lunes, 20 de mayo de 2024

Pensar la Salud Mental en contextos de desigualdad y miseria planificada. Por. Alfredo Juan Manuel Carballeda


 1-    Algunas Coordenadas posibles para pensar los nuevos escenarios de Intervención Social.

El crecimiento exponencial de la desigualdad y sus consecuencias inevitables hoy  trasciende las estadísticas y la mayoría de los datos cuantitativos, se inscribe en la subjetividad colectiva e interpela a prácticas e instituciones de manera diferente y urgente. La incertidumbre, en el terreno del  día a día, se impone como una nueva forma de colapso del futuro. La promoción social ascendente, que diferenciaba a nuestro país del resto de las naciones de América, se transforma en una utopía o resabio del pasado, todas estas transformaciones se expresan en una sociedad que comienza a sentir los golpes de un programa económico, cuyos comunes  denominadores son;  la crueldad, una especie de goce detrás del padecimiento del Otro, los discursos de odio y la eliminación de diferentes maneras de la disidencia.

Por otra parte, los efectos de la Pandemia tanto desde sus aspectos objetivos y medibles, por ejemplo en relación a la distribución de la riqueza, son evidentes. Pero también comienzan a visibilizarse  en la construcción de una forma de subjetividad que generó, por lo menos discursivamente, una tensión más en nuestra sociedad; esta vez entre incluidos y excluidos, donde se responsabilizó a los primeros de manera global de los padecimientos de los segundos, exculpando de una forma astuta y falaz a quienes se enriquecieron y construyeron más formas de desigualdad y dolor.

Aún no conocemos de forma sistemática y científica las diferentes  influencias de ese acontecimiento en el padecimiento subjetivo pero, se hace indiscutible la influencia de lo social en el mismo. A su vez, se constituyó una nueva manera de digitalización de la vida cotidiana, con diversos lenguajes, donde la cotidianeidad se hace pública, expuesta, observada, un espacio- imagen donde se es admirado u odiado. El desarrollo de redes sociales construyó nuevos discursos, una forma de lenguaje que pareciera le cuesta articular, relacionar,  sumergirse en el territorio, o meramente transitarlo. La velocidad de la Red, fundamentalmente, nos impide visibilizar el contexto, lo colectivo.

Las subjetividades arrasadas que venían siéndolo desde antes de la Pandemia, se contextualizan ahora con un mayor nivel de complejidad, poniéndose en cuestión el traspaso de pautas culturales, la transmisión del legado simbólico, y un encuentro con el Otro que cada vez parece más signado por diferentes formas de violencia.

La persecución mediática, política y judicial a dirigentes políticos y de organizaciones sociales, van construyendo y ratificando una sociedad violenta donde el discurso, la palabra, el lenguaje, no construyen con facilidad formas de articulación y vinculación. Se complementa  en la  construcción de una sociedad donde el Estado se hace cada día más presente en forma de gendarme y ausente en su faceta de protección social.

A su vez, la alteración de la estructura de la vida cotidiana, el necesario desarrollo de estrategias de sobrevivencia que se van adecuando según cambios  repentinos, complican todo sistema de comunicación y programación en diferentes aspectos, familiares, referenciales o institucionales. Así, la fragmentación social tiene más elementos para crecer y el lazo social se debilita, perdiendo su posibilidad de construcción de comunidad, construyendo un escenario donde se ponen en tensión la dignidad y la sobrevivencia. 

El éxito como sinónimo de adquisición de bienes, sumado al temor a caer en la exclusión social, construye formas de subjetividad y padecimiento que se asientan en un crecimiento de la inseguridad social y la desprotección. En contextos  donde la única salida que se propone pasa por la meritocracia. De esta manera, las  sociedades que habitamos se dividen en “ganadores” y “perdedores”, estos, lo son por su  por su “propio esfuerzo”, así los “perdedores” son los responsables individualmente del lugar que ocupan en la sociedad, negándose la posibilidad de pensar condicionantes económicos, políticos y sociales y, consecuentemente de respuestas de índole colectiva. Las sociedades que construyen su razón de ser en el éxito y la obtención de bienes, ingresan en la paradoja en la cual, el cumplimiento de ese mandato se hace cada vez más difícil y frustrante no consumarlo.

