sábado, 31 de julio de 2021

Arte e intervención en lo social

 "Todo arte modifica la amplitud en la que originaria y naturalmente nos situamos frente a la realidad. Por una parte,el arte nos acerca a esta última, nos pone en una relación inmediata con su sentido auténtico y más interno...Pero junto a eso, todo arte establece un alejamiento de la inmediatez de las cosas, hace retroceder la concreción de los estimulos y extiende un velo entre ellos y nosotros "G.Simmel

La intervención en lo social se entromete y tiene posibilidades de actuar en el juego de la proximidad y la lejanía como forma de reconocer y develar el padecimiento, para poder tramitarlo desde lugares aún no reconocidos.

miércoles, 28 de julio de 2021

Jean Paul Sartre. Prólogo a “ Los condenados de la tierra de Franz Fanon.

 

“Bien saben ustedes que somos explotadores. Saben que nos apoderamos del oro, y los metales y el petróleo de los continentes nuevos para traerlos a las viejas metrópolis. No sin excelentes resultados: palacios, catedrales, capitales industriales; y cuando amenazaba la crisis, ahí estaban los mercados coloniales para amortiguarla o desviarla. Europa, cargada de riquezas, otorgó de jure  la humanidad a  todos sus habitantes: un hombre entre nosotros, quiere decir un cómplice puesto que todos nos hemos beneficiado con la explotación colonial.”

                            

domingo, 18 de julio de 2021

LLORA, LLORA URUTAÚ Reducir las jornadas de trabajo implica mayor productividad y menos accidentes de trabajo

 

POR HÉCTOR RECALDE JUL 18, 2021

Publicado en El Cohete a la Luna

Marisa Santos y Fernando Porta escribieron este hermoso poema relacionado con el trágico episodio relacionado con la guerra llamada de la Triple Alianza o, como se la denomina, Triple Infamia.

En el caso que me ocupa, el título no tiene relación con las aves. No importa de qué ave se trate. En realidad se vincula con los malos gallináceos.


La jornada de trabajo en la Argentina está entre las más extensas de los países con similar PIB. Si se compara a la Argentina con diez países de similar PIB, las jornadas máximas legales suelen ser de 48 horas semanales –con excepción de Noruega, Israel, Nigeria y Dinamarca–, las jornadas promedio suelen ser inferiores y la de nuestro país es de las más altas. Según un informe de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), la jornada promedio en la Argentina es de 38 horas semanales. En esta comparación, sólo es superada por Filipinas y Egipto.

Hoy es común entre especialistas de diversas orientaciones políticas o filosóficas sostener que no se genera empleo. Adoptando esa premisa como cierta, hay que buscar la forma de empleabilidad para evitar la tragedia personal o familiar que implica la desocupación, sin dejar de lado las consecuencias sociales.

Ante esta pretendida dificultad para generar nuevo empleo, el desafío elemental o primario es cómo repartir mejor el empleo que existe, sin perjuicio de tratar que la economía (el comercio, la industria, los servicios) crezca, de manera que forzosamente se necesite el aumento de la población asalariada.

Con mis limitaciones derivadas de lo que se supone que es mi especialidad, la legislación laboral, enfoco mi búsqueda de soluciones en la extensión de la jornada.

Si bien no hay una relación matemáticamente exacta entre la reducción diaria o semanal del trabajo, es de resaltar que su disminución ayuda a una distribución más equitativa de ese bien escaso que es el empleo. Para simplificar este cálculo, supongamos que para determinada producción se necesitan 480 horas de trabajo. Esa producción se podría realizar con 10 operarios trabajando a jornada completa. O bien con 12 trabajando 40 horas semanales. O incluso con 15 trabajando 32 horas semanales. La experiencia en países que han reducido su jornada máxima señala no sólo que la producción se ha incrementado sino también que, gracias al mayor descanso, se redujo la cantidad de accidentes laborales.

Puedo ser repetitivo pero permítanme insistir en las ventajas que implica una reducción de la jornada de trabajo: a) mayor productividad y b) menos accidentes de trabajo.

Ambas circunstancias son beneficiosas no sólo para el trabajador sino también para el empleador, que ve incrementada su producción y reducidos los costos derivados de los riesgos del trabajo. Remedando al ex ministro de Economía del radicalismo Juan Carlos Pugliese, a los empresarios les puedo hablar a su corazón pero también en dirección a sus bolsillos.

Entonces creo que se podrían tomar medidas estructurales pero también de emergencia. Entre estas últimas hay que reducir a la mitad la cantidad de horas extraordinarias o suplementarias. Recordemos que la cantidad de horas extras permitidas están limitadas a 30 mensuales y 200 anuales. Sólo con la reducción transitoria de dichos límites se incentiva a los empleadores a la contratación de nuevo personal.

