martes, 15 de marzo de 2022

La Noción de Capital Social y la Intervención desde una perspectiva situada. Por: Alfredo J. M. Carballeda


1- Algunas aproximaciones
El denominado “Capital Social” es un concepto que proviene de las Ciencias Sociales y, en principio se refiere a las características de los lazos sociales y sus entramados a nivel relacional, asociativo, de referencia y pertenencia en los que se inserta una persona, grupo, cultura o sociedad.
Sus orígenes se pueden ubicar a principios del siglo XX a través de Lyda Judson Hanifan en 1916 en EEUU, mientras se desempeñaba como supervisor de Educación Estatal en escuelas rurales. Esta, hacía referencia a la relación entre participación comunitaria y logros escolares”...El individuo está desamparado socialmente, si se lo deja solo. Si entra en contacto con su vecino, y ellos con otros vecinos, se producirá una acumulación de capital social, que podrá satisfacer inmediatamente sus necesidades sociales y que podrá tener una potencialidad social suficiente para la mejora sustancial de las condiciones de vida de toda la comunidad...” Para Pierre Bordieu, quien retomó ese concepto muchos años después, el Capital Social se relaciona con la existencia de una serie de relaciones sociales que ,dan la certeza a sus integrantes del acceso a un conjunto de recursos, tanto en el presente como potenciales.
En la década de los noventa del siglo pasado, la noción de Capital Social fue potenciada, tal vez por los avances de la lógica neoliberal que generó una ausencia de seguridades desde lo social, especialmente a partir del desmantelamiento del Estado de Bienestar y las garantías que otorgaban los dispositivos de protección social, la construcción de contactos, circulación de información y cuidados y especialmente el resguardo y el amparo, podían ser reemplazadas desde las relaciones interpersonales. En otras palabras, el Capital que se acumulaba a través de derechos conquistados y estabilidades, se había difuminado y era reemplazado por algo diferente pero similar: las relaciones sociales. Junto con el concepto de Capital Social, también se entrelaza el de Capital Simbólico, que en general se asocia con, la confianza, honradez, generosidad y otros atributos, que generan pertenencia dentro de espacios de confianza mutua. A partir de esos años, el Capital Social como forma de explicación, abarcó muchísimas más esferas, especialmente desde los aportes de James Coleman, explicando los efectos del neoliberalismo y especialmente desde el daño que genera la desigualdad, incluso las condiciones del desarrollo o sub desarrollo.
Otro autor que marca la década de los noventa, en este caso más vinculado con la Ciencia Política, también hace referencia a este concepto como una forma de respuesta y solución a un mundo cada vez más fragmentado, incierto y desigual. Se trata de Francis Fukuyama, autor de “El fin de la Historia y el último hombre”, texto que para muchos tuvo connotaciones excepcionales, dado que negaba toda lucha o tensión relacionada con la ideología y ubicaba a América Latina en el “barro de la historia”, por supuesto olvidando, invasiones, saqueos e imposición de dictaduras militares y dependencias económicas. Para este autor, el Capital Social se convertía en un elemento esencial para el funcionamiento del mercado y la democracia. Desde allí, se justificaron las democracias de Mercado, la ausencia de Estado, especialmente en sus aspectos relacionados con la regulación del primero y la Seguridad Social.
2-Capital Social e Intervención.
Desde la intervención en lo social es posible organizar el concepto, adaptarlo a ésta y conferirle, tal vez una significación que lo desprenda de una lógica orientada hacia lo económico y la eficiencia o el rendimiento, especialmente desde su vinculación con el concepto de necesidad, asentada en una perspectiva de derechos.
Así, la noción de “Capital Social”, puede dialogar con la de vulnerabilidad, dado que desde la posesión de mayor o menor capital social es posible analizar la situación de vulnerabilidad de una persona e incluso puede transformarse en un observable de su situación y, especialmente del impacto que sobre ésta tienen los problemas sociales que se presentan en las diferentes demandas de intervención en lo social. Desde la intervención el “Capital Social” se relaciona con los lazos sociales y con las tramas sociales que contienen, apoyan o hacen compleja la relación entre la persona y su mundo más inmediato.
