domingo, 21 de noviembre de 2021

Alcances de la intervención en los complejos procesos socio - políticos contemporáneos. Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda

 

“…Pienso que la filosofía de la liberación nació en este ambiente crítico, y por ello pensó desde su origen estos problemas con los recursos teóricos a la mano y en su época, en su localización histórica. Metacategorías como “totalidad” , “exterioridad”, siguen teniendo vigencia , como referencias abstractas y globales que deben ser medidas por las micro estructuras del Poder, el cual se encuentra diseminado en todos los niveles y del que nadie puede declararse inocente”…
Enrique Dussel
1 Del Problema Social a la Agenda Pública
Las características actuales de los escenarios de intervención en lo social dan cuenta de una serie de complejidades que abarcan diferentes aspectos, estos, van desde las la complejidad de las problemáticas sociales vigentes, hasta los diferentes dispositivos de intervención, atravesando la sociabilidad y la integración de la sociedad.
Estas cuestiones plantean diferentes vías de entrada para su estudio y discusión. Una de ellas parte de la necesidad de analizar las nuevas formas de construcción del “lugar” de la intervención en lo social. Éste se conforma de manera dinámica y cambiante a partir de variadas circunstancias que se vinculan con las problemáticas sociales actuales las que se ven surcadas por múltiples atravesamientos que transcurren por diferentes esferas como; la construcción discursiva, la repercusión en los imaginarios sociales y su inscripción en la subjetividad, la crisis de los mandatos institucionales, la fragmentación de éstas y la construcción simbólica del campo disciplinar.
La cimentación del lugar de la Intervención en lo social se liga a la de los problemas sociales. Estos, poseen como característica relevante su dinámica permanente de construcción y de construcción que se inicia desde su visibilidad; el consenso para ser reconocidos como tales por grupos significativos e influyentes dentro de cada sociedad; su impacto en los imaginarios sociales y los innumerables cambios de percepción que van teniendo desde su reconocimiento y aceptación. En la medida que éstos se hacen visibles, de diferentes maneras van ingresando en la Agenda Pública. En este aspecto, la Agenda Pública implica la visibilidad de un Problema Social a través de un conjunto de situaciones donde se entrecruzan una enorme cantidad de variables; como sus aspectos históricos, simbólicos, conceptuales, su forma de aparición, la vinculación que pueden tener o no con determinados grupos sociales. De este modo, la incorporación de los Problemas Sociales dentro de la Agenda pública implica, de alguna manera una forma de fundamento de la legitimidad de su existencia que construye una forma de tensión que se expresa desde lo colectivo hasta la esfera de lo subjetivo. De este modo, el problema social comienza a ser formulado de manera pública e incorporada dentro del relato de una sociedad.
Por otra parte, este ingreso implica también un conjunto de situaciones que puede interpretarse a partir dela noción de “agenciamiento” que proponía Giles Deleuze.
En principio, la relación entre el Problema Social y Agenda Pública puede ser entendida como un conjunto de situaciones, es decir no se trata del problema en abstracto lo que construye su visibilidad e incorporación a la Agenda Pública sino el conjunto de circunstancias que lo constituye y las múltiples interacciones de éste con la sociedad. De ahí que es posible pensar el concepto de agenciamiento que trabaja este autor. Por lo tanto, el problema social desde su enunciación e incorporación al lenguaje de la sociedad va a estar ligado a la acción, no solo a la descripción sino a una forma especial de hacer que se asocia estrechamente con la Intervención Social que comienza a plantearse como una necesidad desde la incorporación de éste a la Agenda Pública.
A su vez, ese conjunto de circunstancias que lo constituyen se apoya fundamentalmente en lo territorial, se entrecruza entre lo Macro Social y lo Micro Social constituyendo una forma de devenir, como algo que está en permanente elaboración. Ese devenir no es predecible, ni ordenado, se va construyendo desde las diferentes expresiones de una singularidad que proviene de lo Macro Social, se ubica en el territorio y se inscribe en la dimensión singular de lo Micro social llegando a la dimensión subjetiva.
