viernes, 27 de enero de 2023

Del libro "La Subjetividad como terreno de disputa" Editorial Margen por: Alfredo J. M. Carballeda Capítulo 12-El Ingreso a nuevas formas del olvido. Migraciones y Cuestión Social


Tienes que entender que nadie pone a sus hijos en un bote a menos que el agua sea más segura que la tierra”
Warsan Shire (poeta somalí)
A-Migración, subjetividad y padecimiento
Se deja de pertenecer al lugar de donde se proviene y se es ajeno al que se llega. De esta manera se podría resumir parte de la visión del “extranjero” que, ya a principios del siglo XX proponía G. Simmel. El extranjero, se convierte según este autor, en una representación de la alteridad y exterioridad, logrando poseer un papel relevante y clave en la constitución del “nosotros”, otorgando sentido a la construcción de identidad a través de la diferencia. Muchas veces, esa construcción es dolorosa y conlleva una sucesión de pérdidas y esperanzas.
También, migrar implica un doble olvido que se inscribe en la subjetividad, marcando una de las nuevas y complejas formas de padecimiento que pareciera, se incrementan en las características actuales de la llamada globalización que propone el siglo XXI. El no pertenecer a un todo social constituido y formado por una comunidad fuerte y visible en sus lazos de solidaridad es una las características de los efectos del neoliberalismo y del terrorismo de mercado que se acrecienta al mismo ritmo que la desigualdad y sus consecuencias, entre ellas: los múltiples movimientos de población.
La expresión de esas condiciones impuestas a la mayoría de los países desde donde se migra a través de diferentes formas de violencia, económica, política o armada, transcurren y atraviesan a todas las sociedades pero, se hacen más críticas y visibles dentro de los movimientos poblacionales actuales, en los cuales, la desesperación por el cuidado y mantenimiento de lo indispensable y la sobrevivencia, promueve formas desesperadas de búsqueda de algo que se salga, como una fuga, del orden que las diferentes formas de opresión que un mundo desigual y obsceno generan.
Abandonar lo propio, el espacio donde se construyen desde la niñez las coordenadas de la identidad, la pertenencia y el sentido es producto de decisiones que cada vez se aproximan más a la consternación, el terror y el desasosiego. Las migraciones del siglo XXI se inscriben como una forma de huida del hambre, de las guerras, de las masacres, de la falta de futuro, donde, los componentes simbólicos del lugar hacia donde se migra prometen resolverlas, casi siempre, a cambio de otras formas de padecimiento y sujeción, a veces explicitadas, otras negadas.
Así mismo, este proceso, es sinónimo de formas de dolor que se inscriben en saber que la posibilidad de retorno es precaria y lejana, conjugándose con el sentimiento de ser expulsado desde lo propio. Se parte hacia algo semejante a una promesa de transformación, hacia lugares donde existen algunas posibilidades de construcción de certezas, muchas veces de manera engañosa, en un mundo donde la subjetividad está colonizada por la meritocracia como ensueño publicitario del capitalismo financiero, donde sobresale la ausencia y desprecio de lo colectivo.
Por otra parte la comunicación global hace que la información haga que los que viven en los países más castigados por la desigualdad sepan que existen lugares con posibles y potenciales oportunidades mucho mejores que el lugar en que habitan, especialmente comparando la capacidad de adquirir bienes en un sitio u otro, lo que construye una serie de expectativas relevantes.
La migración implica la posibilidad de pérdida de capacidades y habilidades situadas en un lugar definido, relacionadas con el capital social y cultural de quien migra. Comporta así, la necesidad de recuperación de éstas o la adquisición de otras, nuevas, muchas veces de manera apremiante y desesperada. A su vez, el fantasma de la migración como única salida, se entromete en la vida cotidiana, las relaciones sociales y las perspectivas de los que se quedan.
B-Migraciones y racismo
El siglo XXI se presenta como un tiempo de migraciones apremiantes, que se generan a partir de políticas restrictivas, calamidades humanitarias, guerras, discriminación y especialmente dolor.En 2017, los datos del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) mostraron que, el desplazamiento forzado de poblaciones llegó a un nuevo record histórico: 68,5 millones de personas, lo que marca que una persona fue desplazada cada dos segundos durante ese año. El mismo organismo informa que “el número de solicitantes de asilo que esperan el resultado de sus solicitudes ha aumentado en aproximadamente 300.000, alcanzado los 3,1 millones, para fines de diciembre de 2017”. De esta forma, 2017 es el quinto año consecutivo en que se llegó a un máximo histórico .
Las migraciones actuales ponen en cuestión las ideas clásicas de ciudadanía, nación y soberanía, generando formas novedosas de identidad y arraigo, conflictividad y puja que llegan hasta tensionar en algunos casos las relaciones entre diferentes Estados Nación.
A su vez, son utilizadas políticamente por las nuevas formas de los autoritarismos de extrema derecha generando campos de refugiados, persecuciones, reacciones xenófobas, divisiones societarias y especialmente, una forma de odio que se convierte en un siniestro instrumento de dominación. La propuesta anti inmigrantes se presenta como una tentadora forma de conseguir consenso y votantes en sociedades donde el Otro es construido como un enemigo capaz de disolverlas o generar más desigualdad. Mientras que, paradojalmente, los mismos intereses económicos y políticos que utilizan estas estrategias de construcción, son los que generan las condiciones económicas, políticas y sociales que construyen los escenarios desde donde se migra. Esa visión ha logrado colonizar el sentido común y se presenta como algo tan evidente que se transforma en invisible, avanza lentamente hacia límites aún no resueltos y se está transformando en uno de los argumentos principales de las nuevas derechas. Una forma de aproximación a las características de estas cuestiones se puede observar en la multiplicación de los llamados “grupos de odio racial” que se expanden de manera siniestra y peligrosa en diferentes países del mundo.
Junto con el crecimiento de grupos nacionalistas blancos en Europa, grupos similares en EEUU pasaron a un enérgico activismo en las calles, con protestas, difusión de propaganda racista y de desarrollo de campañas en las Universidades de ese país.
C-Desigualdad social y movimiento de poblaciones. El despoblamiento y las aglomeraciones urbanas. Los procesos de estigmatización
Las migraciones son producto de desmedidas oscilaciones macroeconómicas que, año tras año se ven más agudizadas y que se reflejan sencillamente en la distribución de la riqueza a nivel mundial. Los movimientos poblacionales, además transforman la geografía que se abandona, haciéndose, de esa manera, más difícil el retorno. En otras palabras, el vacío que los inmigrantes dejan es una ausencia que se transforma en pérdida de afectos, cultura, saberes y genera aún más deterioro económico.
La distribución espacial que queda como resultante del movimiento poblacional es si misma problemática, compleja, afectando no solo al que migra, sino igualmente a los que quedan. El éxodo, al generar un descenso de la población, muchas veces, trae como consecuencia características relacionadas con el despoblamiento y sus efectos en lo territorial cómo; la pérdida de servicios y equipamiento, el deterioro de la accesibilidad a las políticas públicas, el desaprovechamiento de la capacidad instalada, que, llevan entre otras dificultades a la desertización socioeconómica y a un territorio que queda desvertebrado a partir de la distribución desigual de la población.
Por otra parte, otra consecuencia es el aumento de conglomerados urbanos heterogéneos, con espacios en disputa, que conviven con la discriminación y la xenofobia.
Es posible vincular el fenómeno de los movimientos poblacionales con factores multicausales, el capitalismo financiero en su forma de neoliberalismo construye una forma de pensamiento global donde el atravesamiento marcado por las nociones de inclusión y exclusión social, insinúa o expresa la existencia de poblaciones que autores como Zygmount Baumann (2017), explican como un “excedente económico”. De esta manera, para este autor, las migraciones no significan una novedad, siempre existieron. Pero, a partir de la globalización alcanzaron características singulares. El mundo neoliberal implica la producción de excedentes de personas “superfluas”, que se ven forzadas a migrar para buscar mejorar sus condiciones de vida o para escapar de las guerras. Así la condición humana gracias al neoliberalismo, se transformó en un simple dato macroeconómico, alejado de la cultura, de lo colectivo, del todo social. Mientras en un extremo, sectores de la población temen perder su trabajo, su estabilidad, su condición social, en el otro, muchos que ya lo perdieron todo no dudan en desplazarse en busca de horizontes diferentes que podrían ser más promisorios.
Los últimos años, se caracterizaron por la existencia de movimientos migratorios en todo mundo entero. En América Latina se puede observar, por ejemplo, en Venezuela, una migración forzada como mecanismo de supervivencia, debido a la alteración socioeconómica que generaron; sanciones, bloqueos y acciones políticas de desestabilización, sumadas a los problemas estructurales. También, existen movimientos poblacionales dentro de los países, a partir de las desigualdades, el quiebre de las economías regionales, el avance del mono cultivo, las violencias y las guerras. Otro movimiento poblacional que conmociona estas décadas es el de de las caravanas que partieron de diferentes países de Centro América y que se movilizaron hacia México con el propósito de llegar a Estados Unidos que pueden entenderse como producto de la inestabilidad política, la pobreza, el desempleo y la violencia que se vive en esa región. La caravanas se incrementan generalmente con ciudadanos de diferentes países que se van sumando por condiciones similares. En México, se vivieron las migraciones en dos planos, por un lado, la aparición de inmigrantes provenientes de las caravanas de Centro América y por otro la hostilidad manifiesta de los EE UU para con los mexicanos y latinoamericanos que pretenden migrar a ese país o que lo habitan en condiciones de “ilegales”.
