Por: Alfredo Juan Manuel Carballeda
1 ¿Qué entendemos por Modernidad?
La noción de Modernidad se
presenta como una de las vías de entrada
más interesantes para
introducirnos en los orígenes de las prácticas, instituciones y las políticas públicas tal como las conocemos
ahora. A su vez desde allí es posible también acceder a las modalidades de comprender y explicar los
problemas sociales y la forma de intervenir sobre éstos en diferentes momentos
históricos.
El Trabajo
Social, es una práctica que se construye
en el contexto de la Modernidad al igual que, la Psicología, la Medicina o la
Pedagogía. Es en ese escenario donde podemos encontrarnos con algunos de los
primeros rasgos de la intervención social, todavía precarios, primarios, pero
atravesados por una concepción de intervención
que es moderna porque indica básicamente
la idea de transformar el medio, transformar al Otro, prometerle una forma de
emancipación que lo hará “progresar”. Es decir,
ingresarlo en la Modernidad, hacerlo parte de la racionalidad Moderna a
cualquier precio. Porque la Modernidad como práctica significa fundamentalmente
transformación.
Estos temas atraviesan diferentes teorías sociales, por
ejemplo para Max Weber lo moderno se construye desde una imagen del mundo que se expresa en
el individuo y desde allí los valores que sustentan su acción, su
racionalidad y su estructuración de la vida cotidiana
¿Qué podemos entender
por modernidad? en general, en nuestro lenguaje cotidiano utilizamos la palabra
moderno para referirnos a algo nuevo, avanzado, distinto, pero, especialmente,
superior en sus atributos tecnológicos, estéticos o culturales a algo semejante
pero anterior en una línea de tiempo o
devenir histórico.
Esa utilización del término, no se aleja mucho de diferentes
enunciaciones que nos llegan del campo de la Filosofía o las Ciencias Sociales. Desde allí que
existen diferentes formas de conceptualizar a la Modernidad, en nuestro caso tomamos la
definición que utiliza Jürgen Habermas
quien plantea que: “Lo moderno expresa la conciencia de una época que se
relaciona con el pasado, considerándose a sí misma como el resultado de la
transición de lo antiguo a lo nuevo”. Esta manera de definir la Modernidad nos parece interesante dado que
le confiere movilidad al término y aporta a la explicación de características,
transformaciones, contradicciones que son inherentes a esa “conciencia de
época”. Adecuándose a las diferentes
representaciones de los problemas sociales y a las maneras de actuar sobre
ellos. La noción de “transición de lo antiguo a lo nuevo” implica, entender siempre a lo nuevo (desde
la perspectiva moderna) como algo que mejora lo antiguo, lo culmina, lo deja
atrás, es superior. Así, la Modernidad se relaciona con la idea de “movimiento” (transición) que nuevamente es entendido como
superador. A partir de la Modernidad, las ideas de historia, cultura, sociedad,
comienzan a moverse en una transición hacia el porvenir, entendiéndolo como
algo mejor, solo por estar más adelante en la secuencia cronológica del tiempo.
De este modo el
pasado, incluso lo que la Modernidad considera “pasado”, connota como algo
negativo o, por lo menos retrasado y con menor posibilidad de aporte al
presente. Así, por ejemplo, para el pensamiento Moderno, la América
conquistada, los pueblos originarios, las pautas culturales de diferentes
sectores de la población al estar fuera de la lógica Europea Occidental van a
ser visibilizados como algo atrasado, salvaje, bárbaro que puede ser
“mejorado”, “modernizado” a través de intervenciones de todo tipo.
Muchas veces la
conquista y la colonización han sido justificadas desde esos parámetros
modernos como una forma de mejorar, modernizar aquello que se encuentra fuera
de ella a través de promesas de
emancipación o libertad.
