lunes, 23 de enero de 2023

Revalorización del papel del Estado y la acción pública en el contexto de la pandemia. Revisión de las políticas sociales del paradigma neoliberal Por: Alfredo J. M. Carballeda

 


 

Introducción

La pandemia de Covid-19 o Coronavirus, nos sorprendió en un contexto de conflictividad social y agudas tensiones políticas originadas en una creciente desigualdad económica, política y social. Emergió en tiempos de la llamada Pos Verdad, en que a través de la complicidad de muchos medios de comunicación, redes sociales, jueces y poderes económicos, se acosó y destituyó a gobiernos democráticos y populares.

Apareció en escenarios donde, aún es posible visibilizar un Neoliberalismo que se sigue expresando con cinismo y voracidad mientras continúa construyendo formas de inequidad y exclusión social impensadas para el siglo que atravesamos.

Esta nueva catástrofe, emergió en sociedades fragmentadas, violentas, divididas a través de discursos de odio, con propuestas meritocráticas[2] y de auto control y disciplinamiento, como única alternativa para la sobrevivencia.

La Pandemia se asentó en desigualdades previas, contenidas en situaciones de: precarización e informalidad laboral, concentración demográfica, movimientos poblacionales signados, muchas veces, por la desesperación, desempleo y un crecimiento sostenido de la pobreza.

Surgió en un mundo donde las palabras Libertad, Democracia y Sociedad implicaban y aún se constituyen como significantes vacíos, donde el sentido de éstos se constituye caprichosamente desde diferentes formas de subjetividad que se encuentran condicionadas y constituidas a través de la exaltación del egoísmo y la negación de la Otredad.[3]

La pandemia, irrumpió en nuestras sociedades generando la aparición de nuevos padecimientos, sumando nuevas formas de incertidumbre, interpelando de manera insospechada a la Política y a la Economía.

De esta forma, la crisis sanitaria, se constituyó como crisis política y económica que sorprendió a los publicistas del mercado que proponían a éste, como única forma de organización social. [4]

Pero, en medio de las pujas que ya estaban anteriormente de la Pandemia y las que se generaron a través de ella, un actor que la verborragia neoliberal asedió denostó y acosó durante décadas, apareció en diferentes paísesdando respuestas, generando certezas y, en algunos casos, iniciando un recorrido que lo estaría llevando a una nueva centralidad. [5]

Así, el Estado retornó de manera casi inesperada, dando las respuestas que el Mercado no lograba, y tal vez tampoco intentaba dar, encerrado, agazapado, entrampado en su lógica de lucro.           

Tal vez, estemos viviendo una serie de acontecimientos que transformarán la historia y nuestra percepción de mundo. Pareciera que la pandemia que hoy arrasa economías, discursos y verdades que, durante años se presentaron como absolutas, es posible que haga que estas se estén terminando.

Habitamos sociedades, transitamos hechos y circunstancias que nos muestran cómo en poco tiempo se difuminan “verdades” y poderes. Así, los efectos de la desigualdad se hacen visibles y se enfrentan a la obscenidad de la riqueza acumulada en los últimos años, mostrando en forma descarnada, la miseria de una civilización que enfermó mucho antes del Coronavirus.

Tal vez el asunto sea mucho más profundo y lo que se está poniendo en discusión es la racionalidad que Occidente impuso a través de guerras, conquistas y sometimientos. Quizás, ese pensamiento cartesiano que separa violentamente humanidad de naturaleza, es lo que se comience a poner en cuestión interpelando y reclamando de esa manera por la pérdida de dignidad de la Naturaleza.

Esto mostraría la necesidad de nuevas lógicas relacionadas con la intervención social, la constitución de dispositivos de cuidado y asistencia y el desarrollo de Planes y Programas que articulen respuestas recuperando y enriqueciendo las experienciasprevias a la irrupción violenta de modelos económicos y políticos que nos llevaron a escenarios de fragmentación y exclusión social.

De este modo, las Políticas Sociales, se encuentran en un contexto donde son nuevamente puestas a prueba, enmarcadas en debilidades presupuestarias, desacreditaciones discursivas y dificultades de gestión. Aun así, luego de décadas de persecución, demostraron que es posible y necesario enfrentar desde lo público, el surgimiento de calamidades y catástrofes como la Pandemia que atravesamos.