A su vez, es posible que un problema social comparta una forma de territorialidad inicial pero su propio proceso de construcción lo desterritorializa y lo hace interactuar de múltiples formas. Un problema social, pude ser entendido como una construcción atravesada por múltiples elementos, una constelación de éstos, que tienen diferentes formas de encuentro entre sí, donde su lugar de expresión es en las percepciones singulares y en los lazos sociales.
De este modo, la posibilidad de entender los problemas sociales desde la noción de “agenciamiento”, implica salir de la noción estructural y “organizada” de construcción de éstos ya que los elementos que los componen son complejos, heterogéneos y no necesariamente solidarios entre sí, dado que expresan transformaciones singulares en la vida cotidiana, además de cierta forma de tensión y malestar que hacen que la realidad sea registrada como inconcebible. La forma de construcción de la relación entre Problema Social y Agenda pública pude comprenderse a través del lenguaje, el sentido común, como así también a partir de una serie de acuerdos para la constitución consecuente de esa relación.
2 De la Agenda Pública a la Política
A partir de la visibilidad de los problemas sociales, estos siempre tienen un carácter político e ideológico, tanto desde sus formas de comprensión y explicación como desde las perspectivas de resolución.
La introducción de un tema, como problema dentro de la Agenda Pública se constituye como acontecimiento político en la medida que, formalmente, la resolución de éstos se vincula con la convivencia colectiva, el bien común y la integración de la sociedad. A su vez su constitución como tales los lleva a culpabilizar, estigmatizar y muchas veces segregar a diferentes sectores de la sociedad que son constituidos como un riesgo para ésta desde diferentes grupos de opinión y poder económico y político. El tratamiento de los Problemas Sociales desde las Políticas Públicas, suele dar cuenta de la forma de construcción de éstos desde perfiles ideológicos, políticos y conceptuales. En este aspecto, es de destacar la dinámica e interacción en la relación entre; la construcción del problema, la forma en que es visibilizado y las estrategias que se construyen desde las Políticas Públicas. También, desde una perspectiva centrada en la Intervención en lo Social, es posible pensar una perspectiva más ampliada de la noción de Políticas Públicas, dado que estas no son, especialmente en su expresión en lo territorial y micro social solo acciones de gobierno, sino que pueden interpretarse como acciones de orden comunicacional, de grupos de presión, y entidades de la sociedad civil que actúan o tensionan a las acciones gubernamentales otorgando más y nuevas formas de sentido. En este aspecto, desde la Intervención en lo Social, estas cuestiones se hacen visibles dado que la dirección de la misma en general atraviesa esas formas de complejidad que van mucho más allá de sus aspectos formales.
3 De la Política Pública a los Dispositivos de Intervención Social
Los disímiles acontecimientos que los conforman, les otorgan a los problemas sociales una forma de dinámica y tensión que se expresan en los dispositivos de intervención social.
De este modo, es posible visibilizar formas diferentes de abordaje según el tipo de población, diversas condiciones de presión institucional, como así también, la adaptación de éstos a múltiples expresiones contextuales y circunstanciales. En otras palabras, los dispositivos de intervención; instituciones, servicios, programas, proyectos, también poseen una movilidad que le otorga el clima que marca la época del momento de la intervención.
Se interviene en contexto, dentro de un territorio que de ninguna manera se encuentra aislado de las múltiples circunstancias económicas, políticas, culturales y sociales que, en definitiva de manera inestable van constituyendo distintos aspectos de éstos.
La noción de dispositivo, vinculada con la idea de una compleja red de componentes que interactúan en forma constante entre sí, con el territorio y lo macro social, otorga una movilidad sumamente compleja al dispositivo que puede entenderse desde su circunstancia de estar situado en determinado lugar, territorio, y esa ubicación tensiona y muchas veces otorga dirección a la intervención.
