jueves, 24 de junio de 2021

Wall Street

 “De un par de cañonazos, los ingleses abaten la bandera que flamea sobre el fortín y arrancan la isla de Manhattan de manos de los holandeses, que la habían comprado a los indios Delaware por sesenta florines…. Nueva Amsterdan, el mercado de esclavos más importante de América del Norte, pasa a llamarse ahora, New York; y Wall Street es el nombre de la calle de la muralla construida para que no se fuguen los negros.”

Nueva Amsterdam - New York –
Memorias del Fuego
Eduardo Galeano

martes, 22 de junio de 2021

La negación de lo Otro como violencia. Pensamiento de colonial y cuestión social.


Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda
"No había pueblo; los criollos habían sido exterminados, amedrentados o rebajados hasta el aniquilamiento por los vencedores de Caseros, y sobre todo por los de Pavón... Los hijos de Martín Fierro y el Sargento Cruz eran educados en las escuelas de Sarmiento a despreciar a sus padres por bandoleros, y a buscar el perdón a su pecado original amoldándose mansamente a los dueños del cepo, los contingentes y la partida”...
Rosa, José M. Introducción a la Historia de la Confederación.
Pensar Situado y colonialismo cultural
La colonización cultural en Argentina, se consolida en el siglo XIX a través de la generación del Ochenta, desde allí se comienzan a poner en práctica diferentes formas de dominación que se caracterizan por perseguir lo propio y exaltar lo ajeno. Así lo europeo, especialmente si es de origen anglosajón será sinónimo de excelencia, modelo a seguir pero, especialmente se transformará en una especie de métrica que determinará, en función de lo cercano o alejado a esto, aquello que la sociedad deberá considerar como favorable o desfavorable a ésta.
Esta nueva lógica que se impone por la fuerza luego de la derrota de Caseros y la “pacificación” producto del exterminio de caudillos y pueblos originarios, se comienza a transformar en padecimiento, obstáculo y fundamentalmente en una forma de sociabilidad y construcción de sentido que elabora formas de comprensión y explicación que provienen de lenguajes extraños, muchas veces hostiles que minimizan lo propio.
Así se comienza a ser extranjero en la propia tierra de esta forma, los procesos de construcción de subjetividad se llevan adelante de una manera peculiar, donde lo propio se transforma en ajeno y desvalorizado. Esa ajenidad a veces se transforma en una forma de disrupción donde el reclamo de lo propio implica una interpelación imprevista que genera diferentes y complejas formas de conflictividad. Paradojalmente, genera una especie de anomalía en su propia tierra, desde donde surgen discursos hegemónicos que lo convierten en extraño y muchas veces en peligroso pero, fundamentalmente en alguien inferior.
El desprecio de lo propio, trasciende a ese Otro, se expresa en las artes, la arquitectura, el pensamiento, lo extranjero será mejor. Las políticas de población que propone Juan B. Alberdi luego de Caseros enuncian sin prejuicios que es necesario licuar la inferioridad de las razas que habitaban la Argentina de mediados del siglo XIX.
De ahí la apuesta a una inmigración europea que generó grandes cambios sociales en las décadas siguientes. Nuevas formas de conflictividad y la conformación de una sociedad donde los inmigrantes que llegaron sufrirán la aplicación del mismo discurso colonizador en tiempos del Positivismo Argentino. Así, esa generación se sintió decepcionada viendo los efectos y como se “pobló” el país, dado que en lugar de las “viriles razas anglosajonas” como las llamaba Juan B. Alberdi, llegaron los pobres, los perseguidos, las víctimas de la marginación social, política y religiosa de una Europa que mostraba los signos de decadencia previos a la Primera Guerra Mundial.
Desde allí también, se construye una mentalidad que se transforma en práctica social y que continúa hasta nuestros días. Así como se niega al Otro, se le da la espalda a la cultura, a los orígenes y especialmente a América. Solo se hará una tímida y estrecha exaltación de lo propio a partir de estereotipos chauvinistas que exaltan alguno de sus aspectos, siempre dentro de un cuadro de sumisión y desprecio.
Asimismo, la negación de la Otredad construye relaciones sociales que pueden ser violentas, atravesadas por la incertidumbre, repitiendo viejas formas de dominación que se reescriben en el presente y que dan cuenta de las características singulares de sufrimiento y opresión que se expresan en nuestro continente.
La sociabilidad, la construcción de lazos sociales, los intercambios materiales y simbólicos se construyen en nuestro continente de manera peculiar. Dentro de una serie de tensiones atravesadas por la contradicción de ser ajeno dentro de lo propio. De ser extranjero en el propio territorio. De esta forma el malestar es interno y externo; la ajenidad es inculcada, introducida sutilmente, aprendida a través de diferentes dispositivos de dominación, generando muchas veces una sensación de no pertenencia y de contradicción que construye formas de transcurrir en un mundo que es propio pero presentado como extraño.
Además, la sociabilidad se hace más compleja al construirse en contextos donde el lazo social se ve condicionado, reinterpretado por formas de dominación. Estas formas de construcción de nuestras sociedades muestran una singularidad en las características de la Cuestión Social, el coloniaje como problema y generación de padecimiento y el padecimiento que genera ser extraño en la propia tierra.
La Otredad como búsqueda de respuestas
La Otredad se transforma de esta manera en una perspectiva epistemológica que se propone analizar y recorrer la imagen y construcción de las culturas que hicieron su lugar en la periferia. Desde la mirada a la Otredad es posible establecer un recorrido que intente una búsqueda de conocimiento fundamentalmente geo cultural sobre el Otro.
El devenir histórico del ser es devorado en América Latina por la historia del estar. Así, es posible acceder a lo que Rodolfo Kusch denomina; “La América profunda”, postulando la cultura del Estar y demostrando desde allí la existencia de una racionalidad diferente que convive, puja y acuerda con la perspectiva del Ser.
La negación de la Otredad construye relaciones sociales violentas atravesadas por la incertidumbre repitiendo viejas formas de dominación que se reescriben en el presente y que dan cuenta de características singulares de padecimiento y opresión que se expresan en nuestro continente.
La colonización cultural es una forma de esa negación, así la negación se traduce en sometimiento y violencia.
La intervención social se presenta como un lugar de encuentro entre lo Micro Social y lo Macro Social. Un momento de diálogo e intercambio intenso donde lo social se inscribe en la subjetividad y es, a su vez inscripto en lo macro social. Un espacio donde los cuerpos se transforman en diferentes formas de resistencia, de acomodamiento estratégico, cuando se es expulsado de la propia tierra. Donde lo propio es un valor negativo, que va desde el aspecto físico, la cultura y la construcción propia de sentido, llegando hasta el pensamiento.
Desde la intervención social se trata simplemente de situar conceptos tales como raza, clase, cuerpo, lenguaje y cultura otorgándoles centralidad desde la construcción de problemas y fenómenos sociales como exclusión y desigualdad social, ligados a la construcción de un discurso dominante que se apoya en el desprecio de sí mismo, la inseguridad y la indignidad.
Violencia y colonización
“Yo, hablo de millones de hombres a quienes sabiamente se les ha inculcado el miedo, el complejo de inferioridad, el temblar, la genuflexión, la desesperación, el servilismo.”
Aimé .Cesaire. (Discours sur le colonialisme)
La violencia, se inscribe dentro de una compleja red de tramas y formas de construcción social, cultural política y económica. Esa complejidad se hace más profunda aún, en la medida que se la analice y estudie desde una perspectiva situada en nuestro continente, a partir de la construcción de subjetividad que se realiza desde el colonialismo. De esta manera tanto la comprensión como la intervención social en este tema, adquieren la posibilidad de construir formas de abordajes coherentes y adecuados a nuestras realidades.
