Retornaron los dinosaurios
7 de Noviembre de 1955.
Los
oligarcas lograron volver a sus casas tomadas de la calle Rodríguez Peña[1]. A su ciudad tomada. La
encontraron surcada de manchas y apariciones, con olor a resistencia. Buenos
Aires, les empezó a asquear, ahora de otra manera, dentro del contradictorio
sabor de la victoria de una revolución que se denomina “Libertadora”. Incluso,
con barricadas simbólicas, espectrales, donde, esos extraños que despreciaban,
aún perduran dando señales a través de palabras escritas en las paredes durante
las noches.
Buenos
Aires, ya no es la misma. Todos lo sabemos. Ellos y nosotros. Debemos hacerles
recordar, en todo momento, en cada minuto, en cada pequeño detalle que su monotonía
y aburrimiento nostálgico de Europa quedó pintado con alquitrán en sus
espíritus y esa marca nunca la van a poder borrar. Una amargura que es solo de
ellos.
Nosotros,
somos capaces de resistir y morir con dignidad en la convicción de cumplir con
el destino.
No
soñamos en forma nostálgica con despertar en París. Somos de acá. Los hijos de
los que llegaron del fondo de la tierra, el aluvión zoológico, los cabecitas
negras como les gusta llamarnos. Recorremos nuestras propias calles y los
sueños que construimos están aquí. Aprendimos que el color marrón del Río de la
Plata es solo para aquellos que lo miran en forma superficial. Para los que creen
que la vida debe ser ordenada, monocorde y segura en la repetición automática
de los días. Esos, que piensan que los días son ser iguales como los tornillos
de una misma caja. Para nosotros, el Río de la Plata, pasa de marrón a azul,
plateado, transparente, si lo sabemos mirar en el juego de escondidas que nos
proponen la luz del sol en el atardecer, el amanecer y la noche. Y, creo que
muchas veces desde allí, en el fondo o
la superficie del Río, aparecen los mensajes que nos enseñan a resistir
Capítulo 11
Huelga
8 de Noviembre de 1955
Samuel
me dejó un mensaje en la casa de mis padres. Nos tenemos que organizar para
hacer algunas operaciones de apoyo a la huelga, desde sembrar miguelitos[2] hasta incendiar algunos
colectivos con bombas molotov, también fabricar y detonar algunas más potentes
que frenen el avance de la policía en los puntos de movilización que se están
definiendo. No tenemos idea de cómo
fabricar una bomba de corto alcance. El hecho que puede dañar gente hace que se
me ponga la piel de gallina. Me da mucho más miedo herir o matar inocentes que
lo que me pueda pasar a mí. Con E hablamos horas sobre ese tema, casi toda la
noche. Quedamos con un par de compañeros en ir por separado al Cine Flores,
donde proyectan la película La Batalla del Riel[3], la vi hace un par de
años, ahí había algunas escenas que mostraban como los franceses hacían bombas
caseras durante la ocupación alemana.
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