también contiene componentes relevantes como lo organizativo, lo económico, lo social y lo ambiental.
De esta manera, el territorio, puede ser comprendido como una construcción social, colectiva e histórica, que se encuentra en un permanente proceso de mutación a partir de quienes lo habitan, lo transforman y son transformados por éste.
En ese juego de interacciones, se elaboran estrategias de constitución y sentido de la vida cotidiana. En definitiva distintas expresiones materiales y simbólicas de los lazos sociales que implican una dimensión relacional sumamente compleja y profunda.
Es allí, dentro del territorio, en esos lugares, donde se construye la singularidad del mismo, donde es posible, a través de la reparación del lazo social una nueva conexión con lo propio, con lo histórico, con la cultura, con aquello que la lógica de mercado obturó, separó y transformó en un sin sentido.
3- Territorio Salud y Comunidad
La noción de Territorio, en términos de intervención social, puja con la de comunidad que, según la OMS (Organización Mundial de la Salud) sería básicamente: Grupo específico de personas, que a menudo viven en una zona geográfica definida, comparten la misma cultura, valores y normas, y están organizadas en una estructura social conforme al tipo de relaciones que la comunidad ha desarrollado a lo largo del tiempo. Por otra parte, algunos territorios se van construyendo desde procesos de cooperación y otros a partir de situaciones de conflicto de diversa índole. Una mirada a la conflictividad territorial permite aproximarse a las características de los mismos desde diferentes aspectos.
Por otra parte, la noción de territorio se entrelaza con la de salud que definía Floreal Ferrara: “Nuestra definición de salud es que el hombre y la mujer que resuelven conflictos están sanos. La salud es la lucha por resolver un conflicto antagónico que quiere evitar que alcancemos el óptimo vital para vivir en la construcción de nuestra felicidad, No tiene nada que ver con esa definición como “completo estado de bienestar físico mental y social” que utilizábamos en aquellas épocas, surgida de los organismos internacionales de salud”. Asimismo, siguiendo al autor mencionado; se podría afirmar que la salud es como el río de Heráclito, nunca es la misma, es decir que está siempre asociada a aquello que está ocurriendo. De este modo, Floreal Ferrara, plantea una lectura que, se acerca a entender el proceso salud enfermedad desde lo colectivo. Pero, también propone una discusión que puede ser interesante; invita a oponer la idea de conflicto a la de equilibrio que propone la OMS. Es decir que no es el conflicto lo que define la enfermedad, el padecimiento, sino que justamente, es el bloqueo de los conflictos lo que los certifica. En otras palabras, una sociedad que no construye su salud, que no se organiza, que no disputa por ella; está enferma.
A partir de esa configuración, tal vez sea posible revisar las formas de intervención en Salud Mental Comunitaria, analizando desde una perspectiva crítica las prácticas de Intervención a través de redes, servicios, instituciones y recursos territoriales, dando lugar a la emergencia de un sujeto que no es el “esperado” por la mayoría de las instituciones, que atraviesa recorridas institucionales que lo fueron desgastando y desencantando. Construyendo más y nuevas formas de abordaje de éste, revisando las prácticas clásicas, intentando construir otras que puedan recuperar a ese Otro como lugar de verdad.
Entendiendo tal vez, que las trayectorias son singulares y se construyen a través de nuevas y viejas expresiones del padecimiento, que fueron acrecentadas en las diferentes formas del relato neoliberal.
4- Territorio y Subjetividad. Recuperando modalidades de intervención social.
Los territorios donde se llevan adelante las prácticas de salud aún tienen las marcas o se encuentran arrasados y erosionados por los terrorismos de Estado y de Mercado. Estas cuestiones muestran nuevas formas de construcción de sociabilidad, subjetividad y padecimiento.
El territorio de ese modo se transforma en el lugar del acontecimiento; lo construye como tal, le confiere características singulares, requiriendo de miradas que aporten elementos para comprender y explicar lo que se surge de manera constante y se imprime en la identidad de quienes lo habitan.
Desde esta perspectiva, se es el territorio, este es transformado y transforma pero, a partir de que está atravesado por múltiples significaciones, esencialmente construye subjetividad. Así el territorio deja de ser una zona, espacio o área definidos desde lo geográfico, sino que, puede convertirse en parte de un dispositivo de intervención social que implica nuevas alternativas a la resolución del malestar y el padecimiento que se generan a partir de la fractura del lazo social, la exclusión, la pérdida de identidad y pertenencia colectivas.