 

1. Algunas Posibilidades

La salud pública Latinoamericana nos enseñó que las enfermedades se afrontan en forma colectiva, sean pandemias, epidemias u otras formas de expresión de las mismas, y que, cuando alguien enferma, también esa situación implica un impacto en el conjunto de la comunidad. De ahí que, el sentido del cuidado de uno mismo, se relacione inevitablemente con la protección de la sociedad y no en una acción que se pierde en las oscuras esferas del individualismo y la desarticulación del todo social. Así una vacuna, no solo protege a la persona, sino que fundamentalmente cuida a la sociedad.

La salud y la enfermedad desde esta perspectiva son procesos y productos de construcciones históricas y sociales. Nuestras sociedades, asimismo, requieren de certezas, donde el acceso a la Salud es un Derecho que debe ser garantizado y protegido. De esta manera, la salud como construcción colectiva es territorio, historia, sociedad, comunidad e individuo y debe ser abordada con toda su complejidad.

El proceso salud – enfermedad, no se trata de un fenómeno de sumatoria de individualidades donde, la verdad de ese acontecimiento se asienta solamente en una conjunción de cifras de diferentes indicadores y datos.

Una persona que enferma o enfermó de COVID es mucho más que un caso que se inscribe en una estadística: es un sujeto, un Otro, con historia, con cultura y afectos. Esa enfermedad no es nada más que una circunstancia en su devenir que lo enfrenta con los problemas sociales que antes portaba, con las diferentes inscripciones que genera la desigualdad atravesándolo y otorgándole sentidos: de allí la necesaria mirada social a lo que le acontece tanto a nivel singular como colectivo.

En pocas palabras: la enfermedad dialoga intensamente con múltiples condicionantes que la singularizan tanto a nivel individual como territorial. Si la salud es entendida como un fenómeno colectivo, con respuestas construidas desde la centralidad del Estado, las enfermedades, de esta forma, se enfrentan con comunidades organizadas, donde el horizonte al cual se quiere llegar trasciende a las epidemias y pandemias, transformando el sentido de las prácticas y las políticas en la recuperación y búsqueda permanente de formas de integración y solidaridad. 

Por otro lado, el Estado, recuperando el papel de protección de la Sociedad,reemplaza a una forma de la economía de “libre” Mercado que venía haciendo diferentes promesas de equidad y libertad desde hace más de cuarenta años, mientras desmantelaba dispositivos de protección, empobrecía poblaciones, generaba más y nuevas formas de violencia.

Estamos, de esta manera, posiblemente, presenciando un necesario e inexorable retorno del Estado que se va configurando en relación a los procesos actuales desde la recuperación de su capacidad de mediación a nivel económico, político, social y jurídico.

Así, tal vez, la Pandemia nos esté mostrando un  Estado que no vuelve como un calco del que desmanteló lenta y meticulosamente el neoliberalismo, sino un Estado que debe re construirse a través de recrear su capacidad dinámica de diálogo con los escenarios actuales, en sus políticas, sus instituciones y sus prácticas a través de más y nuevos encuentros con diferentes actores de la sociedad civil, la ciencia, la técnica, los sujetos colectivos, los gobiernos locales y las expresiones de la diversidad.

Igualmente, los profetas del libre cambio y muchas veces del odio, presionan para que no haya o se quiten las medidas de protección, presentándolas como “gasto” o, como restricción de libertades. Utilizan su aparato mediático y económico, intentando generar una forma de subjetividad que acepte la desigualdad y se resigne ante la injusticia.

En esa desesperación, el Mercado se desenmascara como des articuladorsocial, como generador de padecimiento y fundamentalmente soledad.

El Estado- Nación, podría volver a ser un lugar de pertenencia, refugioy de legitimidad, capaz de generar sentido, especialmente de libertad y comunidad. Es decir, el Estado – Nación retornando al centro de la escena, ordenando la Salud, la Educación, la Economía, aparece como una salida, no solo en las posibilidades de enfrentar a la Pandemia, sino, fundamentalmente recuperar y construir un nuevo carácter re distributivo que implique una necesaria reparación, más que la espera de un “derrame” de lo que sobra de la riqueza de quienes concentran los ingresos a nivel planetario.

