lunes, 22 de mayo de 2023

EL PROYECTO DEL NEOLIBERALISMO Y LA CONSTRUCCIÓN DE SUBJETIVIDAD. Por Alfredo Juan Manuel Carballeda Ponencia en FAUATS 2019

 

1- La fragmentación social como problema.
La fragmentación social implica, entre muchas otras cuestiones una interpelación al Trabajo Social, allí lo que se fragmenta, rompe es el lazo social. La fragmentación, también interpela desde las instituciones y el territorio. Por otro lado, la desigualdad actúa como operador social, no solo es un dato estadístico, implica la construcción de una forma de terror que se expresa en la subjetividad y genera conductas, acciones y trayectorias que apuntan a no “caer” en la exclusión social. De aceptar cualquier condición para seguir perteneciendo. Los casi cuatro años de neoliberalismo feroz que se viene aplicando en la Argentina implican; un desmantelamiento programado y sistemático del Sistema de Protección Social, una serie de estrategias de publicidad política que apuntan a la difuminación de derechos civiles y sociales. Nuevas formas de inseguridad se relacionan con la falta de certeza con respecto a las posibilidades de contención o apoyo desde las políticas públicas y el Estado. Esa instalación logró ir construyendo una subjetividad sometida que se siente culpable de sus derechos, confiriéndoles un tono vergonzante. Nuestras sociedades se tornaron violentas y como producto de estas presiones el lazo social estalla y genera más y nuevas formas de padecimiento. Desde allí construyen como forma de alivio, nuevas formas de estereotipos, prejuicios y estigmas. El neoliberalismo logró instalar una sensación de guerra a partir de la caída y falta casi absoluta de certezas. La Incertidumbre, atraviesa a la Ley, la idea de Futuro y desorganiza la vida cotidiana. El mercado sigue siendo un Leviatán que lentamente va devorando a la sociedad para de construirla dentro de su lógica de dominación.
2-El lugar del Otro y las prácticas.
La desubjetivación. Esa construcción de subjetividad que genera el incremento de estos tiempos de neoliberalismo genera nuevas formas de justificación de la desigualdad, retomando experiencias anteriores, ridiculizando, desautorizando, inferiorizando, incapacitando y fundamentalmente haciendo culpables a los más castigados de aquello que ocurre. Intenta lograrlo a través de diferentes formas de construcción; la meritocracia, la auto ayuda, la negación del lazo social, la exaltación del egoísmo, la negación de la historia y de lo colectivo. Un resultado de todo eso son las campañas de odio racial, político y cultural. Todas estas cuestiones interpelan tanto a las prácticas del Trabajo Social como a su capacidad de Investigación el punto de vista de nuestro conocimiento que fundamentalmente viene desde los diálogos y preguntas que generan las prácticas cotidianas. Nuestro conocimiento como reflexión, nuestro conocimiento en la investigación y nuestros aportes a las Ciencias Sociales. Fíjense que los discursos de odio no son solamente argentinos, son mundiales. El discurso de odio es el discurso que hace poco un joven de 21 años norteamericano emitió, después de agarrar un rifle y matar a 21 personas, porque llegó a matar a 21 pero quería matar muchos más, quería matar mexicanos. O sea, se instala una lógica del odio, se instala una lógica de la exterminación del otro. Eso es neoliberalismo puro y tal vez sea como la última etapa de ese neoliberalismo ¿por qué última etapa? Porque en algún momento vamos a reaccionar, en algún momento vamos a decir basta, en algún momento vamos a decir no. Y creo que en Argentina venimos diciendo basta y venimos diciendo no tal vez a partir de ahora con más fuerza o con más énfasis. En ese punto, también diría que aparece una lógica que es bastante interesante como para pensarla, que se las comparto, que es la idea de dañar al otro aunque eso implique también dañarme a mí, tal vez estas cuestiones expliquen el voto a Bolsonaro, a Macri, por eso los ingleses tal vez votaron el Brexit,, o Trump en Estados Unidos. Entonces, es llamativo analizar a qué nivel de locura, de conquista de la subjetividad se ha llegado donde con tal de