1-Algunos Antecedentes
En líneas generales el Positivismo Argentino es entendido, generalmente, como una corriente de pensamiento. Pero esta primera aproximación a una definición encierra también una visión o forma de cómo se plantean para el Positivismo algunas cuestiones relevantes que hacen en definitiva a una necesaria contextualización. En principio el Positivismo implica una forma o modalidad del conocimiento. En el caso de nuestro país, esta visión de la realidad fue esencialmente hegemónica, se relacionó con una interpretación de la realidad y se vinculó con el naciente Estado Moderno. El desarrollo de las ideas positivistas argentinas comienza en el marco de la llamada “generación del ochenta”. Dentro de una situación peculiar del país, donde, se llegaba a una supuesta “ paz social”, que era producto de largos años de disturbios, desencuentros y guerras internas. En pocas palabras, el Positivismo aparece luego de las Guerras de la Independencia, las Guerras Civiles, la Guerra del Paraguay y de la Conquista del desierto. Pero, esa “ paz social”, ocultaba la existencia de conflictos aún latentes, una fuerte hegemonía de Buenos Aires y fundamentalmente la puesta en marcha de una serie de dispositivos de control que se iban a orientar hacia determinados grupos sociales.
Los derrotados de Caseros y Pavón y en poco tiempo los inmigrantes, que eran visualizados cono extraños, peligrosos y disolventes de la naciente sociedad Argentina. La cuestión de los inmigrantes merecería un estudio aparte, dentro de este trabajo, sería importante resaltar, en principio el “fracaso” de las políticas migratorias en la perspectiva de que no llegaron, quienes, el proyecto de la generación del ochenta esperaba <inmigrantes esencialmente sajones> en cuanto a raza, sino que vinieron a la Argentina los “pobres de Europa”, poblaciones que, en general, huían del hambre, las injusticias y las desigualdades sociales. Para colmo, a estas poblaciones se las empezaba a ver como peligrosas porque portaban el estigma de traer ideas contestatarias, que se estaban expresando como mucha fuerza en Europa; Anarquistas, Comunistas y Socialistas. Por otra parte, la Argentina de los ochenta, tiene su mirada puesta en Europa, este continente y en parte los EEUU, son un modelo a imitar. Esta cuestión puede ser interesante desde la perspectiva en que se apoya el discurso de la generación del ochenta en cuanto a la desvalorización de lo propio y la exaltación de lo ajeno. Es decir, todo lo que connote alguna referencia al pasado hispano o aborigen, para el pensamiento Positivista va a significar; atraso, degeneración, obstáculo o imposibilidad. Estas cuestiones pueden ser interesantes en cuanto a la orientación racista de esta corriente de pensamiento en nuestro país. O podría leerse desde la perspectiva de los fuertes lazos de dependencia económica y política de la Argentina con Inglaterra, relacionados con un contexto internacional bastante peculiar, la inserción de la Argentina como país agroexportador y el enriquecimiento que esta coyuntura otorgó a un grupo minoriario y oligárquico de nuestro país.
2- Positivismo y Construcción de la Realidad. Algunos Antecedentes.
Pero, el discurso positivista, en el caso de la Argentina, implicó, además, una forma de construcción de la realidad, que aún permanece en diferentes retazos de la vida cotidiana y fundamentalmente en las instituciones de la Acción Social y en sus prácticas profesionales. Ese discurso Positivista, implicaba una construcción de la realidad asentada en tres ejes; una interpretación del pasado, una mirada hacia el presente y una proyección de la Argentina hacia el futuro. Por definición el Positivismo, puede ser entendido como una corriente de pensamiento que se apoya en la experiencia, en el conocimiento empírico de los fenómenos naturales. Pero, desde la perspectiva de las Ciencias Sociales, el Positivismo también significó una posibilidad o apuesta de organizar la vida social a partir de parámetros científicos. La penetración del discurso positivista dentro del Estado Moderno y sus instituciones, implicó un otorgamiento de sentidos a éstas. En otras palabras, las instituciones de Educativas, Sanitarias, Jurídicas y Militares comenzaron a ser consecuentes dentro de la articulación de estas ideas en el campo de la práctica. De ahí, que el Positivismo implicó una Construcción de la Realidad en tanto que construyó sujetos de conocimiento sobre los que en poco tiempo las prácticas comenzarán a intervenir. Pero, esas construcción del Estado Moderno implicó una visión altamente centralizada de la política. Esa construcción del Estado Moderno en el caso Argentino implicó una formación de la sociedad, donde el discurso positivista implicará la aparición de nuevas lógicas y se relacionará significativamente con el origen y el desarrollo de la cuestión social en el Río de la Plata.
3- Raza y Obstáculo para la modernización.
La visión de la América Latina como “continente enfermo”, trasciende al Positivismo Argentino, el concepto proviene de un pensador peruano (Arguedas), pero implica una posibilidad de intentar un plano de análisis que vincula al Positivismo, en especial desde su expresión social con las ideas de Darwin y Spencer. En el caso de la Argentina, Ramos Mejía, pondrá el acento en la cuestión de las migraciones, su temor se asienta en lo que el denominaba “población aluvional”, la expresión de ésta, se daba en las multitudes, las que Ramos Mejía, caracterizará como “fenómeno morboso”. De ahí, que Ramos Mejía se oponga a la ley Saenz Peña. La resolución al problema de las multitudes desde este autor es a través de la educación, desde allí, propondrá que las escuelas desarrollen formas de culto a la Patria y una nueva disciplina, que aún se mantiene vigente y que se representa en lo simbólico en la ritualización de los actos escolares. La educación para Ramos Mejía, implica una forma de disciplinamiento y la escuela se presenta como una metáfora aleccionadora. En síntesis, se plantea una forma de resolver la gobernabilidad de una sociedad atravesada por multitudes, y que está ya demostrando su malestar. Las revueltas obreras de principios de siglo, los acontecimientos de la “Semana Trágica”, con la brutal represión de obreros y activistas, la ley de migraciones, son respuestas que el Positivismo Argentino va aplicando desde lo político. Pero, la situación había cambiado y la estructura social de la Argentina también. Aún así, quedan como resabio de esas cuestiones, los sentidos que van a atravesar las prácticas que intervienen en lo social y que en parte se mantienen hasta el presente. En síntesis, raza en Ramos Mejía, implica fundamentalmente la condición de la población inmigrante, pero, esta en definitiva, se estaba mezclando en las orillas de la ciudad con los viejos excluidos, esos que, en la Argentina del Centenario eran los descendientes de los derrotados en Caseros y Pavón. Otro autor interesante en esta perspectiva es Bunge, este plantea que se es inferior por pertenecer a una raza y a un medio social y geográfico. No hay resolución posible en este autor. Apelando a viejos conceptos darwinianos, sostendrá la idea de la supervivencia del más apto, y bendecirá a la tuberculosis y las enfermedades venéreas porque, en definitiva limpian la raza. Bunge, pone el acento en los instintos, pero en su relación con los “factores del medio”, así explica el “atraso” del interior del país a partir de la “pereza”, la “apatía “ y la “vagancia”, que caracterizan al gaucho. Este autor no cree que la mezcla de razas solucione el problema, de alguna manera apuesta a la desaparición del “otro”, y todo lo que la naturaleza no destruye debe ser disciplinado, se apoya en ejemplos latinoamericanos afirmando que Porfirio Díaz enseñó a los mexicanos a obedecer.
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