domingo, 5 de junio de 2022

Escenarios Sociales, Intervención y Acontecimiento. Por Alfredo Juan Manuel Carballeda


1 La Intervención en lo social hoy
Los cambios ocurridos en los últimos años muestran importantes transformaciones dentro de los escenarios de intervención en lo social. Estas, van desde los múltiples signos que dan cuenta una nueva crisis del capitalismo, especialmente del modelo neoliberal, junto con la persistencia de ese relato a través de sus diferentes formas de inscripción en la vida cotidiana.
De esta forma, las transformaciones contextuales vividas son singulares y fuertemente heterogéneas. Es posible pensar que dentro de cada espacio micro social conviven diferentes lógicas, a veces con preeminencia inestable de una sobre otra.
A su vez, pareciera que cada lugar de intervención se convierte en una contienda entre nuevos y viejos paradigmas. Ahora, la fragmentación social puede ser también vista a partir de escenarios donde prevalece la lógica neoliberal o la construcción de una mirada nueva que la resiste e intenta y logra construir nuevas formas de respuesta. Estas nuevas formas de fragmentación que ahora estarían abarcando lo social y lo cultural son posiblemente más accesibles a su visibilidad si son observadas desde el impacto intersubjetivo que construyen.
Esta forma de fragmentación, se observa en la intervención a partir de una gran heterogeneidad de representaciones sociales, comprensión y explicación de los problemas sobre los que se interviene, diferentes lógicas resolutivas y superposición de nociones también fraccionadas desde sus formas de conocimiento. Las instituciones Estatales, para estatales y no gubernamentales, muestran una multiplicidad de abordajes a partir de una gran heterogeneidad de marcos teóricos, muchas veces en pugna, que reflejan de alguna manera una nueva forma de politización de la sociedad. La crisis del neoliberalismo, pone en escena lentamente nuevamente a la política, a la necesidad de apelar al sentido, a la ideología, por fuera del fracaso y del pragmatismo de las prácticas, los protocolos y los análisis situacionales que se centraban en el presente, sin interpelar a la construcción histórica del padecimiento y las desigualdades.
De este modo la intervención en lo social presenta en la actualidad una nueva serie de interrogantes, estos, se encuentran ligados a la aparición de otros escenarios donde la transición entre la caída del relato neoliberal y la construcción de uno nuevo, que aún no está del todo escrito, muestran una intensa singularidad.
Es decir la intervención en lo social hoy implica la convivencia en un mismo contexto de diferentes lógicas con sus consecuentes formas de entender y revelar que se encuentran en tensión permanente, generándose de esta manera una serie de pujas que tienen un carácter novedoso para la época y remiten a la persistencia de lo “viejo” y su lucha con lo que está llegando, todavía no del todo conformado.
En los resabios de la lógica neoliberal es posible visualizar aún la permanencia tenaz de la desigualdad y sus justificativos de índole individual que insisten en naturalizarla, proponerla como ordenadora de la sociedad y fundamentalmente presentarla como una situación irrevocable.
La fragmentación social como efecto del neoliberalismo, hoy también se expresa en las dificultades para volver a engarzar la tríada igualdad, libertad y fraternidad que dio sentido a los Estados Sociales surgidos en la post II Guerra Mundial. Sus postulados neoliberales anunciados desde el terrorismo de mercado, implicaron un conflicto ineludible; la opción entre igualdad y libertad dado que su coexistencia sería imposible, de ahí que la desigualdad era planteada como irrevocable, oponiéndola a la libre acción individual que prometía el aumento del bienestar social a partir de la teoría del “derrame” y la “mano invisible del mercado”. De este modo la promesa neoliberal surgida a mediados de los setenta y ratificada con la “caída del muro de Berlín” proponía dejar de premiar a los ineficientes y castigar a los diligentes . El obstáculo principal para esta fórmula era el poder distributivo y protector del Estado, a través de sus dispositivos de intervención, desde allí se construyó parte de la lógica que proponía su desmantelamiento, transfiriendo a la “sociedad civil” las responsabilidades sociales de éste.