El territorio, se transforma en una posibilidad de disrupción donde el equilibrio deja de ser un fin en sí mismo, proponiendo otros horizontes, quizás más cercanos a la búsqueda de nuevas formas de integración de la sociedad.
La Intervención, también puede ser entendida como la posibilidad de; desarmar, construir, para armar de nuevo, a través de la recuperación de lo público, del espacio, para que este sea nuevamente transformado, ahora por nuevas lógicas que recuperen la condición histórica y social de los sujetos de intervención.
La intervención social desde una perspectiva territorial se vincula con la búsqueda de nuevas conexiones, encuentros y diálogos. De este modo, por ejemplo, las artes como, el teatro, el cine, los murales, la música, se transforman en instrumentos de recuperación del lazo social perdido, de convocatoria a nuevas formas de relación social, dando otros lugares para la palabra, la mirada y la escucha, elaborando de esa forma nuevas instancias de intersubjetividad, tal vez alejadas de la incertidumbre y el individualismo que caracterizan a las sociedades donde el mercado funciona como un Leviatán.
La intervención social, de esta manera se constituye como un espacio de diálogo, reencuentro entre sujeto y territorio. Es decir con su propia historia colectiva, con ese otro que lo complementa, con la cultura y el lazo social que lo contiene y lo configura dentro de una comunión de sentido.
En este aspecto la Intervención Social, se transforma en una especie de catalizador, de fermento que facilita o acelera esos encuentros, en la medida que hace ver el conflicto desde su sentido, su significado histórico social, sus conexiones causales y sus posibilidades de resolución.
Tomando algunos elementos de la Educación Popular, reconociendo que el saber está en medio que nos rodea, pero fundamentalmente en ese Otro, segregado, excluido, oprimido.
La Intervención en Salud Territorial tiene la posibilidad de generar nuevos intercambios, espacios, lógicas en espacios de socialización desgastados y a veces ausentes de sentido, construyendo otros, recuperando historias y sentidos…”Quizás el desafío de estos tiempos, entonces, esté dado en las formas de que seremos capaces de construir como sociedad, que permitan llevarnos a ese proceso de “desalambrar la comunicación” y por ende desalambrar nuestras formas de pensar y nuestras formas de construir sentido” .
En síntesis, como un dispositivo que hace ver capacidades, habilidades, lo solidario, o lúdico, lo histórico y lo expresivo que posee cada territorio, cada individuo en su conexión con los otros. Donde se proponga un des orden, donde lo que se presenta como aparente desde el orden de lo real, pueda ser dicho desde otro lado.
La palabra, de esta manera, se transforma en un territorio compartido, donde, tal vez, quien relata aprende de su propia vida. Intentando leer los fenómenos sociales en su multiplicidad de similitudes y des-semejanzas, en lenguajes reveladores de identidad .
Si el territorio es también historia, tiene inscripto en sí mismo las dificultades y también las posibilidades de resolución de los problemas. En la actualidad, la realidad se presenta como entreverada y compleja pero, quizás pueda ser dilucidada a través de formas de conocimiento que no busquen la exactitud objetiva, sino formas de aproximación subjetiva que puedan dar cuenta de parte de las imágenes y los sueños que nos rodean Así, tal vez, es posible pensar nuevas formas de conocimiento de ésta que construyan relatos surgidos de la subjetividad de los actores sociales. Dado que la confusión que signa los espacios actuales de intervención requiere de nuevas historias que dialoguen con las viejas, pero, posiblemente de prácticas que puedan emerger a través de otras formas de expresión, donde la construcción de nuevas subjetividades se constituyan en forma de lazo social, en una nueva forma de relación con uno mismo, los otros la naturaleza y lo sagrado.
La intervención en lo social desde una perspectiva territorial, implica salir a buscar y despertar las historias y significados que recorren las calles. Las historias del territorio también son las puertas de acceso a los barrios, las calles y las plazas. Como así también a la ciudad en general.
De ahí que la Salud Mental en Territorio pueda implicar una búsqueda diferente, orientada a las solidaridades, a la recuperación de las formas de protección social, entendiendo al lazo social como una forma de respuesta, re encuentro, visibilidad y reconfiguración situada de presupuestos y categorías, tratando de construir acontecimiento, como una alteración única cuyos efectos pueden tener la capacidad de transformar el sentido de lo histórico, lo social y lo político.
Bibliografía
Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social como proceso de análisis. Espacio. Buenos Aires. 2013.
Carballeda, Alfredo. El Territorio como relato. Margen. Revista de Trabajo Social N° 72. 2015.
Coutinho. Cine de Conversación y antropología salvaje. SADOP. Buenos Aires 2013.