dañar al otro, aceptando el daño el daño a mí mismo. Y creo que los que trabajamos en lo social, esto lo vemos todo el tiempo en las prácticas. Por ejemplo, cuando se puja por la accesibilidad a las políticas sociales, cuando se puja por estar primero en la fila en el Centro de Salud. Creo que lo vemos mucho en la práctica, en el sentido, de qué logra el neoliberalismo, romper toda forma de solidaridad. Pero romper toda forma de solidaridad también implica romper toda forma de proyecto colectivo, porque en el proyecto colectivo se construye la solidaridad. Se construye a partir de un otro necesario en función de transitar ese camino. Por otro lado, también lo que logra el neoliberalismo en este avance, que es el tema al cual nos invitaron a trabajar hoy, es una interacción discursiva donde se anula la reflexión acerca de las causas de lo que nos pasa. Enseguida se dice que pasa porque hay “corrupción”, sin reflexión, poca reflexividad. Y creo que desde el Trabajo Social y desde las Ciencias Sociales tenemos que aportar todo el tiempo reflexividad. Es decir, pujar, discutir cómo logra el neoliberalismo, cortar, a partir de una interacción discursiva, anular, decíamos recién, la reflexión acerca de las causas de los padecimientos sociales, olvidarnos de que hay dominadores y dominados. ¿Por qué hay problemas? La respuesta fácil neoliberal es: porque hay corrupción ¿por qué hay desigualdad? porque hay corrupción y porque lo dijo alguien en un medio de comunicación y se asumió como tal, casi como una verdad absoluta sin discusión. Entonces lo que venimos diciendo, se vincula con lo que se viene planteando desde hace tiempo, como batalla cultural. Pero la batalla cultural no es una declamación, la batalla cultural, dialoga intensamente con la intervención. De esa manera, a partir de esta instalación discursiva que planteábamos recién, donde se anula la reflexión, el problema siempre se individualiza. Porque el otro individualmente roba mi tranquilidad, mi libertad, mi goce, vive de mis impuestos, no quiere trabajar, vive de la ayuda del Estado, es inútil, es violento, corta la calle, y la intervención del Estado en vez de hacerlo meritocrático, lo incapacita. Dígame si esto no lo escuchamos todo el tiempo, hay un permanente golpeteo en nuestra subjetividad, minuto a minuto, segundo a segundo, desde distintos aspectos, no del noticiero solamente. Esto lo vemos en la estética, lo vemos en los programas de televisión, lo vemos en el cine, hasta en la plástica lo podemos llegar a analizar. Entonces, si reconocemos esto como problema estamos frente a un tema de intervención, si lo leo en clave de Trabajo Social ¿Cómo trabajar con esto? ¿Cómo trabajar con la subjetividad? Porque la subjetividad no es un tema solamente de la psicología. La subjetividad es un tema de las Ciencias Sociales, la subjetividad es un tema de la Filosofía. Y la subjetividad desde hace mucho tiempo se ha instalado como gran tema de intervención dentro del campo del Trabajo Social, a partir de lo que podemos llamar "padecimiento subjetivo". No sólo se padece el hambre, sino que se padece la vergüenza de tener hambre. Entonces creo que durante décadas el Trabajo Social, tal vez, estuvo equivocado solamente pensando en lo objetivo, y no pensando en lo subjetivo. Se padece un proceso de estigmatización, se padece vivir en la villa, pero también se padece no poder decir vivo en la villa, aunque esté orgulloso de vivir en ese barrio. Entonces, como lo venimos trabajando hace bastante, es una invitación a trabajar la cuestión de la subjetividad en clave de intervención. Ese otro que roba tranquilidad, mi libertad, mi goce, vive mis impuestos, no quiere trabajar, y todo lo que dije recién, es el extranjero, el pobre, el desempleado ¿Quién lo defiende? El populista ¿quién sale a defender a ese otro? y son populistas, y sí, de paro, planes, son los que les pagan los micros, son los que les pagan los choripanes. O sea, fíjense qué interesante, toda acción colectiva de cuidado del otro es desacreditada, es desmantelada, es denigrada. A partir de una palabra -que vale la pena discutir, no sería el tema de hoy porque sería