Determinados condicionantes sociales pueden restringir e incluso anular ese “capital” a través de presiones, injusticias, desigualdad y represión.
En otras palabras, la sociedad, lo político, la economía, lo facilita o desarticula. Desde esta perspectiva, el Capital Social, no se trataría de un atributo individual que la persona genera sino del producto a nivel subjetivo y singular de lo que una sociedad genera o construye en cada integrante de ésta.
Así, el Capital Social desde la Intervención puede ser entendido como un conjunto de recursos materiales y simbólicos que se relacionan a través de diferentes inscripciones, sentidos, donde el Poder y el Deseo interactúan con el escenario de intervención.
Ese conjunto, puede estar a disposición del sujeto o de los diferentes integrantes de un grupo, facilitando acciones que, desde lo individual o lo social se vinculan con lo colectivo. Toda acción singular es producto de un contexto, de un juego de interacciones, de la memoria, en otras palabras el Capital Social es esencialmente colectivo, aunque se exprese singularmente, simplemente porque se construye desde allí, desde ese lugar, con otros y las condiciones socioculturales son las que lo facilitan u obstruyen. El Capital Social desde esta perspectiva, requiere de dispositivos institucionales que estén allí, preparados para dar cobijo y no ausencia cuando surge la demanda.
La Intervención de esta manera se transforma en un instrumento que tiene la posibilidad de recuperar Capital Social, desde lo singular, lo territorial y la Organización popular. No se puede construir Capital Social en soledad, se necesita de otros que compartan sueños y proyectos.
Para que haya Capital Social debe haber un Estado que acompañe esa construcción cuya finalidad es la cohesión de la sociedad. No hay muchas posibilidades de construir Capital Social sin inclusión social, y perspectivas de integración y movilidad dentro de una sociedad. Es decir, el Capital Social, en clave de Intervención en lo Social, tal vez se vincule más estrechamente con la pertenencia, con la identidad colectiva, con las prácticas que las construyen, muchas veces desde las múltiples formas de resistencia a la desigualdad.
Bibliografía:
Putnam, Robert D. (2000). Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community . Nueva York: Simon & Schuster.

lunes, 7 de marzo de 2022

De “ El día es como un pájaro amaestrado”… 2da parte Por : Alfredo J.M. Carballeda


En los recuerdos de mi infancia el peronismo era una promesa y el recuerdo de un pasado feliz que no había vivido y que cuando me lo relataban me hacía sentir parte de un todo, de un país, de una nación. También, el peronismo era angustia en la cara de mi abuelo y en la de mi padre cuando disimulando lágrimas frente a mí se reponían de fracasos, traiciones y noticias que mucho más tarde traté de comprender. Pero, mientras iba pasando el tiempo el peronismo era sobre todo esperanza y prometía mejorar ese pasado. Tenía la certeza que la vuelta de Perón le traería a mi padre una forma de alegría yo que nunca había conocido. Empecé a buscar en detalles, miradas, gestos una especie de lenguaje silencioso que construía otra forma de comunicación y construcción de identidad desde lo prohibido. Desde niño intenté saber cómo descifrar esa forma de comunicación donde los compañeros estaban presentes sin presentarse como tales, si decir las palabras que la revolución fusiladora había prohibido. En mi escuela, como creo que en la mayoría de esos años, mucho menos se podía pronunciar las palabras prohibidas, pero tuve maestros que hablaban de Perón contando diferentes historias, en especial de Rosas. Podría decir que me hice peronista por Rosas y, en la complicidad de rebelarnos contra la disciplina de la escuela empezamos a mirar a Sarmiento de una manera diferente de lo que decían los libros oficiales. En una extraña alteración de las coordenadas del tiempo y el espacio Rosas me habló del Peronismo. Así, la esperanza irracional lo fue confirmando y los años de