Dussel, Enrique. El encubrimiento del otro : hacia el origen del mito de la modernidad. Plural Editores 1994.
Deleuze, Gilles ." Posdata sobre las sociedades de control" en Christian Ferrer( comp.). El lenguaje literario. Editorial Nordan. Montevideo. 1991
Página 12. Buenos Aires.19 de Abril de 2010. Ferrara, Floreal “La salud es la solución del conflicto”
Página 12 14 de Abril de 2010.García, Alejo. “Creando Zonas Liberadas”.
Promoción de la Salud Glosario OMS.1998
Rebok, María Gabriela. La actualidad de la experiencia de lo trágico y el paradigma de Antígona. Biblos. Buenos Aires 2012.Intervención Territorial y Salud Mental.
Trabajo Social, Redes Sociales y medios de comunicación para el cambio Social
Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda
Un lugar es un conjunto de procesos simultáneos que, a medida que se suceden, le otorgan una textura significativa.
Diego Litvinoff.
(Santa Marta. Fragmentos de un lugar)
1- Neoliberalismo y padecimiento subjetivo.
Durante las últimas décadas, en América Latina nuestras sociedades sufrieron y sobrellevan procesos de devastación, acoso y violencia que generaron marcas subjetivas relevantes, de esta manera se construyeron más y nuevas formas de padecimiento con la consecuente aparición de nuevas demandas en diferentes espacios institucionales. La Salud Mental como campo se presenta como un lugar, donde éstas han cobrado cierta particularidad.
Los terrorismos de Estado y de Mercado, produjeron distintos procesos y formas de fragmentación social, la sociabilidad fue atravesada por ésta, haciendo que la incertidumbre atraviese las nociones de proyecto colectivo y futuro, formando, muchas veces, formas de ajenidad y aislamiento que se transformaron en dolor.
La quiebra, o el enfriamiento del lazo social, forjaron y aún expresan dificultades de pertenencia y construcción de identidades asentadas en lo colectivo, en lo histórico y en la memoria. Las trayectorias, los proyectos, las perspectivas, se transformaron en individuales. De este modo las sociedades se ordenaron y disciplinaron desde la lógica del mercado y desde allí construyeron nuevas formas de control que pasan por lo individual. La ética, al ser absorbida por el marketing, cambió las preguntas acerca de lo necesario hacia la sociedad por lo conveniente hacia el individuo ratificando, desde oro lugar, su soledad y aislamiento.
Así, el mercado, durante décadas intentó operar como constructor de sentidos y alternativa a la sociedad. La ausencia del todo social como un espacio de arraigo y contención se trocó por pautas de consumo que intentaron construir nuevas formas de identidad, a históricas y a sociales, centradas en una idea de puro presente que se ratificaba en la ausencia de futuro.
La crisis de los espacios de socialización como; la familia, el barrio, la escuela, la universidad, el trabajo, construyó otras expresiones de la incertidumbre, ratificando a la competencia como único sentido o promesa de seguir perteneciendo para no caer en la oscuridad de la desigualdad o la exclusión social.
El neoliberalismo impuso como discurso único que la realización personal se consigue a través de la satisfacción de los pequeños propósitos personales de cada individuo. La propuesta se completa desde la idea de que no debe pensarse en beneficios para los demás, sino solamente el propio y de este modo es posible acercarse a un fin último: la propia sobrevivencia y la propia felicidad.
Todas estas cuestiones construyeron nuevas padecimientos y demandas y hacia el campo de la Salud Mental, éstos, no se incluyeron claramente en los tratados de clasificación de enfermedades mentales, ingresaron en ellos de manera sutil, para ser lentamente cooptados por la industria farmacológica y el encierro en el manicomio, introduciéndose en sigilosamente en protocolos de prácticas que generan más dolor y aislamiento.
La violación de derechos, los itinerarios personales signados por la angustia del aislamiento, las inscripciones del abandono, y la desigualdad, paulatinamente fueron despojadas de su condición histórica y social y un neo positivismo intentó e intenta explicaciones de orden genético, farmacológico, pero también moral. Estos procesos tienen un claro lugar designado de intervención: las instituciones cerradas.
De esa forma, en los escenarios actuales, la Salud Mental Comunitaria no es sólo una modalidad más de acción, sino una posibilidad de resignificar desde el territorio alternativas de construcción de nuevas formas de comprensión y explicación del padecimiento subjetivo, para desde allí elaborar estrategias de intervención social.
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2- El territorio como lugar de intervención social.