La inscripción social del abandono de los sistemas de protección social, nutrió y construyó formas de subjetividad que sostuvieron y sostienen en parte el giro cultural generado durante décadas por sociedades violentas donde se hacía y aún se hace una ostentación obscena de la desigualdad, impactando en las formas de gestación de la socialización, la pertenencia y construcción de sentido. Este registro también se inscribe en los cuerpos; así el cuerpo se transforma en una consecuencia de las producciones de sentido que se construyeron en las últimas décadas, cuando la falta de proyectos colectivos donde involucrarlo también ratificó una nueva forma de individualidad, como proyecto. De este modo el neoliberalismo también construyó una corporalidad indolora, donde el dolor no puede ser posible, cae en un sin sentido que le impide todo tipo de simbolización. Las transformaciones de los últimos años, con la consecuente vuelta de la política y lo social implican también un desafío hacia la intervención en lo social que también incluye la recuperación de la simbolización, de lo corporal. De ser así, se requerirán posiblemente de más y nuevas formas de conocimiento que construyan ese camino como una búsqueda desde la actualidad. Pero que también tengan la capacidad de encontrar en lo ya dicho antes de la catástrofe neoliberal los aportes útiles para recorrer ese trayecto. Los cuerpos se ubican en los escenarios atravesados por diferentes contradicciones.
Allí donde también formas nuevas y masivas de participación social y política conviven con discursos desde donde intenta sostenerse lo efímero, la deslegitimación de lo colectivo y la idea de felicidad como algo intimista, individual y material.
Aún las democracias en nuestro continente siguen siendo condicionadas por discursos hegemónicos de diversa índole que intentan inclinarlas hacia ya viejos pragmatismos y éticas reducidas que formaron, tal vez la parte más relevante del núcleo del pensamiento neoliberal.
El crecimiento económico, aún, no va necesariamente acompañado de mejores distribuciones de la riqueza, naturalizándose de esta manera la desigualdad, donde el temor sembrado hacia sociedades equitativas, suele ser el argumento de sostenimiento de la paz social como nuevo y desesperado sinónimo de la tranquilidad de los mercados.
Pero, el fin de las democracias de mercado va marcando la construcción de un nuevo relato que tiene características singulares, el Estado adquiere una nueva centralidad, obteniendo caracteres poli clasistas, conjuga formas democráticas clásicas de participación con movimientos sociales incluso con marcos de gestión que pueden entenderse como plesbicitarias. En consonancia con estas transformaciones, lo político vuelve, ahora para presentarse claramente como disputa entre proyectos opuestos que abarcan las decisiones de los gobiernos y se entromete en la vida cotidiana. La crisis del neoliberalismo, generó la paradoja de una nueva y múltiple preocupación por lo político, su propia dificultad, hizo renacer aquello que intentó demoler imponiendo un discurso único apoyado en el temor.
Esta serie de cuestiones, se expresan de diferente manera en lo micro social, lo singular y lo intersubjetivo como efecto de las transformaciones que generó el neoliberalismo desde la vida cotidiana hasta los imaginarios socioculturales.
El neoliberalismo logró construir profundas transformaciones en nuestras sociedades llegando a poner en riesgo a las formas de relación social y convivencia dentro de la democracia. La persistencia de las formas de subjetividad que surgieron como efecto de la violencia del mercado atraviesan de diferentes maneras e intensidades los escenarios de intervención en lo social, más allá de los cambios macroeconómicos o políticos. La inscripción del social del neoliberalismo todavía, sostiene y construye formas de subjetividad que nutren en parte los cambios culturales generados durante décadas por sociedades donde se hacía y aún se hace ostentación obscena de la desigualdad.
Es en este encuentro entre los nuevos rasgos del contexto y su expresión en la vida cotidiana transita hoy la intervención en lo social, de allí la complejidad de las problemáticas sociales actuales. No solo cambió la sociedad, los sujetos de intervención también son otros, en los cuales que prevalece es una singularidad enmarañada, inestable, donde también convive lo histórico social en tres aspectos; el pasado ligado a sociedades estables, las décadas de crisis ligadas al neoliberalismo y un presente donde nuevas formas de relación social, lazo, vínculo y tramas sociales está en permanente elaboración.