alguna manera fortalecieron un andamiaje imposible para la lógica del pensamiento occidental. Una estructura que normalmente está en cuestión por irracional, imposible, apasionada, y siempre derrotada para siempre. Tal vez por ello el peronismo asusta tanto a la oligarquía y a quienes se sienten como ella, generando tanto odio, rechazo, revancha contra todo aquello que lo albergue, explique o simplemente lo nombre. Un pensamiento que siempre es visto como poco académico y que nos lleva a rendir examen cada vez que nos identificamos en ese lugar. Se hace difícil explicar con la lógica cartesiana los sentimientos. Así fue que un día me sentí peronista, cuando<estimo que ese es mi recuerdo más sólido> entrando a un acto político en una cancha de fútbol una voz femenina me dijo; pase por acá compañero y la imagen inmediata a ese recuerdo es un estadio colmado de banderas, colores, alegría , una comunión que aún me conmueve cuando la recuerdo. Las palabras de esa compañera, a la cual nunca conocí, operaron en mi memoria, ordenando posiblemente lo que se había construido durante mucho tiempo y de esa manera se le pudo poner nombre. También el peronismo me enseñó que las certezas nunca se construyen en la victoria, renacen y se amplían en las derrotas, quizás por eso muchas veces hayamos transitado senderos extraños casi por nuestra propia voluntad. Por eso, tal vez, necesitemos derrotas para construir nuevas certezas y tengamos la capacidad de convertirlas en victoria.

El territorio como relato. Una aproximación conceptual. Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda

  “ Edegemont Avenue parece una zona en guerra, pero como se encuentra al sur de Lowbriar, al menos es una zona en guerra mayoritariamente blanca, poblada por los descendientes de los montañeses de Kentuky y Tennessee que migraron allí para trabajar en las fábricas después de la II Guerra Mundial. Ahora las fábricas han cerrado, y gran parte de la población se compone de drogadictos que se pasaron a la heroína marrón cuando la oxicodona se puso demasiado cara”

Stphen King. Mr. Mercedes
“Las aguas fluían ensanchando su curso a través una turba de islas boscosas; uno podía perder el rumbo en ese río lo mismo que en un desierto, chocando contra los bajíos, tratando de encontrar el canal, hasta que uno se imaginaba embrujado y aislado para siempre de todo lo que se había conocido alguna una vez, en algún lugar lejos, en otra existencia quizá. Había momentos en que el pasado volvía, como sucede cuando uno no tiene ni un momento para dedicarse a sí mismo; pero aparecía en la forma de un agitado y ruidoso sueño…”
Joseph Conrad. El corazón de las tinieblas
“La fertilidad de estas tierras se la debemos a la sangre de los hombres y las lágrimas de las mujeres…”
Leopoldo Marechal. Antígona Vélez.
1- Algunas Aproximaciones
La existencia está signada por la narración. Existimos como sujetos histórico sociales en la medida que estamos insertos dentro de diferentes formas de discursos. Pero, los relatos no son circunstanciales o aislados se inscriben en espacios determinados más o menos exactos, donde la certeza la acerca y la confiere el territorio, desde un lugar, espacio, cartografía o coordenada donde algo es contado, narrado. De ahí que, es posible pensar que la territorialidad se construye de forma discursiva.
Por ejemplo, los barrios no existirían sin relatos, sin historias; serían solo una serie de frías descripciones de catastros municipales, ausentes de sentido, zonas grises, sin historia, identidad o pertenencia. Sin relatos los barrios de las ciudades quedarían desiertos e inhabitables. En nuestro continente, el silencio y los discursos que impusieron los terrorismos de Estado y de Mercado dan cuenta de esa dificultad para habitar, que muchas veces se traduce en violencias inexplicables que atraviesan los lazos sociales, ratificando la fragmentación de la sociedad.
La identidad se construye a partir de la otredad. Al reconocer la existencia de un Otro, la propia persona asume su identidad.