como muy largo- "populismo", por qué nos vamos a pelear tanto con la palabra populismo. Una cosa es el populismo en Francia y otra cosa es el populismo en Argentina. Nos hizo muy bien el populismo a los argentinos, en mi humilde opinión. Tal vez fue muy malo para los franceses, pero es un problema de ellos. No podemos estudiar populismo con literatura francesa, ni británica, ni alemana, ni europea en general. Pensemos el populismo desde nuestra perspectiva, ya pueblo es una categoría que no usamos, y creo que deberíamos volver a usar en clave latinoamericana, en clave de cómo leemos desde Argentina, desde Chile, desde Brasil, desde Uruguay, desde América Latina en general. Y se instala también, con esto de que el otro roba -como decíamos recién- mi 53 tranquilidad, el otro está beneficiado por el populismo, la idea de que yo también, nosotros, los que criticamos, vivimos por encima de nuestras posibilidades. Entonces tenemos que reconocer que gastamos de más, cómo vamos a pagar las tarifas que pagábamos, cómo nos íbamos a comprar un plasma de 50 si podemos andar bien con un plasma de 20. Culpabilizan el goce, para decir de una manera rápida y sencilla. ¿Quién generó ese goce? El populismo ¿Qué es eso? “corrupción”. O sea, todo el bienestar que pudimos haber tenido en función de mejorar nuestra calidad de vida, en función de comer bien, en función de no tener desorganizada nuestra vida cotidiana, en función de no estar juntando el dinero para el colectivo, en función de todo lo que hoy atraviesa nuestra cotidianeidad, eso es efecto de la corrupción populista. Y díganme si eso no está inscripto en todas las instituciones en las cuales nosotros trabajamos, ojo, y en nosotros también. Como decía Kush, antes que nada, hay que hacer un autoanálisis de cada uno de nosotros y ver cuántos rasgos de colonización tenemos y cómo desprendernos de esa forma de pensamiento, o cómo dialogar, discutir, poner en cuestión esos temas. Y por supuesto el proyecto colectivo, partido o movimiento, que acompañó ese proceso de bienestar, es cómplice, es culpable ¿culpable de qué? de la crisis actual, díganme si no escucharon eso. Ahora, cuando lo ponemos arriba de la mesa y lo analizamos seriamente, usemos la palabra científicamente, lo investigamos, es un absurdo, la afirmación es un absurdo. Así como Francis Fukuyama era, permítanme la palabra, una invención, ¿Quién es Francis Fukuyama? No existe, es un invento del departamento de Estado. Pero lo estudiábamos, yo recuerdo, década del '90 en FLACSO leíamos a Francis Fukuyama en inglés, porque había que leerlo en inglés, y a Samuel Huntington, en inglés. Y querían hacer creer “el fin de la historia creíamos,” y la guerra de las culturas. Ahora, cuando empezamos a estudiar de dónde viene todo eso, nos empezamos a dar cuenta de que son todas creaciones teóricas del departamento de Estado. Entonces de repente yo puedo estar leyendo un texto que está elaborado en el departamento de Estado, que justifica el Consenso de Washington. El Consenso de Washington no se hizo en la UBA, o en una Universidad Latinoamericana, el Consenso de Washington se hizo en una oficina de economistas en Estados Unidos y les puedo asegurar que no fue ningún consenso. Entonces, digo, seamos libres y permitamos poner en cuestión, desacreditemos, seamos rebeldes en ese sentido, desacreditemos esos discursos que se nos imponen como hegemónicos ¿Cómo se resuelve todo esto? Decíamos antes que el otro me roba, etc. Y la resolución es individual, me pongo una cervecería, tengo que ser un emprendedor. La solución es meritocrática, la solución es el esfuerzo. La solución es, ya sabemos, el famoso "sí se puede". Entonces, las fallas del sistema democrático se resuelven en dos esferas: a partir del neoliberalismo, y a partir del esfuerzo individual, desde esta lógica que nos están 54 imponiendo obviamente. Y toda salida colectiva, de vuelta, es acusada de sospechosa, las marchas, las movilizaciones, los militantes son pagos, etc. Entonces, la única opción, vuelvo a decirlo, es la meritocracia. Pero la meritocracia implica también la exaltación de la codicia, la exaltación del odio, la