Es posible entender al territorio como un lugar cargado de significaciones. De esta forma el territorio se convierte en un espacio de construcción de sentidos, a través de imágenes, metáforas y mitos. El territorio como lugar, también implica algo que puede entenderse a partir de dimensiones que se construyen desde la percepción. También, un lugar puede construirse a través de la memoria. Así, el territorio, se transforma en una construcción donde la coexistencia y el entorno construyen diferentes formas de significación.
El territorio, le confiere sentido al lugar. De la misma manera, también, desde el relato se construye una forma de demarcación cartográfica de éste generando más y nuevos sentidos que van desde los bordes y los márgenes a lo que transcurre dentro de él. También es determinado por distintos grupos sociales, que, como consecuencia de procesos históricos, construyen simbiosis, encuentros y desencuentros.
El territorio, desde una perspectiva conceptual hace referencia a diferentes elementos presentes en el, tanto de carácter material como simbólico. Posee, de esta manera una propia narrativa que implica su constitución singular. Los territorios no podrían existir sin relatos; serían solo una serie de frías descripciones de catastros municipales, ausentes de sentido, zonas grises, sin historia, identidad o pertenencia. Así, el territorio no se restringe a su connotación geográfica o espacial sino que también contiene componentes relevantes como lo organizativo, lo económico, lo social y lo ambiental.
De esta manera, el territorio, puede ser comprendido como una construcción social, colectiva e histórica, que se encuentra en un permanente proceso de mutación a partir de quienes lo habitan, lo transforman y son transformados por éste.
En ese juego de interacciones, se elaboran estrategias de constitución y sentido de la vida cotidiana. En definitiva distintas expresiones materiales y simbólicas de los lazos sociales que implican una dimensión relacional sumamente compleja y profunda.
Es allí, dentro del territorio, en esos lugares, donde se construye la singularidad del mismo, donde es posible, a través de la reparación del lazo social una nueva conexión con lo propio, con lo histórico, con la cultura, con aquello que la lógica de mercado obturó, separó y transformó en un sin sentido.
3- Territorio Salud y Comunidad
La noción de Territorio, en términos de intervención social, puja con la de comunidad que, según la OMS (Organización Mundial de la Salud) sería básicamente: Grupo específico de personas, que a menudo viven en una zona geográfica definida, comparten la misma cultura, valores y normas, y están organizadas en una estructura social conforme al tipo de relaciones que la comunidad ha desarrollado a lo largo del tiempo. Por otra parte, algunos territorios se van construyendo desde procesos de cooperación y otros a partir de situaciones de conflicto de diversa índole. Una mirada a la conflictividad territorial permite aproximarse a las características de los mismos desde diferentes aspectos.
Por otra parte, la noción de territorio se entrelaza con la de salud que definía Floreal Ferrara: “Nuestra definición de salud es que el hombre y la mujer que resuelven conflictos están sanos. La salud es la lucha por resolver un conflicto antagónico que quiere evitar que alcancemos el óptimo vital para vivir en la construcción de nuestra felicidad, No tiene nada que ver con esa definición como “completo estado de bienestar físico mental y social” que utilizábamos en aquellas épocas, surgida de los organismos internacionales de salud”. Asimismo, siguiendo al autor mencionado; se podría afirmar que la salud es como el río de Heráclito, nunca es la misma, es decir que está siempre asociada a aquello que está ocurriendo. De este modo, Floreal Ferrara, plantea una lectura que, se acerca a entender el proceso salud enfermedad desde lo colectivo. Pero, también propone una discusión que puede ser interesante; invita a oponer la idea de conflicto a la de equilibrio que propone la OMS. Es decir que no es el conflicto lo que define la enfermedad, el padecimiento, sino que justamente, es el bloqueo de los conflictos lo que los certifica. En otras palabras, una sociedad que no construye su salud, que no se organiza, que no disputa por ella; está enferma.
A partir de esa configuración, tal vez sea posible revisar las formas de intervención en Salud Mental Comunitaria, analizando desde una perspectiva crítica las prácticas de Intervención a través de redes, servicios, instituciones y recursos territoriales, dando lugar a la emergencia de un sujeto que no es el “esperado” por la mayoría de las instituciones, que atraviesa recorridas institucionales que lo fueron desgastando y desencantando. Construyendo más y nuevas formas de abordaje de éste, revisando las prácticas clásicas, intentando construir otras que puedan recuperar a ese Otro como lugar de verdad.
Entendiendo tal vez, que las trayectorias son singulares y se construyen a través de nuevas y viejas expresiones del padecimiento, que fueron acrecentadas en las diferentes formas del relato neoliberal.