En América, la desintegración de las culturas y civilizaciones prehispánicas dan cuenta de una integración que se va perdiendo en la medida que avanzaba la conquista. Pero también la búsqueda de esa integración perdida que va construyendo una forma singular de lo que conocemos como cuestión social.
El trasplante de poblaciones, la esclavitud, los genocidios y mestizajes construyeron una nueva forma de singularidad de las relaciones sociales, la visión de lo Otro y los Problemas Sociales.
La negación de América que atraviesa la lógica de la conquista, implicó una nueva forma de violencia que se entrelaza significativamente con la Otredad desde una inferioridad impuesta desde diferentes lenguajes que contienen a la violencia como común denominador. Donde, fundamentalmente, la inferioridad impuesta por la conquista se inscribe en la subjetividad a través de la colonización cultural, así, lo propio suele transformarse en inferior.
Es posible ingresar al estudio de los problemas sociales desde diferentes aspectos y categorías de análisis. Éstas en general responden a matrices de pensamiento que intentan ser de índole universal y son construidas desde lógicas relacionadas con el pensamiento dominante en los países “centrales”.
La violencia en nuestras sociedades puede ser analizada desde la noción de otredad, desde allí, quizás, sea posible aproximar la visualización de la construcción de subjetividad desde lo periférico. Esta perspectiva, tal vez, permita ampliar las posibilidades de conceptualización y la construcción de nuevas formas de comprender y explicar los problemas sociales. Es allí, especialmente desde la demanda que genera la intervención social, donde la visión de lo Otro, puede ser leída a partir de las nociones de colonización y dominación.
El lazo social fragmentado, perdido, reconstruido parcialmente en el marco de la lógica neoliberal, cosifica, aleja, des sitúa construyendo una separación que produce nuevas y más formas de padecimiento subjetivo. Esa lejanía impuesta por la necesidad de un modelo de sociedad que resalta, reafirma y exalta la desigualdad, se apoya en la negación de lo otro, quitándole su condición humana. “La deshumanización…en primer lugar consiste en una serie de negaciones. El colonizado no es esto, no es aquello. Nunca es considerado positivamente; o si lo es, la cualidad que se le concede deriva de una carencia…” . En definitiva, ese otro, entendido como sumergido en un proceso de colonización, de construcción a través de relatos que lo ubican en el lugar de lo antisocial, se muestra en la obligación de aceptar su condición diferenciada, como un dominado, para poder seguir perteneciendo a una sociedad que le da un lugar diferenciado e inferior.
Esas circunstancias constituyen formas violentas de constitución de identidad, relaciones sociales y significaciones. La noción de colonizado, se puede entender en la actualidad en parte desde la naturalización de una serie de relaciones sociales que se apoyan en un modelo único marcado por la lógica neoliberal desde una perspectiva que pone al tercer mundo en el lugar de la periferia, sin mirada y sin palabra. De allí que la soledad y ausencia conceptual que produce la aplicación de esas lógicas en múltiples espacios de nuestras sociedades de cuenta de la importancia de un pensar americano, en este caso de los problemas sociales.
Incluso, una perspectiva americana, no solo implica una necesidad de aproximarse a formas de comprensión y resolución situadas, propias y singulares en relación con nuestras realidades, sino que también puede aportar de manera relevante al análisis, y resolución de las diferentes formas de malestar que se generan en las sociedades denominadas “centrales”.
Estudiar y analizar los Problemas Sociales desde una perspectiva situada que intente alejarse de la colonización pedagógica, tal vez permita visualizar las características peculiares de éstos en lo singular de nuestras realidades. De este modo, quizás pensar que en América los problemas sociales se inscriben de una manera distintiva y se cimentan a partir de circunstancias históricas, sociales y culturales que pueden entenderse como propias y, a su vez ligadas a una serie de procesos singulares que los construyen y los hacen visibles. Así, también se abre la posibilidad de proponer nuevas y diferentes estrategias, modalidades y en definitiva formas de intervención social sobre ellos.
La comprensión y explicación de la violencia, en su expresión actual puede ser analizada y estudiada desde diferentes vías de entrada. Por un lado, se halla atravesada por la fragmentación social que genera el neoliberalismo, constituyendo complejas formas de relación social donde ésta se presenta como un común denominador pero tomando formas diferentes, que van desde la violencia física, el acoso, la intimidación o el hostigamiento.
También las diferentes formas de la negación de hacer al otro invisible como persona y transformándolo en un objeto, se presentan como una de las formas tal vez más sutiles y actuales de la presencia de ésta.
La violencia, también se expresa desde una forma de mirada que excluye, estigmatiza, segrega imponiendo barreras invisibles, transita complicados recorridos que van desde el territorio hasta la vida cotidiana. La mirada que construye invisibilidades, que impone barreras, que se inscribe en los cuerpos; es una constante en la historia y el presente de América.
El terrorismo de mercado, continuador del terrorismo de estado, generó sociedades signadas por relaciones violentas, donde lo cotidiano se desarrolla en escenarios complejos, inciertos y particularmente desolados. La sensación de “ausencia” de sociedad, cuando lo social se iba difuminado en los laberintos de las lógicas del mercado, construyó nuevos significados en la percepción y relación con el Otro, transformándolo en un objeto, constituyéndolo dentro de un proceso de cosificación donde la violencia como algo naturalizado se construyó como una forma más del lenguaje, de la gramática que organizaba la vida cotidiana.
La negación y desvalorización de lo colectivo, es también un signo de la ausencia de lo Otro como semejante y conlleva una consecuente desconexión con la historia y junto con la lenta implantación de estos procesos surge, de manera inevitable, una serie de imposibilidades de transmisión de pautas, experiencias, códigos y regulaciones que terminan deambulando perdidos, extraviados, abandonados en los neblinosos y oscuros territorios de las nuevas formas de la desigualdad.
La violencia se entromete en lo cotidiano a través de vías diferentes, donde de manera objetiva y subjetiva, los cuerpos son los territorios de inscripción de ésta.
La violencia simbólica, puede entenderse desde los aportes de Pierre Bourdieu a partir de la anuencia de los agentes sociales, pero también es posible comprender esa forma de aceptación en la singularidad de los mecanismos de dominación colonial. “Pero, la Sociedad, al contrario de lo que ocurre con los procesos bioquímicos, no escapa a la influencia humana. El hombre es aquello por medio de lo cual la sociedad es. “ De este modo, la violencia dentro de la vida cotidiana, podría entenderse también desde la agresividad que genera, construye y fecunda el servilismo y la dominación de tipo colonial que atraviesa y da forma a la lógica societaria en América desde hace más de quinientos años. La condición que impone el colonialismo es, en definitiva otra forma de violencia, diferente, singular, construida en otras cartografías históricas y sociales. Se transforma en una práctica social que condiciona, pautas, códigos y formas de comprensión y explicación que se inscriben en forma singular en nuestro continente. De allí la posibilidad de repensar y construir modalidades de análisis para la aproximación situada a los fenómenos sociales.
Referencias
Carballeda, Alfredo. La Intervención en lo social como proceso de análisis. Editorial Espacio. Buenos Aires. 2013.
Fannon, Franz, Los Condenados de la Tierra. México FCE. 1973