De esta forma la Intervención en lo Social, implica un proceso complejo, donde la relación ente visibilidad y demanda se construye de manera sumamente compleja. Tanto desde la construcción de la demanda de intervención, como a las posibilidades y contenidos de ésta.
4 Los atravesamientos actuales de la Intervención en lo Social
El recrudecimiento del neoliberalismo como discurso único y fundamentalista construye un clima de época sumamente complejo que se expresa espacialmente en más y nuevas formas de desgarramiento del lazo social. La fragmentación del territorio, las instituciones y el lazo social se tornan en nuevas formas de interpelación a las prácticas. Por otra parte desde la hegemonía de este discurso, que es presentado como único, se construye subjetividad y padecimiento, donde se es parte, de manera consciente o no, de una batalla por el sentido común que por ahora va mostrando triunfante a los capitales concentrados y sus elementos de coerción.
Por otro lado, nuestras sociedades ingresan a un peligroso territorio de “doble fractura” donde a la ruptura del lazo social se le suma la de la ley. Así, la crisis de legitimidad de las instituciones, sus representantes y acciones, pueden llevar a escenarios riesgosos donde el reclamo de nuevas formas de Leviatán se va haciendo eco en numerosos sectores de la ciudadanía.
La sensación de ausencia de sociedad, recuerda los ya viejos discursos neoliberales de la década de los setenta del siglo pasado. Estos retornan ahora de manera distinta, reafirmando la lógica de exaltación del egoísmo como mecanismo individual que haría funcionar desde una extraña forma de micro física a un todo social que se presenta cada vez más ausente.
La ruptura de la trilogía ilustrada que se sintetizaba en la amalgama entre libertad, igualdad y fraternidad, torna al Otro como sospechoso de apropiarse de la parte que a cada uno le correspondería de ella. Así, se percibe que la igualdad de unos perjudica la libertad de otros, perdiéndose el sentido de totalidad, es decir de fraternidad.
También, la perspectiva de derechos que constituyó gran parte de la lógica de las políticas de muchos de los estados de la región comienza a desvanecerse y la primavera libertades y derechos lograda luego de años de terrorismo de estado y puja con el neoliberalismo corre peligro de desaparición para ingresar nuevamente en los oscuros atajos de la discriminación, la xenofobia y la negación de la Otredad a través de una consternación que no deja de ser fomentada desde los medios de comunicación concentrados.
A su vez, observamos, a veces con asombro una especie de festival de exaltación de la desigualdad, donde la ostentación obscena de la riqueza es presentada como una virtud. De esta manera se construye una estética de la desigualdad que construye nuevas líneas de división tanto objetiva como subjetiva. Por otra parte, la devaluación de la Política se entrecruza con la de lo colectivo, lo histórico, la mirada épica al todo. Se impone un discurso donde lo único importante es el presente, el beneficio inmediato y los resultados. De esta forma, las prácticas, se ven acosadas y presionadas por la búsqueda del cumplimiento de indicadores, metas y valoraciones que pareciera que su verdadera función es fragmentar aún más a la sociedad, seguir creando diferentes donde antes había iguales. Construyendo homogeneidades arbitrarias que niegan esencialmente la biografía del sujeto de intervención, su condición colectiva, su vinculación con lo histórico y lo social. Se construyen de esta manera, propuestas de intervención que construyen a un otro cosificado sin pasado, sin cultura sin sociedad, sin historia, dejándolo en soledad.
Las propuestas que suelen aparecer en estos escenarios complejos y confusos se apoyan en sustentos muy poco académicos que intentan articular la autoayuda con la meritocracia generando una doble operación; por un lado cada uno es el único responsable de lo que le ocurre y por otro se repite en forma agobiante y ensordecedora el “sí se puede”, funcionando ambos registros como forma de justificación de la desigualdad, eximiendo a la concentración de la riqueza, la injusticia de esos problemas que sencillamente son corridos a la esfera de lo individual. Desde un sentido común fundado en una articulación peligrosa entre estereotipos, prejuicios y discriminación se conforman modelos explicativos a través de una serie de imágenes estructuradas y aceptadas como representativas de un determinado colectivo. Esta imagen se forma a partir de una concepción estática sobre las características generalizadas de los miembros de una comunidad. Tal vez respondiendo a una necesidad desesperada de explicación, para comprender el sentido del orden del contexto.
