Introducción
La
pandemia de Covid-19 o Coronavirus, nos sorprendió en un contexto de
conflictividad social y agudas tensiones políticas originadas en una creciente
desigualdad económica, política y social. Emergió en tiempos de la llamada Pos
Verdad, en que a través de la complicidad de muchos medios de comunicación,
redes sociales, jueces y poderes económicos, se acosó y destituyó a gobiernos
democráticos y populares.
Apareció
en escenarios donde, aún es
posible visibilizar un Neoliberalismo
que se sigue expresando con cinismo y voracidad mientras continúa construyendo
formas de inequidad y exclusión social impensadas para el siglo que
atravesamos.
Esta
nueva catástrofe, emergió en sociedades fragmentadas, violentas, divididas a
través de discursos de odio, con propuestas meritocráticas[2] y de
auto control y disciplinamiento, como única alternativa para la sobrevivencia.
La
Pandemia se asentó en desigualdades previas, contenidas en situaciones de:
precarización e informalidad laboral, concentración demográfica, movimientos
poblacionales signados, muchas veces, por la desesperación, desempleo y un
crecimiento sostenido de la pobreza.
Surgió
en un mundo donde las palabras Libertad, Democracia y Sociedad implicaban y aún
se constituyen como significantes vacíos, donde el sentido de éstos se
constituye caprichosamente desde diferentes formas de subjetividad que se
encuentran condicionadas y constituidas a través de la exaltación del egoísmo y
la negación de la Otredad.[3]
La pandemia,
irrumpió en nuestras sociedades generando la aparición de nuevos padecimientos,
sumando nuevas formas de incertidumbre, interpelando de manera insospechada a
la Política y a la Economía.
De esta
forma, la crisis sanitaria, se constituyó como crisis política y económica que
sorprendió a los publicistas del mercado que proponían a éste, como única forma de organización social. [4]
Pero,
en medio de las pujas que ya estaban anteriormente de la Pandemia y las que se
generaron a través de ella, un actor que la verborragia neoliberal asedió
denostó y acosó durante décadas, apareció en diferentes paísesdando respuestas,
generando certezas y, en algunos casos, iniciando un recorrido que lo estaría
llevando a una nueva centralidad. [5]
Así, el
Estado retornó de manera casi inesperada,
dando las respuestas que el Mercado no lograba, y tal vez tampoco intentaba
dar, encerrado, agazapado, entrampado en su lógica de lucro.
Tal vez, estemos
viviendo una serie de acontecimientos que transformarán la historia y nuestra
percepción de mundo. Pareciera que la pandemia que hoy arrasa economías,
discursos y verdades que, durante años se presentaron como absolutas, es posible que haga que estas se estén
terminando.
Habitamos
sociedades, transitamos hechos y circunstancias que nos muestran cómo en poco
tiempo se difuminan “verdades” y poderes. Así, los efectos de la desigualdad se
hacen visibles y se enfrentan a la obscenidad de la riqueza acumulada en los
últimos años, mostrando en forma descarnada,
la miseria de una civilización que enfermó mucho antes del Coronavirus.
Tal vez el asunto
sea mucho más profundo y lo que se está poniendo
en discusión es la racionalidad que Occidente impuso a través de
guerras, conquistas y sometimientos. Quizás, ese pensamiento cartesiano que
separa violentamente humanidad de naturaleza,
es lo que se comience a poner en cuestión interpelando y reclamando de esa
manera por la pérdida de dignidad de la Naturaleza.
Esto mostraría la necesidad de nuevas lógicas relacionadas con
la intervención social, la constitución de dispositivos de cuidado y asistencia
y el desarrollo de Planes y Programas que articulen respuestas recuperando y
enriqueciendo las experienciasprevias a la irrupción violenta de modelos
económicos y políticos que nos llevaron a escenarios de fragmentación y
exclusión social.
De este modo, las
Políticas Sociales, se encuentran en un contexto donde son nuevamente puestas a
prueba, enmarcadas en debilidades presupuestarias, desacreditaciones
discursivas y dificultades de gestión. Aun así, luego de décadas de persecución, demostraron que es posible y necesario enfrentar
desde lo público, el surgimiento de calamidades y catástrofes como la Pandemia
que atravesamos.