La crisis de la Ley a partir de una “deslegitimación” del Poder Judicial, orada las perspectivas de responsabilidad de toda una sociedad, se asemeja a algunas definiciones de “guerra”; como un espacio social donde no hay normas ni certezas. Pero también genera una fuerte disrupción en el terreno de la responsabilidad, que se expresa especialmente en el cuidado del todo social.

Un mundo alterado a partir de guerras que crecen en forma constante, aproximando la posibilidad de uso de armas nucleares, la alteración sostenida durante  décadas del equilibrio ecológico, el desarrollo de políticas extractivistas con forma de depredación, nos llevan a diferentes escenarios de catástrofe, de orden bélico o ambiental. 

2-    Nuevas formas del Padecimiento Subjetivo: Las sociedades de la desolación, la frustración y la incertidumbre.

“En la Sociedad de la decepción, mientras los mayores se visten con desenfado y no quieren envejecer, los jóvenes adultos juegan a ser niños en los parques temáticos, van en patineta y compran ositos de peluche

Gilles Lipovetsky. La sociedad de la decepción

 

La fragmentación de la sociedad, se vincula con el desmoronamiento de la noción de semejante, sumada a una disrupción en el sistema de creencias, la incertidumbre se padece, se expresa  en diferentes formas de demanda que muchas veces van más allá de teorías y formatos de intervención pensadas para otros contextos históricos, culturales y sociales.

Tal vez, la imposición violenta de sentido común a través de los medios de comunicación, al igual que en la Dictadura Cívico Militar, genere más aislamiento y situaciones de desolación que se instalan en la esfera de la vida cotidiana a partir de un trasfondo de “libertad” que solo puede ejercer el Mercado, así una falsa fuerza de autonomía  se transforma en padecimiento, donde quedamos presos de nuestra propia libertad. Una libertad cada vez más violenta, donde la explotación de uno mismo se presenta como eficiente y posible para sobrevivir y quedar por  encima de los demás, construyendo una especie de ascenso social por “merito propio”, basado en la voluntad individual y el “autocontrol”. Pero, cuando esto no se logra, las explicaciones transcurren por  el racismo, la xenofobia, y la “corrupción”.  

En camino hacia una sociedad donde el orden autoritario se impone a través de economistas que actúan como profetas que muchas veces justifican la violencia de la desigualdad, el hambre y la disolución del lazo social. La precariedad del empleo, su informalidad, la degradación, marcan más formas de desigualdad y competencia en escenarios donde las aspiraciones se tornan cada vez más materiales, a través de la pulsión a acceder a bienes que poseen un carácter simbólico que se va intensificando. Así se construyen otras formas de frustración y búsquedas de reconocimiento y afirmación de uno mismo de manera individual y a través de objetos, en un estado de insuficiencia eterna.

La frustración también se construye en América desde la inferiorización de quienes habitamos este lugar del mundo, desde argumentos de superioridad racial, civilizatoria o cultural, nos marcan nuestras limitaciones y posibilidades.

A su vez, en nuestras sociedades la lógica de mercado, de la competencia, de la sobrevivencia del más fuerte, nos obliga a “estar bien”, a acomodar gestos, rostros y corporalidades a ese mandato, bajo el riesgo de no sobrevivir, ser excluidos, perder el trabajo o la inserción en diferentes grupos de referencia.

En síntesis, nos encontramos frente a escenarios complejos, con problemáticas sociales complejas que nos atraviesan, impactando en diferentes esferas, tanto en las Instituciones, las prácticas y esencialmente en la construcción de nuevas formas de padecimiento.

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