Un día como hoy, pero en 1946, Juan Domingo Perón gana las elecciones presidenciales. En el comicio más limpio desde 1928, después de los años del fraude patriótico, y lanzado tras la movilización del 17 de octubre, el teniente coronel se impone con la boleta del Partido Laborista a la Unión Democrática, un conglomerado opositor que se nuclea en torno a lo que había sido tronco de la UCR antipersonalista. Al radicalismo alvearista se sumaron los comunistas, los socialistas y los demócratas progresistas. El laborismo estaba inspirado en el modelo del Partido Laborista británico, sobre una fuerte base obrera. Perón asumirá el 4 de junio y disolverá el PL para concentrar apoyos en el Partido Peronista
viernes, 24 de febrero de 2023
jueves, 23 de febrero de 2023
La construcción de subjetividad colonizada . Micro relato. Alfredo J. M. Carballeda
Eva Perón y la limosna
“La limosna para mí, fue siempre un placer de los ricos, el placer desalmado de excitar el deseo de los pobres sin dejarlo nunca satisfecho y para eso, para que la limosna sea más miserable y más cruel inventaron la beneficencia... "
miércoles, 22 de febrero de 2023
La Intervención en lo Social como diálogo. Una mirada Hermenéutica y Genealógica. Por Alfredo Juan Manuel Carballeda
1 Modernidad y
Disciplinamiento
Con el objetivo de
profundizar la noción de Intervención en lo Social, es posible partir de la
premisa de que uno de los cimientos fundacionales de la modernidad es el
disciplinamiento. Éste, se expresa básicamente en la búsqueda de la
organización racional de la vida cotidiana. Esa organización, es planteada como
una necesidad, para progresar, mejorar la calidad de vida en definitiva, abrir
las puertas de la emancipación.De este modo, desde una perspectiva genealógica,
se hace relevante la búsqueda de puentes y contactos entre el disciplinamiento
y la noción de necesidad. Dado que la incorporación de la racionalidad en la
vida cotidiana es propuesta como “necesidad” en muchos casos emancipatoria. La
noción de necesidad direcciona a diferentes expresiones de las prácticas
de lo social. De esta forma, las nociones de necesidad,
fundacionalmente impuestas por el orden de la modernidad, pueden tener
diferentes caras y expresiones en su propio devenir histórico. Así, el
disciplinamiento se manifiesta en forma explícita desde el discurso colonial,
como también en forma subrepticia en el discurso emancipatorio. Según Jorge
Huergo el proceso de disciplinamiento tiene diferentes etapas, en
tanto, como complejo histórico moderno : ”1)la fundacional, que coincide con
la constitución de la modernidad eurocéntrica y que despliega una constelación
de valores presentes aún en nosotros, de manera "natural"; 2)la de
fundación teórica, que coincide con la revolución que, en el plano de las ideas
y luego de la realidad, produjo la Ilustración o Iluminismo; 3)la de
organización política y económica donde el Estado moderno se hace
disciplinador. En muchos casos, como en Argentina, esta etapa coincide con el
proyecto positivista, que encuentra en la ciencia el fundamento ideológico del
disciplinamiento; 4)la del re-disciplinamiento, coincidente en muchos casos con
el desarrollismo; es un intento de volver a controlar y ordenar a los
marginados, pero operando con técnicas más tolerables”. De este modo, las
diferentes modalidades de intervención en lo social emergen en el
contexto de la modernidad atravesadas por una contradicción que las tensiona
hasta nuestros días. La promesa de la emancipación, ligada a prácticas y
fundamentos que derivan en la sujeción y la coersión marcan
sus orígenes y ha generado hasta la actualidad una serie de discusiones y
rupturas a veces explícitas y en otras oportunidades no dichas. El hacer, en
tanto praxis transformadora, desde la perspectiva moderna dentro de un espacio
recientemente constituído – lo social- implicó el surgimiento de una serie de
dispositivos de control y disciplinamiento que fueron cambiando de forma en
diferente contextos y climas de época. Los inicios de la intervención pueden
ligarse a tres elementos claramente definidos; la noción de sociedad; el
concepto de cuestión social; la construcción de prácticas y campos de
conocimiento. Estos tres ejes, que pueden considerarse, constitutivos de la
Intervención fueron construyendo diferentes espacios de diálogo y encuentro.