domingo, 20 de junio de 2021

El cuerpo hoy:(escrito en Octubre del 2001)

 El cuerpo hoy:

Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda 


1-El cuerpo y las inscripciones de lo social

Posiblemente a partir de los acontecimientos ocurridos en los últimos tiempos en nuestro país, asistimos, de algún modo a  nuevas formas de  representación del cuerpo, tal vez como resultado de largos años de padecimientos y dominaciones. 
La visión fantasmática de un "cuerpo social" que representa la expresión de la universalidad de las voluntades de la Argentina , da cuenta que el cuerpo, en tanto sociedad, no se crea por consenso, sino que es el resultado de una disputa, donde las marcas quedan inscriptas y determinadas .
En los orígenes del Estado Argentino es frecuente la mención del concepto de "cuerpo social" como sensación de un todo integrado con una serie de características determinadas, allí, los individuos deben armonizar, en tanto los ideales de los que imaginaron una nación a imagen y semejanza de ellos, luego de Caseros, Pavón y Cepeda. El cuerpo del gaucho, y poco mas tarde el del inmigrante serán masas que deberán ser moldeadas desde una perpectiva sociobiológica.
 Allí la preocupación por el cuerpo en tanto sociedad, se traduce en un ideal de armonía basado en una jerarquía de las partes componentes del mismo. De esta forma, la familia se transformó en otras épocas en la "célula básica de la sociedad" y hoy todavía se habla de "tejido social" , metáfora biológica que implica un conglomerado de células diferenciadas que será distinto a partir de su jerarquía dentro del conjunto de órganos , aparatos y sistemas, que retoma la metáfora anatómica de la sociedad.
El origen de esta mirada, se relaciona fuertemente  con diferentes formas  de la aplicación de la materialidad del poder sobre los cuerpos de los individuos.
Es decir, el poder fue moldeando los cuerpos , realizando inscripciones , generando mas y nuevos estigmas que dan cuenta del cuerpo en este presente. Actualidad, en definitiva,  signada por la fragmentación de la sociedad, la ruptura de lazos sociales, la sensación de no pertenecer a un todo social y la crisis de representación de quienes nos gobiernan. 

