jueves, 15 de julio de 2021

Las luchas del siglo XXI


Por Alfredo Carballeda
El fin del siglo XIX y gran parte del XX se caracterizaron por luchas obreras que pedían una jornada de trabajo de 8 horas y el respeto por los derechos sociales que se fueron obteniendo y generando a través de ese camino.
Trágicamente, los avances de la violencia de las dictaduras militares y el terrorismo de mercado a través de sus comunicadores y operadores generaron una forma de subjetividad que se acepte, e incluso se estimule, a veces en nombre de lo que llaman "meritocracia" que se trabaje el doble o mucho más. El temor a perder el trabajo, a la exclusión, sumada a a la imposición de "modelos de éxito" que generan y generaron mayor desigualdad hacen que el trabajo sea cada vez más precario y que esta violación a todo tipo de derechos sea aceptada, especialmente a través del terror y el autoritarismo de jefes, CEOS, directivos, etc.
En el siglo XXI, no solo se retrocedió al siglo XIX en muchos aspectos sino que algunos "expertos" en economía y "youtubers" mediáticos de la política plantean simplemente derogar esas conquistas y muchas otras.
La justificación, como siempre es tecnocrática y falsa, ahora pasa por : las nuevas formas laborales, el avance tecnológico y el mito del "costo laboral". Está demostrado largamente desde infinidad de autores que el costo laboral es lo que menos incide en el valor final de un producto. Igual insisten y manejan los medios de comunicación...
La solución es simple y justamente opuesta a esos planteos que muestran la fortaleza que le da la agonía a l neoliberalismo: gracias a los avances tecnológicos y las nuevas formas de producción, la jornada laboral se podría reducir a mucho menos de la mitad .
Esa sencilla medida terminaría con el desempleo y mejoraría la distribución de la riqueza. No olvidemos que lo mismo ya ocurrió a nivel mundial entre 1945 y 1975 cuando se redujo la jornada laboral a la mitad. Antes de esos logros se trabajaba entre 12 y 16 horas.
La codicia neoliberal impide este avance que mejoraría mucho más que la calidad de vida. Seria sencillamente poner al servicio de la humanidad el desarrollo tecnológico.
El camino es la distribución de la Riqueza. Se logra con Justicia Social, Independencia Económica y Soberanía Política, desde allí, desde esas sencillas cuestiones sería una buena manera de interpelar a la política.

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