Especialmente a través de la propia práctica y de los interrogantes que surgen
de ésta. Ese carácter contradictorio atraviesa una serie de cuestiones, estas
básicamente se relacionan con diferentes “series” históricas, donde la promesa
de la libertad, por ejemplo como enunciado de “transformación”, significó
formas de control sutiles o claramente explícitas. En las prácticas que se
construyen en la modernidad, puede observarse un común denominador, la
necesidad de transformar lo que se considera “irracional”. Así, la emancipación
como condición moderna surge desde la necesidad de sojuzgar a los hombres desde
una mirada y análisis científico. Esto, no implica solamente un programa
epistemológico, sino un programa político donde es posible observar una de las
primeras contradicciones del pensamiento moderno; en nombre de la humanización,
la transformación y la emancipación, se sometieron a la dominación a diferentes
culturas y pueblos. En definitiva, dentro del disciplinamiento coexisten
dos elementos contradictorios: emancipación y dominación, la primera en los
discursos , la segunda en los hechos. Para el disciplinamiento, especialmente
desde el Estado Moderno se utilizaron diferentes prácticas sociales, en tanto
acción social o intervención que se orientaron básicamente a mutar el ethos
popular -considerado iracional- por la noción moderna de cotidianeidad que
implica lo racional.
2- Intervención y
Cuestión Social
En los inicios de las
Ciencias Sociales durante el siglo XIX, la intervención en lo social se
orienta hacia el problema de la solidaridad y la aparición de nuevas
formas de la cuestión social. En ese momento lo social como lugar de la
intervención , se ubica en el medio de la contradicción entre la mano
invisible del mercado donde el liberalismo se presenta como el gran ordenador
de la sociedad y los postulados anarquistas y comunistas.
En otras palabras, ubica su lugar en un campo
concreto de la práctica (lo social), de la misma manera que otras formas
de conocimiento se habían emplazado, en el cuerpo y la mente, como la
clínica médica y la psiquiatría.
Lo social, a partir de ese momento fundacional del
Trabajo Social y las Ciencias Sociales, nace también en el inicio de una
profunda necesidad de reflexión acerca del lazo social y el contrato a veces
contradictorios otras complementarios, estableciéndose como formas
constitutivas de la sociedad.
Lo social toma la
forma en ese contexto como un producto de la contradicción entre fragmentación
e integración de sociedades que, desde el siglo XVII se hacían cada vez más
complejas.
Ese escenario de construcción moderna y
reciente de la intervención esta signado por una
marcada tensión entre derechos civiles y garantías políticas en un
momento donde el contrato social se quiebra en la emergencia y visibilidad
innegable de las desigualdades, cuando la noción de solidaridad nace en el
medio de una alta conflictividad social, cultural y política.
En ese campo de contradicciones, la intervención en
lo social se proponía salir de los estrechos marcos de la filantropía como
última herencia de la Ilustración, para ingresar en los territorios de la
igualdad y los derechos que serán llamados sociales en poco tiempo.
De este modo y desde diferentes visiones, la intervención
en lo social, puede ser entendida como una práctica orientada a la
reparación y reproducción de la fuerza de trabajo, o como la preparación
de un espacio en los márgenes de la sociedad, donde el señalamiento de la
anormalidad, determina con claridad el terreno de lo normal y lo patológico en
una sociedad.
