1 La subjetividad en América.
Podemos pensar la a la subjetividad en América como una
construcción histórica y social, como un producto que surge de un encuentro
entre diferentes procesos, donde lo individual se funde en lo
colectivo.
Esa correspondencia entre la subjetividad y lo colectivo no es unidireccional sino que surge
de permanentes interacciones y construcciones históricas, políticas y sociales.
Así, se constituye como terreno de disputa en el que diferentes modalidades
discursivas en tanto expresiones de poder, pujan, tensionan, triunfan y también
son derrotadas en diferentes momentos históricos.
Esta relación entre subjetividad y realidad social, implica formas de conocer, comprender y
explicar pero, asimismo, modalidades
afectivas, estrategias inconscientes y diferentes operaciones psicosociales que
dialogan con los imaginarios de cada época, generando diferentes formas de
disputa.
Así es posible
pensar la construcción de la subjetividad en América como un juego de
interacciones que se encuentra atravesado por diferentes relaciones de poder.
Estas, se expresan de manera imperativa y sutil. Se inscriben de diferentes
formas. Producen distintas marcas y trayectorias siempre ligadas al contexto, a
los avances y retrocesos, a las tensiones y juegos de poder y deseo.
La construcción de subjetividad en América es
consecuente y dialoga con la descripción
que hace Álvaro García Linera de nuestros devenires históricos cuando afirma[1]…“Luchar, vencer, caerse,
levantarse, luchar, vencer, caerse, levantarse. Hasta que se acabe la vida, ese
es nuestro destino”… En América la subjetividad es la posibilidad de
pensarse a sí mismo desde lo colectivo. Donde la Otredad nos
constituye, se funde con la tierra, con lo sagrado, con los otros.
La conquista implica la
imposición de un tipo de subjetividad que coercitivamente justifica el saqueo,
la colonización del pensamiento, la coacción que lleva a fortalecer estereotipos
apoyados fundamentalmente en la ratificación de una supuesta inferioridad en ese Otro que no se asemeja al
conquistador.
Así, la colonización impone
la apropiación de la de la subjetividad a través de diferentes dispositivos por
parte de un poder que se enuncia así mismo como superior. Ratificando desde
allí, desde su capacidad de infligir dolor, su superioridad deshumanizando,
imponiendo una forma de racionalidad que se autodenomina superior.
De esta manera en nuestro
continente, muchas veces no hablamos por nosotros mismos, somos hablados por
otros y repetimos esa habla, esa discursividad, como si fuera propia. Asimismo
nuestra subjetividad es apropiada, robada, saqueada y especialmente encerrada
dentro de la lógica del dominador. La subjetividad se transforma en campo de
batalla, en lugar de tensiones, en terreno de disputa, simplemente desde la tozudez, desde la búsqueda de la
integración perdida, desde la interpelación.
2 Neoliberalismo y subjetividad.
La noción de subjetividad,
en el pensamiento cartesiano implica fundamentalmente una separación entre la
humanidad y la naturaleza. A así la llamada “humanidad” por el pensamiento europeo, fortalece sus
argumentos para adueñarse de la historia,
y de la naturaleza; asaltar, saquear, imponer la lógica de la conquista. El
“pienso, luego existo”, se complementa con la justificación de la conquista y
el la connotación de humanidad, solo a unos pocos europeos. De estas forma
Occidente saqueó el planeta y hoy sufrimos
consecuencias de todo tipo.
Desde ésta imposición al mundo, se atribuyó una propiedad de la historia por
parte de Europa como algo univoco, es decir, habrá una sola historia que
proviene de una sola palabra, de una sola discursividad. Así la historia será
universal enunciada desde una sola
perspectiva y desde allí construirá una subjetividad dominante donde aquellos
que quedaron fuera de ese proceso, sencillamente “no son”, así, pierden su
condición humana. Podrán ser masacrados, torturados, vendidos, esclavizados.
Con diferentes operaciones pretenden,
desde hace quinientos años capturar la subjetividad en América para imponer otra, apropiándose y encarcelando rostros y cuerpos,
imponiendo corporalidades dominantes y, desde un racismo tenebroso, logran a veces
que se pierda la noción de lo propio, incluso que se lo niegue o rechace.
3 Los procesos de subjetivación
La subjetividad desde el
pensamiento europeo implica, también el resultado de procesos de
“normalización” y disciplinamiento. Para Michel Foucault, estos, se llevan
adelante en espacios cerrados como el Escuela, el Hospital y la Familia.
El apogeo del neoliberalismo
y los destrozos que marcan su inexcusable caída, propone, desde su agonía
nuevos mecanismos de disciplinamiento y “normalización”. En su última etapa,
desconfía de los espacios cerrados y desde la exaltación de la libertad de
mercado construye una forma de subjetivación que se vincula pura y
exclusivamente con este, como un nuevo Dios medieval, unívoco y omnipresente,
con sus sacerdotes y las formas tecnológicas de la inquisición.
Se es según lo que el mercado acepte y
considere correcto, equiparando a la vestimenta con las fotografías retocadas y
la política realista.
El mercado construye a su
propio sujeto, se apropia del deseo, inventando, creando un gobierno del alma
donde la sujeción ahora pasa por la tensión entre la inclusión y la exclusión
social, de este modo quienes acepten sus liturgias podrán seguir en la ilusión
de pertenecer aunque vivan en la peor de las miserias, reforzando su certeza
con frases de auto ayuda.
Desde allí encauza
conductas, promueve sacrificios, justifica la codicia, generando formas de
desigualdad desconocidas hasta ahora.
La subjetivación dejó de transcurrir por la institución cerrada, la subjetividad actual
la construye el mercado y, tal vez las nuevas formas de encierro se escondan en
la supuesta invisibilidad de las redes
sociales, donde se supone que se es libre, allí donde las opiniones se
entrecruzan con el secuestro de la verdad,
las noticias falsas y la violencia verbal. Mientras se comienza a aceptar
que todo es una manipulación que irracionalmente seguimos aceptando.
4
La subjetividad como terreno de disputa, es algo
más que la batalla por el sentido común.
Definirla , tal vez sea útil para pensar posibles espacios de contienda. Donde no
se trate solo de luchar, sino, fundamentalmente, de saber porque se lucha.
[1] Álvaro García Linera en Argentina:
"Luchar, caer, levantarse. Caerse, levantarse…”
en:https://causainfinita.blogspot.com/2016/05/alvaro-garcia-linera-en-argentina-no.html