 

2.      Algunas cuestiones que la Pandemia visibilizó

Evidentemente, las grandes catástrofes generan una enorme serie de alteraciones que van desde la vida cotidiana, hasta la estructura de las sociedades. En este caso una de las primeras conclusiones es que no pueden ser resueltas o enfrentadas a través del mercado. También se hace visible la impotencia o crueldad de esa lógica para atravesar la llamada “normalidad”, es decir los tiempos anteriores a la pandemia. La “normalidad” pre pandemia es sencillamente y cada vez más evidente, lo que la produjo, la que construyó las diferentes causalidades de los tiempos que estamos atravesando. Ciertamente las condiciones sociales, políticas, culturales y sanitarias de décadas de creciente desigualdad y obscena concentración de la riqueza que, se viene construyendo en un planeta acosado y violentado por el Neoliberalismo, produjeron esta calamidad y sus consecuencias futuras. Igualmente seguimos atravesando un contexto donde aún algunas voces siguen en la insistencia de afirmar que el mercado decida sobre la vida y la muerte.

De múltiples modos, el Neoliberalismo imperante demuestra de manera imprevista, su más descarnado lado destructivo y, especialmente su incapacidad de resolver problemas. Por otro lado, queda claro que sólo el Estado y la Organización Popular, en tanto expresión de los sujetos colectivos, pudieron enfrentarla, solo desde allí se lograron construir certezas, contención y especialmente formas de resistencia y organización.

La pandemia, a su vez nos muestra que existen una gran serie de condicionantes sociales, económicos y culturales que hacen que determinada población, grupo o persona tenga más o menos capacidad de enfermar. Así se hacen más vulnerables quienes transitan la indigencia, la pobreza, soportan la informalidad laboral, el desempleo, los que viven en condiciones de hacinamiento, los que habitan la desigualdad, los desplazados, los expulsados de nuestras sociedades.

De esta forma la salud y la enfermedad, luego de las censuras sutiles operadas por el pensamiento neoliberal, pueden volver a ser entendidas como producto de un proceso histórico y social.

Lo mismo ocurre con las prácticas orientadas a la eliminación de los síntomas en la búsqueda de una eficacia pragmática y adaptativa, demostrando que pueden producir más daño que reparación y hacen evidente la crisis de los modelos de salud, apoyados en perspectivas mono causales y asentados en una lógica de lucro y desigualdad en el acceso.

La salud, se nos muestra indefectiblemente colectiva y especialmente como producto de procesos de construcción y apropiación, se reafirma la perspectiva quela salud es la capacidad colectiva de resolver conflictos. 

Así, el retorno de lo colectivo en gran parte de nuestras sociedades se expresa a través de comprender el sentido social del cuidado, el retorno del Estado se inscribe desde las diferentes alternativas de resolver la necesidad de Protección Social.

Paradojalmente el aislamiento facilitó en muchos casos la capacidad de pensar con otros, cuidarse con otros y cuidar de uno mismo resguardando a la sociedad.

De esta manera se expande como algo inexorable, a pesar del vigor agónico de los discursos individualistas del sálvese quien pueda, una necesidad de sociedad, de comunidad de encuentro, acompañada por una visión centralizada en la condición humana.

La vulnerabilidad de la post pandemia, debe ser resuelta a través de acciones y políticas redistributivas, estrategias de contención y cuidado, con una necesaria reaparición de un Estado Social pero, con una centralidad en la Otredad.

Quizás estemos frente a una oportunidad. Depende, nuevamente de nosotros como colectivo, como sujetos históricos y sociales.

 

3.      Estado y Siglo XXI

La reaparición del Estado en el contexto que atravesamos se expresa de diferentes maneras y varía según los países donde estudiemos este fenómeno.

En Argentina la pandemia llega luego de cuatro años de neoliberalismo feroz, que culminó con un endeudamiento récord, la disolución del Ministerio de Salud, tasas de desempleo no vistas hacía muchos años y una destrucción del aparato industrial del país, solo equiparable al generado durante la última Dictadura Cívico Militar.

Transformando al Estado en un conjunto de instituciones complejas, fragmentadas y sometidas a procesos constantes de construcción y destrucción.

Por otra parte las condiciones políticas de la Región, hicieronmás débiles las asociaciones entre Estados, lo que generó que las capacidades de negociación de nuestros países con las grandes corporaciones disminuyeran en la búsqueda de recursos de todo tipo como por ejemplo; insumos y vacunas.