Pero, pocas décadas después a partir de Jane Addams,
surgen otros horizontes, que trataban de superar desde el estudio de casos, la
preocupación por la anomia o el orden social y ponen su acento en la reparación
del padecimiento y el conocimiento en profundidad, tratando de comprender lo
social también desde la singularidad .
Estas tradiciones de pensamiento serán retomadas en
diferentes momentos históricos con la idea de entender la sociedad e intervenir
sobre ella. Así, desde lugares disímiles, dialogando con la Escuela
Crítica, los trabajos de E. Goffman, Foucault, a veces en diferentes encuentros
con el psicoanálisis, muchos intentan nuevamente superar las tensiones
fundacionales entre emancipación y coerción. Tratando de salir de la
contradicción entre interpretación y transformación. Utilizando el
estudio de casos, tratando de establecer tipologías, biografías, trabajando con
narraciones, que en algunos casos derivaron en la observación participante y la
investigación – acción.
La llegada de la Crisis del 30 muestra el inicio de una orientación hacia los
derechos y más tarde una preocupación concreta desde la noción de ciudadanía y
desgrana, de alguna manera las tensiones que marcaban su vinculación con la
reparación de la anomia o la denuncia de la alienación. La emergencia de los
Estados de Bienestar, va a traer nuevos campos de conflicto y
legitimidad.
Allí el Estado
será el gran protagonista de la cohesión de la sociedad, hasta la implantación
del neoliberalismo y las nociones de Estado Mínimo y políticas focalizadas que
en un contexto de profundización de la desigualdad y a través de diferentes
dictaduras militares se impusieron en América Latina y de fuertes cambios
económicos y sociales a nivel mundial.
En Argentina,
esa presencia del Estado como reparador de la solidaridad, como agente de
derechos sociales, se expresa con claridad a partir de 1945. Donde una
necesidad es un derecho social no cumplido. Poniéndose en macha a través de una
re significación de las instituciones desde la contradicción entre necesidades
y derechos dentro del Estado Social, para desembocar en intervenciones
activas en ambas cuestiones. En la búsqueda y consolidación de la utopía
igualitaria que marcaba las promesas de su origen.
La derrota de los
totalitarismos luego de la II Guerra Mundial, la economía motorizada por el
modelo Keynesiano, apoyaba la multiplicación de mecanismos de igualdad social y
civil. Tratando de superar el totalitarismo y el liberalismo, como una tercera
opción.
1- Intervención Poder
Legitimidad
En esos diferentes escenarios de
aparición la legitimidad de la intervención se presenta como terreno de
conflicto. La discusión acerca de la legitimidad es, tal vez, uno de los
aspectos más sobresalientes de la conflictividad política desde el siglo XVIII
hasta nuestros días. Estas cuestiones, también impregnan a la
intervención desde la importancia de limitar su poder, o de entender a ese
poder que mana desde una práctica como la esencia de una promesa de
redención.
En ese juego contradictorio, la intervención
en lo social, al igual que la intervención de otros campos como la medicina, la
psiquiatría o la pedagogía, implica una idea de límite que, en los inicios de
la Ilustración se planteaba en la necesidad de separar los
territorios de la pasión, la razón y las ambiciones humanas.
Esa idea de poner límites, como garantía
de un individuo libre, fue marcando el diseño de las instituciones desde donde
se interviene en lo social y se condice con la lógica institucional de la
división de poderes en el terreno de la política. La estratificación como una
forma de limitar al poder. El pensamiento de la Física Moderna aportó la noción
de la dinámica de los fluidos como metáfora política y también como
elemento preparatorio del ingreso de las ciencias naturales para explicar
lo político y lo social. De esa manera desde el conocimiento se
justifican las restricciones a determinadas formas de poder que se
transformaron en dispositivos institucionales, que explicarían como otra
vía de entrada la necesidad de las especializaciones ligadas al principio de
separación entre cuerpo, mente y contexto. Pero, esas limitaciones, tuvieron
una dirección delimitada y estrechamente ligada a quienes detentaban el poder
político en ese contexto. Así las especializaciones, como diques de contención
tienen una dirección definida, una metáfora política clara, de la mano de
la moralización, de una racionalidad política que transformaba el poder
pastoral, en razón de estado, haciendo que la individualización y la
totalización son dos de sus efectos inevitables
Esa forma de construcción de
legitimidad del hacer, centrada en el recorte de las voluntades arbitrarias
sobre quienes se interviene, se presentaba como una forma de aprender la vida
en sociedad. La intervención se liga al poder cuando se alía con la estrategia
de las limitaciones, dando una dirección definida desde la promesa emancipadora
de ingreso a la modernidad.
