sábado, 9 de marzo de 2024

Una historia para el 8 de Marzo Las Mujeres de Villa Manuelita en 1955 Extraído de un documento de la Fundación Villa Manuelita

 

En el día de la mujer nuestro recuerdo a las bravas compañeras del Barrio Villa Manuelita, Verdaderas protagonistas de esa gesta popular. Mujeres que organizaban "falsos cumpleaños" para juntarse evitando las prohibiciones de la dictadura.
Cuando se avecinaba el Golpe de Estado que derrocó a Juan D. Perón en 1955 al sur de Rosario, entre las barriadas más pobres, está Villa Manuelita, con una sola calle principal, llamada Abanderado Grandoli, de barro mejorada con empedrado grueso como lecho para las vías del tranvía número once. Ahí estaba el frigorífico Swift.
Ellas sabían de las novedades del alzamiento de Córdoba y que con ojos angustiados se miraban entre sí preguntándose, sin palabras, qué pasaría con el frigorífico. (…) Con el ajetreo, a una de ellas se le desabrochó la blusa y asomaron sus pechos apenas atrancados por el último botón de la cintura. Parecía la imagen de la República Francesa enarbolando como bandera el delantal blanco. En eso, una de ellas giró su cabeza hacía la entrada de la villa y, dirigiéndose hacía un enemigo aún invisible, empezó a agitar al aire la ropa y a decir con fuerza, pero gravemente: ¡Vengan! ¡Tiren! ¡No le tenemos miedo! ¡Viva el general Perón! ¡Viva la compañera Evita! La vorágine se había desatado. Ligadas por un acuerdo mudo, ancestral, comenzaron a bloquear las vías del tranvía con enormes piedras, levantándolas con una fuerza descomunal. ‘¡Villa Manuelita no se rinde! ¡Viva Perón! ¡Mueran los traidores! ¡Viva Evita! ¡No van a pasar! Los gritos se entrecruzaban en diferentes lenguas, dialectos y acentos, pero, juntos decían una sola frase ¡Viva Villa Manuelita!
Llegaron los militares, se inició la represión. Por la calle Abanderado Grandoli avanzaba una formación de soldados que había llegado con la orden de tomar el tanque de agua.
La mujer del pecho desnudo comenzó a golpearse y dejaba surcos en cada gesto convertido en imán para el resto de las mujeres que empezaron a desabrocharse las blusas y a sacar sus pezones, únicas armas para defender la supervivencia. ¡Villa Manuelita no se rinde! ¡No hay libertad con hambre! ¡Evita vive! (…) de una casilla llevaron una pila de delantales blancos. Las mujeres empezaron a unirlos con alfileres, uno al lado del otro, hasta reunir varios metros de tela blanca. Sobre la bandera improvisada escribieron, con brea, bien clarito ‘Todos los países reconocen a Lonardi. Villa Manuelita no lo reconoce’ (…) de la columna de jinetes, tres soldados se apearon y lentamente se acercaron al tanque. Venían con la orden de quitar la bandera que desafiaba al general rebelde. Las mujeres arrastraban a sus hijos pequeños que lloraban y los alzaban consagrándolos hacia Dios que, a lo mejor, estaba en el cielo: ¡Adelante...! ¡Mátenlos!¡Asesinos!¡mátenlos!¡tiren cobardes!’ Los tres soldados se dieron media vuelta y volvieron corriendo. Dicen que uno iba llorando. Y Villa Manuelita, firme, ¡no se rendía!
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