Neoliberalismo, vacío, dolor y soledad
La desigualdad continúa generando más y diferentes formas de padecimiento en un mundo en el que la concentración de la riqueza supera los porcentajes más obscenos que podríamos imaginar.
Las ideas de cambio, transformación y mejoras colectivas fueron violentadas y apresadas por una lógica economicista que las somete a individualismos feroces y fuertemente competitivos.
Vivimos en sociedades donde las relaciones entre quienes las integramos se tornan cada vez más violentas, los discursos de odio, la agresividad y la desvalorización marcan parte del ritmo de la disolución de la solidaridad. Sociedades en las que toda apelación al encuentro, la unidad, el bienn común, es tomada como ingenua e impracticable.
Se consolidan así formas societarias edificadas desde una discursividad que fundamentalmente apunta al temor al Otro, al diferente, quienes son construidos por medios de comunicación y diferentes formas de relato como una amenaza que se hace necesario destruir para una supuesta sobrevivencia pero que también colapsa, obstruye la posibilidad de pensarse en comunidad, en armonía con los demás, con lo sagrado, con la naturaleza.
Esa lógica del mercadeo impide el Deseo, construye e impone autoritariamente una forma de desear que sólo es útil si da ganancias en las complejas ecuaciones del costo y el beneficio que los expertos en economía defienden como viables.
La Libertad, la Igualdad y la Fraternidad dejaron de ser horizontes, puntos de llegada en los que el bienestar general podía ser soñado o visibilizado.
De una manera sutil e invisible se nos impide salir de esa lógica de encorsetamiento que nos obliga a vivir encerrados en esferas cada vez más pequeñas y vacías. De esta mamera, lo que vale
es sólo aquello que cotiza favorablemente en el mercado y es consecuente con su “tranquilidad”.
El neoliberalismo como operador social logró construir esos conceptos de cohesión como significantes vacíos en los que cada uno le da el contenido que considere más pertinente y adecuado, según cada circunstancia. Así, se fue perdiendo la noción de que la Libertad se logra a partir de la Igualdad y la Fraternidad, así como la idea de que no se puede ser libre en un mundo desigual y sin futuro sumado al sentimiento que indica al bien común como una necesidad de un todo social.
El temor a habitar la exclusión, de quedar fuera de una supuesta sociedad donde las únicas leyes que se cumplen son las del mercado, genera incertidumbre y desazón pero sostiene fundamentalmente la ruptura de nuestras comunidades.
Sumados a décadas de Neoliberalismo y de la mano de una creciente desigualdad, los efectos de
la Pandemia trajeron, entre otras calamidades, nuevos movimientos poblacionales cada vez más desesperados. Así por ejemplo, vemos que no se migra en la búsqueda de una posibilidad de
promoción social sino simplemente para sobrevivir; tal vez allí encontremos la explicación de quienes no dudan en arriesgar la vida con tal de salir del territorio que habitan.
Mientras tanto y desde hace casi un año, una nueva guerra sostenida por cuestiones estratégicas y energéticas amenaza a todo el planeta, sumando la posibilidad de un holocausto nuclear a una catástrofe ecológica producto de la codicia en la explotación de los recursos naturales del planeta.
De ese modo, los problemas sociales como expresión de la Cuestión Social actual son meros productos de la pérdida, de la ausencia violenta de lo colectivo, de sociedades fracturadas por la
lógica del mercado y la meritocracia como horizonte.
Se padece la ausencia de sociedad, la desprotección, la anulación de la Otredad. Así, el abandono de metas comunes, el individualismo creciente, construyen subjetividades artificiales y
fundamentalmente dolorosas.
Deseo , Sociedad y Exclusión
El Deseo es sencillamente la construcción de un conjunto diferente al impuesto, al arbitrariamente constituido, en este caso, por el mercado.
El Deseo es revolucionario simplemente porque desordena, muestra la posibilidad de construir otros órdenes, lógicas y sentidos; o bien porque permite pensar la posibilidad de otros órdenes.
En nuestras sociedades, el Deseo se construye colectivamente en el encuentro, la conexión, la construcción de nuevos sentidos, siempre con otros, de manera entrelazada, cimentando otras
perspectivas y posibilidades.
Asimismo, el Deseo dialoga con la descolonización, con el sistema de creencias impuesto a través de diferentes formas de violencia; en definitiva, pone en cuestión a la construcción de
subjetividad, que nos ubica fatalmente en el lugar de la subalternidad que nos construye como inferiores y necesariamente dependientes.
El Deseo se presenta como un camino a la reparación de lo social, a la recuperación de la dignidad. A la posibilidad de construir otro orden desde nuestra historia, nuestras luchas, nuestra
propia idea de futuro.
Una sociedad sin Deseo es derrotada, simplemente porque es dócil por definición y necesita de amos que le marquen los caminos a seguir. De esta manera, se ve a sí misma impedida de generar
acontecimiento.
Los 30 años de Margen intentan inscribirse dentro de esa lógica deseante, desde esa necesidad de alterar aquello que está constituido y naturalizado, solamente preguntándonos, permitiendo interpelarnos acerca de los caminos que recorremos y las posibilidades de otras alternativas para hacerlo.
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