Del libro "La Intervención en lo social como proceso". Espacio Editorial
Alfredo Carballeda
La Intervención en lo Social durante las últimas décadas se construyó en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados por la economía de mercado, en instituciones que no logran encontrar su sentido y perdieron su solidaridad entre sí. En definitiva sobre nuevos escenarios donde lo que sobresale son nuevas formas de expresión del padecimiento, desde la pérdida de espacios de socialización, hasta el malestar que produce no sentirse parte de un todo social.
Se interviene en lugares donde se fueron mutilando sistemáticamente infinidad de capacidades y habilidades, sencillamente por efecto de la desigualdad social, la injusticia y el hambre. En definitiva en nuevos escenarios de intervención, dentro de una sociedad atravesada por relaciones violentas, por el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión con los otros, con la historia, con la memoria colectiva. En otras palabras, desde la necesidad de una reparación del daño generado por décadas de injusticia y desigualdad.
En éstas últimas décadas América emerge como una singularidad que logra expresar otras formas de sociabilidad que emergen desde la historia, haciéndose visibles tal vez por la crudeza de la crisis, pero construyendo caminos nunca antes vistos que en muchos casos logran resolver la contradicción entre coerción y libertad que signó a las prácticas modernas. En América la cultura es historia, sociedad y presente, y desde ella se muestra la posibilidad de la construcción de prácticas que no prometen la emancipación, la ponen en acto sin la necesidad del disciplinamiento. Aquí la racionalidad se funda en la resistencia y la organización frente a la injusticia, a una cuestión social que se funda cuando llegan los conquistadores.
Teniendo en cuenta que el Trabajo Social es una disciplina clave en los procesos de intervención en lo social y se ha constituido en un dominio de saber que por su dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales democráticos, de libertad, de justicia social y por la defensa de los Derechos Humanos, se reafirman y construyen desde esta profesión nuevos compromisos, que van más allá de los enunciados y se relacionan con la interpelación al hacer. Surgen de este modo una serie de interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su aporte a la soberanía popular?, ¿cómo se articula con lo económico, donde la producción se oriente hacia una justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo sociocultural, desde la recuperación de la identidad, la pertenencia, la inscripción - reinscripción y la socialización?, ¿desde donde recupera capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y científicas?, o ¿ desde donde se relaciona con los recursos naturales y el medio ambiente?
Estas cuestiones implican una necesidad de la recuperación y construcción de una visión estratégica de la intervención en lo social. Es decir la definición clara de su sentido, dentro de las posibilidades y limitaciones que muestran sus contradicciones actuales y fundacionales. Pero en definitiva la intervención está atravesada por todas esas cuestiones, de allí que su ejercicio y estudio se presenten hoy como significativamente necesarios.
La Intervención en lo Social durante las últimas décadas se construyó en sociedades fragmentadas, en territorios arrasados por la economía de mercado, en instituciones que no logran encontrar su sentido y perdieron su solidaridad entre sí. En definitiva sobre nuevos escenarios donde lo que sobresale son nuevas formas de expresión del padecimiento, desde la pérdida de espacios de socialización, hasta el malestar que produce no sentirse parte de un todo social.
Se interviene en lugares donde se fueron mutilando sistemáticamente infinidad de capacidades y habilidades, sencillamente por efecto de la desigualdad social, la injusticia y el hambre. En definitiva en nuevos escenarios de intervención, dentro de una sociedad atravesada por relaciones violentas, por el enfriamiento de los lazos sociales, la desconexión con los otros, con la historia, con la memoria colectiva. En otras palabras, desde la necesidad de una reparación del daño generado por décadas de injusticia y desigualdad.
En éstas últimas décadas América emerge como una singularidad que logra expresar otras formas de sociabilidad que emergen desde la historia, haciéndose visibles tal vez por la crudeza de la crisis, pero construyendo caminos nunca antes vistos que en muchos casos logran resolver la contradicción entre coerción y libertad que signó a las prácticas modernas. En América la cultura es historia, sociedad y presente, y desde ella se muestra la posibilidad de la construcción de prácticas que no prometen la emancipación, la ponen en acto sin la necesidad del disciplinamiento. Aquí la racionalidad se funda en la resistencia y la organización frente a la injusticia, a una cuestión social que se funda cuando llegan los conquistadores.