2-Los cuerpos fragmentados
La fragmentación social  muestra cuerpos divididos, a veces armados en forma de rompecabezas, por artificios tecnológicos .Por ejemplo; en la tapa de una revista muestran la "perfección" corporal de una modelo o actriz, construida con fragmentos de otros cuerpos anónimos, invisibles, tal vez, producto de una disputa, restos de un campo de batalla donde la palabra triunfante es desigualdad.
También , el cuerpo en este presente  implica una especie de collage de elementos repetidos y reiterados, enunciados por una estética que se define haciendo alarde de la falta de sentido, allí emergen cuerpos;  todos muy parecidos, que se repiten en la imagen espejada del gimnasio o de la disco, al igual que en el zapping televisivo.
Cuerpos signados por el mercado, con una plasticidad condicionada por este, implicando que  se pueden mostrar varios cuerpos según la ocasión, casi como tener varios cuerpos  en el guardarropa y optar por ellos. Así el cuerpo hoy , da cuenta de su falta de historicidad. Cuerpos  que circulan en clave de puro  presente, en movimientos sin sentido, tratando de confundirse en la sumatoria decorativa  dentro de un conjunto de elementos kisch de la época. 
Es decir , el cuerpo como un adorno o símbolo de status que intenta dar  otros mensajes al resto de  la sociedad. Pero, en definitiva, la escisión del cuerpo, tal vez es la mejor metáfora de la separación de aquello que no se podía dividir; "el individuo"...." Ya no nos encontramos ante el par masa - individuo. Los individuos se han tornado en "dividuos", y las masas, en muestras, datos, mercados, o bancos"....  
Así la escisión del cuerpo es la de la soberanía de éste , en forma de individualidad, expresada en "ciudadanías recortadas" por la inserción de cada miembro de la sociedad en el mercado. El modelo de la esclavitud , vuelve con todo su empeño, donde la individualidad era una especie de rompecabezas que sumaba atributos de cada uno de ellos. Un esclavo en el Mercado de Esclavos de Buenos Aires, se vendía por partes, así varios esclavos podían sumar "uno" en tanto valor económico, en la denominación quye queda en los registros de "cabeza de negro".  

3- Cuerpos y Disciplinamiento 
El  auto disciplinamiento  permite esos milagros de la fragmentación, <deje sus problemas en casa y taiga su sonrisa a la empresa> , <si se encuentra desbordado el grupo de autoayuda reparará u obturará el problema que le impide seguir atendiendo atentamente a nuestra clientela>. 
Las sonrisas amables de los empleados de las empresas gestadas en la economía de mercado dan diferentes señales a la sociedad, por un lado que desde allí se pueden repetir y así unir los pedazos de la fragmentación ahora a través de la lógica del mercado y por otra parte, muestran constantes actos de autodisciplinamiento que ya no necesitan de un capataz, un supervisor o un panóptico.
También,  en nuestro país ,  en los últimos años, lentamente, diferentes cuerpos fueron emergiendo desde las sombras , ocultados por las luces de las marquesinas que iluminaban una ilusión de "primer mundo". Desde esos espacios de la oscuridad comenzaron a aparecer en la escena de la Argentina , los cuerpos del hambre, de la desigualdad, de la injusticia; al principio como postales nocturnas que recorrían los barrios céntricos de Buenos Aires revolviendo bolsas de basura y esperaban pacientemente que alguna multinacional de las comidas rápidas les entregue sus desechos. El crecimiento de la desigualdad, hizo que esas imágenes borrosas  se hagan visibles. 
Así los cuerpos de la Argentina de hoy hablan de padecimientos , de marcas de la inequidad, de cicatrices producto de pujas y disputas en campos de batalla  donde ahora los vencedores parecen querer ocultar los cuerpos de los vencidos para deslindar responsabilidades y posibles sanciones sociales !Qué no se vean! parece ser la orden impartida desde el poder. También generan pánico en el Mercado los cuerpos agrupados, ordenados desde  otra lógica, desde  la expresión de repudio, intentando construir nuevos hechos - acontecimientos. Los cuerpos de las manifestaciones que comenzaron hace ya muchos años alterando el orden de la Plaza de Mayo usando alegremente las fuentes plantadas  por la oligarquía para refrescarse luego de marchar requiriendo explicaciones y  cambios de rumbo a la política.   
Tal vez porque la visibilidad implica interpelación, aquello que se ve, interroga al resto de la sociedad, genera preguntas que,  articuladas  confieren historicidad a los hechos transformándolos así en acontecimientos.
En este momento, probablemente visibilidad sea sinónimo de resistencia, el hacerse ver, el mostrarse es en muchas formas un paso previo a la acción y donde hay poder siempre, de una u otra manera  se expresa la resistencia. 
La acción , en nuestra sociedad implica una forma de comenzar de reempezar , la acción recuerda esas cuestiones y la resistencia en principio convierte a la sociedad en digna.

jueves, 17 de junio de 2021

Modernidad, Estado, Sociedad.

 Modernidad, Estado, Sociedad. Una mirada desde el Trabajo Social.

Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda
1 ¿Qué entendemos por Modernidad?
La noción de Modernidad se  presenta como una de las vías de entrada  más interesantes para  introducirnos en los orígenes de las prácticas, instituciones y  las políticas públicas tal como las conocemos ahora. A su vez desde allí es posible también acceder a  las modalidades de comprender y explicar los problemas sociales y la forma de intervenir sobre éstos en diferentes momentos históricos. 
    El Trabajo Social,  es una práctica que se construye en el contexto de la Modernidad al igual que, la Psicología, la Medicina o la Pedagogía. Es en ese escenario donde podemos encontrarnos con algunos de los primeros rasgos de la intervención social, todavía precarios, primarios, pero atravesados por una concepción  de intervención que es  moderna porque indica básicamente la idea de transformar el medio, transformar al Otro, prometerle una forma de emancipación que lo hará “progresar”. Es decir,  ingresarlo en la Modernidad, hacerlo parte de la racionalidad Moderna a cualquier precio. Porque la Modernidad como práctica significa fundamentalmente transformación. 
Estos temas atraviesan diferentes teorías sociales, por ejemplo para Max Weber lo moderno se construye desde  una imagen del mundo que se expresa en el  individuo  y desde allí los  valores que sustentan su acción, su racionalidad y su estructuración de la vida cotidiana
¿Qué podemos  entender por modernidad? en general, en nuestro lenguaje cotidiano utilizamos la palabra moderno para referirnos a algo nuevo, avanzado, distinto, pero, especialmente, superior en sus atributos tecnológicos, estéticos o culturales a algo semejante pero anterior en una  línea de tiempo o devenir histórico. 
Esa utilización del término, no se aleja mucho de diferentes enunciaciones que nos llegan del campo de la Filosofía o las Ciencias  Sociales. Desde allí  que  existen diferentes formas de conceptualizar a  la Modernidad, en nuestro caso tomamos la definición que utiliza Jürgen Habermas  quien plantea que: “Lo moderno expresa la conciencia de una época que se relaciona con el pasado, considerándose a sí misma como el resultado de la transición de lo antiguo a lo nuevo”. Esta manera de definir  la Modernidad nos parece interesante dado que le confiere movilidad al término y aporta a la explicación de características, transformaciones, contradicciones que son inherentes a esa “conciencia de época”.  Adecuándose a las diferentes representaciones de los problemas sociales y a las maneras de actuar sobre ellos. La noción de “transición de lo antiguo a lo nuevo”  implica, entender siempre a lo nuevo (desde la perspectiva moderna) como algo que mejora lo antiguo, lo culmina, lo deja atrás, es superior. Así, la Modernidad se relaciona con la  idea de “movimiento”  (transición) que nuevamente es entendido como superador. A partir de la Modernidad, las ideas de historia, cultura, sociedad, comienzan a moverse en una transición hacia el porvenir, entendiéndolo como algo mejor, solo por estar más adelante en la secuencia cronológica del tiempo. 
 De este modo el pasado, incluso lo que la Modernidad considera “pasado”, connota como algo negativo o, por lo menos retrasado y con menor posibilidad de aporte al presente. Así, por ejemplo, para el pensamiento Moderno, la América conquistada, los pueblos originarios, las pautas culturales de diferentes sectores de la población al estar fuera de la lógica Europea Occidental van a ser visibilizados como algo atrasado, salvaje, bárbaro que puede ser “mejorado”, “modernizado” a través de intervenciones de todo tipo.
 Muchas veces la conquista y la colonización han sido justificadas desde esos parámetros modernos como una forma de mejorar, modernizar aquello que se encuentra fuera de ella a través de  promesas de emancipación o libertad.
2- Las Dimensiones de la Modernidad 
En general desde el Trabajo Social, especialmente para comprender y explicar, escenarios de intervención, construcción de problemas sociales, marcos teóricos, concepciones de sujeto y formas de intervenir socialmente, estudiar las diferentes dimensiones de la modernidad, aporta elementos de análisis, puntos de partida y llegada, pero fundamentalmente una forma de comprender la sociedad desde esta disciplina. De ahí que  entendemos como significativas las siguientes dimensiones de la Modernidad. Por un lado la Dimensión Social, desde la Modernidad surge la idea de sociedad que tenemos en la actualidad. Es decir una Sociedad conformada por individuos. Desde, el reconocimiento necesario de una nueva forma de individualidad que comienza a alejarse de la religión y va a construir las ideas modernas de Individuo y de Sociedad, generándose desde lo conceptual una separación entre ambas esferas. 
De allí surgirá la noción de autonomía. La Sociedad Moderna será entonces será un conglomerado de individuos racionales que pactan entre sí una determinada forma de convivencia y que interrelacionan en un contexto compartido que otorga identidad y sentido de pertenencia. 
A partir de estas nuevas conformaciones de lo social, surgen otras representaciones de lo que denominamos problemas sociales. La integración de lo que denominamos sociedad, su cohesión, a partir de la modernidad dependerá de los individuos y no de los dioses, como en la Antigüedad o en la Edad Media. La tensión entre integración y desintegración surge con la Modernidad. De ahí que las prácticas modernas puedan ser entendidas a partir de un fin último: resolver la problemática de la integración, tanto desde lo macro social, como desde lo micro. Tanto se intervendrá en diferentes épocas, para concretar esta nueva idea de sociedad como, para lograr que determinados individuos se integren a ella.
La dimensión Política de la Modernidad, se suele vincular con el surgimiento de los Estados Nación. Es posible ubicarlos históricamente a partir de las Ciudades Estado del norte de Italia en el período del Renacimiento luego de ellas, se conformaron los Estados (Reinos) abarcando enormes extensiones de tierra.  Las Ciudades Estado, van perdiendo peso político y económico durante el siglo XV y paulatinamente, casi todas, serán absorbidas por los Estados Monárquicos. Los estados europeos crecieron dentro del marco de la Modernidad y se fueron fortaleciendo al fin de la Edad Media y especialmente a partir de la Modernidad  naciente  en el transcurso del siglo XIV cuando  aumenta el poder de los reyes como representantes de gobiernos centralizados por encima de los Señores Feudales. De este modo surgen los estados europeos que se caracterizaban por poseer un gobierno central fuerte, capaz de imponer su autoridad sobre grandes extensiones de territorio. De este modo surgen con creciente importancia los reinos de España, Inglaterra, Francia y Portugal, enfrentándose al modelo de Estado de las ciudades-estado italianas. En el caso de España, el final del siglo XIV, trae en 1492 el inicio de la Conquista de América, pero en el mismo período la unidad territorial de la Península Ibérica bajo el Reinado de Castilla, con un fuerte Estado Monárquico, trayendo como consecuencia una unidad lingüística (el castellano) que será la lengua de la conquista, no solo de América sino de toda España.  
