«Él [Frantz Fanon] pudo elegir la revolución. Nosotros, por evidentes razones objetivas, no podemos. Nuestra realidad es todavía la de continuar viviendo las contradicciones del sistema que nos determina, manejando una institución que negamos, realizando una acción terapéutica que rechazamos, negando que nuestra institución −que se ha vuelto por nuestra propia acción una institución de la violencia sutil y enmascarada− continúe "solamente" haciendo funcionar el sistema; intentando resistir a los atractivos de las siempre nuevas ideologías científicas con las que se tiende a sofocar las contradicciones, siendo nuestro deber hacerlas siempre más explícitas; sabiendo que realizamos una puesta absurda al pretender la existencia de ciertos valores eres mientras él no-derecho, la no-igualdad, la muerte cotidiana del hombre se erigen en principios legislativos.»
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