No hay Otro sin contexto y sin historias para contar, la ausencia de éste o su introducción en coordenadas de incertidumbre y temor, produce una forma de silencio que se transforma en perplejidad, angustia y soledad, que muchas veces es traducida en una sensación de ausencia del todo que llamamos sociedad. De allí que el lazo social se construye en gran parte desde formas del discurso situadas territorialmente. Hay lazo en la medida que haya un Otro en tanto posibilidades de intercambio, reciprocidad y trama social situados en un espacio y un tiempo.
De este modo, el territorio, se puede considerar como un punto de intersección entre el Espacio y el Lugar. Michel de Certeau define al Lugar como; una configuración instantánea de posiciones y al Espacio como un cruzamiento de movilidades transitado. El lazo social articula, genera diálogo y cohesión entre Espacio y Lugar.
Desde una noción de Territorio, donde este es entendido como nudo o punto de intersección, éste, requiere, casi de manera indefectible de un narrador que articule, Espacio, Lugar desde la Cotidianeidad.
Asimismo, el territorio a diferencia del espacio físico, se transforma permanentemente en una serie de significaciones culturales con implicancias históricas y sociales.
También desde la etnografía el territorio puede entenderse como algo singular, especialmente desde la significación…“Referirnos al territorio no es lo mismo que referirnos a la tierra, y por tanto, no se puede medir ni contar; él es una significación y por ello para asirlo lo nombramos y vivimos como calle, avenida, parcela, huerta, potrero, edificio, pueblo, ciudad, casa, parque, plaza, entre otras formas. Podemos recurrir a la etnografía para establecer la diferencia entre territorio y tierra. Para los yanaconas del sur de Colombia el territorio vendría siendo la concatenación entre el mundo y el entorno, y la tierra, el medio de trabajo donde se ponen en evidencia no sólo relaciones económicas, sino también roles sociales, lazos de parentesco, y ciertos rituales que implican como ellos dicen, “amansar” o domesticar….
El barrio, en tanto espacio y lugar territorial es un texto que es narrado desde el urbanismo, la arquitectura, la disposición de las casas, sus formas, el tipo de calles, los grafitis , las diferentes circulaciones y las historias de quienes lo habitan. Desde esta perspectiva, el barrio se presenta como un mundo de significados donde cada habitante se reconoce y reconoce a los otros, diferenciando referentes espaciales, relacionales e históricos que pueden ser compartidos.
El tiempo personal, singular, el colectivo, el narrado y el percibido, pueden hacer posible una traducción, en términos de intervención social, de esa construcción territorial que se oriente hacia la de búsqueda de marcas históricas y sociales, pasadas y presentes. Como si se pudiese, tal vez, desde allí, montar un pentagrama, con notas, melodías y silencios.
El territorio, también se construye desde una complejidad indiciaria, que le confiere una uniformidad de variaciones, donde lo inesperado, aquello que surge desde el devenir de la palabra, la imagen y las articulaciones a veces incomprensibles le dan una forma singular.
De este modo el Territorio es construido y nos construye, siendo un escenario por donde circulan los discursos que cumplen esa función. Transformando los espacios en lugares y viceversa, allí en ese encuentro, en esa intersección es posible que lo histórico social que atraviesa el territorio sea reconstruido.
El Territorio, también, puede ser entendido como una especie de relato cartográfico, donde la acción se despliega a través de los lazos sociales que lo articulan y cargan de sentido. Allí es donde confluyen en relación con las diferentes formas de subjetividad, los lazos con uno mismo, los otros, lo sagrado y la naturaleza .