exaltación de la competencia y la exaltación de la idea de otro como cosa, como obstáculo, como algo que impide que yo venda la cerveza que tengo que vender si me hice auto emprendedor cervecero. Entonces hay una cuestión que la ponemos en discusión. Generalmente, cuando uno prepara este tipo de ponencias, por lo menos en mi caso, trato de usarlas como lugares de reflexión, no me gusta venir con texto cerrados, me gusta después interactuar, tal vez tengamos preguntas o no, pero uno interactúa en los pasillos, se lleva comentarios y me parece útil, a mí me sirve trabajar más desde una perspectiva abierta. Planteo otra vida de entrada que es cómo trabajamos esto desde nuestra disciplina, desde el Trabajo Social. Lo primero que yo diría en función del Trabajo Social, es invertir la pregunta. Siempre se habla del aporte de las Ciencias Sociales al Trabajo Social. Yo lo que empezaría a plantearme es que las Ciencias Sociales necesitan del Trabajo Social. Empecemos a pensar el aporte del Trabajo Social a las Ciencias Sociales, las Ciencias Sociales están muy atrasadas, no están dando las respuestas que necesitamos. Entonces ¿quién puede ayudar? Ayudemos a las Ciencias Sociales, colaboremos con las Ciencias Sociales. Aportémosle a las Ciencias Sociales la visión que le falta, porque la visión de lo micro que tenemos nosotros no la tiene las Ciencias Sociales. Yo puedo hablar como problema social del desempleo desde la Sociología, perfecto, una tasa, condiciones de vida. Pero ¿quién está con los desempleados ahora, los que no están acá? El trabajador social del centro de salud que quedó en Mar del Plata, que quedó en Buenos Aires, que quedó en Catamarca, donde fuese. Y ahí construimos conocimientos. Y ahí construimos otra forma de saber que creo que puede ser muy útil a las Ciencias Sociales que, sería como para otro encuentro, pero sí diría que hay que discutir algunas cuestiones metodológicas. Parece que los métodos que estamos utilizando no están siendo muy útiles porque estamos llegando tarde, pero bueno lo dejamos ahí, no quiero entrar en ese tipo de discusión. Pero, digo, pensémoslo, pero ojo, sí soy enfático, pensemos en los aportes del Trabajo Social a las Ciencias Sociales, las Ciencias Sociales nos necesitan. Entonces démonos la libertad de pensar también por allí. Otro tema de intervención, lo social y la fragmentación ¿Cómo trabajamos la fragmentación del lazo social? Hace poquito, el 21 de agosto, días atrás, se celebró el día del Trabajo Social en México. El documento que emitió la Escuela de Trabajo Social de la UNAM a partir de los cambios que está teniendo México, a partir de Martínez Obrador, a partir de esta ola que ojalá que se junte el norte con el sur y hagamos un lindo sándwich y volvamos de una manera diferente, lo que plantea el documento de la Escuela de Trabajo Social de la UNAM, es que el Trabajo Social la disciplina más habilitada para reparar el tejido social mexicano. Entonces, digo, la fragmentación social es un tema de intervención. Y la fragmentación social ¿quién la genera? la desigualdad, y ¿quién genera la desigualdad? el neoliberalismo. Pero el neoliberalismo no solamente genera desigualdad, genera la idea de que tengo que aceptar la desigualdad. Entonces el tema es objetivo y subjetivo, como decíamos antes. Trabajar la desigualdad, como decíamos recién, y trabajar también en función de cómo miramos lo macro, porque nosotros también miramos lo macro todo el tiempo. Y ahí yo diría, dejemos de medir la pobreza, empecemos a medir la riqueza. Empecemos a medir la relación riqueza pobreza, y cómo la riqueza genera pobreza. Que haya tanto porcentaje de pobres, o que la diferencia de la UCA con el INDEC y la UBA sea de dos puntos, tres puntos, cuatro puntos, cinco puntos, no nos dice mucho. Sí nos dice mucho cuando empezamos a darnos cuenta de que la concentración de la riqueza en Argentina hoy es obscena, y dentro de 15 minutos va a ser más obscena, porque están vendiendo los dólares seguramente en este momento para sostener el precio del dólar a partir de las corridas que hay. Entonces digo pensemos cómo impacta la concentración de la riqueza en