4- Territorio y Subjetividad. Recuperando modalidades de intervención social.
Los territorios donde se llevan adelante las prácticas de salud aún tienen las marcas o se encuentran arrasados y erosionados por los terrorismos de Estado y de Mercado. Estas cuestiones muestran nuevas formas de construcción de sociabilidad, subjetividad y padecimiento.
El territorio de ese modo se transforma en el lugar del acontecimiento; lo construye como tal, le confiere características singulares, requiriendo de miradas que aporten elementos para comprender y explicar lo que se surge de manera constante y se imprime en la identidad de quienes lo habitan.
Desde esta perspectiva, se es el territorio, este es transformado y transforma pero, a partir de que está atravesado por múltiples significaciones, esencialmente construye subjetividad. Así el territorio deja de ser una zona, espacio o área definidos desde lo geográfico, sino que, puede convertirse en parte de un dispositivo de intervención social que implica nuevas alternativas a la resolución del malestar y el padecimiento que se generan a partir de la fractura del lazo social, la exclusión, la pérdida de identidad y pertenencia colectivas.
El territorio, se transforma en una posibilidad de disrupción donde el equilibrio deja de ser un fin en sí mismo, proponiendo otros horizontes, quizás más cercanos a la búsqueda de nuevas formas de integración de la sociedad.
La Intervención, también puede ser entendida como la posibilidad de; desarmar, construir, para armar de nuevo, a través de la recuperación de lo público, del espacio, para que este sea nuevamente transformado, ahora por nuevas lógicas que recuperen la condición histórica y social de los sujetos de intervención.
La intervención social desde una perspectiva territorial se vincula con la búsqueda de nuevas conexiones, encuentros y diálogos. De este modo, por ejemplo, las artes como, el teatro, el cine, los murales, la música, se transforman en instrumentos de recuperación del lazo social perdido, de convocatoria a nuevas formas de relación social, dando otros lugares para la palabra, la mirada y la escucha, elaborando de esa forma nuevas instancias de intersubjetividad, tal vez alejadas de la incertidumbre y el individualismo que caracterizan a las sociedades donde el mercado funciona como un Leviatán.
La intervención social, de esta manera se constituye como un espacio de diálogo, reencuentro entre sujeto y territorio. Es decir con su propia historia colectiva, con ese otro que lo complementa, con la cultura y el lazo social que lo contiene y lo configura dentro de una comunión de sentido.
En este aspecto la Intervención Social, se transforma en una especie de catalizador, de fermento que facilita o acelera esos encuentros, en la medida que hace ver el conflicto desde su sentido, su significado histórico social, sus conexiones causales y sus posibilidades de resolución.
Tomando algunos elementos de la Educación Popular, reconociendo que el saber está en medio que nos rodea, pero fundamentalmente en ese Otro, segregado, excluido, oprimido.
La Intervención en Salud Territorial tiene la posibilidad de generar nuevos intercambios, espacios, lógicas en espacios de socialización desgastados y a veces ausentes de sentido, construyendo otros, recuperando historias y sentidos…”Quizás el desafío de estos tiempos, entonces, esté dado en las formas de que seremos capaces de construir como sociedad, que permitan llevarnos a ese proceso de “desalambrar la comunicación” y por ende desalambrar nuestras formas de pensar y nuestras formas de construir sentido” .
En síntesis, como un dispositivo que hace ver capacidades, habilidades, lo solidario, o lúdico, lo histórico y lo expresivo que posee cada territorio, cada individuo en su conexión con los otros. Donde se proponga un des orden, donde lo que se presenta como aparente desde el orden de lo real, pueda ser dicho desde otro lado.
La palabra, de esta manera, se transforma en un territorio compartido, donde, tal vez, quien relata aprende de su propia vida. Intentando leer los fenómenos sociales en su multiplicidad de similitudes y des-semejanzas, en lenguajes reveladores de identidad .
Si el territorio es también historia, tiene inscripto en sí mismo las dificultades y también las posibilidades de resolución de los problemas. En la actualidad, la realidad se presenta como entreverada y compleja pero, quizás pueda ser dilucidada a través de formas de conocimiento que no busquen la exactitud objetiva, sino formas de aproximación subjetiva que puedan dar cuenta de parte de las imágenes y los sueños que nos rodean Así, tal vez, es posible pensar nuevas formas de conocimiento de ésta que construyan relatos surgidos de la subjetividad de los actores sociales. Dado que la confusión que signa los espacios actuales de intervención requiere de nuevas historias que dialoguen con las viejas, pero, posiblemente de prácticas que puedan emerger a través de otras formas de expresión, donde la construcción de nuevas subjetividades se constituyan en forma de lazo social, en una nueva forma de relación con uno mismo, los otros la naturaleza y lo sagrado.