1. Algunas Posibilidades
La salud pública Latinoamericana nos
enseñó que las enfermedades se afrontan
en forma colectiva, sean pandemias, epidemias u otras formas de
expresión de las mismas, y que, cuando alguien enferma, también esa situación
implica un impacto en el conjunto de la comunidad. De ahí que, el sentido del
cuidado de uno mismo, se relacione inevitablemente con la protección de la
sociedad y no en una acción que se pierde en las oscuras esferas del
individualismo y la desarticulación del todo social. Así una vacuna, no solo
protege a la persona, sino que fundamentalmente cuida a la sociedad.
La salud y la enfermedad desde esta perspectiva
son procesos y productos de construcciones históricas y sociales.
Nuestras sociedades, asimismo, requieren de certezas,
donde el acceso a la Salud es un Derecho que debe ser garantizado y protegido.
De esta manera, la salud como
construcción colectiva es territorio, historia, sociedad, comunidad e individuo
y debe ser abordada con toda su
complejidad.
El proceso salud –
enfermedad, no se trata de un fenómeno de sumatoria de individualidades donde,
la verdad de ese acontecimiento se asienta solamente en una conjunción de
cifras de diferentes indicadores y datos.
Una persona que
enferma o enfermó de COVID es mucho más que un caso que se inscribe en una
estadística: es un sujeto, un Otro, con
historia, con cultura y afectos. Esa enfermedad no es nada más que una
circunstancia en su devenir que lo enfrenta con los problemas sociales que
antes portaba, con las diferentes inscripciones que genera la desigualdad
atravesándolo y otorgándole sentidos: de
allí la necesaria mirada social a lo
que le acontece tanto a nivel singular como colectivo.
En pocas palabras:
la enfermedad dialoga intensamente con
múltiples condicionantes que la singularizan tanto a nivel individual como
territorial. Si la salud es entendida como un fenómeno colectivo, con
respuestas construidas desde la centralidad del Estado, las enfermedades, de
esta forma, se enfrentan con comunidades organizadas, donde el horizonte al
cual se quiere llegar trasciende a las epidemias y pandemias, transformando el
sentido de las prácticas y las políticas en la recuperación y búsqueda
permanente de formas de integración y solidaridad.
Por otro lado, el Estado, recuperando el papel de protección de
la Sociedad,reemplaza a una forma de la economía de “libre” Mercado que
venía haciendo diferentes promesas de equidad y libertad desde hace más de
cuarenta años, mientras desmantelaba dispositivos de protección, empobrecía
poblaciones, generaba más y nuevas formas de violencia.
Estamos, de esta
manera, posiblemente, presenciando un necesario
e inexorable retorno del Estado que se va configurando en relación a los
procesos actuales desde la recuperación de su capacidad de mediación a nivel
económico, político, social y jurídico.
Así, tal vez, la
Pandemia nos esté mostrando un Estado
que no vuelve como un calco del que desmanteló lenta y meticulosamente el
neoliberalismo, sino un Estado que debe re
construirse a través de recrear su capacidad dinámica de diálogo con los escenarios
actuales, en sus políticas, sus instituciones y sus prácticas a través
de más y nuevos encuentros con diferentes actores de la sociedad civil, la
ciencia, la técnica, los sujetos colectivos, los gobiernos locales y las
expresiones de la diversidad.
Igualmente, los
profetas del libre cambio y muchas veces del odio,
presionan para que no haya o se quiten las medidas de protección,
presentándolas como “gasto” o, como restricción de libertades. Utilizan su
aparato mediático y económico, intentando generar una forma de subjetividad que
acepte la desigualdad y se resigne ante la injusticia.
En esa
desesperación, el Mercado se
desenmascara como des articuladorsocial, como generador de padecimiento
y fundamentalmente soledad.
El Estado- Nación, podría volver a ser un lugar de
pertenencia, refugioy de legitimidad, capaz
de generar sentido, especialmente de libertad y comunidad. Es decir, el Estado
– Nación retornando al centro de la escena, ordenando la Salud, la Educación,
la Economía, aparece como una salida, no solo en las posibilidades de enfrentar
a la Pandemia, sino, fundamentalmente recuperar y construir un nuevo carácter
re distributivo que implique una necesaria reparación, más que la espera de un
“derrame” de lo que sobra de la riqueza de quienes concentran los ingresos a
nivel planetario.
2.