La fragmentación social lleva a la negación de la Otredad, generando más y nuevas formas de dolor subjetivo, que, en muchos casos se hace necesariamente objetivo a través de nuevas formas de lo corporal. La necesidad de “sentir el cuerpo” también marca esta época e interpela a la Intervención. Surgen nuevas corporalidades en sociedades donde la circulación de la palabra se bloquea por la rapidez de la lógica del mercadeo que abruma e impide el silencio reflexivo. Estar bien, es la forma en que se garantiza de forma imaginara la pertenencia al mercado y por ende a la sociedad en una cultura indolora que niega y oculta sistemáticamente el malestar. Respondiendo, posiblemente a una necesidad de simplificación, en definitiva de simbolización del contexto.
La pérdida de la sensación de pertenencia a la historia, al futuro a lo social, expresa padecimientos ligados a la incertidumbre, el no futuro se suma de manera compleja a la objetividad del dolor que genera en forma singular la desigualdad. Quizá, sea necesario retomar una visión de doble registro, objetivo y subjetivo como para encontrar formas integradas y alternativas de hacer desde la intervención del Trabajo Social.
5 Algunas cuestiones vinculadas con la Intervención en lo Social
La revisión de un pensar situado en lo territorial, muestra la posibilidad de acceder a un espacio de saber dónde se resignifica lo macro social y lo micro social. Desde allí es posible plantear nuevas miradas hacia lo barrial, lo comunitario, las trayectorias como biografías y las posibilidades de complementación allí, donde suelen fracasar los dispositivos clásicos de intervención.
La tensión entre la integración y la desintegración de nuestras sociedades se expresa en el lazo social y en los dispositivos de protección social. El contexto actual, nos muestra instituciones dispersas, como fragmentos de un todo perdido hace mucho tiempo, donde cada una construye su propia lógica de acción, pero fundamentalmente su sujeto de intervención. La solidaridad integral que las creó aparece como algo muy remoto y de difícil alcance. De ahí, la posibilidad de repensar abordajes transversales que articulen desde la acción cara circunstancia en particular.
Además, surgen una serie de nuevos interrogantes, tal vez producto de las características actuales de las prácticas o la profundización de la propia mirada del campo disciplinar. De este modo, se presentan temas a trabajar o, re pensar desde la intervención. La relación Derechos y Deseo. Como sí también la necesidad de integrar, tramitar, anudar, el encuentro entre las responsabilidades, los deberes y los derechos desde una perspectiva que no sea punitiva o de control social. De esta manera, la posibilidad de reconocer esas formas de encuentro entre Derecho y responsabilidad como algo que se enlaza, daría cuenta de que un derecho que recupera o logra otro impacta positivamente en toda la Sociedad ayudando a superar el crujido en las tramas sociales que produce el desgarro neoliberal.
La intervención comienza a mostrar la necesidad de nuevas formas de escucha y mirada, lo que implica pensar nuevos dispositivos que integren saberes clásicos y alternativos.
En definitiva, darnos la posibilidad de pensar la Intervención como una forma de construcción de acontecimiento. En tanto permita también, reconocernos en el Otro, en lo cultural, lo histórico, lo colectivo.
Así la Intervención en lo Social pude transformarse en un dispositivo que tiene la posibilidad de construir nuevas formas de encuentro que recuperan lo político desde una aproximación al padecimiento, desde el juego de causalidades que construyen las circunstancias que se presentan en el lugar de la demanda.
Bibliografía:
Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social como proceso. Editorial Espacio. Buenos Aires 2013.
Deleuze, Gilles. La Subjetivación. Curso sobre Foucault. Editorial Cactus. Buenos Aires. 2015
Dubet, Francois. ¿Por qué preferimos la desigualdad? Editorial Siglo XXI Buenos Aires. 2015
Dussel, Enrique. Filosofías del Sur Ediciones Akal. México 2016
Uranga, Washington. Conocer, transformar, comunicar. Ediciones Patria Grande. Buenos Aires 2016


