El 2 de febrero de 1899, al anochecer, esperando el amanecer del 3 de Febrero (conmemorativa de la Batalla de Caseros), fue demolido mediante una explosión la residencia de Juan Manuel de Rosas en Palermo. La oligarquía porteña tomó ese episodio como un festejo, convocando a los vecinos para que observen la caída y explosión del edificio. Era el mismo lugar donde Urquiza había fusilado a los derrotados de Caseros en 1853. Pocos días después de la derrota, Urquiza decretó la confiscación de todos los bienes de Rosas que pasaron a ser propiedad Municipal de la Ciudad de Buenos Aires.
De todas maneras, Urquiza no permaneció mucho en Palermo, un año después, debido a la secesión de Buenos Aires, se trasladó a Entre Ríos.
La Residencia llamada: Palermo de San Benito, había sido edificada a fines de la década de 1830 con los recursos que provenían del bolsillo de Juan Manuel de Rosas. Luego de varios años de trabajo, a luego de su construcción, los pantanos cercanos que la rodeaban y, que eran afectados frecuentemente por las crecidas del Río de la Plata se lograron transformar en campos fértiles, parques y jardines. La residencia de Rosas se transformó en un paseo público, tal vez, el primer parque urbano de América.
La edificación, en la cual Rosas, vivió y gobernó hasta su caída, se encontraba en el cruce de las actuales Avenidas Del Libertador y Sarmiento. Algunos arquitectos plantean que era un ejemplo de estilo de una arquitectura que podría llamarse “Argentina” junto con el estilo barroco rioplatense, dada su disposición, forma y sincretismo.
La casona era un edificio grande de una sola planta rectangular. El techo tenia azotea y barandas de hierro. Estaba a orillas del actual lago “Victoria Ocampo”, allí se realizaron las primeras excavaciones arqueológicas en 1987. Estas, permitieron encontrar los restos del caserón de Juan Manuel de Rosas.
En 1874, se promulgó una ley que da origen al Parque “Tres de Febrero”, inaugurado por Sarmiento en 1875. La Casona tuvo varios usos, hasta que el Presidente Roca, da la orden de dinamitarla.
El intendente porteño, Adolfo Bullrich, expresaba que se había tomado la decisión de demoler el caserón, por razones urbanísticas y políticas.
Quizá, por esto es que no fue casual la elección de la fecha. Lamentablemente no se pudo conservar prácticamente nada de esta vivienda, un modelo de arquitectura de la primera mitad del siglo XIX en Buenos Aires. La orden de Bullrich era concisa: “que no queden en pie ni los cimientos”.
Los Bosques de Palermo
Lo que conocemos como los Bosques de Palermo, se originaron en la obra de enorme escala que organizó y realizó Juan Manuel de Rosas junto con diferentes arquitectos e ingenieros. El trabajo llevó más de diez años, Para llevarlo a cabo se realizaron; rellenos de tierra, lagos, canales, estanques, áreas de flores, de cultivos, caminos y un lago artificial en que circulaba un pequeño barco. Quienes lo recorrían podían ver el paisaje desde puentes y bancos de mármol. El paseo era público. Luego de la caída de Rosas el predio se utilizó como cuartel, fue saqueado y en 1858 fue la sede de la Primera Exposición Agrícola Ganadera del país. Bartolomé Mitre en 1865, ordenó que fuese ocupada para la formación de oficiales del ejército. Sarmiento, intentó usar la casona para crear el Liceo Militar en 1869. En 1874, Sarmiento, siguiendo con sus ideas europeas y estadounidenses, tomó como formato a copiar a los grandes espacios verdes que se habían puesto de en Europa, así logró que el Congreso sancionara una ley para denominar "Parque 3 de febrero" a toda la extensión de tierras que ocupara la residencia de Rosas y se transformase en un Parque. La moda europea y el pensamiento colonizado hicieron que tardíamente la residencia de Rosas volviese a ser un Parque Público como lo había sido antes de su caída.
El final de la Casona
El diario La Prensa describe en 1899 la situación:
"En cuanto a la demolición de la tapera como ha dado en llamarse esa verdadera ruina, el intendente municipal tiene el propósito de que coincida con el aniversario (de la batalla de Caseros, el 3 de febrero) de modo que el sol de Caseros no alumbre más ese vestigio de una época luctuosa, y que fue la morada del tirano".
El 26 de enero, el mismo diario publicó una larga nota para justificar la decisión de Bullrich. Reafirmando la necesidad de "derribar de un solo golpe, en una sola noche, la morada antes tenebrosa de la cual partieron tantas ordenes sangrientas". No perdió el tiempo en reprochar a aquellos que se manifestaron a favor de conservar la casona. El argumento será muchas veces utilizado, hasta nuestros días: La necesidad de una manera de enseñanza a las nuevas generaciones el repudio a las dictaduras y la defensa de la República. De todas maneras, a pesar de “La Prensa” y sus elogios; la revista “Caras y Caretas” tenía una posición crítica "Mientras nosotros tenemos un intendente municipal criollo, que para festejar con criterio vengador el aniversario de un suceso político de relativa importancia en la historia de nuestra evolución social emplea la piqueta de sus peones en demoler un viejo edificio sugestivo y típico, característico de una época, reflector poderoso para los sabios que investigan y deducen de los monumentos, mudos para la generalidad, verdades que sorprenden; en Europa esas mismas piquetas oficiales remueven la tierra para descubrir una ciudad cubierta por la lava de un volcán, excavan el fondo de un mar para encontrar los restos de un palacio sumergido, horadan una montaña para proporcionar a los que estudian, los medios de esclarecer el origen de una raza o descubrir, por las huellas que dejó, sus caracteres propios y especiales".
Esa noche el diario “La Prensa” relató que concurrió una gran cantidad de público para seguir los acontecimientos desde sus "carruajes". También estaba el embajador de los Estados Unidos, William I. Buchanan, quien recibió de parte del intendente Bullrich un bastón de recuerdo hecho con madera del famoso "Aromo del Perdón".
Por la noche "se encendieron los focos de luz eléctrica" para que los trabajadores municipales pudieran continuar con los trabajos.
Así se destruyó y se sigue destruyendo el patrimonio nacional. Manteniendo cierto simbolismo perverso; el lugar donde estaba la casa de Rosas fue acompañada por dos estatuas. Una de Sarmiento y otra de Urquiza (inaugurada en 1958 bajo el gobierno del golpe de Estado de 1955. Recién en 1999, se instaló una estatua de Juan Manuel de Rosas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario