lunes, 7 de marzo de 2022

De “ El día es como un pájaro amaestrado”… 2da parte Por : Alfredo J.M. Carballeda


En los recuerdos de mi infancia el peronismo era una promesa y el recuerdo de un pasado feliz que no había vivido y que cuando me lo relataban me hacía sentir parte de un todo, de un país, de una nación. También, el peronismo era angustia en la cara de mi abuelo y en la de mi padre cuando disimulando lágrimas frente a mí se reponían de fracasos, traiciones y noticias que mucho más tarde traté de comprender. Pero, mientras iba pasando el tiempo el peronismo era sobre todo esperanza y prometía mejorar ese pasado. Tenía la certeza que la vuelta de Perón le traería a mi padre una forma de alegría yo que nunca había conocido. Empecé a buscar en detalles, miradas, gestos una especie de lenguaje silencioso que construía otra forma de comunicación y construcción de identidad desde lo prohibido. Desde niño intenté saber cómo descifrar esa forma de comunicación donde los compañeros estaban presentes sin presentarse como tales, si decir las palabras que la revolución fusiladora había prohibido. En mi escuela, como creo que en la mayoría de esos años, mucho menos se podía pronunciar las palabras prohibidas, pero tuve maestros que hablaban de Perón contando diferentes historias, en especial de Rosas. Podría decir que me hice peronista por Rosas y, en la complicidad de rebelarnos contra la disciplina de la escuela empezamos a mirar a Sarmiento de una manera diferente de lo que decían los libros oficiales. En una extraña alteración de las coordenadas del tiempo y el espacio Rosas me habló del Peronismo. Así, la esperanza irracional lo fue confirmando y los años de alguna manera fortalecieron un andamiaje imposible para la lógica del pensamiento occidental. Una estructura que normalmente está en cuestión por irracional, imposible, apasionada, y siempre derrotada para siempre. Tal vez por ello el peronismo asusta tanto a la oligarquía y a quienes se sienten como ella, generando tanto odio, rechazo, revancha contra todo aquello que lo albergue, explique o simplemente lo nombre. Un pensamiento que siempre es visto como poco académico y que nos lleva a rendir examen cada vez que nos identificamos en ese lugar. Se hace difícil explicar con la lógica cartesiana los sentimientos. Así fue que un día me sentí peronista, cuando<estimo que ese es mi recuerdo más sólido> entrando a un acto político en una cancha de fútbol una voz femenina me dijo; pase por acá compañero y la imagen inmediata a ese recuerdo es un estadio colmado de banderas, colores, alegría , una comunión que aún me conmueve cuando la recuerdo. Las palabras de esa compañera, a la cual nunca conocí, operaron en mi memoria, ordenando posiblemente lo que se había construido durante mucho tiempo y de esa manera se le pudo poner nombre. También el peronismo me enseñó que las certezas nunca se construyen en la victoria, renacen y se amplían en las derrotas, quizás por eso muchas veces hayamos transitado senderos extraños casi por nuestra propia voluntad. Por eso, tal vez, necesitemos derrotas para construir nuevas certezas y tengamos la capacidad de convertirlas en victoria.

No hay comentarios:

Publicar un comentario