lunes, 18 de mayo de 2020

La pandemia, el lenguaje de la guerra y la desigualdad.

La pandemia, el lenguaje de la guerra y la desigualdad.


El único héroe válido es el héroe colectivo, nunca el héroe individual, el héroe solo”. Héctor Germán Oesterheld

“La metáfora consiste en dar a una cosa el nombre de otra” .Aristóteles

El lenguaje de la guerra en la Pandemia

Desde el principio de la propagación de la enfermedad, el lenguaje de la guerra se apropió de la Pandemia y comenzó a otorgar una serie significados al proceso que estamos viviendo; enemigo, guerra, armas, invasión, héroes. Las metáforas de la guerra asociadas con las enfermedades se hicieron cotidianas.

De esa forma, a través del lenguaje también se fue construyendo una comprensión y explicación, que muchas veces pasa desapercibida y que lleva a una concepción punitiva de la enfermedad[1]. Es decir que se la relaciona con una especie de enemigo poderoso que, como un francotirador invisible, asecha y genera disrupciones que alteran nuestra vida cotidiana, pero fundamentalmente con hacer responsable individualmente a cada víctima de lo que está ocurriendo, por descuidarse, abandonarse, no estar atento, descontextualizando, llevando, muchas veces la explicación de su desarrollo u origen, a la esfera de la conducta individual.

En esa forma de representación social de lo que está ocurriendo, hay traidores, héroes, culpables, inocentes, amigos y enemigos. Pero, especialmente ese enemigo: el virus y también quien podría portarlo, son percibidos como algo que nos acosa y ataca de manera individual. En esa forma de decir no hay contexto, territorio, singularidad.

 En otras palabras, el lenguaje de guerra puede  impedir ver los innumerables condicionantes y circunstancias que atraviesan al todo social, que singularizan la enfermedad y especialmente la posibilidad de entenderla como un proceso, como una construcción permanente, donde priman una serie de pujas que  enfrentan a diferentes expresiones de intereses políticos, económicos y sociales.

Así, el discurso de la guerra que nos hace hablar, en este caso, de; la lucha contra la enfermedad, contra una enfermedad que  mata en un acto de guerra, luego de invadir, atacar defensas y causar todo tipo de desórdenes. La enfermedad, de esta manera, es vista como un ejército de microorganismos extraños que vencen barreras, que derrotan individualidades. Así, en la construcción de una relación donde lo que sobresale es el binomio cuerpo- enfermedad, este, responde con sus propias defensas que son casi inexorablemente vencidas desde lo individual. Entonces, en las metáforas de la pandemia, el Covid19 se combate desde la primera trinchera, desde las guardias, desde las diferentes líneas de defensa. Así, los que pelean son héroes aplaudidos y paradojalmente rechazados en la intimidad, en sus casas, en sus barrios, porque pueden transmitir individualmente la enfermedad. De tal forma, ahondan las crónicas belicistas  que conllevan la idea de luchar desde el frente, atrincherarse, derrotar a un virus tremendamente contagioso e invisible. Las metáforas de la pandemia se vinculan con lo letal no solo en términos humanos sino también desde lo económico, lo societario.

Como en toda guerra la degradación llega rápido, en este caso a los enfermos, y  la militarización del discurso construyen una especie de épica que genera  el malestar y el agobio de quienes  padecen y combaten. (Sontag, S: 1996)

II La necesidad de solidaridad 

“La solidaridad hace fuerte al débil” Proverbio Aymara

Los tiempos que vivimos, tal vez comiencen a marcar una  época de responsabilidad y solidaridad, donde intentemos involucrarnos en el  cuidado de la sociedad, en la preocupación por el otro, sabiendo que estas circunstancias  nos van  a beneficiar colectivamente y  también de manera individual.  El Otro, se va corriendo del lugar del enemigo, del rival, del competidor a un espacio que el neoliberalismo le obligó a ocupar, cómo disolvente de la sociedad, amenaza y competencia, especialmente en el juego siniestro de la meritocracia.

Sin Sociedad no hay solidaridad posible, solo puede existir el uso publicitario de una  ayuda caritativa donde  de las empresas recaudan para evadir impuestos o mejorar su imagen. En Argentina, también sin sociedad no hay solidaridad pero, la sociedad y la solidaridad se difuminan sin un Estado que garantice derechos. Un Estado que, además de la libertad y de  la igualdad, fortalezca la fraternidad.  Un estado que elabora junto con la Sociedad; Políticas sociales orientadas a la integración e inclusión  educación, salud, mejora en las condiciones laborales y de  seguridad.