Por supuesto que no hay que limitarse a soluciones temporales o de emergencia. No será lo mejor para el país y para quienes viven de su trabajo que cuando se cumpla en 2029 el centenario de la Ley 11.544 lo festejemos con la misma extensión de la jornada de cien años atrás.

Militemos para lograr avanzar en los derechos laborales. Así lo manda la Constitución cuando en su art 75 inciso 19 proclama la progresividad de los derechos e instala con jerarquía suprema el principio de justicia social.


* El autor es abogado laboralista.

jueves, 15 de julio de 2021

Las luchas del siglo XXI


Por Alfredo Carballeda
El fin del siglo XIX y gran parte del XX se caracterizaron por luchas obreras que pedían una jornada de trabajo de 8 horas y el respeto por los derechos sociales que se fueron obteniendo y generando a través de ese camino.
Trágicamente, los avances de la violencia de las dictaduras militares y el terrorismo de mercado a través de sus comunicadores y operadores generaron una forma de subjetividad que se acepte, e incluso se estimule, a veces en nombre de lo que llaman "meritocracia" que se trabaje el doble o mucho más. El temor a perder el trabajo, a la exclusión, sumada a a la imposición de "modelos de éxito" que generan y generaron mayor desigualdad hacen que el trabajo sea cada vez más precario y que esta violación a todo tipo de derechos sea aceptada, especialmente a través del terror y el autoritarismo de jefes, CEOS, directivos, etc.
En el siglo XXI, no solo se retrocedió al siglo XIX en muchos aspectos sino que algunos "expertos" en economía y "youtubers" mediáticos de la política plantean simplemente derogar esas conquistas y muchas otras.
La justificación, como siempre es tecnocrática y falsa, ahora pasa por : las nuevas formas laborales, el avance tecnológico y el mito del "costo laboral". Está demostrado largamente desde infinidad de autores que el costo laboral es lo que menos incide en el valor final de un producto. Igual insisten y manejan los medios de comunicación...
La solución es simple y justamente opuesta a esos planteos que muestran la fortaleza que le da la agonía a l neoliberalismo: gracias a los avances tecnológicos y las nuevas formas de producción, la jornada laboral se podría reducir a mucho menos de la mitad .
Esa sencilla medida terminaría con el desempleo y mejoraría la distribución de la riqueza. No olvidemos que lo mismo ya ocurrió a nivel mundial entre 1945 y 1975 cuando se redujo la jornada laboral a la mitad. Antes de esos logros se trabajaba entre 12 y 16 horas.
La codicia neoliberal impide este avance que mejoraría mucho más que la calidad de vida. Seria sencillamente poner al servicio de la humanidad el desarrollo tecnológico.
El camino es la distribución de la Riqueza. Se logra con Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, desde allí, desde esas sencillas cuestiones sería una buena manera de interpelar a la política.

LA DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA ES EL PROBLEMA

 Tweet de Artemio López:

Distribución en la pandemia? Las cifras de Oxfam son contundentes : 26 multimillonarios poseen igual riqueza q 3.800 millones de personas q conforman la mitad más pobre de la humanidad. La población más rica, q integra el 1%, posee más riqueza que el 99% restante del planeta.
Evidentemente el problema no es la pobreza, el problema es la DISTRIBUCIÓN DE LA RIQUEZA.

miércoles, 14 de julio de 2021

Lo Ético y lo Social en el Campo del Consumo Problemático.

 