También en esos primeros escenarios que
marcan la prehistoria de la intervención en lo social en el siglo XVIII, ésta
nace ligada a la virtud de quien la ejerce Esa virtud tenía diferentes forma de
expresar su legitimidad, era su esencia, especialmente desde el poder que
delimitaba su lugar, pero se expresaba en una necesaria estructura legal e
institucional.
De este modo y a
partir de sus orígenes la intervención desde diferentes lugares de poder
intentaba oponer el fanatismo (pasión) a la virtud (razón), Moro, Voltaire,
Spinoza, Locke, Montesquieu, de diferentes maneras plantean la necesidad de
enseñar la tolerancia, se podría agregar; a cualquier precio, ya que la promesa
futura es la emancipación y desde allí todo vale.
Los pueblos originarios y mestizos de
nuestra América vivieron en carne propia esa contradicción Ilustrada, se
trataba de ser libres abandonando las tradiciones, la cultura, las enseñanzas
de los mayores, la lengua. Perdiendo territorios, pasando por diferentes formas
de sumisión y desigualdad.
La libertad se
encarnaba en la razón y como elemento opuesto la pasión fue asociada con
nuestra cultura. Se trataba de “emancipar” a cualquier precio. Así la
intervención Ilustrada, re enlazaba poder y legitimidad.
2- Intervención Razón,
Virtud y Redención
En ese contexto socio
histórico, surge el concepto de virtud asociado a la figura del gobernante, del
maestro, del médico, en definitiva de quien tiene atributos de intervenir
de diferentes maneras en la sociedad. La combinación entre virtud y poder
generó entre otras cosas, mas mecanismos de coerción que fueron desde el cambio
en las prácticas manicomiales, el surgimiento de la cárcel, la salud
pública como dispositivo de disciplinamiento.
La virtud como
atributo político que la intervención se concedía a sí misma, permitió
justificar ahora desde una perspectiva más ligada a la aplicación de
tecnologías del poder cuyo fin era la emancipación, la cura o la salida de la
alienación mental.
Entre el siglo XVIII y
el siglo XX, se presentan diferentes formas de legitimar la coerción.
Nuevamente el conflicto que se exterioriza es el de su propia legitimidad. Allí
desde una noción de poder limitado, poder como redentor de la naturaleza,
poder como producto de la evolución, poder como un elemento racional o desde un
poder que pone límites. La relación poder intervención va tomado una forma más
definida siempre dentro de la misma conflictiva.
Nuevamente la
contradicción coerción, emancipación se hace presente y cobra forma
institucional a partir de la necesidad fundacional de aplicación del
poder en la intervención.
También el concepto de “cambiar al hombre”, entendiéndolo como
sujeto universal cargado de sentido, atraviesa diferentes etapas de la historia
de Occidente y se inscribe en este juego de contradicciones.
Crear a ese sujeto desde el poder, construir a ese sujeto desde la
intervención aun hoy es presentado como posibilidad de cambio social.
Esta idea de redención suele reaparecer, cuando se vincula
linealmente a la intervención en lo social con la construcción de autonomía.
Entendiendo a la falta de esta condición como una carencia impuesta, propia, o
ligada a pautas culturales que ratifican esa condición o falta.