Teniendo en cuenta que el Trabajo Social es una disciplina clave en los procesos de intervención en lo social y se ha constituido en un dominio de saber que por su dirección histórica, ha estado comprometido con la defensa de los ideales democráticos, de libertad, de justicia social y por la defensa de los Derechos Humanos, se reafirman y construyen desde esta profesión nuevos compromisos, que van más allá de los enunciados y se relacionan con la interpelación al hacer. Surgen de este modo una serie de interrogantes hacia la práctica cotidiana, desde ¿cuál es su aporte a la soberanía popular?, ¿cómo se articula con lo económico, donde la producción se oriente hacia una justicia redistributiva?, ¿cómo desarrolla lo sociocultural, desde la recuperación de la identidad, la pertenencia, la inscripción - reinscripción y la socialización?, ¿desde donde recupera capacidades, habilidades: artísticas, tecnológicas, creativas y científicas?, o ¿ desde donde se relaciona con los recursos naturales y el medio ambiente?
Estas cuestiones implican una necesidad de la recuperación y construcción de una visión estratégica de la intervención en lo social. Es decir la definición clara de su sentido, dentro de las posibilidades y limitaciones que muestran sus contradicciones actuales y fundacionales. Pero en definitiva la intervención está atravesada por todas esas cuestiones, de allí que su ejercicio y estudio se presenten hoy como significativamente necesarios.
Trabajo Social e Intervención. Algunos caminos posibles.
Mirar al Trabajo Social desde lo que hace, implica una necesaria reflexión que se sale de los discursos ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes” sociales. Revisar lo que se hace da cuenta de que la intervención es posible aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La intervención en definitiva, es lo que la gente que concurre a nuestros lugares de trabajo nos demanda.
La realidad de las desigualdades sociales y los nuevos padecimientos nos interpela día a día en nuestra práctica cotidiana, y desde allí creamos, construimos, resolvemos, compartimos y aprendemos con el otro, en un espacio de diálogo y encuentro entre el hacer donde tratamos de acompañar este proceso desde la reflexión.
El trabajo social desde la intervención, a partir su práctica, hace visible el padecimiento como expresión de la desigualdad social en los espacios de lo micro social. Construyendo desde allí nuevas formas de agenda pública. En definitiva la intervención en lo social se liga con el hacer ver, al otro, a la institución, a la sociedad la desigualdad y sus efectos.
El trabajo social desde la intervención está allí, en innumerables lugares, donde el desconcierto, las nuevas formas de subjetividad y el padecimiento se comparten con ese otro sufriente, en instituciones y espacios de intervención atravesados muchas veces por el sin sentido. De allí que la sola presencia de un trabajador social en un hospital, una escuela, un tribunal está diciendo que hay algo más que un cuerpo enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada.
Es en estos escenarios de intervención complejos y turbulentos, donde se construyen las preguntas acerca del sentido de lo que el trabajo social hace resuenan con mayor fuerza y estruendo. Así la Intervención se torna en un lugar de construcción de nuevas preguntas, donde aquello que es construido desde la injusticia y la desigualdad puede ser desarmado, re hecho y básicamente transformado.
La intervención en lo social desde esa perspectiva implica una generación de acontecimiento, de instalación de un espacio (político) que interpela en forma intensa a la desigualdad, a la sin razón de ésta a sus justificativos, tanto desde los condicionantes sociales, económicos y políticos como desde la lógica del mercado transformado en Leviatán por el neoliberalismo.
La intervención en lo social desde esta perspectiva reconoce sus propias contradicciones fundacionales y se propone a la práctica cotidiana como posible lugar de puesta en escena de ella, para superarla junto con ese otro que construye su propia realidad y sostiene nuestra identidad como campo disciplinar.
La intervención se va de los mandatos fundacionales esperados desde la institución en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra en la medida que pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden, alterando el establecido, transformado lo dicho agrietando, construyendo la apertura de nuevos espacios para el hacer.
Intervenir es intentar reinscribir los textos y guiones que se presentan como inamovibles, expresando una escena, marcada por el determinismo naturalista, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible.
La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva: que escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.
La intervención dialoga intensamente con la política cuando su orientación se relaciona con la identidad, teniendo en cuenta que la pregunta por la identidad surge en momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad, tal vez es en nuestra América el campo de conflicto más importante, dado que nuestras identidades fueron masacradas, fragmentadas, diluidas desde la expresión de diferentes formas de la dominación.
La intervención, dada su relación con lo micro social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo macro social atraviesa lo subjetivo y construye el padecimiento y la desigualdad, reconociendo que estamos actuando en una América donde reconocemos que somos lo otro, lo innombrable para los dispositivos de dominación.