Algunas cuestiones que la Pandemia visibilizó
Evidentemente,
las grandes catástrofes generan una enorme serie de alteraciones que van desde
la vida cotidiana, hasta la estructura de las sociedades. En este caso una de
las primeras conclusiones es que no pueden ser resueltas o enfrentadas a través
del mercado. También se hace visible la
impotencia o crueldad de esa lógica para atravesar la llamada “normalidad”, es
decir los tiempos anteriores a la pandemia. La “normalidad” pre pandemia es
sencillamente y cada vez más evidente, lo que la produjo, la que construyó las
diferentes causalidades de los tiempos que estamos atravesando. Ciertamente las
condiciones sociales, políticas, culturales y sanitarias de décadas de
creciente desigualdad y obscena concentración de la riqueza que, se viene
construyendo en un planeta acosado y violentado por el Neoliberalismo, produjeron esta calamidad y sus consecuencias
futuras. Igualmente seguimos atravesando un contexto donde aún algunas voces
siguen en la insistencia de afirmar que el mercado decida sobre la vida y la
muerte.
De
múltiples modos, el Neoliberalismo imperante demuestra de manera imprevista, su más descarnado lado destructivo y,
especialmente su incapacidad de resolver problemas. Por otro lado, queda claro
que sólo el Estado y la Organización Popular, en tanto expresión de los sujetos
colectivos, pudieron enfrentarla, solo desde allí se lograron construir
certezas, contención y especialmente formas de resistencia y organización.
La pandemia,
a su vez nos muestra que existen una gran serie de condicionantes sociales,
económicos y culturales que hacen que determinada población, grupo o persona
tenga más o menos capacidad de enfermar. Así se hacen más vulnerables quienes
transitan la indigencia, la pobreza, soportan la informalidad laboral, el
desempleo, los que viven en condiciones de hacinamiento, los que habitan la
desigualdad, los desplazados, los expulsados de nuestras sociedades.
De esta
forma la salud y la enfermedad, luego
de las censuras sutiles operadas por el pensamiento neoliberal, pueden volver a
ser entendidas como producto de un proceso histórico y social.
Lo
mismo ocurre con las prácticas orientadas a la eliminación de los síntomas en la
búsqueda de una eficacia pragmática y adaptativa,
demostrando que pueden producir más daño que reparación y hacen evidente la
crisis de los modelos de salud, apoyados en
perspectivas mono causales y asentados en una lógica de lucro y desigualdad en
el acceso.
La
salud, se nos muestra indefectiblemente colectiva y especialmente como producto
de procesos de construcción y apropiación, se reafirma la perspectiva quela
salud es la capacidad colectiva de resolver conflictos.
Así, el
retorno de lo colectivo en gran parte de nuestras sociedades se expresa a
través de comprender el sentido social del cuidado, el retorno del Estado se
inscribe desde las diferentes alternativas de resolver la necesidad de
Protección Social.
Paradojalmente
el aislamiento facilitó en muchos casos
la capacidad de pensar con otros, cuidarse con otros y cuidar de uno mismo
resguardando a la sociedad.
De esta
manera se expande como algo inexorable, a pesar del vigor agónico de los
discursos individualistas del sálvese quien pueda, una necesidad de sociedad,
de comunidad de encuentro, acompañada por una visión centralizada en la
condición humana.
La vulnerabilidad de la post pandemia, debe ser
resuelta a través de acciones y políticas redistributivas, estrategias de
contención y cuidado, con una necesaria reaparición de un Estado Social pero,
con una centralidad en la Otredad.
Quizás
estemos frente a una oportunidad. Depende, nuevamente de nosotros como
colectivo, como sujetos históricos y sociales.
3.
Estado
y Siglo XXI
La
reaparición del Estado en el contexto que atravesamos se expresa de diferentes
maneras y varía según los países donde estudiemos este fenómeno.
En Argentina
la pandemia llega luego de cuatro años de neoliberalismo feroz, que culminó con un endeudamiento récord, la
disolución del Ministerio de Salud, tasas de desempleo no vistas hacía muchos
años y una destrucción del aparato industrial del país, solo equiparable al
generado durante la última Dictadura Cívico Militar.
Transformando al Estado en un conjunto de instituciones
complejas, fragmentadas y sometidas a procesos constantes de construcción y
destrucción.
Por
otra parte las condiciones políticas de la Región, hicieronmás débiles las
asociaciones entre Estados, lo que generó que las capacidades de negociación de
nuestros países con las grandes corporaciones disminuyeran en la búsqueda de
recursos de todo tipo como por ejemplo; insumos y vacunas.
