martes, 4 de abril de 2023

Los tiempos de la gran ruptura.Por: Alfredo J. M. Carballeda

 Los tiempos de la gran ruptura.


El trípode Libertad- Igualdad y Fraternidad que dio forma a los ideales de Occidente desde mediados del siglo XVIII, estalla y se separa luego de años de desgaste generados desde la lógica de construcción de sentido común que genera el Neoliberalismo.
Se difumina, minuto a minuto un mundo donde la Libertad era sostenida desde la Igualdad y esa amalgama construía o prometía sociedades fraternas, inclusivas y con perspectiva de diferentes formas promisorias de futuro.
La gran escisión logró hacer que cada uno de esos conceptos, más que fusionarse y hacerse más potentes se separen y pujen entre sí. De esta manera habitamos una cultura que nos recuerda de manera permanente que la Libertad es un bien que debe adquirirse en el mercado a través de propuestas meritocráticas, la Libertad dejó de ser un derecho para convertirse en un atributo de los supuestos “ganadores” en la puja del “libre” mercado.
Así la Libertad, al desprenderse de la Igualdad se convierte en una competencia donde la igualdad de unos perjudica la libertad económica de otros, mientras que la Fraternidad, la idea de cohesión, de integración social es presentada como una utopía romántica y naif. Un Valor olvidado que reaparece solo cuando el mercado convoca a la unión recordando viejos sentimientos olvidados en el fondo de la memoria. Una libertad sin sociedad, sin acuerdos, sin mediaciones, sin responsabilidades, una libertad que solo pueden ejercer los poderosos. Así, en nombre de la libertad se ataca lo que queda de las tramas sociales, la fortaleza de los sujetos colectivos, la posibilidad de contención y apoyo de los Estados será llamada “populista” y así es desmantelada, lo mismo ocurre con la defensa de los derechos de los más débiles que rápidamente es acusada de “garantista”, como si garantizar derechos sociales y civiles sea una especie de emulación del delito y la transgresión.
Es difícil pensar en fraternidad en contexto donde sobresale la competencia sin reglas, la impunidad del poder económico y el sustento de todas estas cuestiones con un telón de fondo donde se elogia la ignorancia y la inmediatez del modo “panelista” de conocimiento.
Ese trípode se derrumba y, tal vez, esa caída demuestre lo endeble de su sentido y fundamentalmente que es necesario construir otros, con otras lógicas con una perspectiva puesta en el Sur, tomando, quizás aportes de esa promesa surgida en 1789 y que fue base de nuestras independencias, pero construirlo desde un pensar situado, sin ausencias ni prohibiciones, donde la dignidad y la condición humana sean los ejes rectores por encima de las libertades que solo benefician a los más fuertes y especialmente a los “mercados”. Afirmando que no hay Libertad en la desigualdad, en lo indigno, en la fragmentación, en comunidades ausentes. No hay libertad sin otredad.






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