En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos, recuperando la palabra y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención de nuestra historia de luchas y de dominaciones podrá ser una guía posible hacia un camino a recorrer.
Tal vez la intervención del Trabajo Social sirva para promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos. En nuestro caso, se trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo propio, de lo que el otro tiene, buscando y construyendo una intervención que no agregue ni quite nada, solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la memoria como explicación y resolución.
La intervención en este aspecto se transforma en un catalizador que acelera situaciones, encuentros acontecimientos, reconectando aquello que diferentes crisis y formas de dominación separaron, buscando y construyendo diferentes formas de fragmentación social, histórica, política y cultural. Intentando en definitiva salir de gran parte de las premisas que le impusieron en la oportunidad que genera el derrumbe actual de muchos postulados desde donde se justificó la colonización y la certeza de que es posible un pensamiento Americano, donde lo “otro” tiene un esfera diferente, tanto como lugar de reparación, como de verdad.
Así la Intervención, nuevamente, se torna en un lugar de construcción de mas y nuevas preguntas, donde lo construido puede ser desarmado, re hecho y básicamente transformado.
La intervención vista desde esa perspectiva implica una necesaria generación de acontecimiento, de instalación de un espacio político que interpela en forma intensa y si se quiere despiadada a la desigualdad, a la sin razón de ésta, a hipócritas justificativos y especialmente a quienes intentan ubicarla en un marco explicatorio de una lógica neoliberal en decadencia.
La intervención, en la medida que ubique, descubra, encuentre nuevos espacios para la palabra podrá reconstituirse como una herramienta de interpelación, desde donde es posible ver lo “no visto” ocultado sistemáticamente por los fantasmas de la dominación.
La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva que escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad. Reinscribe también cuando transforma las rupturas biográficas generadas por la desigualdad, la expoliación, el desencanto y la desolación, en <<contra rupturas>> de esas mismas biografías que muestran que otros caminos son posibles en la medida que sean transitados en senderos de recuperación de lo propio, la identidad, la sociabilidad perdida como producto de la opresión. Actuando en una América donde reconocemos que somos lo otro, lo innombrable, para los dispositivos de dominación.
En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos, recuperando la palabra y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención podrá ser una guía posible hacia un camino a recorrer.
Mirar al Trabajo Social desde lo que hace, implica una necesaria reflexión que se sale de los discursos ampulosos que se agotan en la denuncia de los “determinantes” sociales. Revisar lo que se hace da cuenta de que la intervención es posible aún dentro de sus contradicciones fundacionales y actuales. La intervención en definitiva, es lo que la gente que concurre a nuestros lugares de trabajo nos demanda.
La realidad de las desigualdades sociales y los nuevos padecimientos nos interpela día a día en nuestra práctica cotidiana, y desde allí creamos, construimos, resolvemos, compartimos y aprendemos con el otro, en un espacio de diálogo y encuentro entre el hacer donde tratamos de acompañar este proceso desde la reflexión.
El trabajo social desde la intervención, a partir su práctica, hace visible el padecimiento como expresión de la desigualdad social en los espacios de lo micro social. Construyendo desde allí nuevas formas de agenda pública. En definitiva la intervención en lo social se liga con el hacer ver, al otro, a la institución, a la sociedad la desigualdad y sus efectos.
El trabajo social desde la intervención está allí, en innumerables lugares, donde el desconcierto, las nuevas formas de subjetividad y el padecimiento se comparten con ese otro sufriente, en instituciones y espacios de intervención atravesados muchas veces por el sin sentido. De allí que la sola presencia de un trabajador social en un hospital, una escuela, un tribunal está diciendo que hay algo más que un cuerpo enfermo, un sistema educativo en crisis o una ley deslegitimada.
Es en estos escenarios de intervención complejos y turbulentos, donde se construyen las preguntas acerca del sentido de lo que el trabajo social hace resuenan con mayor fuerza y estruendo. Así la Intervención se torna en un lugar de construcción de nuevas preguntas, donde aquello que es construido desde la injusticia y la desigualdad puede ser desarmado, re hecho y básicamente transformado.
La intervención en lo social desde esa perspectiva implica una generación de acontecimiento, de instalación de un espacio (político) que interpela en forma intensa a la desigualdad, a la sin razón de ésta a sus justificativos, tanto desde los condicionantes sociales, económicos y políticos como desde la lógica del mercado transformado en Leviatán por el neoliberalismo.