lunes, 8 de noviembre de 2021

La geopolítica del odio y el colonialismo del siglo XXI Por: Alfredo Carballeda

 

"No soporto ni su mirada de pez, ni su mala pronunciación"
Comentario de Virginia Wolf sobre Victoria Ocampo.
Para las oligarquías de América Latina, los pueblos somos extraños, inferiores, foráneos en nuestros propios países.
Así justifican su patética superioridad que no es más que triste y sangriento producto de saqueos, robos y traiciones.
Hoy, exaltan su desconocimiento, ostentan su riqueza y especialmente la capacidad que aprendieron de sus amos de generar odio y aliados momentáneos a quienes también desprecian.
Lograron enseñar a odiar lo propio, lo que no es una novedad, ya en el siglo XIX con la dicotomía inventada por el imperio británico, llamada civilización o barbarie, justificaron sus fortunas y exterminios a través del odio.
Estas oligarquías también son despreciadas y tratan todo el tiempo de rendir tributo a los verdaderos dueños de sus privilegios, no saben que nunca logran nada más que el desprecio de sus amos.
Odian, quizás porque son odiados por aquellos a los que rinden pleitesía todo el tiempo y, a pesar de todo los rechazan.
Nuevamente los imperios utilizan al odio como forma de dominación, generan de muchas maneras fracturas sociales, incertidumbres, malestares.
Su violencia tiene un límite: La Organización de los Pueblos a través de la memoria de saber no solo que se debe luchar , sino para qué se hace.

sábado, 6 de noviembre de 2021

"EL DERECHO Y EL PLACER DE ESCRIBIR"JULIA CAMERON

 “Escribir es una dote espiritual que nos entrega las llaves del reino. Fuerzas superiores nos hablan a través de la escritura. Podemos llamarlas inspiración, musas, ángeles, Dios, corazonadas, intuición, guías o simplemente buenas historias. Sea cual sea el nombre que elijamos, estas fuerzas nos conectan con algo superior a nosotros mismos que nos permite vivir con mayor vigor y optimismo”.

“Escribir no es una capacidad limitada a otros, a los escritores.
Escribir es algo mucho más simple y, a la vez, más vasto. Es el encuentro con uno mismo y con nuestra creatividad sigilosa que, para nuestra sorpresa y asombro, resulta siempre más sabia y profunda de lo que imaginábamos.
Es, simultáneamente, un derecho, un placer, una meditación, una terapia o la mejor de las plegarias.

No existe, pues, un mal escrito. Es imposible, porque el mero hecho de
escribir es ya, en si mismo, un éxito seguro”.
“Escribir se nos da mejor cuando no lo trabajamos tanto, cuando simplemente
nos damos permiso para pasearnos por la página”.