La intervención en lo social desde una perspectiva territorial, implica salir a buscar y despertar las historias y significados que recorren las calles. Las historias del territorio también son las puertas de acceso a los barrios, las calles y las plazas. Como así también a la ciudad en general.
De ahí que la Salud Mental en Territorio pueda implicar una búsqueda diferente, orientada a las solidaridades, a la recuperación de las formas de protección social, entendiendo al lazo social como una forma de respuesta, re encuentro, visibilidad y reconfiguración situada de presupuestos y categorías, tratando de construir acontecimiento, como una alteración única cuyos efectos pueden tener la capacidad de transformar el sentido de lo histórico, lo social y lo político.
Bibliografía
Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social como proceso de análisis. Espacio. Buenos Aires. 2013.
Carballeda, Alfredo. El Territorio como relato. Margen. Revista de Trabajo Social N° 72. 2015.
Coutinho. Cine de Conversación y antropología salvaje. SADOP. Buenos Aires 2013.
Dussel, Enrique. El encubrimiento del otro : hacia el origen del mito de la modernidad. Plural Editores 1994.
Deleuze, Gilles ." Posdata sobre las sociedades de control" en Christian Ferrer( comp.). El lenguaje literario. Editorial Nordan. Montevideo. 1991
Página 12. Buenos Aires.19 de Abril de 2010. Ferrara, Floreal “La salud es la solución del conflicto”
Página 12 14 de Abril de 2010.García, Alejo. “Creando Zonas Liberadas”.
Promoción de la Salud Glosario OMS.1998
Rebok, María Gabriela. La actualidad de la experiencia de lo trágico y el paradigma de Antígona. Biblos. Buenos Aires 2012.

miércoles, 4 de agosto de 2021

Algunas coordenadas sobre las problemáticas educativas y el Trabajo Social en la actualidad. Por: Alfredo J. M. Carballeda

 

1- Trabajo Social, intervención, formación y construcción de conocimiento. Algunos apuntes para pensar la formación en la actualidad.
El Trabajo Social suele habitar la periferia, los márgenes de las Ciencias Sociales, allí, muchas veces surgen respuestas y verdades que no suelen ser comprendidas hasta mucho tiempo después. Es decir, el Trabajo Social posee una serie de formas singularizadas de construcción de conocimiento donde llega simplemente haciendo, construyendo y recreando acontecimiento, interactuando desde lo micro social con lo macro, cimentando de esta manera diferentes formas de diálogo a partir de las interpelaciones que surgen desde el hacer cotidiano. Desde allí devela, aporta más y nuevas miradas a diferentes sucesos que se vinculan estrechamente con la Cuestión Social.
Una vía de entrada posible a esta construcción singular de saberes, podría pasar por el análisis de los procesos de formación en este campo y especialmente sus perspectivas actuales, tomándolos desde su configuración histórica y social. Desde ese punto de vista, estos temas, se relacionan con realidades contextuales y regionales que muchas veces atraviesan y marcan diferentes formas de construcción histórica de la profesión. De todos modos, es posible pensar algunos puntos de referencia como una serie de elementos que se reconocen a pesar de las diferentes particularidades. Desde esa mirada, es factible aproximarse a una forma singularizada de construcción de saberes que se relaciona con el Trabajo Social y se expresa desde la formación dentro de esta profesión.
En muchos aspectos, el Trabajo Social se aprende y se actúa haciendo dialogar aquello que el pensamiento occidental y cartesiano dividió en “teoría y práctica”, en otras palabras la intervención en lo social surge desde la búsqueda de respuestas a partir de las interpelaciones que la realidad, expresada a través de permanentes construcciones y de construcciones, le propone a lo ya sabido y conocido. En ese choque, en esa interpenetración se produce una forma singular de construcción de conocimiento. Así, también, se elabora una forma de conocer que se vincula en un diálogo entre los problemas sociales, la trama que rodea a quien construye la demanda y el sistema de protección social, siempre desde una necesaria perspectiva situada, contextualizada, en relación con lo que está ocurriendo en ese escenario de intervención, pero también con la construcción histórica del mismo e incluso con sus perspectivas de futuro. Así, tiempo y espacio, también se integran en los procesos de intervención.