De este modo, las dificultades de la construcción de la autonomía
en un contexto de desprotección social, donde los sujetos excluidos deben
tornarse autónomos por mandato de programas sociales o estrategias de
intervención, configuran nuevas formas de coerción ligadas a las políticas
sociales focalizadas. Esta paradoja de autonomías impuestas, entra en
contradicción con las características contextuales de nuestras sociedades
actuales, donde la pérdida de derechos sociales, conlleva a una reducción de la
autonomía y una pérdida de ciudadanía. Así la construcción de sujetos
autónomos desde el poder de las Políticas Sociales o desde la perspectiva
redentora de la intervención se hace compleja en un escenario atravesado por
diferentes paradojas.
3- Intervención en lo
social y ciudadanía
De este modo, las
relaciones que se construyeron entre poder e intervención en las
últimas décadas se dieron en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados
por la economía de mercado, en instituciones con que no encuentran su sentido y
perdieron su solidaridad entre sí.
Esa trama, se erigió
en nuevos escenarios donde lo que sobresale son nuevas formas de expresión del
padecimiento. Desde la pérdida de espacios de socialización, hasta el malestar
producto de no sentirse parte de un todo social.
Se interviene en
lugares donde se fueron mutilando sistemáticamente infinidad de capacidades y
habilidades, sencillamente por efecto de la desigualdad social, la
injusticia y el hambre. En definitiva en nuevos escenarios de
intervención, dentro de una sociedad atravesada por relaciones violentas, por
el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión con los otros, con la historia,
con la memoria colectiva.
En otras
palabras, desde la necesidad de una reparación del daño generado por
décadas de injusticia y desigualdad.
Teniendo en cuenta que
el Trabajo Social como disciplina clave en los procesos de intervención en lo
social, se ha constituido en un dominio de saber que por su
dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales
democráticos, de libertad, de justicia social y por la defensa de los Derechos
Humanos, se reafirman y construyen desde allí nuevos compromisos.
Surgen de este
modo una serie de interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su
aporte a la soberanía popular?, ¿cómo se articula con lo económico, donde la
producción se oriente hacia una justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo
sociocultural, desde la recuperación de la identidad, la pertenencia, la
inscripción - reinscripción y la socialización?, ¿desde donde recupera
capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y científicas?, o
¿ desde donde se relaciona con los recursos naturales y el medio
ambiente?
Estas cuestiones
implican una necesidad de la recuperación y reconstrucción de una visión
estratégica de la intervención en lo social. Es decir la definición clara
de su sentido, dentro de las posibilidades y limitaciones que muestran sus
contradicciones actuales y fundacionales.
Pero en definitiva la intervención está atravesada por todas esas
cuestiones, de allí que su ejercicio y estudio se presenten hoy
como elementos sumamente interesantes.
En otras palabras, la
intervención nos permite ver las contradicciones de una civilización que desde
sus propios límites, logró una victoria a lo Pirro, adueñándose del planeta,
sus recursos naturales y desde esa dominación generar probablemente su propia destrucción.
4- Trabajo Social e
Intervención. Algunos caminos posibles.
Mirar al Trabajo
Social desde lo que hace, implica una necesaria reflexión que se sale de los
discursos ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes”
sociales. Revisar lo que se hace da cuenta que la intervención es
posible aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La
intervención en definitiva, es lo que la gente que concurre a
nuestros lugares de trabajo nos demanda. La realidad de las desigualdades
sociales y los nuevos padecimientos nos interpela día a día en nuestra práctica
cotidiana, y desde allí creamos, construimos, resolvemos, compartimos y
aprendemos con el “otro”, en un espacio de diálogo y encuentro entre el hacer
donde tratamos de acompañar este proceso desde la reflexión.
El trabajo social
desde la intervención, “denuncia” desde su práctica, porque hace visible el
padecimiento como expresión de la desigualdad social en los espacios de lo
micro. Construyendo desde allí nuevas formas de agenda pública.
