domingo, 22 de agosto de 2021

Lo Social el Neoliberalismo y la Pandemia:

 

Por Alfredo J. M. Carballeda

Todo hombre se parece a su dolor.
André Malraux. La condición humana
La Pandemia sorprende a un mundo atravesado por posiblemente la etapa más depredadora del neoliberalismo. Lo hace, en un momento de la historia en el que la desigualdad y la codicia se hacen cada vez más evidentes. Sobrevolando escenarios donde el culto a la desigualdad y la eficacia del auto control sacrificial, organiza la vida cotidiana. Una época, donde una Civilización depredadora se autodestruye tratando de explicar y convencer sobre la necesidad de construir una sociedad que se encuadre dentro de la voracidad de un mercado cada vez más feroz y omnipotente. En el lugar donde el deseo queda engañado por la zancadilla dela auto empresa, del emprendedor, de los modelos de éxito quedando encerrado y desprendido de lo colectivo.
Así, la Cuestión Social dialoga con temas que superan la contradicción entre el Capital y el Trabajo. Se construye en la oscuridad de monstruosos y complejos sistemas de dominación que la contienen y que son mucho más eficaces. De este modo, la Cuestión social, también se entrelaza de manera particular con las nuevas expresiones de la desigualdad, la ruptura de tramas sociales y las posibilidades de resistencia.
La Cuestión Social, se hace más singular cuando la miramos desde América, donde el componente colonial y racial cubre y otorga nuevos sentidos a la noción de clases sociales.
Una forma de Cuestión Social que se cruza de múltiples maneras con procesos de subjetivación, éstos que, en América, son únicos porque tienen la historia de 500 años de colonialismo, cargan con la construcción de una subjetividad inferiorizada, de un deseo orientado a ser como quien domina.
La llegada del Covid19 hace aún mucho más complejos los problemas sociales que atraviesan a nuestra región. Le otorga nuevos sentidos al singularizarse territorialmente, cuando, puede ser más peligroso quedarse en casa que salir si no hay una clara política de Protección Social. Sencillamente: agrega una nueva forma de incertidumbre que se transforma en dolor, hasta ahora, desconocido que lo único que promete es un sufrimiento que se tramita en soledad.
La Pandemia interpela prácticas, instituciones y lógicas. Reclama una reaparición del Estado en lo Sanitario, lo Económico y la Intervención Social. Vuelve a mostrar que toda enfermedad es social y es producto de procesos colectivos, históricos y sociales. Hace recordar prácticas colectivas, las reafirma y muestra su necesidad. No se trata de virus y cuerpos solamente. La Pandemia se entrecruza con biografías, condiciones de trabajo, representaciones sociales, percepción del proceso salud enfermedad, vivienda, alimentación, violencias, tanto domésticas como institucionales y especialmente acceso desigual a derechos civiles y sociales.
El Covid19 distingue, casi meticulosamente, a los diferentes sectores sociales. De ahí que no alcance el discurso médico para comprenderlo. Convive con otros Problemas Sociales. Se suma a otras epidemias y enfermedades que atraviesan los espacios de la desigualdad, se entromete en lo inseguro, cohabita con el riesgo siempre latente que producen; la discriminación, el estigma, la violencia de las fuerzas de “seguridad”, la falta de agua, las diferentes formas de la precariedad.
Lo Social del fenómeno de la Pandemia, se hace singular, de ahí que las prácticas son interpeladas ahora, nuevamente a partir de historias que es necesario develar que se encuentran ocultas detrás de los números de las estadísticas. Se singulariza en la vida cotidiana, los lazos sociales, la mirada del Otro, así se resignifica su percepción y es posible comprender que hay situaciones que, como condicionantes se inscriben territorialmente. Allí la Pandemia, dialoga con noticias falsas, presiones políticas, judiciales y mediáticas que siguen, desde la lógica, neoliberal, convocando al sacrificio en nombre del Mercado mientras ocultan intereses de desestabilización política. Se dice “que mueran los que tengan que morir”, sabiendo que la cercanía con la muerte es casi el resultado de una danza macabra ahora selectiva regida por las leyes del mercado, donde desde antemano se sabe quiénes quedarán como en las planillas Excel de los oligarcas que nos gobernaron hasta Diciembre de 2019, tratando, de esta manera, sostener una lógica que hizo que la Ley se someta al mercado.
Así, la Política que cuida la Soberanía Popular, la Justicia Social o se enfrenta a la dictadura del mercado es denominada despectivamente “populista”, pareciera que todo lo que tenga connotación popular los asusta y asquea.
Toda apuesta a lo colectivo viene siendo sancionada de múltiples formas, dado que es posible pensar que el único deber en la subjetividad neoliberal es el bienestar de uno mismo, con vacunas o sin vacunas, con cuidados o sin ellos. No importa. Lo importante es la eficiencia de la empresa. El cuerpo es una empresa que debe ser bien administrada. Tal vez, por eso, se siguen prometiendo sociedades sin dolor, donde las sonrisas son calificadas y muchas veces prometen proximidades a un goce efímero, sociedades en las cuales se sanciona sentirse mal y se sobrevenden analgésicos y psicofármacos. Sociedades en las que las mascotas tienen los mismos o a veces más, derechos que las personas. Sociedades donde la condición humana es vergonzante.
Habitamos una cultura que se desvive por cuidar el cuerpo no para favorecer al todo social, sino para engañar al envejecimiento, engañarlo con la idea de una eterna juventud que intenta ser una falsa adolescencia infinita. El amor al propio cuerpo, exaltando lo externo, y a lo que se ve. Así, la corporalidad neoliberal es fundamentalmente maquillaje, utilería. El simulacro de los cuerpos perfectos es más importante que el virus, será quizá, en parte por eso que los muertos como masas vergonzantes, son abandonados sin rituales.
Una civilización que cambió la noción de verdad por la de evidencia, acrecentando la falta de certezas, olvidando que lo verdadero se construye socialmente, con otros, resolviendo las conflictividades de agobian y angustian. Una verdad sin fundamentalismos nos permitirá salir de éste que subrepticiamente nos introduce en una forma de verdad dogmática que es sostenida cotidianamente por los sacerdotes y monaguillos de la economía de mercado.
La Pandemia, tal vez, hizo visible la ausencia de Sociedad en la cual la escenografía del mercado nos introdujo, haciéndonos espectadores de un set de televisión. Posiblemente luego de la Pandemia podamos acceder a nuevas formas de posibilidad impensadas hace pocos meses. La importancia de un Estado Presente, la recuperación de los Derechos Sociales, el cuidado de la Sociedad, el desarrollo de una escucha activa que no silencie lo Social.
La Pandemia interpela a la Sociedad y con ella a las prácticas y a las instituciones, quizá nos lleve a nuevos nexos entre diferentes campos de saber, a una nueva forma de acceder al acontecimiento. En síntesis a como pensar y abordar las problemáticas sociales desde una perspectiva situada que articule la historia con el presente y tenga la capacidad de construir futuro de manera colectiva. Tal vez desde un nuevo humanismo que deje de lado el eurocentrismo, un humanismo no etnocéntrico, que integre subjetividad y territorio, en una comunidad organizada.




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