La Intervención el poder y el Trabajo Social
De este modo, las relaciones que se construyeron entre poder e intervención social en las últimas décadas se dieron en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados por la economía de mercado, en instituciones que no encuentran su sentido y perdieron su solidaridad entre sí.
Esa trama, se erigió en nuevos escenarios donde lo que sobresale son nuevas formas de expresión del padecimiento. Desde la pérdida de espacios de socialización, hasta el malestar producto de no sentirse parte de un todo social.
Se interviene en lugares donde se fueron mutilando sistemáticamente infinidad de capacidades y habilidades, sencillamente por efecto de la desigualdad social, la injusticia y el hambre.
En definitiva en nuevos escenarios de intervención, dentro de sociedades atravesada por relaciones violentas, por el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión con los otros, con la historia, con la memoria colectiva, pero también muchas veces encaminadas en procesos de reparación de lo perdido, implican en si mismas nuevas demandas y horizontes dirigidos a las prácticas que intervienen en lo social.
En otras palabras demandas ahora, quizás, más claramente construidas desde la necesidad de una reparación del daño generado por décadas de injusticia y desigualdad que comienzan a incorporarse inevitablemente como proceso en la escucha, el acompañamiento y la transformación.
Teniendo en cuenta que el Trabajo Social como disciplina clave en los procesos de intervención en lo social, se ha constituido en un dominio de saber que por su dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales democráticos, de libertad, de Justicia Social y por la defensa de los Derechos Humanos. Se reafirman y construyen desde allí nuevos compromisos dentro de ese campo que irremediablemente repercuten en los otros dentro de los equipos interdisciplinarios.
Surgen de este modo una serie de interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su aporte a la soberanía popular?, ¿cómo se articula con lo económico, donde la producción se oriente hacia una justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo sociocultural, desde la recuperación de la identidad, la pertenencia social, la inscripción, la reinscripción y la socialización?, ¿desde donde recupera capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y científicas?, o ¿ cómo se relaciona con los recursos naturales y el medio ambiente?
Estas cuestiones implican una necesidad de la recuperación y reconstrucción de una visión estratégica de la intervención en lo social. Es decir la definición clara de su sentido, dentro de las posibilidades y limitaciones que muestran sus contradicciones actuales y fundacionales.
Pero en definitiva la intervención está atravesada por todas esas cuestiones, de allí que su ejercicio y estudio se presenten hoy como elementos sumamente interesantes.
En otras palabras, la intervención en lo social permite ver las contradicciones de una civilización que desde sus propios límites, logró una victoria a lo Pirro, adueñándose del planeta, sus recursos naturales y desde esa dominación generar probablemente las condiciones para su propia destrucción.
Una posibilidad de pensar “lo social” del Trabajo Social desde la intervención
Lo social en términos de intervención del Trabajo Social puede ser pensado en tres planos que se superponen y actúan entre sí en forma singular en cada situación.
Por un lado en un primer plano u orden relacionado con sus aspectos fundacionales, la acción y la práctica cotidiana de esta disciplina se desenvuelve, dialoga y entrelaza con diferentes dispositivos de Protección Social. En otras palabras, la intervención del Trabajo Social incluye en mayor o menor medida una forma de encuentro, diálogo y transformación a través de una articulación compleja de los diferentes mecanismos que componen el sistema de protección social que posee una sociedad. Es decir, implica una acción que se transforma en una articulación heterogénea y singular de; instituciones, políticas, planes y programas que, en las circunstancias propias de cada situación tendrán diferentes tipos de expresión e impacto objetivo y subjetivo.
Por otra parte, un segundo plano de relacionado con los aspectos intrínsecos del Trabajo Social, se vincula con la intervención en las tramas y tejidos sociales que rodean, construyen y se generan desde la construcción singular del sujeto de intervención. Estas pueden ser entendidas desde una mirada sociológica, ligadas a la noción de lazo social como elemento de articulación e integración del sujeto al todo societario. El lazo social, de este modo, construye subjetividad por medio de diferentes modalidades de relaciones, intercambios y formas de reciprocidad entre los individuos.