la vida cotidiana, no es solamente medir pobreza. Y cómo esa concentración de la riqueza en la vida cotidiana plantea una situación, insisto con la palabra, de obscenidad, que trastorna y trastoca el mundo de sentido y de construcción simbólica de cada uno de nosotros. También eso tiene que ver con un desmantelamiento del sistema de protección social. Ayer conversábamos un poco de eso, cómo todo el tiempo los trabajadores sociales estamos inventando estrategias para que la gente acceda. Creo que reconocemos mucho eso en nuestras prácticas ¿No estamos haciendo todo el tiempo piruetas para que la persona acceda? Incluso transgrediendo lo que son protocolos, normas. Y por qué no hacemos de esa trasgresión una bandera, porque esa trasgresión tal vez sea la forma de construcción de Estado que necesitamos en poco tiempo, la famosa transversalidad, que podemos trabajar más singularmente las trayectorias de los sujetos con los cuales intervenimos y no como población homogénea a partir de políticas sociales duras. Es lo que hacemos, creo que soy claro. Cuando pensamos una derivación hoy, qué hacemos, le decimos vaya, no, llamamos por teléfono al amigo que tenemos en el lugar adonde derivamos y le decimos va a ir Paula con una notita. Entonces eso es intervención, y eso es una forma de luchar contra el desmantelamiento del sistema de protección social desde la clandestinidad, casi clandestinidad. Y fíjense que no estoy diciendo hagamos, estoy diciendo reconozcamos lo que hacemos. Entonces también es importante que nos empecemos a mirar desde la elucidación, en función de nuestras prácticas. ¿Cómo trabajar los espacios de socialización?, ¿cómo trabajar, en clave de intervención, la aceptación pasiva de pérdida de derechos sociales? Entonces 56 estas cuestiones hay que trabajarlas, es un tema de trabajo, no puede ser que un derecho sea algo vergonzante. Pero si hay una presión mediática hegemónica neoliberal se va a transformar en algo vergonzante. Entonces en ese sentido, tenemos que trabajar nuestra forma de escuchar, nuestra forma de entrevistar, nuestra forma de mirar, nuestras formas de hacer. ¿Cómo trabajar las violencias?, ¿cómo trabajar la inseguridad social? Cuando hablamos de Inseguridad social, me refiero a la inseguridad del suelo, del trabajo, del alquiler, de las tarifas. No lo vamos a resolver, pero eso lo aprendimos los que trabajamos en la crisis del 2001. En el 2001 lo que ocurría era que toda la gente que venía a los servicios sociales sabía que no había nada, pero venían. Tal vez venían a ser escuchados, tal vez venían a recibir alguna forma de conexión con organizaciones. Y muchas de esas idas y vueltas se transformaron en formas de resistencia en los movimientos sociales. Entonces no se trata de cerrar la ventanilla y que no venga nadie porque no hay recursos, se trata de también trabajar es ausencia, esa falencia, a partir de lo que decíamos recién. También trabajar la incertidumbre, trabajar esta idea de no futuro, creo que queda claro en función de lo que decíamos antes, no quiero ser reiterativo porque tenemos poco tiempo. Pero otros temas para trabajar, es el tema de la ley y de la responsabilidad. Porque en la Argentina yo digo la palabra ley, y qué le aparece en la cabeza a uno, Bonadío, Stornelli, D'Alessio. Qué ley puede cumplir un estudiante secundario en función de las normas de convivencia cuando la representación de la ley mediática es un señor de barba que festeja el 4 de julio y no el 25 de mayo ¿No les parece patético y vergonzante eso, no les da vergüenza? Y qué ley, dónde está la ley cuando cualquier persona, cualquiera de nosotros puede ser detenido hoy preventivamente porque puede hacer daño. En un país donde volvemos a tener presos políticos. Y si seguimos pensando en eso, cómo el mercado actúa como el leviatán, leviatán como monstruo bíblico. Vieron que eso está de moda de vuelta, cuidemos la tranquilidad de los mercados ¿Cómo tranquilizamos a los mercados? con más hambre, con más desigualdad, con muertes, entregando niños, entregando seguridades, entregando trabajo. Y con esto plantearía otro tema. Hay un tema que volvería a pensar desde