Aun así, el Estado logró reforzar el Sistema Sanitario, fortalecer su capacidad de respuesta en la primera etapa de la misma y la adquisición y distribución operativa de las vacunas cuando éstas estuvieron disponibles, sin caeren la trampa de la contradicción entre economía y situación sanitaria.

A su vez, ante una calamidad de este tipo, desde el Estado se logró mantener significativos niveles de cohesión social, incluso a pesar de campañas que, siguiendo la línea política de las extremas derechas a nivel mundial, negaban la existencia de la pandemia y generaban campañas en contra de la vacunación.

Desde lo económico, se generaron diferentes estrategias que intentaron acompañar a los sectores más debilitados luego de años de neoliberalismo. Así, en las primeras etapas de la Pandemia, por ejemplo se eximió de pago de impuestos a los sectores económicos más castigados por ésta, como turismo y recreación. Se crearon líneas de crédito a bajas tasas de interés para garantizar la producción de alimentos e insumos básicos. Se generó un Programa de Recuperación Productiva que apoyó a las empresas que tenían dificultades para abonar los salarios. Se aumentó el Seguro por Desempleo, la Asignación Universal por Hijo, la Asignación Universal por Embarazo. Se reforzaron los ingresos de Jubilados y se crearon Bonos para Trabajadores Informales.

De esta forma, en el caso Argentino, se fortalecieron diferentes instrumentos de las Políticas Públicas que tienen como finalidad asegurar derechos. El Estado, intentó articularse a través de su gestión, desde tres conceptos clave: La ética del cuidado, la sustentabilidad de la deuda y el aumento de las capacidades de la gestión pública. Desde los cuidados de la salud, los ingresos, la actividad económica y los derechos prioritarios (García Delgado: 2020).

Estas cuestiones se desarrollan en un contexto histórico desde donde diferentes juegos de Poder Político intentaron desarticular las acciones estatales tanto desde lo real como desde lo comunicacional, mientras que desde esos mismos sectores se acusaba al Estado de ineficiente. Esa doble operación, en la Argentina comienza inmediatamente después del Golpe de 1976 generando erosiones y fragmentaciones institucionales que crearon fuertes crisis de legitimidad y representación en todas las esferas y dispositivos asistenciales del Estado. Desde ese posicionamiento surge con mucha fuerza y apoyo mediático un discurso aún más extremo que propone una Sociedad sin Protección Social Solidaria en nombre de una supuesta libertad, acusando de autoritarismo a toda política pública que implique redistribución del ingreso o Acción Social. Así el discurso neoliberal más extremo intenta, no solo deslegitimar al Estado, sino que también a la Democracia desde diferentes modalidades discursivas y comunicacionales que apuntan a un ataque sistemático desde una forma de anti política.    

 En este aspecto las circunstancias simbólicas en las que se ubicaban y aún se ubican las Políticas Sociales desde el inicio de la pandemia son sumamente complejas. Tal vez, se vaya generando una reconstrucción de la legitimidad perdida a través de los resultados que otorgaron las diferentes políticas de cuidado de la población, especialmente desde la vacunación.

Por otra parte, en medio de la Pandemia, en el caso de la Argentina, se generaron una serie de tensiones políticas a partir de una necesaria negociación de la Deuda Externa con el Fondo Monetario Internacional, de carácter extraordinario, que había sido tomada por el gobierno anterior.

 

Algunas Conclusiones 

Los interrogantes actuales nos llevan a la denominada post-pandemia, aunque aún la Pandemia no ha finalizado. Nuevamente emergen interpelaciones con respecto a la desigualdad. Según organismos internacionales, la Pandemia podría finalizar si se vacuna al setenta por ciento de la población del planeta. Estamos aún muy lejos de esas cifras. Las predicciones económicas y sociales cuando esta comenzó, mostraban que en la medida de su desarrollo se llegaría a un incremento de la pobreza y la desigualdad, cuestión que se mantiene y muestra nuevos desafíos a los Sistemas de Protección Social y a las lógicas que atraviesan los modelos económicos que nos han sido impuestos durante décadas. [6]

La Pandemia demostró que el Estado es necesario en su faz de Cuidado de la Población a través de Políticas Públicas y Sociales. Tal vez este punto muestra un “retorno” de lo social, especialmente desde su carácter vinculado con la intervención y la reparación. La perspectiva de Derechos se visibilizó a partir de mostrar el Derecho a la Salud como una cuestión ineludible. 