El Trabajo Social, como disciplina, se interroga a sí misma, a su propia producción, a su propia búsqueda de respuestas mientras es interpelado por la realidad y desde allí se pone en relación con otros campos de conocimiento.
De esta forma, es posible aproximarse a la comprensión de la multiplicidad de saberes que se ponen en juego en un proceso de intervención y su re significación dentro del propio campo de éste en cada situación de Intervención en lo Social.
Tal vez, en este aspecto se haga necesario repensar las diferentes formas de diálogo que este campo disciplinar viene construyendo con el resto de las ciencias sociales y las maneras de apropiación por parte del Trabajo Social, de éstos.
También de la necesaria sistematización, visibilidad y recuperación de los aportes del Trabajo Social a otros campos de las ciencias sociales.
A su vez, la construcción histórica de la profesión muestra también una gran variedad de trayectorias, junto con una serie de puntos en común que pueden ser útiles para repensar proyecciones, posibilidades y necesidades de ésta. Tanto desde lo conceptual, como a partir de los aspectos instrumentales, la reflexión sobre las propias experiencias y la lectura de procesos sociales desde ésta.
Así, la investigación en Trabajo Social va de lo micro a lo macro y viceversa, atravesando lo territorial y generando distintos aportes que van desde lo metodológico a lo teórico.
Diferentes trabajos de investigación han demostrado que el carácter investigativo de la profesión se ubica en los orígenes de la misma, como una necesidad natural de comprensión y explicación del contexto, su impacto y expresión singular, aportando incluso a otras disciplinas como la Antropología, la Sociología y las Ciencias Políticas.
De todas maneras, durante prácticamente todo el siglo XX, salvo en sus dos últimas décadas, se produjo, tal vez por una serie de relaciones complejas de poder y disputas académicas una significativa desvalorización, negación y silenciamiento de los saberes y el aporte de las experiencias profesionales de esta disciplina como aporte para el conocimiento desde esta profesión a otros campos de saber.
Otra posible vía de entrada a estos temas puede pasar por identificar las tensiones presentes en los modos de enseñar y aprender, reconociendo experiencias vinculadas a los procesos de prácticas de formación de los trabajadores sociales. Los mismos se encuentran muchas veces atravesados por los condicionamientos históricos mencionados, la complejidad de los contextos académicos e institucionales, sumado a los cambios y transformaciones permanentes en los escenarios de intervención.
2- La enseñanza desde un Trabajo Social Situado. Las posibilidades de ruptura con el pensamiento binario.
La forma que adopta el pensamiento occidental, coincidentemente con la Conquista de América es binaria, o sea que se construye por pares antagónicos, por polos opuestos en definitiva, por dos categorías exclusivas y excluyentes. Desde allí se construyen explicaciones muchas veces académicas, donde se justifica el saqueo, el aniquilamiento, con la consecuente negación de aquello que se define, arbitrariamente, como extraño o peligroso. Así se dividen las ideas y las cosas, el cuerpo y el alma, la humanidad y la naturaleza, lo normal y lo patológico, la civilización y la barbarie.
En definitiva, desde lo binario, se genera la construcción de las identidades en Occidente, sean éstas identidades de género, de clase, de etnia o políticas. Esta cimentación, repercute en América de manera singular, actuando como justificativo de una múltiple dominación que atraviesa el género, la “raza”, los estamentos, los grupos sociales, hasta las cartografías que delimitan territorios signándole atributos a quienes los habitan.
De este modo en el caso de la Argentina, la inmensidad de la llanura, la pampa, el desierto operan como una forma de encierro, o destierro donde habita la barbarie, mientras que en las ciudades se refugia una civilización asechada que, desde esa condición se atribuye capacidad para discriminar, excluir y sojuzgar.
Desde la formación profesional surge la necesidad de aproximación a una forma de pensamiento que tenga la capacidad de analizar la matriz del poder colonial y colonizador, sus efectos objetivos y subjetivos. Esta operación es posible desde el análisis de sus expresiones, en el pasado y en la actualidad, a partir de la persistencia, dentro de las formas contemporáneas del capitalismo, las formas de conocimiento totalitarias que sostienen el binomio dominador-dominado que se gesta junto con la Conquista de América.
Desde estos aspectos, surge que se hace relevante que en los procesos de enseñanza y aprendizaje dentro del campo de nuestra disciplina se trabaje desde un conocimiento situado, que se relacione con los espacios políticos históricamente dominados, desde su lógica y manera de habitar, desarticulando la visión única que propone el eurocentrismo racial, sexista y patriarcal. Teniendo en cuenta que desde las formas de escolarización, el aprendizaje y su estructura se entrelazan con la conquista.