Así, la intervención en lo social, transita construyendo desde lo micro social el encuentro entre sujeto sociedad y cultura en cada circunstancia singular.
A su vez, un tercer plano que puede servir para intentar delimitar “lo social” del campo del Trabajo Social, se vincula con la relación constituida y articulada entre las nociones de; necesidad social y problema social. El Trabajo Social, en su devenir histórico como disciplina se funda dentro de un paradigma vinculado con la resolución, a través de diferentes dispositivos de protección, de las necesidades sociales de poblaciones clasificadas y predeterminadas. El propio desarrollo de la disciplina, sus aportes teóricos además de su participación en cuestiones que van más allá de las necesidades, hizo que, desde la intervención se actúe también sobre los problemas sociales.
Desde hace varias décadas, el Trabajo Social se relaciona desde diferentes aspectos de su intervención con una gran diversidad de problemas sociales que pueden contener dentro de ellos mismos necesidades o no y con necesidades que pueden contener problemas sociales. Tal vez en la actualidad se hace mas visible al “problema social” como lugar de demanda hacia la intervención, mas que hacia la resolución de necesidades.
En síntesis, desde el análisis de la práctica cotidiana del Trabajo Social como disciplina especialmente desde una perspectiva que entiende a la intervención como un proceso con características históricas y sociales, éstos tres planos están presentes con diferentes maneras de presentación e importancia de acuerdo a la singularidad del transcurso de la intervención en lo social.
Esta mirada centrada fundamentalmente en el hacer cotidiano, puede implicar también una reflexión que se sale de los discursos ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes” sociales. Revisar lo que se hace da cuenta que la intervención en lo social es posible aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La intervención en definitiva, es lo que las personas que concurren a los Servicios Sociales demanda. La realidad de las desigualdades sociales y los nuevos padecimientos interpela día a día en las prácticas cotidianas y, desde allí se crea, construye y se intentan abordar, compartiendo y aprendiendo con los “otros”, en un espacio de diálogo y encuentro las diferentes expresiones de la cuestión social.
El trabajo social desde la intervención, “imputa” desde su práctica, porque hace visible el padecimiento como expresión de la desigualdad social en los espacios de lo micro social, construyendo a veces, desde allí nuevas formas de agenda pública.
En definitiva la intervención en lo social sigue siendo una forma de <hacer ver>, al otro, a la institución, a la sociedad, la desigualdad y sus efectos.
El trabajo social desde la intervención está allí, en innumerables lugares, donde el desconcierto, las nuevas formas de subjetividad y el padecimiento se comparten con ese otro sufriente, en instituciones y espacios de intervención atravesados muchas veces por el sin sentido.
De allí que la sola presencia de un trabajador social en un hospital, una escuela, un tribunal está diciendo que hay algo más que un cuerpo enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada.
Es en estos escenarios de intervención complejos y turbulentos donde se construyen las preguntas acerca del sentido de lo que hacen los trabajadores sociales donde éstas resuenan con mayor fuerza y estruendo. Así la Intervención se torna también en un lugar de construcción de nuevas preguntas, donde aquello que es construido desde la injusticia, la desigualdad y los problemas sociales en definitiva puede ser desarmado, re hecho y básicamente transformado.
La intervención en lo social desde esa perspectiva implica una generación de acontecimiento, de instalación de un nuevo espacio que interpela en forma intensa a la desigualdad, a la sin razón de ésta a sus justificativos, tanto desde los determinantes”naturales del medio” como desde la lógica del mercado.
La intervención en lo social desde esta perspectiva reconoce su propia contradicción fundacional y se propone en la práctica cotidiana como posible lugar de puesta en escena de ella, para superarla junto con ese “otro” que construye su propia realidad y sostiene las identidades de los campos disciplinares.