Por: Alfredo J. M. Carballeda

La perspectiva Ética y Social implica intentar acceder a la intervención en el campo  del Consumo Problemático desde  un proceso de conocimiento de la comprensión histórica y social del mismo, como así también la de su construcción en el devenir del tiempo y  sus posibles   diálogos con diferentes imaginarios sociales.  
En este encuentro entre la historia y la construcción imaginaria del fenómeno, se articulan y generan múltiples  sentidos, impactando en la mirada hacia el pasado, las formas de  habitar el presente y la constitución del futuro que constituyen el fenómeno.  
El Consumo Problemático se constituye como una expresión de una época que se hace cuerpo en la singularidad de cada sujeto  intervención, en tanto, usuario de un modelo de tratamiento.
Lo Ético y lo Social se enuncian como elementos claves de  una perspectiva situada, integrada a la multiplicidad de condicionantes singulares, territoriales y sociales. 
De esta manera la intervención, preventiva y asistencial se separan solo con fines operativos y analíticos quedando enunciadas y  articuladas desde el deseo como motor del hacer. 
La Intervención en el Consumo Problemático es, de esta manera, definida como  un dispositivo que articula una serie de componentes que se vinculan entre sí y construyen su devenir poniendo en cuestión lo predisponente, lo condicionante y lo desencadenante.
Así, lo asistencial y lo preventivo se confunden en un mismo campo donde la posibilidad de amalgama se constituye desde lo territorial, esencialmente con  Otros.
Si las sustancias no existen como algo independiente del sentido de su utilización, donde, la misma es mediada por una serie de elementos contextuales y culturales. Lo singular, grupal y territorial se hace presente como una forma de intersección indispensable en el desarrollo de abordajes que intenten dialogar con el padecimiento subjetivo como expresión de las Problemáticas Sociales Complejas y el Consumo Problemático de Sustancias.
Los tres elementos mencionados conforman en sí mismos un dispositivo de intervención que interactúa en las circunstancias de cada usuario.
Así, el Consumo Problemático es entendido como el emergente, de  una serie de condicionantes expresados en múltiples causalidades que  construyen el Problema sobre el cual se pretende trabajar.
Desde esta perspectiva, la intervención sobre los condicionantes se relaciona con inscripciones históricas y sociales que,  marcando la biografía de ese Otro en tanto sujeto de intervención se  marcan y generan padecimientos que se transforman en formas de comprender y explicar la resolución, convivencia o tramitación de éstos. 
El lugar de la palabra, la escucha, la interacción con otros se hace, se despliega, tanto a nivel singular, como grupal y territorial, donde la creatividad, lo lúdico, lo expresivo y lo histórico constituyen una nueva posibilidad de encuentro.
La intervención en estos aspectos apunta a trabajar con la mitigación del dolor que estas cuestiones generan y se expresan en la demanda. Permitiendo y favoreciendo el encuentro con otras formas de relación con las inscripciones objetivas y subjetivas que se construyeron en su historia como una modalidad de abordaje que integra sujeto y contexto.

            Bibliografía:
           Modelo Ético Social. Serie de Publicaciones Técnicas del FAT (Fondo de Ayuda Toxicológica). 
            Murillo , Manuel. Deleuze & Guattari. El Deseo y lo Social. Editorial Brueghel. Buenos Aires.2019.

martes, 13 de julio de 2021

Una mirada al clima de época en el que nos sorprende una Pandemia.

Por: Alfredo J. M. Carballeda

La Pandemia emerge en un mundo donde persiste el neoliberalismo, allí, éste se resiste a ceder a sus principios y bases fundamentales. Construyendo, de esta manera, una lógica que como una posesión maliciosa se apodera de subjetividades y cuerpos e, incrementa la construcción de una forma de cultura individualista que fragmenta aún más la sociedad.
Lo social queda relegado, no solo olvidado, o desatendido, sino que es presentado como un enemigo de la libertad individual, como un paso al totalitarismo. El todo, lo colectivo, el conjunto es mostrado como un peligro. Esto ocurre trágicamente, en los momentos donde la cohesión social se presenta como vital y necesaria para la sobrevivencia, para afrontar las vicisitudes del presente y especialmente, poder seguir soñando un futuro.
Ese lugar de lo social, donde somos más que individuos que se suman o productores económicos que interactúan, ese espacio que nos contextualiza, que nos construye en la pertenencia, en la identidad en el lazo, se encuentra fuertemente agredido y menospreciado desde antes de la aparición de la Pandemia.
Y, pareciera que ésta, acrecienta estas características. Así, la Pandemia, se padece aún más cuando el lazo social está perdido o fragmentado, cuando se pierde la noción de comunidad. La Pandemia se sufre y duele en un mundo fundamentalmente desigual.
Mientras tanto, los voceros de la desazón, como mercaderes de odio, gritan a favor de una idea de libertad que solo beneficia a los mercados y a los poderosos, cuyo único resultado es la generación de mayor desigualdad.
El bien común es nombrado como enemigo de la sociedad, como una forma de totalitarismo, de coerción. De esta manera, todo acto, institución, dispositivo que proteja a la Sociedad se transforma en sospechoso. Algunos, festejan las calamidades, niegan las protecciones, suman muertes como victorias y apuestan al triunfo de la desazón. Insisten y afirman la idea de que la búsqueda de propósitos compartidos es falsa y nostálgica. Construyen formas de protestas, quemando barbijos, gritando una especie de rebelión cuyo único enemigo es la condición humana. Reclaman desde actos que buscan arrancar a la subjetividad, a la singularidad, del todo social, generando individuos arrancados, aislados, perdidos en el abandono, la exclusión o el hedonismo. Su bandera es la muerte y desde allí evocan a los fascismos.
Pareciera que la Pandemia no se trata solo de virus, sino de un mundo que se desgarra, de una civilización que exhibe su máximo poder de destrucción, como un tumor que se fue desarrollando lentamente a través del tiempo alimentándose por masacres, racismo y codicia y que ya no puede ocultar si visibilidad.
De este modo, la reparación de lo colectivo, de lo social se presenta como un camino necesario y, tal vez único. Donde la Otredad sea protagonista, allí cuando se recobra la solidaridad y se pueda recuperar la integración perdida, el futuro y la condición humana quizás logren tener otra valoración , una que se salga del autoritarismo de las “leyes” de mercado.

