domingo, 29 de marzo de 2020


Pandemia y Cuestión Social

Por Alfredo J. M. Carballeda

"Solo sirven las conquistas científicas sobre la salud si éstas son accesibles al pueblo".
                                  Ramón Carrillo


Tal vez estemos viviendo una serie de acontecimientos que transformarán la historia y nuestra percepción de mundo. Pareciera que la Pandemia que hoy arrasa economías, discursos y verdades está terminando con un demonio que nos viene acosando desde hace décadas: el Neoliberalismo. Los sucesos actuales pueden ser interpretados de diferentes maneras pero, no cabe duda en la imposibilidad y peligrosidad que significa enfrentarla desde la lógica de la llamada “economía de mercado”. Asistimos  al espectáculo que muestra  como en días, horas, se difuminan “verdades” y poderes.  Los efectos de la desigualdad se hacen visibles y se enfrentan a la obscenidad de la riqueza acumulada en los últimos años, mostrando en forma descarnada la miseria de una civilización que enfermó mucho antes del  coronavirus.
El mito del llamado “Primer Mundo” se desvanece cuando un virus lo penetra y se lo enfrenta cuidando  en primer lugar al mercado y sus supuestos equilibrios. Encima,  pareciera que a este virus no le alcanza con la vida de los viejos, quiere más. El mercado no dudó en entregarlos en una especie de ceremonia sacrificial que prometía tranquilidad y se nuestra azorado y desengañado.
La pandemia avanza, mientras que los países que demonizaron al Estado y exaltaron la meritocracia son los más castigados. Evidentemente no se cura la infección por COVID 19 con cadenas  de rezos, fe, racismo y meritocracia. Se necesita de un Estado y una Sociedad unidos en un mismo proyecto.
La salud Pública Latinoamericana nos enseñó que las enfermedades se enfrentan en forma colectiva, sean pandemias, epidemias o lo que fuera y que  cuando alguien enferma, se  enferma  la comunidad. La Salud y la enfermedad de esta manera son procesos históricos y sociales y requiere de garantías donde la Salud es un Derecho que deber ser garantizado, no obtenido según la posición que cada uno tenga en el mercado.
Por otro lado, el Estado recuperando el papel de  protector de la Sociedad reemplaza  a una forma de la economía de  Mercado  que venía haciendo diferentes promesas de equidad y libertad  desde hace más de cuarenta años  y va demostrando cómo es posible llegar a la resolución de estos problemas desde Políticas Sociales que se integran a las Políticas de Salud.
Igualmente los profetas del libre cambio y muchas veces del odio presionan para que no haya o se quiten las medidas de protección. Utilizan su aparato mediático y económico, intentando  generar una especie de subjetividad que se subleve, de nuevo en nombre de la libertad. En esa desesperación, el Mercado se desenmascara como  des articulador social,  como generador  de padecimiento y fundamentalmente soledad.
El Estado- Nación, vuelve a ser un lugar de pertenencia, refugio y de legitimidad capaz de generar sentido, especialmente de libertad y comunidad.  Es decir el Estado – Nación retornando al centro de la escena, ordenando la Salud, la Educación, la Economía, aparece como una única salida. Pareciera  que aquello que se desarrolló en muchos de nuestros países y no fue muy bien comprendido por algunas luces eurocéntricas que  llevó a  denominarlo despectivamente  “Populismo”, sería un camino posible para resolver muchas más crisis que esta. 
Tal vez la cuestión sea mucho más profunda y lo que se está poniendo en cuestión es la racionalidad que Occidente impuso a través de guerras, conquistas y sometimientos. Quizás ese pensamiento cartesiano que separa violentamente  humanidad de naturaleza es lo que se ponga en cuestión interpelando y reclamando de esa manera por la pérdida de dignidad de ésta.

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