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Prologo a La historia de la Confederación Argentina de Adolfo Saldías. José M. Rosa

 No había “pueblo” en 1880, ni como entidad política ni siquiera como presencia física.Los criollos habían sido exterminados, amedrentados o rebajados hasta el aniquilamiento por los vencedores de Caseros y, sobre todo, por los de Pavón. El consejo de Sarmiento a Mitre al día siguiente de Pavón de no ahorrar sangre de gauchos por ser “un abono útil que debemos a la tierra”, no había sido una frase aislada y poco feliz del tremendo sanjuanino. Las matanzas cometidas por Flores, Iseas, Irrazával, Sandes, Arredondo y tantos otros coroneles de Mitre desangraron el interior; el exterminio a carabina de los últimos montoneros (el Chacho, Felipe Varela o López Jordán: impotentes caudillos de una Argentina que irremediablemente se iba), el suplicio terrible del cepo colombiano para impedir nuevas montoneras y estabilizar las oligarquías aldeanas, los contingentes de “voluntarios” que morían a millares en los esteros paraguayos, y la absurda guerra de “cantones de fronteras” contra indios bien armados y bien montados (Martín Fierro no es un poema de imaginación), hicieron todo lo demás.
No se pudo, desde luego, acabar con un pueblo íntegro en esa masacre continua de criollos que va de 1861 a 1877 (de Pavón a la conquista definitiva del desierto), la página más negra de nuestra auténtica historia.

Pero aquello que quedó, no contaría como “clase”. Los hijos de Martín Fierro y del
sargento Cruz, serían educados en las escuelas de Sarmiento a despreciar a sus padres por bandoleros, y buscar el perdón de su pecado original amoldándose mansamente a los dueños del cepo, los contingentes y la partida.
Aquel Viejo Vizcacha, “gaucho renegado”, con un “empaque a lo toro”, que “vivía en los bañados” y “mató a la mujer de un palo / porque le dio un mate frío” (caricatura cruel de Sarmiento, inexplicablemente inadvertida por los comentaristas del Martín Fierro) era “el señor, que debería darles educación” a los hijos del gaucho perseguido y calumniado. Educación que consistía en aceptar mansamente la derrota “el que gana su comida /güeno es que en silencio coma” o medrar con la protección de los poderosos en esa Argentina que ya no era de ellos (“hacete amigo del juez / no le des de qué quejarse / y cuando él quiere enojarse / vos te debés encoger”).

El pueblo criollo, reducido a los Vizcachas acomodados o los Picardías malandrines, ya no contó en la sociedad. La libertad de comercio del 53 trajo la invasión de
manufacturas inglesas que significó el cierre de los talleres artesanales protegidos hasta entonces por la política aduanera de Rosas; los carreteros y troperos quedaron eliminados o poco menos por la competencia desigual del ferrocarril; desaparecieron –¡milagros del crédito hipotecario y la usura rural! – las “suertes” de pequeñas propiedades de los tiempos de Rosas, como también el régimen de aparcería de los arrendamientos pastoriles. Y poco a poco los rezagos de la población criolla, los nietos de los forjadores de la Conquista, los hijos de los héroes de la Independencia, los bravos de la Restauración, se refugiaron a malvivir en el ocio de las orillas de las ciudades como una masa extranjera en la tierra que había sido de sus mayores. Allí – repito palabras de Scalabrini Ortiz – “con frases capciosas sus virtudes fueron tergiversadas en vicios; su valor en compadrada; su estoicismo en insensibilidad; su altivez en cerrilidad”. Ya no fueron un problema político: solamente de policía y de cárceles.

Cumplía se el ideal de Caseros: una Argentina donde una clase “educada y racional”
fuera todo el país. No quedaban masas populares con sus absurdas reivindicaciones, temibles montoneras o incómodos caudillos. Lo quisieron, invocando a la Constitución triunfante, los intelectuales del 52: Alberdi lo había enseñado en sus Bases (“Hemos de componer la población para el sistema de gobierno, no el sistema de gobierno para la población... necesitamos cambiar nuestras gentes incapaces para la libertad”), y Sarmiento advertido en sus sinceros – y hoy olvidados con prudencia – Comentarios a la Constitución (“Son las clases educadas las que necesitan una Constitución que asegure sus libertades de acción y de pensamiento. Una Constitución no es para todos los hombres: la Constitución de las clases populares son las leyes ordinarias, los jueces que las aplican y la policía de seguridad”.