De este modo, el surgimiento de la educación formal, se relaciona con la Modernidad, incluso la mayor parte de las técnicas de escolarización provienen de los años 1500 y 1600. En especial, la idea de educación en libros de texto, además del avance a través de grados y pasos que dan cuenta de los títulos obtenidos o que puedan obtenerse.
Así la estructura de esta forma de enseñanza también posee en su conformación una lógica binaria, tanto desde lo institucional como desde la centralidad de la construcción y transmisión de conocimientos. El Trabajo Social, desde su conformación y especialmente desde su hacer cotidiano muchas veces pone en cuestión esas lógicas. Desde su sola presencia está diciendo que en un hospital hay algo más que un cuerpo enfermo, un programa educativo en la escuela o la ley en un tribunal. Tal vez en ese “algo más”, esté su potencialidad de ver más allá y de romper con el binarismo que mencionamos.
La formación en Trabajo Social implica un horizonte que se relaciona con capacidades y habilidades para identificar, analizar y resolver problemas sociales a través de procesos de intervención en lo social. En este aspecto el sentido del proceso de intervención, tal vez se presente como una de las coordenadas clave en el momento histórico y social que atravesamos. Es decir, la resolución de problemas sociales implica definiciones desde lo conceptual, lo subjetivo y el clima de época que se imbrican en forma inevitable no solo con lo teórico y conceptual, sino también con lo instrumental. Tanto desde cuestiones ético valorativas como de la búsqueda de resultados.
La formación, es constitutiva desde una serie de articulaciones que dialogan con el propio devenir histórico del campo disciplinar. En este aspecto, la ruptura con el pensamiento binario se presenta como trascendental, donde la formación se sale de la búsqueda de lo “normal”, enfrentado a lo ”patológico”, sino que requiere del reconocimiento de las diferentes lógicas y formas de comprender y explicar que atraviesan los problema sociales.
Poner en cuestión la dualidad cartesiana desde la formación implica, repreguntar a la disciplina desde otro lado y sentido, quizás esta forma de elucidación implique salirse de la pregunta acerca de ¿qué es el Trabajo Social? quizás cambiándola por: ¿qué hace el trabajo social?, ¿qué subjetividades construye?, ¿cómo ésta dialoga con la perspectiva de derechos? , ¿cómo construye su visión del Otro? y, fundamentalmente alrededor de la capacidad que posee de construir acontecimiento.
Repensar, de esta manera, a la formación desde una perspectiva que permita una aproximación a lo que el problema social construye, condiciona, significa, produce en términos de padecimiento y sentido.
La tensión entre lo normal y lo patológico, no deja de ser una construcción social que se inscribe en la época en que estas cuestiones son analizadas y estudiadas. En definitiva la división entre lo normal y lo patológico se construyó y se alimenta como una forma de disciplinamiento que se expresa en la ilusión de la existencia de un sujeto universal que responde a las categorías y prejuicios de las lógicas dominantes desde una perspectiva de normalización de discursos, acciones y sujetos de intervención, solo contenido dentro de una trama simbólica que surge de la construcción social.
3- La formación en Trabajo Social desde la singularidad del campo disciplinar.
La ruptura con el pensamiento binario implica también desde la formación, la apropiación y el trabajo con la complejidad que atraviesa la intervención en lo social. En ese aspecto, la intervención sobre problemas sociales sugiere un ingreso a una forma de complejidad que va más allá del problema en sí mismo.
En otras palabras. La intervención sobre lo que denominamos Problemáticas Sociales Complejas, implica el trabajo, la práctica, el hacer, con una multiplicidad de factores que las rodean además de la interacción que éstas tienen con otros problemas sociales, circunstancia que muestra por un lado la singularidad de expresión de éstos, su permanente construcción y deconstrucción, su impacto subjetivo y la necesaria ubicación de éstos dentro de lo micro social, vinculado con lo territorial y lo contextual.
Estas cuestiones muestran la necesidad de nominar de manera diferente el quehacer profesional. La intervención se sumerge en la complejidad, se direcciona en el hacer ver y desde allí en la construcción de acontecimiento. Según Wittgenstein, “la esencia se expresa en la gramática”, de allí que la relevancia de escribir las prácticas, designarlas, construir categorías de análisis, posiblemente genere un orden propio del discurso, se nos presente hoy como uno de los desafíos más intensos dentro de nuestro campo, donde permanentemente dialogan lo histórico, lo teórico y lo metodológico.