En Argentina, fundamentalmente surgieron discursos estigmatizantes y de segregación relacionados con algunos grupos migrantes, reafirmándose desde el discurso oficial, durante el gobierno de Mauricio Macri (2015-2019) la importancia de generar control y selección de poblaciones. Estas cuestiones, en muchos casos, crearon situaciones de violencia, encierro formación de campos de refugiados que se transformaron en guetos, generándose situaciones de padecimiento de todo tipo que transformaron a los inmigrantes en un una especie de causantes de los desequilibrios económicos y desigualdades que genera el modelo neoliberal.
Así el inmigrante, además es chivo expiatorio y se lo utiliza para explicar los males que la desigual distribución de la riqueza que se genera en las sociedades actuales. Concibiendo una especie de reaparición de un Otro, ahora amenazante, que rápidamente ingresa a las categorías de Estereotipo, Prejuicio y Estigmatización. En las sociedades donde la desigualdad es impuesta desde lo económico, lo político y lo cultural como una condición natural, la emergencia de esa nueva otredad implica pujas de orden territorial, laboral y principalmente de acceso a las estrategias de sobrevivencia.
Ese nuevo, recién llegado es condenado de diferentes formas a permanecer en los bordes de la sociedad como una amenaza y dentro de ella, es visto como el portador de un fatalismo que generará un futuro más incierto e injusto. De esta manera, el extranjero es construido como una entidad sin condición humana para ser reconocido, en una especie de “forma social”, que se nombra como; “indocumentado”, “ilegal”, ”producto de una inmigración descontrolada”, “riesgo social” ,etc. Dificultando e impidiéndole la posibilidad de ser con otros. También en sociedades donde la construcción de identidad y pertenencia ha sido apropiada por el mercado, ese Otro, en tanto diferente se transforma en un mecanismo de construcción de identidad a través de la proyección y el rechazo. Así, el extranjero, el migrante puede ocupar el lugar de lo siniestro conjugando de manera compleja formas de extrañeza y familiaridad para ingresar en la pesadilla de la discriminación, el engaño, donde la única certeza que se construye es una especie de promesa de la imposibilidad de estar peor del lugar desde donde se proviene.
D-Lazo Social, Interculturalidad y posibilidades de la intervención en lo social
La construcción de espacios de encuentro, comunicación e intercambio muestra la posibilidad de generar escenarios para el desarrollo de intervenciones sociales que operen sobre los lazos sociales, reconstruyendo los que se deterioran o pierden en un proceso migratorio. La intervención se ubica, entonces en el lugar donde el fenómeno de la migración interroga y se transforma en una forma de padecimiento.
Las relaciones sociales que se generan desde lo intercultural se apoyan en el reconocimiento de la diversidad y en la perspectiva de que el respeto y aceptación de ésta implica un beneficio mutuo. La interculturalidad surge como una preocupación y también a partir de un cuestionamiento que implica un reconocimiento de la diversidad en todas sus esferas. Básicamente se la puede entender como un proceso de interacción entre diferentes culturas en la perspectiva de lograr formas de intercambio que generen, más y diferentes posibilidades de cohesión e integración social en contextos complejos como una forma de resistencia y enriquecimiento de lo colectivo.
La interculturalidad, al partir de la base de la no aceptación de supremacías de ningún tipo, se posiciona desde miradas y abordajes horizontales en escenarios de reconocimiento de lo Otro.
Básicamente la noción de interculturalidad no abarca a la relación entre las culturas solamente, esta cuestión sería una especie de medio para lograr intercambios y reciprocidades que abarquen, saberes, formas de conocer, habilidades y capacidades.
La interculturalidad, se nos presenta como un interesante ámbito para construir dispositivos de intervención social donde, la inclusión de lo diferente puede ser entendido cómo un horizonte cargado de sentido y posibilidad de aporte al todo social. Esta mirada podría mostrar como las migraciones generan diferentes formas de reflexión que poseen la potencialidad de aportar no solamente a ese proceso, sino también a una mirada revisada sobre la diversidad que también se puede construir alrededor de las características culturales propias.
La intervención en lo social tiene la posibilidad de ordenarlas, organizarlas y especialmente hacerlas ver en función de sus implicancias y capacidades de integración o ruptura del tejido social.
Desde esta perspectiva la interculturalidad se presenta como una posibilidad desde lo ético, así, no se puede entender solo como un mero instrumento de intercambio entre personas de culturas diversas. Requiere de la generación de un diálogo con capacidad de cuestionar las relaciones de desigualdad y discriminación que atraviesan a toda la sociedad.
Bibliografía
Zygmount, B. (2017). Extraños llamando a la puerta. Editorial Paidós: Barcelona.

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