Aun
así, el Estado logró reforzar el Sistema Sanitario, fortalecer su capacidad de
respuesta en la primera etapa de la misma y la adquisición y distribución
operativa de las vacunas cuando éstas estuvieron disponibles, sin caeren la trampa de la contradicción entre economía y
situación sanitaria.
A su
vez, ante una calamidad de este tipo, desde
el Estado se logró mantener significativos niveles de cohesión social, incluso
a pesar de campañas que, siguiendo la línea política de las extremas derechas a
nivel mundial, negaban la existencia de la pandemia y generaban campañas en
contra de la vacunación.
Desde
lo económico, se generaron diferentes estrategias que intentaron acompañar a
los sectores más debilitados luego de años de neoliberalismo. Así, en las
primeras etapas de la Pandemia, por ejemplo se eximió de pago de impuestos a los
sectores económicos más castigados por ésta, como turismo y recreación. Se
crearon líneas de crédito a bajas tasas de interés para garantizar la
producción de alimentos e insumos básicos. Se generó un Programa de
Recuperación Productiva que apoyó a las empresas que tenían dificultades para
abonar los salarios. Se aumentó el Seguro por Desempleo, la Asignación
Universal por Hijo, la Asignación Universal por Embarazo. Se reforzaron los
ingresos de Jubilados y se crearon Bonos para Trabajadores Informales.
De esta
forma, en el caso Argentino, se fortalecieron diferentes instrumentos de las Políticas Públicas que
tienen como finalidad asegurar derechos. El Estado, intentó articularse
a través de su gestión, desde tres conceptos
clave: La ética del cuidado, la sustentabilidad de la deuda y el aumento de las
capacidades de la gestión pública. Desde los cuidados de la salud, los
ingresos, la actividad económica y los derechos prioritarios (García Delgado:
2020).
Estas cuestiones se desarrollan en un contexto histórico
desde donde diferentes juegos de Poder Político intentaron desarticular las
acciones estatales tanto desde lo real como desde lo comunicacional, mientras
que desde esos mismos sectores se acusaba al Estado de ineficiente. Esa doble
operación, en la Argentina comienza inmediatamente después del Golpe de 1976
generando erosiones y fragmentaciones institucionales que crearon fuertes
crisis de legitimidad y representación en todas las esferas y dispositivos
asistenciales del Estado. Desde ese posicionamiento surge con mucha fuerza y
apoyo mediático un discurso aún más extremo que propone una Sociedad sin
Protección Social Solidaria en nombre de una supuesta libertad, acusando de
autoritarismo a toda política pública que implique redistribución del ingreso o
Acción Social. Así el discurso neoliberal más extremo intenta, no solo
deslegitimar al Estado, sino que también a
la Democracia desde diferentes modalidades discursivas y comunicacionales que
apuntan a un ataque sistemático desde una forma de anti política.
En este aspecto
las circunstancias simbólicas en las que se ubicaban y aún se ubican las
Políticas Sociales desde el inicio de la pandemia son sumamente complejas. Tal
vez, se vaya generando una reconstrucción de la legitimidad perdida a través de
los resultados que otorgaron las diferentes políticas de cuidado de la
población, especialmente desde la vacunación.
Por otra parte, en medio de la Pandemia, en el caso de la
Argentina, se generaron una serie de tensiones políticas a partir de una
necesaria negociación de la Deuda Externa con el Fondo Monetario Internacional,
de carácter extraordinario, que había sido tomada por el gobierno anterior.
Algunas Conclusiones
Los interrogantes actuales nos llevan a la denominada post-pandemia, aunque aún la Pandemia
no ha finalizado. Nuevamente emergen interpelaciones con respecto a la
desigualdad. Según organismos internacionales, la Pandemia podría finalizar si
se vacuna al setenta por ciento de la población del planeta. Estamos aún muy
lejos de esas cifras. Las predicciones económicas y sociales cuando esta
comenzó, mostraban que en la medida de su desarrollo se llegaría a un
incremento de la pobreza y la desigualdad, cuestión que se mantiene y muestra nuevos
desafíos a los Sistemas de Protección Social y a las lógicas que atraviesan los
modelos económicos que nos han sido impuestos durante décadas. [6]
La Pandemia demostró que el Estado es necesario en su faz
de Cuidado de la Población a través de Políticas Públicas y Sociales. Tal vez
este punto muestra un “retorno” de lo social, especialmente desde su carácter
vinculado con la intervención y la reparación. La perspectiva de Derechos se
visibilizó a partir de mostrar el Derecho a la Salud como una cuestión ineludible.