Así, la mirada hacia lo territorial, se ratifica desde un pensar situado, donde las coordenadas que marcan su cartografía son socioculturales, y espaciales, pero también nos hablan de ritualidad, significaciones y vida cotidiana
La intervención en lo social desde una perspectiva territorial, implica salir a buscar y despertar las historias que recorren las calles, a veces desde un sucinto nombre. Las historias del territorio también son las puertas de acceso a los barrios, las calles y las plazas. Como así también a la ciudad en general. En cierto sentido, el arraigo y la vinculación con los espacios territoriales se basa en que vivimos de historias, narraciones, reverberaciones y recuerdos del lugar (propios o ajenos). “…Hay que despertar a las historias que duermen en las calles y territorios y que yacen a veces en un simple nombre (toponimia), o esperan replegadas en los corazones de esos viejitos del parque (tradición oral), detalles nimios y ligeros como las nubes en los días de viento, siempre marchándose. Las historias son las llaves de los nuevos barrios, de las calles, de los parques y de la ciudad en general. En cierto sentido, el arraigo y la vinculación con los espacios se basan en que los ciudadanos vivimos de historias, narraciones, resonancias y recuerdos del lugar…” Desde la intervención en lo social, el territorio es el nexo entre lo macro social y lo micro. Si bien la intervención se singulariza en espacios micro sociales, instituciones, familias, barrios, ese lugar de lo micro está atravesado por lo macro y mediatizado por lo territorial, que en caso de estas prácticas podría ser mencionado como lo <<meso social>>.
También dentro del relato territorial, se construyen las pujas y relaciones de poder, constituyendo nominaciones, órdenes gramaticales y sintaxis para unos y otros. El Territorio se delimita en tanto es nombrado. Pero, esas formas de nominar, implican un atravesamiento de lo macro social que llega hasta la singularidad de lo micro, transformándose también en un lugar de encuentro y mediaciones permanentes, en constante movimiento.
El mapa que describe el Territorio, implica una forma de oralidad que es posible rastrear en los orígenes de las cartografías, donde, el recorrido era narrado, aprehendido desde una poética que se transmitía a través de los tiempos. Los puntos de llegada, recorrido y partida, conservan hasta hoy, retazos de esas formas de descripción.
2- El Territorio en América
…el pretexto de que unos ambiciosos que saben latín tienen el derecho natural de robar su tierra a unos africanos que hablan árabe; el pretexto de que la civilización, que es el nombre vulgar conque recorre el estado actual del hombre europeo, tiene derecho natural de apoderarse de la tierra ajena perteneciente a la barbarie, que es el nombre de los que desean la tierra ajena dan al estado actual de todo hombre que no es de Europa o de la América europea”… José Martí
Lo territorial en América da cuenta de una singularidad que parte de una construcción cartográfica impuesta por diferentes formas de dominación colonial que subsisten hasta hoy. Los mapas de América son relatados, nominados y escritos a través de diferentes formas de conquista. En nuestro continente, Espacio y Lugar, también implican formas diferentes de circulación, encuentro y formas discursivas, relacionadas con las guerras para controlar nuestras geografías y las resistencias a esas imposiciones.
De este modo la fuerza indiciaria de la inscripción de las imágenes como fotografías que se imprimen en la memoria colectiva se construye singularmente en América desde imágenes inesperadas, donde la realidad se ratifica a partir de detalles <indicios> que aparentemente no cumplen un papel funcional o se “esconden” en los vericuetos culturales del paisaje.
El territorio de ese modo se transforma en el lugar del acontecimiento; lo construye como tal, le confiere características singulares, requiriendo de miradas agudas que aporten elementos para comprender y explicar lo que se surge de manera constante e imprime en la identidad de quienes lo habitan. De ese modo, las narrativas del territorio cuentan desde lo pequeño, en términos de lo indiciario, hasta el relato histórico global de éste. Esas narrativas son, en otras palabras, descripciones cargadas de sentido que dan apoyo espacial a prácticas y discursos colectivos . Los territorios, de este modo, se fundan desde narrativas. La singularidad americana, da cuenta de estrechas relaciones entre población y espacio de asentamiento, como procesos de constitución de espacios sociales.
Según Gerardo Damonte, las narrativas territoriales poseen características definidas; son de base histórica y se actualizan en forma permanente; se contextualizan, o sea, se relacionan con las circunstancias del momento; se presentan como fuertemente colectivas, el relato remite siempre a un todo histórico social; en general se encuentran interrelacionadas; de definen por adscripción y no por dominio territorial.