La intervención en lo social desde esta perspectiva reconoce sus propias contradicciones fundacionales y se propone a la práctica cotidiana como posible lugar de puesta en escena de ella, para superarla junto con ese otro que construye su propia realidad y sostiene nuestra identidad como campo disciplinar.
La intervención se va de los mandatos fundacionales esperados desde la institución en tanto hace visible lo que la injusticia oculta, lo logra en la medida que pueda <<decir>> con otra gramática, con otro orden, alterando el establecido, transformado lo dicho agrietando, construyendo la apertura de nuevos espacios para el hacer.
Intervenir es intentar reinscribir los textos y guiones que se presentan como inamovibles, expresando una escena, marcada por el determinismo naturalista, donde los caminos de lo necesario se muestran como lo imposible.
La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva: que escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad.
La intervención dialoga intensamente con la política cuando su orientación se relaciona con la identidad, teniendo en cuenta que la pregunta por la identidad surge en momentos de crisis, de cambio histórico y cambio social. Y que la identidad, tal vez es en nuestra América el campo de conflicto más importante, dado que nuestras identidades fueron masacradas, fragmentadas, diluidas desde la expresión de diferentes formas de la dominación.
La intervención, dada su relación con lo micro social, con lo cotidiano, con estar allí donde lo macro social atraviesa lo subjetivo y construye el padecimiento y la desigualdad, reconociendo que estamos actuando en una América donde reconocemos que somos lo otro, lo innombrable para los dispositivos de dominación.
En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos, recuperando la palabra y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención de nuestra historia de luchas y de dominaciones podrá ser una guía posible hacia un camino a recorrer.
Tal vez la intervención del Trabajo Social sirva para promover nuevas formas de subjetividad que se enfrenten y opongan al tipo de individualidad que nos ha sido impuesta durante muchos siglos. En nuestro caso, se trata, de una re conexión con los otros, con nuestra historia con nuestro propio mestizaje americano, interpelando a la fragmentación cultural desde la memoria histórica. Relacionando a la intervención con el desarrollo de lo propio, de lo que el otro tiene, buscando y construyendo una intervención que no agregue ni quite nada, solamente que permita hacer ver aquello que se tiene inscripto en la memoria como explicación y resolución.
La intervención en este aspecto se transforma en un catalizador que acelera situaciones, encuentros acontecimientos, reconectando aquello que diferentes crisis y formas de dominación separaron, buscando y construyendo diferentes formas de fragmentación social, histórica, política y cultural. Intentando en definitiva salir de gran parte de las premisas que le impusieron en la oportunidad que genera el derrumbe actual de muchos postulados desde donde se justificó la colonización y la certeza de que es posible un pensamiento Americano, donde lo “otro” tiene un esfera diferente, tanto como lugar de reparación, como de verdad.
Así la Intervención, nuevamente, se torna en un lugar de construcción de mas y nuevas preguntas, donde lo construido puede ser desarmado, re hecho y básicamente transformado.
La intervención vista desde esa perspectiva implica una necesaria generación de acontecimiento, de instalación de un espacio político que interpela en forma intensa y si se quiere despiadada a la desigualdad, a la sin razón de ésta, a hipócritas justificativos y especialmente a quienes intentan ubicarla en un marco explicatorio de una lógica neoliberal en decadencia.
La intervención, en la medida que ubique, descubra, encuentre nuevos espacios para la palabra podrá reconstituirse como una herramienta de interpelación, desde donde es posible ver lo “no visto” ocultado sistemáticamente por los fantasmas de la dominación.
La intervención reinscribe en la medida que sepa que decir, que recuperar, en definitiva que escribir en nuevos textos que marquen una orientación hacia lo propio, lo genuino, donde nuevamente lo “otro” se presenta como lugar de verdad. Reinscribe también cuando transforma las rupturas biográficas generadas por la desigualdad, la expoliación, el desencanto y la desolación, en <<contra rupturas>> de esas mismas biografías que muestran que otros caminos son posibles en la medida que sean transitados en senderos de recuperación de lo propio, la identidad, la sociabilidad perdida como producto de la opresión. Actuando en una América donde reconocemos que somos lo otro, lo innombrable, para los dispositivos de dominación.
En la medida que volvamos a hablar para nosotros mismos, recuperando la palabra y podamos definir nuevamente nuestro lenguaje, el horizonte de la intervención podrá ser una guía posible hacia un camino a recorrer.
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