Las tensiones entre lo colectivo y el individualismo se
encuentran en un terreno de disputa.
Todas estas cuestiones interpelan a lo social en términos
de intervención, mostrando que, el hacer, en
clave de intervención en lo social, implica
algo más que una tecnología, este momento de construcción está atravesado por
el deseo, por el choque o cruce de ideas y conceptos donde, a veces la chispa
del conocimiento se produce en el medio del encontronazo, del entrevero.
En cada
caso, cada muerte, cada padecimiento hay una biografía, una construcción de
subjetividad, historias, sueños, deseos, pensamientos, cultura, afectos,
creencias, dolor, resignación, esperanzas, formas de comprender y explicar y
mucho más. Una vida humana sigue siendo un mundo, aunque desde los distintos
discursos aún hegemónicos intente ser banalizada.
Tal vez sea
posible transitar esta catástrofe si se deja de ver a los Otros como números,
como cosas, como estadística, como tendencias, como victorias o como derrotas.
El Neoliberalismo
nos impuso violentamente olvidar la Condición Humana, así perdimos la visión de
lo más importante. Quizás, sólo colectivamente sea posible.
Bibliografía
Brown, W. (2020). En
las ruinas del neoliberalismo. El ascenso de las políticas antidemocráticas en
occidente. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Editorial Tinta y Limón.
García Delgado, (2020). Estado, sociedad y pandemia:
ya nada va a ser igual. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Facultad
Latinoamericana de Ciencias Sociales - FLACSO, 2020. Libro digital
Sandel , Michel, La tiranía del mérito. ¿Qué ha sido del
bien común?.Ediciones Debate. Buenos Aires 2022.
Vilas, Carlos M. Después del neoliberalismo. Estado y
procesos políticos en América Latina. Ediciones de la Universidad Nacional de
Lanús. Lanús .2011
[1]Universidad Nacional de la
Plata, alfredocarballeda@gmail.com
[2] Pero el problema es que es dudoso
que una meritocracia, ni siquiera una perfecta, pueda ser satisfactoria ni
moral ni políticamente. Desde el punto de vista moral, no está claro porque
quienes tanto merecen las desproporcionadas recompensas que las sociedades de
mercado reservan a las personas de éxito.(Sandel 022)
[3] Al saturar el Estado y el discurso popular, el ataque
neoliberal a la Justicia Social, la reforma social, y la previsión social
desafió la igualdad, relanzó las guerras culturales y produjo una reorientación
masiva a la izquierda. Si no hay tal cosa como la sociedad, sino solo los
individuos y familias regidos por los mercados y la moral, entonces no hay tal
cosa como el poder generando jerarquías, exclusión y violencia, y ni hablar de
la subjetividad en la clase el género o la raza. (Brown, Wendy.2020)
[4] ¿Qué significaba eso? Que la importancia era de la gerencia y que la
política y los
partidos serian ‘mafias’, signos de corrupción e
ineficiencia. El triunfo de la posverdad, que es el triunfo del doblez y de la
mentira donde no importaba lo que se dijera, sino el impacto emocional e
inmediato que se lograra, hace que la cultura del mundo globalizado de la
actualidad haya dejado atrás el ancestral criterio de “verdad” que guió a los pueblos
hacia la libertad y hacia el conocimiento.(García Delgado. 2020)
[5] “La crisis y
recesión de COVID-19 brinda una oportunidad única para repensar el papel del Estado,
particularmente su relación con los negocios. La suposición de larga data de
que el gobierno es una carga para la economía de mercado ha sido desmentida.
Redescubrir el papel tradicional del Estado como ‘inversor de primer recurso’,
en lugar de solo como prestamista de último recurso, se ha convertido en una
condición previa para una formulación de políticas efectiva en la era posterior
a COVID-19.”Mariana Mazzucato.(García
Delgado 2020)
[6] El modo en que la política social fue encarada en el marco de las
reformas impulsadas por la
reestructuración neoliberal ofrece una buena ilustración al respecto. La
política social de proyecciones universales (populistas, desarrollistas o
socialdemócratas) del “Estado de Bienestar” fue reemplazada por un conjunto de
acciones asistencialistas y temporales. Vilas, Carlos.(2011)
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