 También en esta dimensión (Política) de la Modernidad es posible ubicar la noción de Ciudadanía.  Si bien es posible encontrar nociones de ciudadanía en Grecia, Esparta y Roma, la idea que nos interesa trabajar de ese concepto es la que surge en la Modernidad, en las Ciudades Estado y que luego se trasladará a los Estados Monárquicos. En las diferentes Ciudades Estado había criterios diversos para  obtener el estatus de ciudadano, lo que constituía un común denominador era que, para acceder a la ciudadanía había que ser propietario. Esta limitación es importante porque, al tiempo que define un “nosotros”: los ciudadanos. Pero al mismo tiempo define a un “otro”, quien, al no corresponder que sea parte de la sociedad tampoco tendrá voz. 
Esta noción de ciudadanía nos parece relevante en tanto su relación con el Trabajo Social dado que desde ella se van construyendo diferentes puntos de conflicto  relacionados con las libertades, condiciones de vida, trabajo, y situación social que, en el Siglo XVIII se transforman en base de lucha revolucionaria y en el caso de América de constitución de las Independencias. Por ejemplo la Rebelión de Tupac Amaru (1780), se relacionó con muchas de esas cuestiones.  Al igual que la rebelión de Haití de fines del siglo XVIII y el reglamento de Artigas de principios de siglo XIX, la posición de Manuel Dorrego frente a la Constitución de Rivadavia, donde se propone una idea de ciudadanía, sin diferencias sociales ni raciales y define un nosotros que incluye a los no propietarios, los esclavos, los negros, los indios, los criollos, los mestizos y a gran parte de los blancos. Los últimos doscientos años de historia podrían interpretarse como una lucha por la expansión de dicha ciudadanía que a su vez, nos llega hoy ligada a derechos que, de modo explícito o implícito dialogan con las desigualdades sociales, la Justicia Social y los Derechos Humanos. 
En el campo del Trabajo Social es frecuente que se relacione el papel y la intervención de  la disciplina con la noción de ciudadanía. Norberto Alayón, por ejemplo, plantea; “los derechos a la alimentación, a la salud, a la educación, a la vivienda, entre los más importantes, deben ser considerados como bienes públicos que se deben garantizar al conjunto de la población por su mera condición ciudadana“ . Si bien otros autores de esta disciplina como Alejandra B. Facciuto, plantean que esta visión ha sido ya superada  “Si bien en una época hablar desde el concepto de ciudadanía fue un avance en materia de acción social y de política social, se considera que ahora corresponde hablar y trabajar desde un enfoque de derechos, ir más allá y tomar este concepto como forma de intervención, el cual es más abarcativo y en su seno está contemplado el concepto de ciudadano; en el primero está inmerso el segundo” .
Más allá de las diferentes posiciones frente al tema, la noción de ciudadanía que atraviesa el campo del Trabajo Social es la que se construye en el marco de la Modernidad. Esta va acompañada por la idea de Libertad, esta se define, en líneas generales  negativamente; no vínculo, no atadura, la auto legislación limita a la libertad, libertad de conciencia, religiosa, económica, de mercado, política, jurídica, individuo libre que pacta con los demás. 
Otra dimensión relevante de la Modernidad, es la Económica. Las nociones de Capitalismo, Propiedad Privada, Acumulación, Eficacia, se configuran desde una perspectiva moderna, presentándose como un momento económico diferente y superador del que se tenía antes de ese período. Confiriéndole, de esta manera, al Capitalismo características generales afines a la Modernidad como: posibilidad de transformación, progreso y como una forma económica necesaria para construir un porvenir venturoso. 
 El Capitalismo como sistema económico, aparece en ese contexto como sustitución del feudalismo, asociado al orden medieval a partir de un crecimiento permanente del comercio, de ahí la denominación de Capitalismo Mercantil. Ese impulso hacia el comercio y el intercambio fue  motorizado por las Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el  siglo XI hasta el siglo XIII. Las travesías de aventureros y expediciones de contrabandistas de los siglos XV y XVI reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio entre Asia y Europa. Luego de la conquista de América, el ingreso a Europa de inmensas cantidades de metales preciosos provenientes de estas tierras, el capitalismo se solidificó y creó las bases económicas y recursos para la Revolución Industrial. El orden económico resultante de estos acontecimientos, en los inicios de la Modernidad, fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La producción será sinónimo de ésta a partir del siglo XIX con la Revolución Industrial. 
La Dimensión científica y cultural de la Modernidad. En este aspecto, lo que sobresale es, la Autonomía del conocimiento, este, deja de depender de lo religioso o lo místico. El conocimiento se apoya en una nueva forma de saber que se construye  a través de la racionalidad Moderna saliéndose de la dependencia de la religión. La Modernidad separa en forma tajante, conocimiento y fe, generando las bases del método científico y la idea de ciencia que manejamos en la actualidad. Este es un proceso lento, que lleva siglos y diferentes formas de transición en distintos campos. Por otra parte, esta nueva forma de entender el conocimiento, ahora con capacidad de construir su autonomía derivó en una gran especialización y separación de éste en diferentes y complejas esferas. La aparición de saberes expertos, sistemáticos y especializados, conlleva al desarrollo de nuevas y más formas de la metodología, tanto para conocer como para intervenir en lo social. La Idea de Progreso Indefinido como valoración positiva de transformaciones y cambios atraviesa las diferentes formas de conocer, ahora desligadas de las ataduras de la religión, construyendo su propia ética, en la perspectiva de mejorar las condiciones de la Humanidad. La Modernidad implica un nuevo Reino, ahora: el de la Razón moderna. Así, por ejemplo, la historia, es la historia de la razón. Desde estas nuevas formas de saber, el mudo es un objeto de conocimiento y transformación permanente en todos sus aspectos. Lo social, también va  a estar influido por esas circunstancias, las formas de sociabilidad, el lazo social, las sociedades, los problemas sociales, la pobreza; serán objeto de investigación. La noción de desigualdad se presenta ahora en clave Moderna y es Juan J. Rousseau quien en su “Segundo Discurso Acerca de la Desigualdad”, dirá que la Sociedad genera desigualdad. 