jueves, 8 de julio de 2021

Caos

 "Solo hay un modo: no le temas a tu caos. No huyas de el. Déjalo crecer en ti,colmarte,volverte loco. Pero no lo sofoques con la felicidad. Los hombres viven buscando la felicidad, y la felicidad es un invento burgués, es una muerte pequeña, segura, que no duele ni lastima.Es una muerte que sucede todos los días. Es la ínfima muerte de lo cotidiano,que te aparta del dolor,o del horror, pero te hunde en el nihilismo de la tontería".

José P.Feinmann. La sombra de Heidegger.


lunes, 5 de julio de 2021

Dispositivo, Deseo y Acontecimiento. La intervención y la construcción de saberes

 


Por: Alfredo J. M. Carballeda

Los tres contrasentidos sobre el deseo son, relacionarlo con la carencia o con la ley; como una realidad natural o espontánea; con el placer o incluso y sobre todo con la fiesta. El deseo siempre está agenciado maquinado, en un plano de inmanencia o de composición que debe construirse al mismo tiempo que el deseo agencia y maquina.

Giles Delleuze

             Una mirada desde la Intervención en lo social.

La Intervención en lo Social se nos presenta como un lugar de construcción de conocimiento que no es reconocido con frecuencia. En la Intervención el problema social, lo que se presenta en el lugar de la demanda, interpela, hace pregunta, dialoga siempre con diferentes formas de  saber pre construido. En otras palabras, la emergencia de lo que surge de la práctica interpela a la teoría, muchas veces la acorrala, la deja sin palabras, sin explicaciones. Ahí, la operación de quienes intervenimos frecuentemente sugiere apelar a otros campos de saber y construir desde allí nuevas preguntas. No se trata, tal vez de tener siempre la respuesta adecuada, se trata seguramente de la inscripción de la pregunta en nuestra subjetividad, en la búsqueda de otras conexiones y relaciones que Deleuze llama agenciamiento. Se conjuga de esa forma  un proceso inverso que el que se propone en la construcción clásica de saber en la Ciencias Sociales. Desde allí, se pueden hacer visibles las lógicas que obturan y niegan  las posibilidades de reconocer el hacer como una forma constitutiva y elemental del conocimiento.

Pero, el hacer, en clave de intervención en lo social  implica algo más que una tecnología, ese momento de construcción de sentidos está atravesado por el deseo, por el choque o cruce de ideas y conceptos donde, a veces la chispa del conocimiento se produce.

Cuando intervenimos somos sujetos deseantes. Podemos entender el deseo como una producción social que se organiza mediante un juego de represiones y permisos.

Es posible pensar que no hay intervención sin deseo, el análisis de la misma pasa por su forma, su sentido, la visión ideológica que posee en la construcción de agenciamiento y marca su dirección. Así: “El deseo es revolucionario porque siempre quiere más conexiones y más agenciamientos.” Gilles Deleuze.

De esa forma, es posible pensar que existe una construcción de conocimiento asociada al deseo. Si lo pensamos como una categoría, también política, esta cuestión atravesará todos los componentes que conforman los dispositivos deseantes, generadores de deseo, construyendo también formas de saber que se imbrican en lo político, lo ideológico, lo cultural.

No reconocemos la existencia de neutralidad dentro de las Ciencias Sociales y menos aún si las pensamos desde una perspectiva descolonial. En ese aspecto, el deseo que implica descolonizar la subjetividad, parte de una afirmación básica que se apoya en los múltiples condicionamientos que implica habitar sociedades colonizadas desde lo político, lo económico   y lo social.  De ahí que la intervención implica inevitablemente  la construcción de un conjunto, es decir,  de un agenciamiento de diferentes componentes que se organizan y reconocen desde lo político y son sostenidos, apoyados y significados desde el deseo. 

Así el deseo, tiene la posibilidad de desprenderse de la esfera de lo individual para ingresar dentro de lo colectivo, en forma de diálogo, encuentro, interpelación  entre lo singular y lo social.  De ahí también que la intervención no solo es social porque “hace”, se expresa en la sociedad, sino que también se construye desde lo social. En este juego de encuentro particular entre lo macro social y lo micro, construyen formas de subjetivación y también de posible deconstrucción. Tal vez,  eso se trate la intervención en lo social.