2- Las Dimensiones de la Modernidad
En general desde el Trabajo Social, especialmente para
comprender y explicar, escenarios de intervención, construcción de problemas
sociales, marcos teóricos, concepciones de sujeto y formas de intervenir
socialmente, estudiar las diferentes dimensiones de la modernidad, aporta
elementos de análisis, puntos de partida y llegada, pero fundamentalmente una
forma de comprender la sociedad desde esta disciplina. De ahí que entendemos como significativas las siguientes
dimensiones de la Modernidad. Por un lado la Dimensión Social, desde la Modernidad
surge la idea de sociedad que tenemos en la actualidad. Es decir una Sociedad
conformada por individuos. Desde, el reconocimiento necesario de una nueva
forma de individualidad que comienza a alejarse de la religión y va a construir
las ideas modernas de Individuo y de Sociedad, generándose desde lo conceptual
una separación entre ambas esferas.
De allí surgirá la noción de autonomía. La Sociedad Moderna
será entonces será un conglomerado de individuos racionales que pactan entre sí
una determinada forma de convivencia y que interrelacionan en un contexto
compartido que otorga identidad y sentido de pertenencia.
A partir de estas nuevas conformaciones de lo social, surgen
otras representaciones de lo que denominamos problemas sociales. La integración
de lo que denominamos sociedad, su cohesión, a partir de la modernidad
dependerá de los individuos y no de los dioses, como en la Antigüedad o en la
Edad Media. La tensión entre integración y desintegración surge con la
Modernidad. De ahí que las prácticas modernas puedan ser entendidas a partir de
un fin último: resolver la problemática de la integración, tanto desde lo macro
social, como desde lo micro. Tanto se intervendrá en diferentes épocas, para
concretar esta nueva idea de sociedad como, para lograr que determinados
individuos se integren a ella.
La dimensión Política de la Modernidad, se suele vincular
con el surgimiento de los Estados Nación. Es posible ubicarlos históricamente a
partir de las Ciudades Estado del norte de Italia en el período del Renacimiento
luego de ellas, se conformaron los Estados (Reinos) abarcando enormes
extensiones de tierra. Las Ciudades
Estado, van perdiendo peso político y económico durante el siglo XV y
paulatinamente, casi todas, serán absorbidas por los Estados Monárquicos. Los
estados europeos crecieron dentro del marco de la Modernidad y se fueron
fortaleciendo al fin de la Edad Media y especialmente a partir de la
Modernidad naciente en el transcurso del siglo XIV cuando aumenta el poder de los reyes como representantes
de gobiernos centralizados por encima de los Señores Feudales. De este modo
surgen los estados europeos que se caracterizaban por poseer un gobierno
central fuerte, capaz de imponer su autoridad sobre grandes extensiones de
territorio. De este modo surgen con creciente importancia los reinos de España,
Inglaterra, Francia y Portugal, enfrentándose al modelo de Estado de las
ciudades-estado italianas. En el caso de España, el final del siglo XIV, trae
en 1492 el inicio de la Conquista de América, pero en el mismo período la
unidad territorial de la Península Ibérica bajo el Reinado de Castilla, con un
fuerte Estado Monárquico, trayendo como consecuencia una unidad lingüística (el
castellano) que será la lengua de la conquista, no solo de América sino de toda
España.
También en esta
dimensión (Política) de la Modernidad es posible ubicar la noción de
Ciudadanía. Si bien es posible encontrar
nociones de ciudadanía en Grecia, Esparta y Roma, la idea que nos interesa
trabajar de ese concepto es la que surge en la Modernidad, en las Ciudades
Estado y que luego se trasladará a los Estados Monárquicos. En las diferentes
Ciudades Estado había criterios diversos para
obtener el estatus de ciudadano, lo que constituía un común denominador
era que, para acceder a la ciudadanía había que ser propietario. Esta
limitación es importante porque, al tiempo que define un “nosotros”: los
ciudadanos. Pero al mismo tiempo define a un “otro”, quien, al no corresponder
que sea parte de la sociedad tampoco tendrá voz.