De este modo, lo territorial, en clave de pesar situado, implica que éste es en espacio donde confluyen una serie de coordenadas que se ordenan a través del relato, pero que de base son socioculturales, temporales y espaciales.
El territorio en América es un relato que tramita, media, genera interacción y diálogo entre pasado, presente, identidad y cultura en un espacio determinado en el devenir de los sujetos histórico sociales que lo habitan. Así, las fronteras que se construyen con la lógica occidental europea están atravesadas por una serie de características artificiales que colisionan con la cultura. La necesidad de objetivación, organización y cuadriculación de los territorios en América, se relacionó con la dominación, el saqueo, la explotación de personas y recursos. Desde esta perspectiva es posible aproximar algunas explicaciones a las características de los barrios urbanos que el terrorismo de estado y mercado transformó e impuso por la fuerza en muchos casos en guetos arrasados y erosionados a través de lógicas ajenas a las culturas signadas por la violencia, construyendo nuevas formas de circulación, privatización de los espacios, y, construyendo a su vez mas y complejas relaciones con lo institucional. La multifuncionalidad en tareas, papeles, formas de producción genera composiciones sociales heterogéneas y dinámicas que los fueron transformando en espacios en tensión. Las mismas, se pueden vincular con los movimientos poblacionales forzados por las diferentes crisis económicas que se generaron especialmente desde la dictadura militar. Estas tensiones y conflictos se ponen en escena desde diferentes aspectos de la vida cotidiana y a veces puede tener mayor violencia, especialmente en conflictos originados en el uso del suelo como hábitat, es decir por la ocupación de nuevas tierras.
La conquista, con todas sus implicancias generó integraciones y disputas inesperadas. Desde esa complejidad histórica y cultural se construye la noción de lo territorial en América. La puja por el uso del suelo a partir de diferentes actividades sobre este, que van desde habitarlo hasta diferentes formas de producción, la mayoría de las veces sin planificación, constituyendo más y nuevas formas de conflictividad.
La relación entre violencia y territorio en América, no es nueva, proviene básicamente de la sistematicidad de la conquista y el saqueo. Se orienta a la apropiación de personas, culturas y recursos, construyendo una forma de dominación que se apoya en la negación de la otredad.
Desde la opresión más compulsiva, hasta la que se enmascaró en la construcción de “brazos de civilización” que desde las metrópolis “blanqueadas” desde la raza y la cultura penetran en la barbarie para generar nuevas formas de lo territorial asentadas en la construcción de “barreras de contención” de lo bárbaro, lugar de captación y captura para la observación y domesticación de esa otredad nunca comprendida, quizás por la falta de conocimiento o reflexividad europea.
Así, parte del espíritu fundacional de las instituciones de nuestros Estados Nación como puestos de lucha contra un enemigo que dejaba de ser diferente para transformarse en desigual.
Tal vez, reconociendo algunos de esos trazos, y especialmente a partir de los avances en inclusión social en los últimos años, sea posible elaborar, pensar y profundizar modalidades de intervención social que pongan a la cohesión como valor superior, por encima de los recursos y la accesibilidad
En definitiva, es posible desde América, aproximar con más certeza la relación ; relato, identidad, territorio desde; narrativas que se apoyan en elementos variados como naturaleza, paisaje, medioambiente construido, la cultura y etnicidad, los factores económicos, las formas de la desigualdad y las básicamente , singulares fronteras entre el nosotros y ellos. La identidad territorial se apoya en la conjunción entre el medio físico, la historia y la continuidad social.
Bibliografía:
Certeau, Michel. La invención de lo cotidiano. Universidad Iberoamericana. México 1990.
Damonte, Gerardo. Construyendo territorios. Narrativas Aymaras contemporáneas. GRADE. Perú. 2011.
Llobera Serra, Pablo. Somos Paisaje.
Nates Cruz . Beatriz. Soportes teóricos y etnográficos sobre conceptos de territorio.Revista Co-herencia Vol. 8, No 14 Enero - Junio 2011, pp. 209-229. Medellín, Colombia