Durante los inicios de la Modernidad, especialmente durante el período Ilustrado, comienzan a construirse, también desde una óptica y lógica asociada a la racionalidad Moderna las primeras Instituciones de Intervención Social en el Virreinato del Río de la Plata. La Hermandad de la Santa Caridad , La Casa de Niños Expósitos , la Sociedad de Beneficencia , dan cuenta de una forma Moderna e Ilustrada de comprender los problemas sociales e intervenir sobre éstos. 
3- Algunas Concepciones de Estado en relación con el Trabajo Social desde una mirada Americana.
Los Trabajadores Sociales desarrollamos gran parte de nuestra actividad dentro de instituciones estatales. Las posiciones que nuestra disciplina tiene con respecto al Estado es variada y compleja, existen diferentes autores y posturas frente a este tema. 
Desde nuestra perspectiva, es posible ubicar la mirada hacia el  Estado desde  dos planos, en principio la singularidad que adquieren los Estados en América Latina y por otro lado, la relación entre el Estado y la Intervención del Trabajo Social. En este aspecto creemos que es sugerente el aporte de Álvaro García Linera, ya que, desde nuestro punto de vista aporta conceptualizaciones útiles en ambas direcciones . 
De esta forma, es posible reconocer cuatro aspectos relevantes que marcan la singularidad de éste. Por un lado su Institucionalidad, el Estado es Institución y, a su vez una sumatoria de diferentes Instituciones desde donde por ejemplo se llevan adelante Políticas Sociales e intervenciones del Trabajo Social, es decir en este aspecto, el Estado es algo tangible, visible, material. Pero, por otra parte, el Estado también es producto de imaginarios, representaciones sociales, interpretaciones y construcciones discursivas, es decir que como plantea el autor mencionado es creencia, o sea que también está conformado por su parte ideal. Hasta aquí tendríamos dos dimensiones relevantes: Materialidad y Creencia. Ambas dialogan y se relacionan con la intervención del Trabajo Social desde diferentes aspectos, por ejemplo la representación social que una persona tenga de la Institución Estatal a la que concurre desde una demanda de intervención social, está atravesada por la materialidad de esta y viceversa. En otras palabras, ambas cuestiones condicionan las características de la intervención de nuestra disciplina, le confieren dirección y sentido. Por ejemplo: una institución estatal puede ofrecer asistencia  a través por ejemplo de un programa de salud (materialidad). Pero al mismo tiempo puede expresar con su discurso oficial, con sus modos de ofrecerla, con la accesibilidad que provoca o la calidad de las mismas si ese ciudadano la merece o no (creencia).
Otro aspecto que resalta el autor mencionado es la posibilidad de entender al Estado como un lugar de puja de poderes, de correlación de fuerzas tanto desde la Sociedad hacia él, como los juegos de poder que se dan dentro de éste. Es decir que las instituciones donde se inserta el Trabajo Social, también están atravesadas por estas cuestiones, incluso, las representaciones de los problemas sociales o de los factores que construyen la demanda de la intervención también interactúan con esa dinámica. En la intervención del Trabajo Social, por ejemplo, dentro del campo de la Salud Mental, la nueva legislación vigente en nuestro país marca una serie de tensiones entre paradigmas que muchas veces se traducen hacia el  interior de los equipos de trabajo generando pujas y discusiones que se entrometen en las prácticas. 
Por último el Estado es una compleja red de jerarquías en la conducción y control de las decisiones, donde actúa como monopolio de la fuerza, es decir está a la cabeza de la toma de decisiones y allí pone en juego su legitimidad.
En síntesis, el Estado como monopolio, como correlación de fuerzas, como idealidad, como materialidad, constituyen las cuatro dimensiones que caracterizan las formas del Estado que podemos observar en la actualidad en América Latina, esas cuatro dimensiones se entrecruzan en forma intensa y sugestiva con la práctica del Trabajo Social.
4- Lo Social del Trabajo Social, que entendemos por sociedad
La sociedad, como la conocemos hoy es un producto de la Modernidad, el concepto de sociedad se construye desde una idea de totalidad que depende de los sujetos (individuos) que la conforman, como tal reemplaza a la religión se sostiene a través del contrato, el lazo y la solidaridad. Desde el punto de vista del pensamiento latinoamericano, el concepto de sociedad tiene tres componentes básicos: la relación entre los grupos, clases o sectores; las identidades culturales que dan la pertenencia a un nosotros social y el carácter de las relaciones con otras sociedades.
También es posible pensar lo social en clave de Trabajo Social en tres dimensiones que interactúan y entrelazan; por un lado lo social en términos de intervención social se constituye a través de una trama de relaciones entre sujetos, grupos y organizaciones a través de lazos sociales con expresión en lo material y lo simbólico; en segundo lugar lo social remite a diferentes dimensiones de conflictividad, desigualdades y expresiones de la problemática de la integración de la sociedad y en tercer lugar; como un conjunto de dispositivos de protección social que intentan sostener la cohesión del todo. 
Para el Trabajo Social, la dicotomía individuo sociedad, generada como problema filosófico en la Modernidad, se expresa de manera especial en la intervención, es allí donde ambas nociones se entrelazan y conjugan en síntesis singulares. Lo micro social, como espacio de acción del Trabajo Social facilita ese encuentro a partir de conferir al sujeto de intervención la noción histórico social, que lo contextualiza, lo ubica en un devenir histórico y lo relaciona con un relato colectivo. En términos de intervención del Trabajo social, se es en contexto. El sujeto de intervención es un ser social identificado, está situado, ubicado en un territorio, construido y contenido a través de lazos sociales. De modo tal que lo Social en clave de Trabajo Social, constituye un cuerpo complejo de definiciones, saberes y prácticas que se articulan en las circunstancias peculiares del proceso de intervención social.