Esta noción de ciudadanía nos parece relevante en tanto su
relación con el Trabajo Social dado que desde ella se van construyendo
diferentes puntos de conflicto
relacionados con las libertades, condiciones de vida, trabajo, y
situación social que, en el Siglo XVIII se transforman en base de lucha
revolucionaria y en el caso de América de constitución de las Independencias.
Por ejemplo la Rebelión de Tupac Amaru (1780), se relacionó con muchas de esas
cuestiones. Al igual que la rebelión de
Haití de fines del siglo XVIII y el reglamento de Artigas de principios de
siglo XIX, la posición de Manuel Dorrego frente a la Constitución de Rivadavia,
donde se propone una idea de ciudadanía, sin diferencias sociales ni raciales y
define un nosotros que incluye a los no propietarios, los esclavos, los negros,
los indios, los criollos, los mestizos y a gran parte de los blancos. Los
últimos doscientos años de historia podrían interpretarse como una lucha por la
expansión de dicha ciudadanía que a su vez, nos llega hoy ligada a derechos
que, de modo explícito o implícito dialogan con las desigualdades sociales, la
Justicia Social y los Derechos Humanos.
En el campo del Trabajo Social es frecuente que se relacione
el papel y la intervención de la
disciplina con la noción de ciudadanía. Norberto Alayón, por ejemplo, plantea;
“los derechos a la alimentación, a la salud, a la educación, a la vivienda,
entre los más importantes, deben ser considerados como bienes públicos que se
deben garantizar al conjunto de la población por su mera condición ciudadana“ .
Si bien otros autores de esta disciplina como Alejandra B. Facciuto, plantean
que esta visión ha sido ya superada “Si
bien en una época hablar desde el concepto de ciudadanía fue un avance en
materia de acción social y de política social, se considera que ahora
corresponde hablar y trabajar desde un enfoque de derechos, ir más allá y tomar
este concepto como forma de intervención, el cual es más abarcativo y en su
seno está contemplado el concepto de ciudadano; en el primero está inmerso el
segundo” .
Más allá de las diferentes posiciones frente al tema, la
noción de ciudadanía que atraviesa el campo del Trabajo Social es la que se
construye en el marco de la Modernidad. Esta va acompañada por la idea de
Libertad, esta se define, en líneas generales
negativamente; no vínculo, no atadura, la auto legislación limita a la
libertad, libertad de conciencia, religiosa, económica, de mercado, política,
jurídica, individuo libre que pacta con los demás.
Otra dimensión relevante de la Modernidad, es la Económica.
Las nociones de Capitalismo, Propiedad Privada, Acumulación, Eficacia, se
configuran desde una perspectiva moderna, presentándose como un momento
económico diferente y superador del que se tenía antes de ese período. Confiriéndole,
de esta manera, al Capitalismo características generales afines a la Modernidad
como: posibilidad de transformación, progreso y como una forma económica
necesaria para construir un porvenir venturoso.
El Capitalismo como
sistema económico, aparece en ese contexto como sustitución del feudalismo,
asociado al orden medieval a partir de un crecimiento permanente del comercio,
de ahí la denominación de Capitalismo Mercantil. Ese impulso hacia el comercio
y el intercambio fue motorizado por las
Cruzadas que se organizaron en Europa occidental desde el siglo XI hasta el siglo XIII. Las travesías
de aventureros y expediciones de contrabandistas de los siglos XV y XVI
reforzaron estas tendencias y fomentaron el comercio entre Asia y Europa. Luego
de la conquista de América, el ingreso a Europa de inmensas cantidades de
metales preciosos provenientes de estas tierras, el capitalismo se solidificó y
creó las bases económicas y recursos para la Revolución Industrial. El orden
económico resultante de estos acontecimientos, en los inicios de la Modernidad,
fue un sistema en el que predominaba lo comercial o mercantil, es decir, cuyo
objetivo principal consistía en intercambiar bienes y no en producirlos. La
producción será sinónimo de ésta a partir del siglo XIX con la Revolución
Industrial.