En definitiva
hacer ver, al otro, a la institución, a la sociedad la desigualdad y sus
efectos.
El trabajo social
desde la intervención está allí, en innumerables lugares, donde el
desconcierto, las nuevas formas de subjetividad y el padecimiento se comparten
con ese otro sufriente, en instituciones y espacios de intervención atravesados
muchas veces por el sin sentido.
De allí que la sola
presencia de un trabajador social en un hospital, una escuela, un tribunal está
diciendo y vaya si lo dice políticamente que hay algo más que un cuerpo
enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada.
Es en estos escenarios
de intervención complejos y turbulentos, las preguntas acerca del sentido
de lo que hacemos los trabajadores sociales resuenan con mayor fuerza y
estruendo. Así la Intervención se torna en un lugar de construcción de nuevas
preguntas, donde aquello que es construido desde la injusticia y la
desigualdad puede ser desarmado, re hecho y básicamente transformado.
La intervención en lo
social desde esa perspectiva implica una generación de
acontecimiento, de instalación de un espacio (político) que interpela en forma
intensa a la desigualdad, a la sin razón de ésta a sus justificativos,
tanto desde los determinantes como desde la lógica del mercado. La intervención
en lo social desde esta perspectiva reconoce su propia contradicción
fundacional y se propone a la práctica cotidiana como posible lugar de puesta
en escena de ella, para superarla junto con ese “otro” que construye su propia
realidad y sostiene nuestra identidad como campo disciplinar.
La intervención se
sale de los mandatos fundacionales esperados desde la institución en
tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra en la medida que
pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden <alterando el
establecido> transformado lo dicho abriendo, construyendo la apertura de
nuevos espacios para el hacer.
Intervenir es intentar
reinscribir los textos y guiones que se presentan como inamovibles,
expresando una escena, marcada por el determinismo naturalista, donde los
caminos de lo necesario se muestran como lo imposible.
La intervención
reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva:
que escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo
propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de
verdad.
La intervención
dialoga intensamente con la política cuando su orientación se relaciona con la
identidad, teniendo en cuenta que la pregunta por la identidad surge en
momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad,
tal vez es en nuestra América el campo de conflicto más importante, dado
que nuestras identidades fueron masacradas, fragmentadas, diluidas desde la expresión
de diferentes formas de la dominación.
La intervención, dada
su relación con lo micro social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo
macro social atraviesa lo subjetivo y construye el padecimiento y la
desigualdad, reconociendo que estamos actuando en una América donde reconocemos
que somos lo otro, lo innombrable para los dispositivos de dominación.
En la medida que
volvamos a hablar para nosotros mismos, recuperando la palabra y podamos
definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención donde
desde nuestra historia de luchas y de dominaciones podrá ser una guía
posible hacia un camino a recorrer.
Tal vez la
intervención del Trabajo Social sirva para promover nuevas formas de
subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha
sido impuesta durante muchos siglos.
En nuestro caso se
trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro
propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la
memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo
propio, de lo que el otro tiene, una intervención que no agregue ni quite nada,
solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la
memoria.
Intentando en
definitiva salir de la con de gran parte de las premisas que le impusieron ese
mandato moderno marcado por la tradición fundacional entre coerción y
emancipación, en la oportunidad que genera el derrumbe actual de esos
postulados y la certeza de que es posible un pensamiento Americano, donde lo
“otro” tiene un esfera diferente, tanto como lugar de reparación, como de
verdad.
Bibliografía
Botana, Natalio. El
siglo del miedo y la libertad. Editorial Sudamericana. Buenos Aires 2001.
Carballeda, Alfredo.
La intervención en lo social. Editorial Paidós. Buenos Aires 2002.
Carballeda, Alfredo.
Escuchar las prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007.
Foucault, Michel. La
vida de los hombres infames. Editorial la Piqueta. Madrid 1990.

