Una de las propuestas de diálogo que proponemos es renombrar las palabras con las que convivimos en nuestros procesos de intervención.
La Noción de Capital Social y la Intervención desde una perspectiva situada.
Por: Alfredo J. M. Carballeda
1- Algunas aproximaciones
El denominado “Capital Social” es un concepto que proviene de las Ciencias Sociales y, en principio se refiere a las características de los lazos sociales y sus entramados a nivel relacional, asociativo, de referencia y pertenencia en los que se inserta una persona, grupo, cultura o sociedad.
Sus orígenes se pueden ubicar a principios del siglo XX a través de Lyda Judson Hanifan en 1916 en EEUU, mientras se desempeñaba como supervisor de Educación Estatal en escuelas rurales. Esta, hacía referencia a la relación entre participación comunitaria y logros escolares”...El individuo está desamparado socialmente, si se lo deja solo. Si entra en contacto con su vecino, y ellos con otros vecinos, se producirá una acumulación de capital social, que podrá satisfacer inmediatamente sus necesidades sociales y que podrá tener una potencialidad social suficiente para la mejora sustancial de las condiciones de vida de toda la comunidad...” Para Pierre Bordieu, quien retomó ese concepto muchos años después, el Capital Social se relaciona con la existencia y posibilidad de utilización de una serie de relaciones sociales que dan la certeza a sus integrantes, al acceso a un conjunto de recursos, tanto en el presente como potenciales.
En la década de los noventa del siglo pasado, la noción de Capital Social fue potenciada, tal vez por los avances de la lógica neoliberal que generó una ausencia de seguridades desde lo social, especialmente a partir del desmantelamiento del Estado de Bienestar y las garantías que otorgaban los dispositivos de protección social, la construcción de contactos, circulación de información y cuidados y especialmente el resguardo y el amparo, podían ser reemplazadas desde las relaciones interpersonales. En otras palabras, el Capital que se acumulaba a través de derechos conquistados y estabilidades, se había difuminado y era reemplazado por algo diferente pero similar: las relaciones sociales. Junto con el concepto de Capital Social, también se entrelaza el de Capital Simbólico, que en general se asocia con, la confianza, honradez, generosidad y otros atributos, que generan pertenencia dentro de espacios de confianza mutua. A partir de esos años, el Capital Social como forma de explicación, abarcó muchísimas más esferas, especialmente desde los aportes de James Coleman, explicando los efectos del neoliberalismo y especialmente desde el daño que genera la desigualdad, incluso las condiciones del desarrollo o sub desarrollo.
Otro autor que marca la década de los noventa, en este caso más vinculado con la Ciencia Política, también hace referencia a este concepto como una forma de respuesta y solución a un mundo cada vez más fragmentado, incierto y desigual. Se trata de Francis Fukuyama, autor de “El fin de la Historia y el último hombre”, texto que para muchos tuvo connotaciones excepcionales, dado que negaba toda lucha o tensión relacionada con la ideología y ubicaba a América Latina en el “barro de la historia”, por supuesto olvidando, invasiones, saqueos e imposición de dictaduras militares y dependencias económicas. Para este autor, el Capital Social se convertía en un elemento esencial para el funcionamiento del mercado y la democracia. Desde allí, se justificaron las democracias de Mercado, la ausencia de Estado, especialmente en sus aspectos relacionados con la regulación del primero y la Seguridad Social.
2-Capital Social e Intervención.
Desde la intervención en lo social es posible organizar el concepto, adaptarlo a ésta y conferirle, tal vez una significación que lo desprenda de una lógica orientada hacia lo económico y la eficiencia o el rendimiento, especialmente desde su vinculación con el concepto de necesidad, asentada en una perspectiva de derechos.
Así, la noción de “Capital Social”, puede dialogar con la de vulnerabilidad, dado que desde la posesión de mayor o menor capital social es posible analizar la situación de vulnerabilidad de una persona e incluso puede transformarse en un observable de su situación y, especialmente del impacto que sobre ésta tienen los problemas sociales que se presentan en las diferentes demandas de intervención en lo social. Desde la intervención el “Capital Social” se relaciona con los lazos sociales y con las tramas sociales que contienen, apoyan o hacen compleja la relación entre la persona y su mundo más inmediato.
Determinados condicionantes sociales pueden restringir e incluso anular ese “capital” a través de presiones, injusticias, desigualdad y represión.
En otras palabras, la sociedad, lo político, la economía, lo facilita o desarticula. Desde esta perspectiva, el Capital Social, no se trataría de un atributo individual que la persona genera sino del producto a nivel subjetivo y singular de lo que una sociedad genera o construye en cada integrante de ésta.
Así, el Capital Social desde la Intervención puede ser entendido como un conjunto de recursos materiales y simbólicos que se relacionan a través de diferentes inscripciones, sentidos, donde el Poder y el Deseo interactúan con el escenario de intervención.
Ese conjunto, puede estar a disposición del sujeto o de los diferentes integrantes de un grupo, facilitando acciones que, desde lo individual o lo social se vinculan con lo colectivo. Toda acción singular es producto de un contexto, de un juego de interacciones, de la memoria, en otras palabras el Capital Social es esencialmente colectivo, aunque se exprese singularmente, simplemente porque se construye desde allí, desde ese lugar, con otros y las condiciones socioculturales son las que lo facilitan u obstruyen. El Capital Social desde esta perspectiva, requiere de dispositivos institucionales que estén allí, preparados para dar cobijo y no ausencia cuando surge la demanda.
La Intervención de esta manera se transforma en un instrumento que tiene la posibilidad de recuperar Capital Social, desde lo singular, lo territorial y la Organización popular. No se puede construir Capital Social en soledad, se necesita de otros que compartan sueños y proyectos.
Para que haya Capital Social debe haber un Estado que acompañe esa construcción cuya finalidad es la cohesión de la sociedad. No hay muchas posibilidades de construir Capital Social sin inclusión social, y perspectivas de integración y movilidad dentro de una sociedad. Es decir, el Capital Social, en clave de Intervención en lo Social, tal vez se vincule más estrechamente con la pertenencia, con la identidad colectiva, con las prácticas que las construyen, muchas veces desde las múltiples formas de resistencia a la desigualdad.
Bibliografía:
Putnam, Robert D. (2000). Bowling Alone: The Collapse and Revival of American Community . Nueva York: Simon & Schuster.
No hay comentarios:
Publicar un comentario