La Dimensión científica y cultural de la Modernidad. En este
aspecto, lo que sobresale es, la Autonomía del conocimiento, este, deja de
depender de lo religioso o lo místico. El conocimiento se apoya en una nueva
forma de saber que se construye a través
de la racionalidad Moderna saliéndose de la dependencia de la religión. La
Modernidad separa en forma tajante, conocimiento y fe, generando las bases del
método científico y la idea de ciencia que manejamos en la actualidad. Este es
un proceso lento, que lleva siglos y diferentes formas de transición en
distintos campos. Por otra parte, esta nueva forma de entender el conocimiento,
ahora con capacidad de construir su autonomía derivó en una gran
especialización y separación de éste en diferentes y complejas esferas. La
aparición de saberes expertos, sistemáticos y especializados, conlleva al
desarrollo de nuevas y más formas de la metodología, tanto para conocer como
para intervenir en lo social. La Idea de Progreso Indefinido como valoración
positiva de transformaciones y cambios atraviesa las diferentes formas de
conocer, ahora desligadas de las ataduras de la religión, construyendo su
propia ética, en la perspectiva de mejorar las condiciones de la Humanidad. La
Modernidad implica un nuevo Reino, ahora: el de la Razón moderna. Así, por
ejemplo, la historia, es la historia de la razón. Desde estas nuevas formas de
saber, el mudo es un objeto de conocimiento y transformación permanente en
todos sus aspectos. Lo social, también va
a estar influido por esas circunstancias, las formas de sociabilidad, el
lazo social, las sociedades, los problemas sociales, la pobreza; serán objeto
de investigación. La noción de desigualdad se presenta ahora en clave Moderna y
es Juan J. Rousseau quien en su “Segundo Discurso Acerca de la Desigualdad”,
dirá que la Sociedad genera desigualdad.
Durante los inicios de la Modernidad, especialmente durante
el período Ilustrado, comienzan a construirse, también desde una óptica y
lógica asociada a la racionalidad Moderna las primeras Instituciones de
Intervención Social en el Virreinato del Río de la Plata. La Hermandad de la
Santa Caridad , La Casa de Niños Expósitos , la Sociedad de Beneficencia , dan
cuenta de una forma Moderna e Ilustrada de comprender los problemas sociales e
intervenir sobre éstos.
3- Algunas Concepciones de Estado en relación con el Trabajo
Social desde una mirada Americana.
Los Trabajadores Sociales desarrollamos gran parte de
nuestra actividad dentro de instituciones estatales. Las posiciones que nuestra
disciplina tiene con respecto al Estado es variada y compleja, existen
diferentes autores y posturas frente a este tema.
Desde nuestra perspectiva, es posible ubicar la mirada hacia
el Estado desde dos planos, en principio la singularidad que
adquieren los Estados en América Latina y por otro lado, la relación entre el
Estado y la Intervención del Trabajo Social. En este aspecto creemos que es
sugerente el aporte de Álvaro García Linera, ya que, desde nuestro punto de
vista aporta conceptualizaciones útiles en ambas direcciones .
De esta forma, es posible reconocer cuatro aspectos
relevantes que marcan la singularidad de éste. Por un lado su
Institucionalidad, el Estado es Institución y, a su vez una sumatoria de
diferentes Instituciones desde donde por ejemplo se llevan adelante Políticas
Sociales e intervenciones del Trabajo Social, es decir en este aspecto, el
Estado es algo tangible, visible, material. Pero, por otra parte, el Estado
también es producto de imaginarios, representaciones sociales, interpretaciones
y construcciones discursivas, es decir que como plantea el autor mencionado es
creencia, o sea que también está conformado por su parte ideal. Hasta aquí
tendríamos dos dimensiones relevantes: Materialidad y Creencia. Ambas dialogan
y se relacionan con la intervención del Trabajo Social desde diferentes
aspectos, por ejemplo la representación social que una persona tenga de la
Institución Estatal a la que concurre desde una demanda de intervención social,
está atravesada por la materialidad de esta y viceversa. En otras palabras,
ambas cuestiones condicionan las características de la intervención de nuestra
disciplina, le confieren dirección y sentido. Por ejemplo: una institución
estatal puede ofrecer asistencia a través
por ejemplo de un programa de salud (materialidad). Pero al mismo tiempo puede
expresar con su discurso oficial, con sus modos de ofrecerla, con la
accesibilidad que provoca o la calidad de las mismas si ese ciudadano la merece
o no (creencia).