martes, 15 de junio de 2021

La Intervención en Lo Social y el Cine.Perfectos Desconocidos:

 Perfectos Desconocidos:

Alex de la Iglesia

España :2017

Por: Alfredo J. M. Carballeda

La película, desde la apelación a lo paranormal como recurso< un eclipse>, muestra desde una  situación, sencilla y posible: un juego. En él, un grupo de amigos y amigas que se encuentran para cenar deben poner a la vista de todos sus teléfonos celulares y hacer público todo lo que ocurra en ellos. Así, vidas mediocres, engañosas, oscuras y llenas de traición se hacen visibles desnudando a cada uno de los protagonistas. Desde allí, se logra generar una sensación de caos, que lleva a la  violencia, la traición  y la mezquindad mostrando la existencia de una sociabilidad falsa e hipócrita que atraviesa desde las relaciones de pareja hasta el derrumbe de amistades de muchos años que se mostraban sólidas y compinches antes del juego.

Todos están solos en su mundo de mentiras, incluso solos, ante su propia circunstancia. Una soledad que se aproxima a la inexistencia, al no ser. La pérdida de la otredad es tan implacable que destruye y fragmenta al propio ser. Se podría decir desde allí que nadie se reconoce a sí mismo. Múltiples fragmentaciones, como múltiples personalidades y subjetividades que se expresan con una anestesia tal que ni siquiera producen mucho dolor en cada uno de ellos, ni muestran goce en ninguna de las esferas mentirosas de las vidas que cada uno atraviesa. “Perfectos Desconocidos”, habla de la sociedad que habitamos, y que habitábamos antes de la Pandemia.

El desenlace, muestra, tal vez la “necesidad” de seguir viviendo la hipocresía y la mentira, dado que si esto no ocurriese todo el mundo que los protagonistas habitan se derrumbaría cayendo a un vació oscuro y absoluto.  De ahí que, lo paranormal resuelve de manera genial la situación. Todo lo vivido en esa noche era producto del eclipse y en realidad no existió, el juego de los celulares no se realizó y todos vuelven felices a su mundo de antes, sin ni siquiera saber que había ocurrido, a excepción de uno de ellos.

La Película  recuerda a la Pandemia, en ese aspecto hasta parece premonitoria. Es decir como si todas las bajezas, mezquindades y miserias que esta trajo y que su vez visibilizó, desaparecieran de golpe y fuese posible jugar mágicamente con la idea de que ésta nunca ocurrió y nuestras sociedades volviesen al mundo de hipocresías que algunos llaman Pre Pandemia.

lunes, 7 de junio de 2021

Un Análisis desde la Intervención en Lo Social

Por; Alfredo J. M. Carballeda

Película: La asistente.

Dirección: Kitty Green

Protagonista: Julia Garner

EEUU: 2019

Los cuerpos desechados  por el neoliberalismo.

Jane, trabaja como pasante en una Productora Cinematográfica. La empresa reproduce el mundo que habita (¿habitamos?) donde la desigualdad no solo está naturalizada, sino que se presenta como necesaria para el funcionamiento de la empresa en la cual trabaja. Pareciera que sin humillaciones y degradaciones ese mundo, cómo único posible, que se muestra en la película no podría existir. La narrativa cinematográfica logra mostrar una forma de vida atravesada por la opresión que agobia y angustia. La oficina es gris, sin ventanas, con sombras que la ratifican en un lugar de burocracia, hastío y tristeza.

La película pareciera que transcurre de noche, aunque, esa sensación de encierro, ratifica de algún modo una especie de imposibilidad subjetiva de salir de allí, de atravesar de alguna manera la oscuridad, de generar otro orden, de alterarlo o mejorar cualquier circunstancia. No hay sociedad, no hay Otros, sus lazos sociales, se muestran ausentes, sin existencia ni sentido. La sociedad que se exhibe en la película es una clave más del neoliberalismo, así, las relaciones entre las personas tienen sólo una función depredadora, violenta, obtusamente jerárquica, ni siquiera utilitaria.

Su única posesión es la libertad que tiene para aceptar las reglas de ese juego perverso. No se rebela y cada acto ratifica la construcción de una identidad muy cercana a la esclavitud. Sólo su cuerpo da cuenta de un malestar que cada vez que se expresa en palabras, la pone en riesgo y en conflicto con fuerzas que visibiliza sumisamente como superiores, debiendo pedir disculpas por escrito, luego haberlo hecho o, tal vez pensado.

La condición humana degradada minuto a minuto, la dignidad ausente, donde una pasante “naturalmente”, no tiene derechos, quizás los logre cuando comience a someter a otros. Jane es un desecho doloroso del “si se puede”, pero  pareciera que aún no lo sabe.

El territorio donde Jane se desenvuelve (las oficinas de la empresa) es conocido por ella, aunque no deja de ser hostil y lleno de trampas de todo tipo, además, transitándolo, su contacto con los demás la ratifica en su lugar de inferioridad. 

Su condición femenina la minimiza aún más, en una doble función opresiva; pasante y mujer.

 A su vez, su vida cotidiana se carga de nuevos símbolos que debe aprender y códigos que debe relegar, así se olvida del cumpleaños de su padre y cuando lo llama, este la estimula para que siga en ese lugar de posible-imposible, promoción social.

El fantasma de Harvey Weinstein, pareciera que marca el ritmo del protagonismo de lo que ocurre pero, el problema es mucho más grave. Se trata de una civilización que desde el neoliberalismo más feroz encontró la forma de justificar nuevas y sofisticadas formas de esclavitud.