III ¿Qué oculta el lenguaje de Guerra?

Tal vez la explicación colectiva del dolor, del padecimiento, de la incertidumbre, del aislamiento,  la imagen de cuerpos abandonados en las calles, de las fosas comunes. Especialmente, la relación entre la Pandemia y la desigualdad, la imagen de  múltiples cuerpos en fila ocupando pasillos de hospitales, las escenas del hacinamiento, del riesgo de estar encerrados cuando no hay condiciones para permanecer adentro de la casa. El lenguaje de guerra no deja ver como la Pandemia se hace cuerpo, el momento en que  cualquier sensación puede ser interpretada como signo de padecer o portar la enfermedad, Una enfermedad  que es negada desde lo  social desde la vulneración de derechos, que puede llegar, no solo porque puede matar, sino porque reafirma la promesa de aislamiento, de separación, de soledad, porque pone en pantallas la relación con los otros, las despedidas, la muerte. La percepción de estar enfermo y todo lo que ello conlleva. El dolor de saber que uno no puede cuidarse, de no llegar al refugio del aislamiento, porque hay hambre, falta de agua o elementos de limpieza, para poder cumplir con la recomendación que se hace desde la televisión, la radio y los afiches. El dolor y el horror de las violencias que ya estaban instaladas en las casas desde antes de la Pandemia. Un horror que se incrementa en cada gesto, en la incertidumbre de la reacción, en el cuidado de las palabras para poder sobrevivir.

El dolor de fuerzas de seguridad que muchas veces siguen generando inseguridad y violencia.   

Objetivamente no estamos en guerra, justamente, todo lo contrario. Para poder resolver el problema,  se requiere frenar la economía en vez de acelerarla y así evitar los contagios, facilitar que la población se resguarde y no hacer que se movilice hacia el “frente de batalla”. Defender la Sociedad, la integración, el fortalecimiento de los lazos sociales.

En definitiva permitirnos  pensar que el cuidado de la Sociedad es el cuidado de uno mismo. Teniendo en cuenta que el cuidado es algo que se construye en forma permanente y se adapta a las diferentes  circunstancias que van surgiendo. No se trata de una guerra, siendo para muchos una tragedia. Las guerras son mucho más destructivas para los ganadores y los perdedores. Es una situación impensada para la cual no estábamos preparados. Una situación que en definitiva nos habla del inexorable retorno de lo social, de la otredad, de la cultura que durante décadas fueron despiadadamente enterradas por la llamada economía de mercado o Neoliberalismo. No como una victoria o una revancha de los años arrebatados por el  neoliberalismo, sino simplemente como una necesidad.

Tal vez, los discursos de la guerra se aproximen mucho más a la lógica de guerra de todos contra todos que impone la Dictadura del Mercado que la realidad de una Pandemia que  necesita de todos, fundamentalmente en clave de solidaridad y no de combate.

Marcando, tal vez, una época donde el retorno del  Estado que, a partir de su presencia activa, empieza a dar señales concretas de responsabilidad, de la vuelta de la Protección Social, como hecho colectivo y representativo.

De la necesidad de un Estado que no actúe con una lógica de guerra, de conflicto, de enemigos metafóricamente construidos.

Bibliografía:

Sontag, Susan. La enfermedad y sus metáforas. Editorial Taurus. Buenos Aires 1996.



[1] "La concepción punitiva de la enfermedad tiene una larga historia. Es una concepción particularmente activa en lo que atañe al cáncer [...]. Las teorías psicológicas más aceptadas atribuyen al pobre enfermo la doble responsabilidad de haber caído enfermo y de curarse. Y las convenciones que exigen que el cáncer no sea una mera enfermedad sino un enemigo diabólico, hacen de él no sólo una enfermedad mortal sino una enfermedad vergonzosa [...]. Nada hay más punitivo que darle un significado a una enfermedad -significado que resulta invariablemente moralista [...]. La enfermedad misma se vuelve metáfora. Luego, en nombre de ella (es decir, usándola como metáfora) se atribuye ese horror a otras cosas, la enfermedad se adjetiva".

Susan Sontag

La enfermedad y sus metáforas (Taurus, 1996)


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