Las tensiones entre lo colectivo y el individualismo se encuentran en un terreno de disputa.

Todas estas cuestiones interpelan a lo social en términos de intervención, mostrando que, el hacer, en clave de intervención en lo social, implica algo más que una tecnología, este momento de construcción está atravesado por el deseo, por el choque o cruce de ideas y conceptos donde, a veces la chispa del conocimiento se produce en el medio del encontronazo, del entrevero.

En cada caso, cada muerte, cada padecimiento hay una biografía, una construcción de subjetividad, historias, sueños, deseos, pensamientos, cultura, afectos, creencias, dolor, resignación, esperanzas, formas de comprender y explicar y mucho más. Una vida humana sigue siendo un mundo, aunque desde los distintos discursos aún hegemónicos intente ser banalizada.

Tal vez sea posible transitar esta catástrofe si se deja de ver a los Otros como números, como cosas, como estadística, como tendencias, como victorias o como derrotas.

El Neoliberalismo nos impuso violentamente olvidar la Condición Humana, así perdimos la visión de lo más importante. Quizás, sólo colectivamente sea posible.

 

Bibliografía

Brown, W. (2020). En las ruinas del neoliberalismo. El ascenso de las políticas antidemocráticas en occidente. Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Editorial Tinta y Limón.

García Delgado, (2020). Estado, sociedad y pandemia: ya nada va a ser igual. Ciudad Autónoma de Buenos Aires: Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales - FLACSO, 2020. Libro digital

Sandel , Michel, La tiranía del mérito. ¿Qué ha sido del bien común?.Ediciones Debate. Buenos Aires 2022.

Vilas, Carlos M. Después del neoliberalismo. Estado y procesos políticos en América Latina. Ediciones de la Universidad Nacional de Lanús. Lanús .2011



[1]Universidad Nacional de la Plata, alfredocarballeda@gmail.com

[2] Pero el problema es que  es dudoso que una meritocracia, ni siquiera una perfecta, pueda ser satisfactoria ni moral ni políticamente. Desde el punto de vista moral, no está claro porque quienes tanto merecen las desproporcionadas recompensas que las sociedades de mercado reservan a las personas de éxito.(Sandel 022)

[3] Al saturar  el  Estado y el discurso popular, el ataque neoliberal a la Justicia Social, la reforma social, y la previsión social desafió la igualdad, relanzó las guerras culturales y produjo una reorientación masiva a la izquierda. Si no hay tal cosa como la sociedad, sino solo los individuos y familias regidos por los mercados y la moral, entonces no hay tal cosa como el poder generando jerarquías, exclusión y violencia, y ni hablar de la subjetividad en la clase el género o la raza. (Brown, Wendy.2020)

[4] ¿Qué significaba eso? Que la importancia era de la gerencia y que la política y los

partidos serian ‘mafias’, signos de corrupción e ineficiencia. El triunfo de la posverdad, que es el triunfo del doblez y de la mentira donde no importaba lo que se dijera, sino el impacto emocional e inmediato que se lograra, hace que la cultura del mundo globalizado de la actualidad haya dejado atrás el ancestral criterio de “verdad” que guió a los pueblos hacia la libertad y hacia el conocimiento.(García Delgado. 2020)

[5] La crisis y recesión de COVID-19 brinda una oportunidad única para repensar el papel del Estado, particularmente su relación con los negocios. La suposición de larga data de que el gobierno es una carga para la economía de mercado ha sido desmentida. Redescubrir el papel tradicional del Estado como ‘inversor de primer recurso’, en lugar de solo como prestamista de último recurso, se ha convertido en una condición previa para una formulación de políticas efectiva en la era posterior a COVID-19.”Mariana Mazzucato.(García Delgado 2020)

[6] El modo en que la política social fue encarada en el marco de las reformas  impulsadas por la reestructuración neoliberal ofrece una buena ilustración al respecto. La política social de proyecciones universales (populistas, desarrollistas o socialdemócratas) del “Estado de Bienestar” fue reemplazada por un conjunto de acciones asistencialistas y temporales. Vilas, Carlos.(2011)

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