Otro aspecto que resalta el autor mencionado es la
posibilidad de entender al Estado como un lugar de puja de poderes, de
correlación de fuerzas tanto desde la Sociedad hacia él, como los juegos de
poder que se dan dentro de éste. Es decir que las instituciones donde se
inserta el Trabajo Social, también están atravesadas por estas cuestiones,
incluso, las representaciones de los problemas sociales o de los factores que
construyen la demanda de la intervención también interactúan con esa dinámica.
En la intervención del Trabajo Social, por ejemplo, dentro del campo de la
Salud Mental, la nueva legislación vigente en nuestro país marca una serie de
tensiones entre paradigmas que muchas veces se traducen hacia el interior de los equipos de trabajo generando
pujas y discusiones que se entrometen en las prácticas.
Por último el Estado es una compleja red de jerarquías en la
conducción y control de las decisiones, donde actúa como monopolio de la
fuerza, es decir está a la cabeza de la toma de decisiones y allí pone en juego
su legitimidad.
En síntesis, el Estado como monopolio, como correlación de
fuerzas, como idealidad, como materialidad, constituyen las cuatro dimensiones
que caracterizan las formas del Estado que podemos observar en la actualidad en
América Latina, esas cuatro dimensiones se entrecruzan en forma intensa y
sugestiva con la práctica del Trabajo Social.
4- Lo Social del Trabajo Social, que entendemos por sociedad
La sociedad, como la conocemos hoy es un producto de la
Modernidad, el concepto de sociedad se construye desde una idea de totalidad
que depende de los sujetos (individuos) que la conforman, como tal reemplaza a
la religión se sostiene a través del contrato, el lazo y la solidaridad. Desde
el punto de vista del pensamiento latinoamericano, el concepto de sociedad
tiene tres componentes básicos: la relación entre los grupos, clases o
sectores; las identidades culturales que dan la pertenencia a un nosotros social
y el carácter de las relaciones con otras sociedades.
También es posible pensar lo social en clave de Trabajo
Social en tres dimensiones que interactúan y entrelazan; por un lado lo social
en términos de intervención social se constituye a través de una trama de
relaciones entre sujetos, grupos y organizaciones a través de lazos sociales
con expresión en lo material y lo simbólico; en segundo lugar lo social remite
a diferentes dimensiones de conflictividad, desigualdades y expresiones de la
problemática de la integración de la sociedad y en tercer lugar; como un
conjunto de dispositivos de protección social que intentan sostener la cohesión
del todo.
Para el Trabajo Social, la dicotomía individuo sociedad,
generada como problema filosófico en la Modernidad, se expresa de manera
especial en la intervención, es allí donde ambas nociones se entrelazan y
conjugan en síntesis singulares. Lo micro social, como espacio de acción del
Trabajo Social facilita ese encuentro a partir de conferir al sujeto de intervención
la noción histórico social, que lo contextualiza, lo ubica en un devenir
histórico y lo relaciona con un relato colectivo. En términos de intervención
del Trabajo social, se es en contexto. El sujeto de intervención es un ser
social identificado, está situado, ubicado en un territorio, construido y
contenido a través de lazos sociales. De modo tal que lo Social en clave de
Trabajo Social, constituye un cuerpo complejo de definiciones, saberes y
prácticas que se articulan en las circunstancias peculiares del proceso de
intervención social.
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