el punto del neocolonialismo cultural, que es cómo trabajar la deconstrucción de una subjetividad que justifica la desigualdad, una subjetividad que nos descalifica porque nacimos acá. Pero si ustedes nacieron en Sudamérica, mejor lo hacen los alemanes, cómo van a fabricar autos. Que nos ridiculiza, que nos desautoriza, que nos hace inferiores, que nos hacen incapaces, que nos hace culpables. Eso sería pensamiento descolonial aplicado en la intervención, no sé si lo ven muy tirado de los pelos. Piensen en el mapa que aprendimos en la escuela primaria, piensen en Groenlandia, un territorio gigantesco, enorme. Si tienen ganas entren a Google y fíjense cuántos kilómetros cuadrados tiene Groenlandia 57 y comparen con los del Congo. El Congo es más grande que Groenlandia, y en nuestro imaginario Groenlandia parece una especie de monstruo y el Congo parece como algo pequeño. En Brasil entra toda Europa, en Argentina casi toda Europa, en México entran creo que doce Españas. Miren el mapa y parece que no. Y el mapa, por una cuestión casual, también porque lo hizo un alemán en 1569, el mapa que usamos, un poco atrasado está, el centro es Alemania. Fíjense cómo se nos coloniza desde chicos y desde chicos se nos marca que somos inferiores, no escucharon eso de "y estamos tan lejos" ¿lejos de qué? Esta construcción que el pensamiento occidental moderno hace de nosotros y que también genera, como dice Boaventura de Sousa Santos, una operación subjetiva que es muy fuerte, la separación humanidad de naturaleza. Y ojo ahí que eso es el pensamiento cartesiano, es el pensamiento de la modernidad. Si la naturaleza se separa de la humanidad, que es lo que hizo occidente en los últimos 500 años, la naturaleza pierde dignidad, entonces la naturaleza puede ser comprada, vendida, explotada, incendiada. En cualquier pensamiento no occidental la naturaleza forma parte de la dignidad de la humanidad. Entonces, eso que mencionaba Paula recién, esa cuestión dual. Y que aparece cuando se habla en lenguaje inclusivo, se rompe con esa dualidad. Y eso es interesante utilizarlo porque, es una forma discursiva de romper con mucho más de lo que uno estaría rompiendo, genera estas cuestiones binarias. Cuando Descartes dice "pienso luego existo" dice "yo pienso, ustedes no piensan". Y ustedes ¿quiénes son? nosotros. Cuando Colón hace sus primeras cartas no se pregunta quiénes son los que habitan en América, se pregunta qué son. Y la respuesta a qué son, es que no somos humanos, hace 500 años, pero díganme ¿no se expresa en la práctica eso? no hubo una reacción fabulosa, impresionante, excesiva cuando se incendió Notre Dame, una catedral muy linda, pero se está incendiando el Amazonas y no pasa nada. Sí, ahora, no sé si vieron los noticieros de hoy, hay una preocupación porque hay lluvias en Japón, ahora si hay lluvias en la Matanza no salen. Entonces creo que toda la cuestión de la colonización cultural está todo el tiempo y es una invitación para pensar la intervención. Entonces eso implicaría, para decirlo de una manera más teórica, sería entender que hay un goce en el ataque a la dignidad del otro. Cuando el presidente M. Macri, dice "aumento el dólar y dejo que corra", hay un goce. Cuando dice "si me pongo loco puedo hacer muchas cosas malas", es el goce del golpeador, si me permiten el ejemplo rápido. O un ejemplo más remanido "qué valiente el Ministro que se animó a bajar el sueldo", el Ministro goza, nosotros perdemos ingresos. Entonces la categoría goce que parece muy psicoanalítica también es social. Y también tiene que ver con la construcción de sentido y la construcción de subjetividad. Entonces, como para ir redondeando y cerrando, ahora sí diría que el Trabajo Social lo planteamos como una estrategia de recuperación -como lo venimos diciendo- de 58 lo histórico, de lo lúdico, de lo creativo, una forma de relación con la cultura, con los otros, con la historia, una forma de descolonizar la subjetividad, una forma de reconstruir lo colectivo, una forma de hacer que el diálogo macro-micro se transforme en acción, una práctica que interpela.



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