La intervención se sale de los mandatos fundacionales esperados desde la institución en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra en la medida que pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden <alterando el establecido> transformado lo dicho abriendo, construyendo la apertura de nuevos espacios para el hacer.
Intervenir es intentar reinscribir los textos y guiones que se presentan como inamovibles, expresando una escena, marcada por el determinismo heredado del naturalismo, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible.
La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir que recuperar, en definitiva: que escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.
La intervención en lo social y la política
La intervención dialoga intensamente con la política cuando su orientación se relaciona con la identidad, teniendo en cuenta que la pregunta por la identidad surge en momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad, tal vez es en nuestra América el campo de conflicto más importante, dado que nuestras identidades fueron masacradas, fragmentadas, diluidas desde la expresión de diferentes formas de la dominación.
La intervención, dada su relación con lo micro social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo macro social atraviesa lo subjetivo y de construye el padecimiento y la desigualdad, tal vez permita reconocer que estamos actuando en una América donde se es “lo otro”, lo innombrable para los dispositivos de dominación.
En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos como americanos y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención desde nuestra historia de resistencias culturales, luchas y dominaciones podrá ser una guía posible hacia un camino a recorrer.
Tal vez la intervención en lo social, sirva para promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos. Renovando de esta manera algunos mandatos fundacionales.
En América, la intervención en lo social, quizás, se trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo propio, de lo que el otro tiene.
Una intervención que no agregue ni quite nada, solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la memoria.
Intentando en definitiva salir de las premisas que le impusieron ese mandato moderno marcado por la tradición fundacional entre coerción y emancipación, en la oportunidad que genera el derrumbe actual de esos postulados y la certeza de que es posible un pensamiento Americano, donde lo “otro” tiene un esfera diferente, tanto como lugar de reparación, como de verdad.
Algunas perspectivas para pensar lo metodológico.
La intervención en lo social dentro de los escenarios actuales, muestra una gran complejidad en la demanda. Esa maraña puede transformarse en posibilidad si se logra reconocer que en la demanda está la respuesta. De este modo, la intervención en lo social se puede escribir de forma inversa, iniciando el proceso desde el final. Para esto, es necesario, tal vez, buscar caminos de conocimiento que permitan acceder a esa respuesta, quizás escondida y en su resolución que está allí esperando ser reconocida desde el primer momento de la intervención. Pensar un camino inverso para la intervención en lo social implica una serie de cambios en el hacer, en las diferentes modalidades de conocer, comprender y explicar.
La intervención se transforma de esa manera en un relato que debe ser reescrito, dilucidado y reconstruido. En definitiva, un proceso metodológico que permita construir un relato circular que admita, llegar al punto de partida con otra gramática que porte la posibilidad de respuesta. Como relato implica un camino, que se inicia en una demanda construida desde la idea de que la situación que se quiere transformar muchas veces es prácticamente inalterable, pero todo proceso de intervención implica una convocatoria a hacer que en si misma erosiona esa sensación de inalterabilidad.
Es en ese momento donde se construye la decisión de transitar ese camino que puede implicar una serie de acontecimientos, complejidades, cambios de dirección, descubrimientos, y que acaso llevarán nuevamente al inicio con una situación transformada, no solamente desde la resolución, sino también desde el camino transitado.
En definitiva, pensar lo social en términos de intervención implica la elaboración de un punto de encuentro entre sujeto y cultura donde los aspectos contextuales dialogan, se entrecruzan y elaboran diferentes tipos de demanda ligadas a la cuestión social con una vuelta actualizada de los problemas sociales como procesos histórico sociales.
Bibliografía
Botana, Natalio. El siglo del miedo y la libertad. Editorial Sudamericana. Buenos Aires 2001.
Carballeda, Alfredo. La intervención en lo social. Editorial Paidós. Buenos Aires 2002.
Carballeda, Alfredo. Escuchar las prácticas. Editorial Espacio. Buenos Aires. 2007.
Carballeda, Alfredo. Los Cuerpos Fragmentados. Editorial Paidós. Buenos Aires 2008.
Foucault, Michel. La vida de los hombres infames

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